BLOG DE ANA M. BRIONGOS


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18.10.21

Underground y contracultura en la Cataluña de los 70


Underground y contracultura en la Cataluña de los 70

Ana M Briongos


¡Abrid las rejas! ¡Romped los muros! ¡Saltad los abismos!

 




Hace poco más de un año escribí un artículo sobre la contracultura donde explicaba  cómo la vivimos los que éramos jóvenes en la Barcelona de los años 70. Ahora todo aquello ha sido ordenado y documentado en una exposición exhaustiva que se inauguró el 2 de junio en el Palau Robert de Barcelona y que se podrá visitar hasta el 28 de noviembre (posible prórroga hasta abril 2022), comisariada por Pepe Ribas, factótum de la revista Ajoblanco con la colaboración de Canti Casanovas, alma de La web sense nom (LWSN). El diseño lo ha hecho el equipo del arquitecto Dani Freixes y la diseñadora Gemma Villegas.


Hacía tiempo que algunos protagonistas de las movidas de aquellos años trabajaban para reencontrar documentos, fotografías, dibujos, textos y todo lo que pudiera poner en evidencia y explicar a las nuevas generaciones la historia de unos años extraordinarios que habían quedado enterrados en cajones olvidados. Canti Casanovas hace una década que mantiene LWSN donde cuelga artículos sobre el tema, escritos por él mismo y por otros amigos y conocidos con fotografías, dibujos y documentos. 

Genís Cano, poeta, profesor y ángel de los sótanos psicodélicos, como decía la necrológica aparecida en El País, hace ya más de quince años se había empeñado en preparar una exposición sobre la contracultura en La Virreina con la ayuda de David Castillo y Julià Guillamón, que se vio truncada por su muerte en 2007. Lo recuerdo cuando venía a casa y rebuscaba en  carpetas perdidas por los armarios y en antiguos álbumes de fotografías. 

Nazario persiguió a sus amigos para que colaboraran con escritos y fotografías en el libro "La Barcelona de los años 70 vista por Nazario y sus amigos" publicado en 2004.

En 2007 la editorial Glénat publicó "Star, la Contracultura de los 70" con una recopilación de artículos de diversos autores a cargo de Juan José Fernández.

Ahora ha sido Pepe Ribas el que ha venido a revolver cajones, álbumes de fotografías y cajas de diapositivas con una intensidad tal que llegué a pensar que enfermaría antes de que se inaugurara la exposición. No ha sido así y la exposición se ha inaugurado con éxito.


Cada protagonista de las vivencias de aquellos años debe tener su propio punto de partida, el mío es el "diguem no" del cantautor valenciano Raimon, unos años antes de que comenzara la década que nos ocupa. Los hijos de aquellos que habían vivido la guerra civil, de los vencidos, y también de los vencedores, dijimos NO. No al sometimiento a un régimen totalitario, no a la sumisión a la familia, no a la sumisión a la religión. No a la tristeza, al cierre cultural, a las prohibiciones, a la represión, a las guerras. Éramos jóvenes, nos sentíamos fuertes y bellos; el sol salía todos los días, adorémoslo; los árboles florecían y daban frutos, disfrutemos pues de ellos. Empecemos de nuevo. Un mundo mejor es posible. Experimentemos. Amémonos. Salgamos de la estrechez familiar, creemos comunas, hagamos poesía, música, artesanía, huertos, vídeos, revistas, paredes. Dibujemos. Bailemos. Viajemos. Todo estaba por hacer y todo era posible.

Ingenuidad y utopía flotando en efluvios lisérgicos y humos cannábicos que multiplicaban la percepción, la sensibilidad y la creatividad.


En España el Plan de Estabilización hacía crecer la economía a un ritmo del 7% anual. Las familias podían comprarse un cochecito, una lavadora, un aparato de TV y pensar en enviar a los hijos a la universidad. Desde fuera llegaban noticias de los movimientos contraculturales en Francia, en Alemania, en EEUU. Cambiamos la música francesa e italiana por la anglosajona que emergía, potente e innovadora. La música nos unía a todos, la escuchábamos con veneración.

Por primera vez las chicas nos podíamos añadir a un movimiento liberador sin miedo al embarazo, gracias a las pastillas anticonceptivas y disfrutar al igual que los chicos del amor libre.


Entro a la exposición por una reja de hierro abierta y, blanco sobre negro, en la pared, me  van diciendo las prohibiciones y los castigos que estaban en vigor durante la dictadura.




Una alfombra que reproduce hojas de periódicos de la época, con las noticias clave enmarcadas en rojo, me llevará año tras año por toda la exposición.

Me encuentro en una estancia hippie con un kilim cubriendo el suelo y cojines de colores recuerdo de los tiempos en que no nos gustaban los muebles y, como decían los campesinos formenterinos que nos alquilaban las casas: "han sacado las camas y duermen en el suelo como el ganado ". Una pantalla pasa imágenes de la Instant City en Ibiza 1971.

En la pared de enfrente, me reciben Damià Escuder, gurú empurdanés de la psicodelia, acompañado de un artículo suyo publicado en la revista Serra d’Or sobre el LSD y María José Ragué, que al volver de Berkeley escribe "California Trip".


En la alfombra de periódicos, año 68, "Los estudiantes ocupan el Odeon", "Nixon en la Casa Blanca”, "Tres meses de Estado de Excepción”, "El hombre puso pie en la Luna". Esto me hace pensar ¿dónde estaba yo ese día? Estaba en Kabul, en un hotelito y tenía como compañero de habitación a un soldado estadounidense que volvía de la guerra de Vietnam. Compraba obsesivamente armas en el bazar y las guardaba debajo de su cama. Cuando tuvo el espacio lleno me pidió para llenar el mío. Ni pensarlo, le respondí. Aquel día me invitó a ver la llegada del primer hombre a la luna en el centro norteamericano, no acepté.


En las vitrinas se exponen los libros contraculturales de la época.


Paso a las comunas como ruptura con la familia patriarcal y con la autoridad y la casa Fullà de la calle de Génova de Barcelona en el barrio del Guinardó es uno de los ejemplos con sus habitantes entre los que estaban el poeta y dramaturgo Joan Brossa y Víctor Jou creador de la mítica sala Zeleste. Viví más de veinte años en aquella casa que fue un vivero de proyectos vitales compartidos.




Sigo con el viaje a Oriente por tierra en búsqueda de uno mismo y de otras culturas. En las fotografías Jordi Esteva, Xefo Guasch, Paco Escudé, Carlos Mir en blanco y negro por India y Nepal y, en color, Pau Maragall, mi hermano Miguel, Vicky Combalía y yo misma en una casa de té en Mazar y Sharif, Afganistán 1974.


A través de un túnel de espejos entramos en el mundo de la música "La música es el vehículo y la marihuana la hierba sagrada".


En el suelo, "Carrero Blanco asesinado". Yo daba clase matemáticas en el instituto Bernat Metge de la calle Cristobal de Moura cuando llegó la noticia.


Els tres tambors, el Grup de folk, Música dispersa, Máquina, Sisa, Pau Riba, Toti Soler, Maria del Mar Bonet, el Gato Pérez y tantos otros. Los dos discos Dioptria de Pau Riba, el Orgía de Jaume Sisa. Gay Mercader trae a los grupos internacionales, Frank Zappa, King Crimson ... En la penumbra de la exposición, la música me envuelve. Pasa un hombre a mi lado, mira las portadas de los discos y baila. Le hago una señal de aprobación con la mano, me sonríe y sigue adelante, tiene mi edad. Le sigue un chico de unos quince años, debe ser su nieto.

Entro a través de la boca llena de dientes de una cara de colores, reproducción gigante de la portada del disco de King Crimson, a un saloncito que reproduce un rincón del Zeleste. 

Me siento en el sillón, a mi lado una mesita redonda y sobre ella la famosa lámpara de alabastro diseñada por el Ángel Jové que todavía venden a Santa & Cole, frente a mí la gran cortina de terciopelo rojo partida para dejar pasar, con el rombo que enmarca las letras Zeleste en dorado. Estoy en una agradable penumbra. 




Miro al suelo "Puig Antic y Heinz Chez fueron ejecutados ayer". 

Puñetazo. Piel de gallina. A mi derecha, en la pantalla amarillenta, Manel Joseph, muy joven, canta. Me quedo un buen rato sentada. Toda mi juventud pasa en un instante.


La cortina de terciopelo rojo me da paso al teatro innovador nuestro de entonces, Els Joglars, Dagoll Dagom, el salón Diana, los titiriteros y también el internacional con visitas a Barcelona de The Living Theater, Magic Circus, Lindsay Kemp, Dario Fo y otros.





Después paso a los dibujantes de comix, irreverentes y provocativos, con el cuadro estrella de la exposición, el original de la portada de El Rrollo Enmascarado de Nazario 1975 (editado por Star), cedido por el Museo Reina Sofía de Madrid. En las fotos los dibujantes del estudio de la calle del Comercio, Nazario, los hermanos Farriol, Mariscal, Montesol. Al otro lado Zap 275, tienda creada por Jaume Fargas donde se reunían otros dibujantes.

 

En la alfombra "Libertades democráticas en Portugal" "Con Marcial y Cruyff el Barcelona subió más que la gasolina".

 

También hay ejemplares de la revista Rock Comix de Gaspar Fraga donde Nazario dibujó la portada dedicada a Lou Reed que después el cantante estadounidense utilizaría en uno de sus discos más famosos, sin pedir permiso al autor


Llegamos a los poetas, con publicaciones, libretas y papeles manuscritos. "En épocas de crisis la poesía se convierte en la herramienta fundamental que destila el pensamiento crítico. 


Bajo mis pies "Nixon ha dimitido”.





Después viene la sección revistas con Ajoblanco. Decenas de portadas me aturden desde las paredes. Veo en las fotografías a los miembros de la redacción con Pepe Ribas, el fundador, con cara de niño y me hace pensar que a pesar de ser jóvenes y sin experiencia, lograron publicar una revista que tuvo miles de lectores. Con un lenguaje libre y desvergonzado inició temas que serían fundamentales en años posteriores, feminismo, ecología, anti-psiquiatría, homosexualidad, pacifismo.





Como contrapunto está la revista Star, fundada por Juanjo Fernández que logró sobrevivir a pesar de cierres y multas hasta 1980. En ella publicaron, entre otros, Nazario, Montesol, Pau Malvido, además de los escritores y artistas que luego se harían famosos en la movida madrileña, Oukalele, Cesepe, Almodóvar, el Hortelano, Alberto García-Alix…


En el suelo, "Cinco penas de muerte y seis indultos", "Paolo Pasolini, asesinado por un joven de 17 años" y "Franco ha muerto”.


El final de la exposición ya forma parte de la transición cuando el sida, la heroína, el desmadre y el destape explosionan como si se hubiera destapado una botella de champán. No queda espacio en el Palau Robert para todo lo que falta por decir y la información se acumula. Las Jornadas libertarias, la galería Mec-Mec, las Ramblas de Ocaña, Camilo y Nazario, la bomba en la sala Scala y la llegada del punk que cambió "amor y paz" por "no hay futuro".


En el suelo "Juan Carlos I Rey de España" "Cataluña dijo sí”.


El tiempo continuó pasando, pero el individualismo, la fragmentación y la corrupción, hicieron que esta historia acabara aquí sin embargo las semillas que se plantaron entonces han fructificado, se ha abolido la pena de muerte, se suprimió el servicio militar , se derogó la ley de peligrosidad social y mujeres, homosexuales y transexuales pueden vivir su libertad, ya no hay manicomios transformados hoy en centros de salud mental. Vivimos en una sociedad laica y las familias han dejado el autoritarismo para ser células de diálogo. Las energías alternativas son ya una auténtica alternativa. 

Demasiada información para una sola visita.

Está a la venta el libro-catálogo de esta exposición con más de 400 páginas.



 Parte de este artículo ha salido en catalán en la revista Política&Prosa nº36

14.11.20

La Contracultura en Barcelona vivida por Ana M Briongos



Escribí este artículo en marzo de 2020 y salió publicado, en la revista "Política y prosa" de mayo.


Son las diez de la noche, quinto día de confinamiento por Covid19, veo en la televisión el documental Rolling Thunder: A Bob Dylan Story de Martin Scorsese (2019). El documental sigue una gira que hizo el cantante por los Estados Unidos en el año 75. Bob Dylan está en el escenario ante un público entusiasmado. La cara embadurnada de blanco, los ojos ennegrecidos con kool, en la cabeza un sombrero con un plumero de flores. Bob comienza a cantar "But it 's a hard rain ..." y de golpe siento en medio del silencio de una ciudad paralizada por la epidemia, un emocionante salto atrás en el tiempo. Una vuelta a la psicodelia, la transgresión, a la ilusión, a la juventud, a la rabia, a la imaginación. ¡Qué poder tiene la música para revolver estratos solidificados, si las circunstancias le son adecuadas! Allen Ginsberg recita poemas, canta y baila en el documental que finaliza con él y Dylan en el cementerio donde está enterrado Jack Kerouak, sentados en el suelo delante de la tumba del autor de "On the Road".


2015 San Francisco bajo la mirada de Jack Kerouak
 

La primera vez que oí hablar de la generación Beat y de sus poetas, padres de la contracultura en los Estados Unidos, fue gracias a Ferran Fullà que acababa de salir de la prisión de Lleida junto con Martí Capdevila, Salvador Clotas y Manolo Vazquez Montalbán, después de cumplir condena dictada por el tribunal de orden público en el año 62 (Barcelona 1962. L'ombra dels CreixCCMA22 oct. 2014)


Los cuatro presos (documental L'ombra dels Creix)

Ferran tenía un Temps Modernes dedicado a los poetas Beat, Ginsberg, Ferlingetti, Corso, Kerouak y algún otro. California, San Francisco, la librería City Lights donde se reunían, comenzaron a serme familiares. Supimos de las manifestaciones de estudiantes contra la guerra de Vietnam, de la fundación de los Black Panthers en Oakland, los disturbios en la Convención Demócrata de Chicago. Los jóvenes americanos se ponían flores en el pelo y adoptaban la consigna “haz el amor y no la guerra”.


Símbolo de los Black Panthers

Qué queremos: los 5 puntos de los Black Panthers


En nuestro país ya habían celebrado los veinticinco años de paz franquista. En ese momento se solapaban situaciones diferentes y contradictorias en nuestras vidas, la militancia en partidos antifranquistas, el desencanto respecto a estos partidos, el convencimiento de que el franquismo no se acabaría por la lucha sino que el dictador moriría en la cama, como así fue, la rabia por las condenas a muerte y las posteriores ejecuciones, las ganas de ser felices y de divertirnos, éramos jóvenes, y las ganas de mandarlo todo a paseo.


El mundo que veíamos no nos gustaba. No nos gustaba el mundo que habían hecho nuestros padres. Salve regina mater misericordia, desde este valle de lágrimas te rogamos, arrodillados, atemorizados, acojonados. Cuando ya se captaba la sociedad del bienestar; cuando ya se habían cambiado los Biscuters por Seats 600 y éstos por Renaults y Citroëns, no estábamos dispuestos a aceptar que el mundo fuera un valle de lágrimas. Todo estaba prohibido, todo era "no" y cuando nos empezamos a preguntar ¿por qué no? fueron cayendo las prohibiciones una detrás de otra como los decorados de un teatro y no pasaba nada, entonces pensamos que todo lo que nos habían dicho era mentira.


La madre de Ferran Fullà tenía un terreno en el Guinardó, mi padre de Quintanarraya, provincia de Burgos, que había llegado a Barcelona sin dinero pero con el empuje y el optimismo de haber ganado la guerra, propuso construir una casa de pisos en ese terreno. No tenía experiencia en el mundo de la construcción y había que encontrar un arquitecto. Martí Capdevila acababa de hacer la mili con Oscar Tusquets. Tusquets y Clotet hicieron con toda libertad un proyecto insólito, experimental y fantástico. 




Casa Fullà

La construcción de esa casa fue un calvario por la falta de experiencia del constructor y de los arquitectos pero salió una casa extraordinaria, la casa Fullà. Allí fueron a vivir la gente más variada ya que los pisos laberínticos, duplex y triplex no gustaban a las familias convencionales pero sí gustaban a los jóvenes psicodélicos de aquel momento. En el barrio se conocía como la casa de los hippies y era como un castillo mágico que se llenaba de colores gracias al LSD. Cuando empezamos a habitar el edificio yo ya no era pareja de Fullà sino de Pau Maragall, brillantísimo rebelde, que con el seudónimo de Pau Malvido escribiría "Nosotros los malditos" sobre la movida contracultural de Barcelona, ​​crónicas publicadas posteriormente por Anagrama.


Con Pau nos instalamos en el 5º B de aquella casa. Al 7º acudió en Victor Jou que con Pepe Aponte se pusieron frenéticamente a idear el Zeleste, que fue la discoteca emblemática de Barcelona en los 70; al 9º B llegó Pepa Llopis que acababa de sacar al poeta y dramaturgo Joan Brossa de casa de sus tías. Brossa desde la terraza de su piso irradiaba energía creativa. Francesc Bellmunt preparaba su película Orgía. Los hermanos Clúa ensayaban con Serrat y éste cantaba tangos con Brossa. Marta Pessarrodona, poeta, lloraba la muerte de otro poeta, Gabriel Ferrater. Vicky Combalía, en el 3º F, nos hablaba del arte conceptual. Había médicos y arquitectos, todos muy jóvenes, algunos todavía sin terminar la carrera. Llegaron Tim y John, unos estudiantes estadounidenses de Illinois con la maleta cargada de LPs, Crosby, Still, Nash and Young, Grateful Dead, Jimmy Hendrix y con libros de Jerry Rubin y Abbie Hoffman, Steal this Book, y nos lo tomamos tan en serio que dejábamos el drugstore sin libros, todos robados.


Cena en casa de Pepa y Brossa, 9ºC casa Fullà

Pau Maragall, que estudiaba sociología en la nueva UAB, se hizo con un grupo de seguidores de su curso, incondicionales, Javier Ballester, Montesol, entre ellos. Bajo su dirección organizaban performances y pintaban muros con consignas de significación social.

Desde el centro del movimiento contracultural norteamericano, la Universidad de Berkeley, llegaron Luís Racionero y María José Ragué que se instalaron en el Putxet. Ragué publicó "California Dream" (Kairós) donde nos explicaba, de primera mano, qué pasaba en California. Damià Escuder, originario del Ampurdán, que había caído en la marmita de las setas alucinógenas cuando nació y ya no necesitaba nada más para ir siempre volado, con barba y pelo rojo y crespo, ejercía de gurú inteligente y sideral. Jaume Sisa y algunos otros se dejaban insultar cuando paseaban sus melenas por las calles. En Formentera Pau Riba y Mercè Pastor parían niños sin médico ni comadrona y la perra Monacabra les lamía el culito cuando se cagaban. Mientras, junto a la cisterna, grababan "Jo, la dona y el gripau" con el guitarrista Toti Soler y el madrileño Mario Pacheco, de larga melena rubia, que poco después abriría la discográfica Nuevos Medios desde donde descubrió y produjo a los nuevos flamencos, Camarón, Quetama y otros. Pepe Ribas iniciaba la aventura de Ajo Blanco, la revista ácrata que acogió a los que tenían algo que decir fuera de lo establecido. Y en la calle Comercio Nazario, un maestro de escuela llegado de Sevilla con los cómics del underground americano bajo el brazo, obtenidos en la base de Rota, hacía de madre de un grupo de aprendices de dibujante que no paraban de inventarse historietas con las que publicaron "El Rrrollo Enmascarado". Y yo iba y volvía de Afganistán y de Irán.


En este caldo de cultivo se publicaron revistas, surgieron grupos de teatro, grupos de música y cantautores memorables. Se montaron comunas, festivales de música, discotecas.


Todo esto ocurría poco antes de que muriera el dictador. Tiempo lleno de energía, de creatividad, de ilusión, de ganas de cambiar el mundo, de respeto y disfrute de la naturaleza, de recreo sin dispendio, de experimentación, de promiscuidad, de alucinaciones, de marihuana y hashish.


Muere el dictador y comienza una explosión de libertad, jornadas libertarias, mariconas al poder, drogas duras, sida. Hubo muertos. El mundo siguió su dinámica feroz de crecimiento económico. El movimiento contracultural dejó unas corrientes de pensamiento que siguen vivas entre aquellos que todavía creen que otra manera de vivir es posible y necesaria. Hoy, en plena pandemia y en el silencio del confinamiento, podemos pensar en ello.