BLOG DE ANA M. BRIONGOS


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14.4.17

Saadí Shirazí, el poeta viajero del S. XIII



Saadí, el viajero, es el príncipe de los poetas persas; delicado y elegante, sabio e indulgente, pero a la vez, crítico con las debilidades y las locuras de los hombres.


Saadí nació en Shiraz, el país de las rosas, hoy en Irán, unos dicen que nació en 1184 otros en 1209, y quedó huérfano de niño.


A los doce años le mandaron a estudiar a Bagdad, ciudad en aquel tiempo muy importante pues era la sede del califato, y en cuya universidad enseñaban los sabios más prestigiosos de mundo oriental. Allí tuvo de profesor al venerado místico y erudito Sohravardí que fue su mentor y al que él consideraba su guía espiritual.


Al término de largos años de estudios coránicos, empezó su vida viajera que era como una iniciación impuesta a los discípulos espirituales del sufismo pero, a la vez, forzado por la inseguridad en aquellos territorios provocada por la invasión mongol.



Realizó una serie de viajes cuya cronología es incierta. A los veintiséis años, cuando era ya conocido como poeta, visita Kashghar. También quería ir a La Meca, como buen musulmán que era. Pero en Siria fue hecho prisionero por los cruzados y enviado a trabajos forzados. Ya liberado desciende por el Eufrates hasta Kufa, luego va a Basora donde llega sin dinero ni para comprarse unas sandalias y emprender la travesía del desierto. Pero consigue finalmente terminar su peregrinaje que más adelante repetirá en varias ocasiones.


También viajó a la India desde donde a través del Océano Indico llegó al Yemen, pasando, según parece, por la isla de Kish e incluso por la costa de Abisinia. En Sanaa, capital del Yemen, se casó y perdió un hijo. Desde allí viajó a la Meca por tierra y visitó Egipto y el Magreb, pero, como dice Henri Massé, sus explicaciones son tan imprecisas que podría haber estado en cualquier lugar, incluso habérselo inventado en algunas ocasiones.

Visitó Jerusalén, vivió en Damasco y en Asia menor y regresó finalmente a su tierra natal, Shiraz, donde tenía amigos y admiradores pero también detractores.


Saadí es un moralista al que le gusta explicar anécdotas, por algo las ha acumulado durante sus largos viajes, y también le gusta dar consejos de buena conducta.

No es un doctrinario, sino que disfruta comunicando la experiencia de la vida.



Fue educado con severidad y asegura que a un niño mimado le espera un futuro lleno de sufrimiento y aconseja a los padres enseñar a sus hijos un oficio manual que les permitirá sobrevivir en cualquier lugar en caso de exilio.


Saadí es contemporáneo de Dante alighieri, Ramon Llull, Marco Polo, Gengis Khan.


Saadí es un místico, un derviche, que está más allá de las querellas religiosas.


Y, como dice Claude Huart, su obra es un milagro y el milagro es la prueba de la santidad.

Por eso es venerado en Irán y su tumba visitada en peregrinación con el mismo respeto con que se visitan las tumbas de los imanes.


“Los viajes alegran el espíritu y ofrecen oportunidades, viajando ves maravillas, oyes cosas singulares, conversas con amigos, adquieres dignidad y buenas maneras… Por eso los sufíes dicen: “Mientras te quedas como secuestrado en tu tienda o en tu casa, nunca ¡oh! hombre vano, serás un hombre. Sal y recorre el mundo antes de que llegue el día fatal en que habrás de dejarlo”” (párrafo de su obra "Golestán", el jardín de las rosas)

17.3.17

Noruz, el Año Nuevo persa.



Llega Noruz, la fiesta del Año Nuevo persa. Recibo mensajes de viajeros que se van a desplazar a Irán en esas fechas. Me alegro mucho de que la gente se anime a visitar Irán. La antigua Persia, con sus extraordinarios vestigios de los imperios Aqueménida y Sasánida y Persépolis como enclave emblemático. Pasando a la época musulmana, las cúpulas floreadas de las mezquitas con sus exquisitos azulejos, tienen su punto culminante en la hermosa ciudad de Isfahan. Los bazares, los parques, los picnics al lado del río, las gentes acogedoras, educadas, amables, hacen que el viajero regrese entusiasmado de Irán. 
Nuestra Semana Santa acostumbra a coincidir o estar cerca de su Nowruz, el año nuevo persa que empieza con la primavera. Es tiempo de vacaciones y las familias iraníes aprovechan para salir de viaje y visitar a los parientes del pueblo o simplemente hacer turismo. Las carreteras están llenas y los monumentos también. Pero es interesante ver cómo viven esas fechas los iraníes.  


No es lo mismo visitar Persépolis en la soledad de un día cualquiera que rodeado de cientos de personas, como ocurre en Nowruz. Pero cada cosa tiene su atractivo y en el caso de esta época del año, los visitantes con los que compartimos espacios son todos iraníes, familias enteras que se han desplazado hasta el antiguo palacio aqueménida para conocer los orígenes de su cultura. Y eso nos dará la oportunidad de conversar, algo fundamental para el viajero que quiere saber más que lo que las piedras le explican.

Hay una edición de la guía de Irán publicada en castellano por Laertes. La ha preparado Toni Vives que es un buen conocedor del país. También es muy interesante el libro Irán por dentro, de Alfredo Kavanak, extenso y muy completo. Mis libros Negro sobre negro y La cueva de Ali Babá, y El meu Iran en catalán, dan una idea de lo que es el país a través de mis muchos años de relación con Irán, donde llegué por primera vez en el 68. El librito de gastronomía iraní que publicamos mi hijo cocinero y yo con costumbres gastronómicas y recetas, muestra otra faceta del país de los persas y se puede bajar de forma gratuita desde mi Web www.ana-briongos.net, o comprar en Altaïr en Barcelona o De Viaje en Madrid.
Y, para empezar a introducirse en la cultura iraní, aparte de leer los libros que recomiendo, también aconsejo acercarse al restaurante iraní "El rincón persa" de la calle Floridablanca de Barcelona, donde se come de maravilla una gran variedad de platos que no se encuentran facilmente en las rutas turísticas por Irán y que hace falta entrar en las cocinas familiares para poderlos degustar: baghali poló, fesenjan, ghormeh sabzí, kashk e bademjan... Y muchos otros deliciosos manjares persas.

¡Buen viaje!  ¿Feliz año nuevo persa! ¡Feliz Nowruz! Sal e now mobarak!

20.11.15

La cocina persa









En casa acostumbro a preparar platos iraníes con recetas que he ido aprendiendo en Irán durante mis casi cincuenta años de relación con el país de los persas. Por eso a mi familia, los olores, los sabores y la presentación de los platos iraníes siempre les han sido familiares.

En Irán no existe una cultura de la restauración. Quizá últimamente con la apertura del país al turismo y la demanda de restaurantes que no sean los típicos cheló kababís (brochetas de carne acompañadas de arroz), empiezan a florecer locales que ofrecen platos variados. Esos platos variados y bien elaborados se encuentran en las cocinas de las casas que es donde se desarrolla la vida social. Los iraníes son acogedores y no es difícil poder entrar en sus hogares y probar las delicias culinarias de alguna familia. En realidad en Irán, quien para alimentarse dependa de los restaurantes no conocerá la diversidad y la sofisticación de la verdadera cocina autóctona.




En Irán, por ser un país musulmán, la carne debe ser halal, es decir de animales que han sido sacrificados como ordena el islam. Comer carne de cerdo no está permitido, esta carne es haram, contrario a halal. En los comercios venden embutidos pero son de pollo, cordero o ternera. Para los musulmanes chiítas duodecimanos, como son la mayoría de los iraníes, el pescado debe tener escamas para ser halal. Solamente los iraníes de la zona del Golfo Pérsico, que son sunitas, comen crustáceos. No se sirve alcohol en ninguna mesa, a menos que se trate de una familia occidentalizada. Tampoco se encuentra en los hoteles, ni en los restaurantes.

La caza es muy apreciada en el norte de Irán y se da por supuesto que el cazador rezó las oraciones prescritas cuando mató al animal y que lo degolló y desangró como es obligatorio.




Los suelos de las casas iraníes están cubiertos por hermosas alfombras y nunca se pisan con los zapatos por lo que hay que dejarlos en el rellano o a la entrada. En los hogares tradicionales el mantel o sofré se pone sobre las alfombras y se colocan encima los platos acompañados de cuchara y tenedor, nunca hay cuchillo pues las carnes estofadas muy tiernas se deshacen y el concepto de bistec a la plancha, que hay que cortar, no existe. Las bandejas con la comida se exponen todas a la vez sobre el sofré para que los comensales se sirvan.


Pan sangak, cocido sobre cantos rodados















En las mesas iraníes siempre hay pan caliente, queso blanco estilo feta, dugh (yogur, agua y menta), salad shirazí (ensalada con diferentes vegetales y aliñada), sabzé (yerbas frescas sin cortar ni aliñar), y torshí (confitados en vinagre), además de los platos principales, como estofados de carne, y arroz, decorado éste de diferentes maneras, con pistachos, azafrán, almendras fileteadas, zereshk, corteza de naranja finamente cortada y confitada.



El zereshk todavía en la rama

El zereshk adornando el arroz

La cocina tradicional iraní tiene algunos platos singulares que no se preparan en ningún otro país de Oriente Medio. Estos platos, unos dulces (shirín), y otros ácidos (torsh), son arroces y estofados de carne de cordero, ternera o pollo y vegetales (sabzé).




La comida iraní no es picante, no se usa la guindilla para cocinar.  El ajo sí se emplea, sobre todo en el norte donde lo preparan confitado en vinagre y adquiere con el tiempo una coloración negra, lo llaman “ajo centenario”. Para los kababs o pinchos, además de la sal y la pimienta, se usa el somagh, un polvo agridulce de color granate que se obtiene moliendo, una vez secos, unos pequeños frutos silvestres de color rojo. La lima seca y el jarabe de granada, rob e anar, se utilizan en los estofados. Las sopas se condimentan con zumo de limón. La cúrcuma, el azafrán, dan sabor y color y son compatibles en el mismo plato. También se emplean yerbas frescas o secas tales como el perejil, hierbabuena, cilantro, eneldo, albahaca, y otras que no son corrientes en nuestros mercados. Con berenjenas y kashk, una pasta blanca derivada de leche seca, se cocina un plato delicioso.


Kashk e bademjan, berenjenas con kashk, nueces y cebolla frita

El té es la bebida nacional de Irán y se da más valor al color y al aroma que al sabor. El té se toma con un terrón de azúcar entre los dientes y raramente se pone azúcar en la taza. El té es adictivo y hay quien llega a tomar cuarenta tazas al día.




La paradoja del caviar: Aunque el caviar auténtico procede de Irán, a los iraníes no les gusta y en ninguna mesa iraní hay caviar.




En Barcelona se pueden degustar platos iraníes en el restaurante persa de toda la vida, el “Rincón persa”, donde ofrecen una buena variedad de platos y lo hacen bien. También está “Sabor persa” que abrió sus puertas recientemente.

En Madrid  tengo noticias de “Sabor azafrán” que pienso visitar en mi próximo viaje a esa ciudad.

29.5.14

Surmeh, en Irán, el hollín para pintarse los ojos

 
Es viernes por la tarde, día semanal de fiesta en Irán, es como nuestro domingo. Con mi amiga Jamileh y su hija Sepideh, nos vamos a poner a preparar el surmeh para llenar los recipientes que hemos adquirido en el bazar. Los hemos comprado de madera pero también los hay preciosamente decorados por los miniaturistas sobre hueso de camello. Estamos en Isfahán, la hermosa ciudad iraní donde trabajan centenares de artesanos, cinceladores de metal, miniaturistas, anudadores de alfombras, estampadores de telas....
 
 
 
Sentadas sobre las alfombras del salón preparamos lo necesario: una bandeja, un bol de metal, almendras, avellanas, pistachos, una hoja de papel, una Gillette, una aguja y cerillas.
 
 
Jamileh pincha una almendra y la enciende con la cerilla.

 
Acerca la parte inferior del bol a la llama para que quede incrustado el hollín.

 
Sigue haciendo lo mismo con el resto de las almendras, las avellanas y los pistachos.

 
Después con una Gillette, rasca el hollín para que caiga sobre la hoja de papel.

 
 Y luego, con mucho cuidado hay que meter el hollín en el recipiente cuyo agujero es muy pequeño.

 
Ya está. Ahora solo falta pintarse los ojos y las cejas para que queden bien negros.

 
Cosmética ecológica limpia, estéril y barata pues con dos almendras, dos avellanas y dos pistachos llenas el recipiente y tienes para pintarte los ojos durante varios meses.


 
Aquí os presento algunos recipientes de surmeh de mi colección que ya llega a los cuarenta y que he ido trayendo de mis viajes a Irán.


 
Son de hueso de camello.

 
En la tienda de Persian Art Gallery de Masud Beheshtí y Reza Toughi, cerca de la gran plaza de Isfahán, tienen maravillas. Cuando voy a visitarlos lo hago sin prisas. como hay que hacer cuando viajas. Me siento, me ofrecen un té, se sientan conmigo y charlamos. Después admiro los recipientes de surmeh y las cajitas que exponen en las vitrinas. Alguna me llevaré, siempre compro alguna para mi colección.

 
Abren la caja fuerte y me enseñan las miniaturas carísimas que guardan en ella. Aunque mi presupuesto no alcanza para eso, me gusta admirarlas.
Isfahán me tiene fascinada.

1.5.14

Consejo para viajeras a Irán o el moño que aguanta el pañuelo

 
Las iraníes acostumbran a tener un pelo precioso, grueso y abundante. Y una, viéndolas de perfil con el pañuelo, piensa que éste esconde un estupendo moño o gran una cola de caballo. Pero no, se han puesto un CLIP, así se llama el moño artificial de tela de colores cosido a una pinza que se colocan en la parte posterior de la cabeza, y según lo arriba que lo llevan queda la cabeza apepinada en sentido horizontal o vertical. Este clip ayuda a que no se caiga el pañuelo y permite mantenerlo bien atrás para que se vea el flequillo e incluso los pendientes en algunas ocasiones.
 
 
 
Los venden en muchas tiendas y tienen varias medidas, desde los discretos del tamaño de una mandarina, hasta los más espectaculares gandes casi como un melón.


Yo me compré uno de color azul, como se puede ver en la foto de abajo y como llevo el pelo corto me tenía que recoger una colita con una goma para poder agarrar el clip y no resbalara.


Después me colocaba el pañuelo y , a correr mundo, sin preocuparme del deslizamiento del pañuelo y, además, sabiendo que mi perfil estaba a tono con el de las iraníes más actuales. Viajeras a Irán, compraros nada más llegar un CLIP, los veréis en muchas tiendas, los hay de todos los colores. Comprarlo bien coloreado, mejor si es fluorescente, total debajo del pañuelo no se va a ver y, cuando lleguéis al hotel y finalmente os podáis quitar el pañuelo pareceréis la mismísima Lola Flores con el floripondio. ¡Buen viaje! Con amor y buen humor.


18.2.14

Viajar a Irán en primavera



Este año estoy recibiendo muchos mensajes de viajeros que piensan ir a Irán en Semana Santa. Por lo que voy viendo, hace ya un año o algo más, que se ha animado el turismo hacia ese país tan poco conocido o mejor dicho, tan mal conocido.

Me alegro mucho de que la gente se anime a visitar Irán. La antigua Persia, con sus extraordinarios vestigios de los inperios Aqueménida y Sasánida, aparece en muchos lugares, con Persépolis como enclave emblemático. Pasando a la época musulmana, las cúpulas floreadas de las mezquitas con sus exquisitos azulejos, tienen su punto culminante en la hermosa ciudad de Isfahan. Los bazares, los parques, los picnics al lado del río, las gentes acogedoras, educadas, amables, hacen que el viajero regrese entusiasmado de Irán. 
Nuestra Semana Santa acostumbra a coincidir con su Nowruz, o fiestas del año nuevo persa. Es tiempo de vacaciones y las familias iraníes aprovechan para salir de viaje y visitar a los parientes del pueblo o simplemente hacer turismo. Las carreteras están llenas y los monumentos también. Pero es interesante ver cómo viven esas fechas los iraníes. En este mismo blog escribí mis experiencias de viaje el año pasado por Nowruz. 


No es lo mismo visitar Persépolis en la soledad de un día cualquiera que rodeado de cientos de personas, como ocurre en Nowruz. Pero cada cosa tiene su atractivo y en el caso de esta época del año, los visitantes con los que compartimos espacios son todos iraníes, familias enteras que se han desplazado hasta el antiguo palacio aqueménida para conocer los orígenes de su cultura. Y eso nos dará la oportunidad de conversar, algo fundamental para el viajero que quiere saber más que lo que las piedras le explican.

Hay una nueva edición de la guía de Irán publicada en castellano por Laertes. La ha preparado Toni Vives que es un buen conocedor del país. También es muy interesante el libro Irán por dentro, de Alfredo Kavanak, extenso y muy completo. Mis libros Negro sobre negro y La cueva de Ali Babá, y El meu Iran en catalán, dan una idea de lo que es el país a través de mis muchos años de relación con Irán, donde llegué por primera vez en el 68. El librito de gastronomía iraní que publicamos mi hijo cocinero y yo con costumbres gastronómicas y recetas, muestra otra faceta del país de los persas y se puede bajar de forma gratuita desde mi Web www.ana-briongos.net, o comprar en Altaïr en Barcelona o De Viaje en Madrid.
Y, para empezar a introducirse en la cultura iraní, aparte de leer los libros que recomiendo, también aconsejo acercarse al restaurante iraní "El rincón persa" de la calle Floridablanca de Barcelona, donde se come de maravilla una gran variedad de platos que no se encuentran facilmente en las rutas turísticas por Irán y que hace falta entrar en las cocinas familiares para poderlos degustar: baghali poló, fesenjan, ghormeh sabzí, kashk e bademjan... Y muchos otros deliciosos manjares persas.

¡Buen viaje!  ¿Feliz año nuevo persa! ¡Feliz Nowruz! Sal e now mobarak!

Nota: Leer la entrada sobre el Nowruz en este mismo Blog y también la entrada sobre el viaje a Irán por Nowruz.