BLOG DE ANA M. BRIONGOS


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21.10.20

Tony Wheeler y mi párrafo de "Black on Black, Iran Revisited" (Lonely Planet)



 

La editorial geoPlaneta acaba de publicar el libro

-En defensa del viaje

Por qué seguiremos viajando y por qué lo haremos de otra manera-

cuyo autor es el mítico editor Tony Wheeler.



Hace un par de semanas recibí un mensaje desde geoPlaneta por el que me reenviaban otro de Tony Wheeler, cofundador de Lonely Planet, pidiéndoles mi email porque quería contactarme. Me apresuré a escribirle directamente.

Al día siguiente recibí su mensaje.

Ana. Hace mucho tiempo desde la última vez que estuve en contacto contigo aunque me acuerdo a menudo de ti por aquel párrafo en “Black on Black” que cito a menudo como la razón perfecta por la cual los jóvenes deben viajar…

Ahora estoy confinado en Australia… pero he escrito un libro -En defensa del viaje -para geoPlaneta de España. Quería añadir tu párrafo en ese libro y geoPlaneta lo ha arreglado con tu editorial, Laertes.

Además me pedía permiso para añadirlo en inglés en un libro que se publicará en Nueva Zelanda.





"Tenía 20 años, viajaba sola, y no tuve nunca ningún problema. Había dejado atrás, por una temporada, la facultad de Física de Barcelona, con sus clases, sus prácticas y sus exámenes, para sumergirme en esa universidad permanente que es el recorrer países y conocer a sus gentes. No son solo los bosques, los mares, los ríos, los desiertos, los caminos y los amaneceres; como tampoco son los monumentos ni los museos: son los hombres y las mujeres y los niños que en esos caminos y desiertos viven, de los que se aprende. Viajar de joven es importante, se viaja ligero de equipaje y ligero de bolsillo y se tiene el corazón como una esponja. Los caminos del mundo son una escuela donde se templa el espíritu y se afianzan la tolerancia y la solidaridad. Se aprende a dar y a recibir, a mantener las puertas abiertas de la casa y del espíritu y, sobre todo, a compartir. Se aprende a disfrutar de lo poco, a valorar lo que se tiene, a ser feliz en la austeridad y a festejar la abundancia. Se aprende a escuchar y a mirar y se aprende también a querer. Los jóvenes de los países de la abundancia tendrían que dedicar un año de su vida, antes de que las obligaciones familiares o profesionales los dejen atados para siempre, a viajar por los caminos del mundo, de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, con la mochila a la espalda. Perderían un año en la carrera del éxito -¡qué es un año!- pero ganarían como personas porque se les ensancharía el horizonte, muchas veces reducido a conseguir una décima más en un examen, y el mundo entero saldría ganando" (Párrafo de "Negro sobre negro" de Ana M Briongos, que aparece en "En defensa del viaje" de Tony Wheeler, páginas 58 y 60)


¿Quién es Tony Wheeler?

Tony Wheeler fue el cofundador, con su esposa Maureen, de la conocida editorial de guías de viaje Lonely Planet. Viajeros desde jóvenes, partiendo de Inglaterra atravesaron Europa y Asia y se instalaron en Melburne, Australia, donde publicaron su primer libro en 1973 Across Asia on the cheap, origen de la editorial que fundaron con el nombre de Lonely Planet. Posteriormente publicaron la guía de la India cuyo éxito les ayudó a levantar la editorial que pronto se hizo famosa en el mundo de los viajes. En 2011 la vendieron a BBC Worldwide por una suma millonaria.


Cuando se publicó mi primer libro “Negro sobre negro, Irán cuadernos de viaje” y tuvo buenas críticas en los periódicos más importantes de España, se me ocurrió preparar un dossier con todas ellas, acompañarlo con un ejemplar del libro y mandarlo a la sede de Lonely Planet en Melburne. Pronto recibí respuesta diciendo que estaban interesados en publicarlo en inglés para una nueva colección de literatura de viajes. Se publicó con el título de “Black on Black, Iran revisited” y la traducción corrió a cargo de Chris Andrews. Black on Black quedó finalista en 2001 del premio Thomas Cook de libros de viaje organizado por The Dayly Telegraph en Londres, cuna de la literatura de viajes.

Un día recibí un mensaje del mismísimo Tony Wheeler en el que me pedía permiso para utilizar un párrafo de mi libro en sus conferencias pues pensaba que era el que mejor expresaba su idea de por qué los jóvenes deben viajar. Era para mí un honor que el mítico fundador de Lonely Planet me pidiera algo que había escrito yo. El párrafo en cuestión viajaría y sería conocido por miles de personas ya que él lo repetiría en todas las charlas que daba por el mundo.

Tony todavía se acuerda de aquel párrafo, todavía me pide permiso para usarlo y eso me hace feliz.


He leído su libro. En defensa del viaje, como dice el propio autor, no es un ensayo académico sino, sencillamente, su opinión sobre el hecho de viajar, las consecuencias de la sobresaturación turística, del mal uso que hemos hecho de lo que nos ofrece el Planeta y la repercusión que puede tener en nuestro comportamiento futuro el parón al que nos ha obligado el Covid. Parón que ha hecho más evidentes situaciones que se sabían pero que no se querían ver, que ha dejado aviones en tierra, trasatlánticos varados y coches aparcados y, como consecuencia, el descenso del precio del petróleo que enriquecía a unos países con cuyos pingües beneficios han favorecido la lucha entre sunitas y chiítas en el mundo musulmán y la desestabilización de Oriente Medio. Quizá a partir de ahora no habrá tanto dinero procedente de los hidrocarburos para financiar guerras fratricidas.  También ha hecho aflorar la precaria situación de los trabajadores inmigrantes en los países del Golfo y ha puesto en evidencia el tráfico de animales salvajes y sus mercados donde esos animales vivos reciben un trato terrible para alimento de sibaritas.

 

“Nosotros, ciudadanos privilegiados del mundo desarrollado, consumimos mucha más energía -hacemos mucho más daño- que nuestros congéneres de los países en vías de desarrollo. Conocemos todas las respuestas; lo único que tenemos que hacer, sencillamente, es ponerlas en práctica” escribe Toni Wheeler.

Incluso en las ciudades hasta hace poco saturadas de turistas, como Barcelona, Amsterdam o Venecia, sólo a dos calles de los grandes monumentos que todos quieren ver, hay lugares interesantes y solitarios donde pasear y disfrutar. Buscar otras ciudades, otros paisajes, es lo que recomienda el autor.

Estas son algunas pinceladas que he recogido de las reflexiones que van surgiendo en el libro. Hay muchas más.


Los que hemos nacido con la pasión viajera, no dejaremos de viajar, aunque quizá tengamos que hacerlo de otra manera. Es imprescindible pensar en el turismo responsable y en el turismo de cercanía.


21.5.17

Elecciones en Irán 2017. Rouhaní gana las elecciones. Ana M. Briongos.



El ministro del interior iraní, Abdulrezá Rahnanifazlí anunció el sábado 20 de mayo de 2017, un día después de las elecciones, con todos los votos escrutados, que el vencedor había sido Mohammad Rouhaní, el actual presidente, con el 57% de votos favorables. Pasa pues a ejercer su segunda y última legislatura de cuatro años.

 

De los 56.4 millones de iraníes registrados para votar, se han contabilizado 41,2 millones de votos de los que el moderado Rouhaní, obtuvo 23,5 millones y el conservador Riasí, 15,8 millones. La participación ha sido pues elevada, un 73%, como acostumbra ser en Irán.



El Lider Supremo, Jameneí, como en anteriores elecciones, hizo una arenga a la población para que acudiera masivamente a las urnas para demostrar al mundo que la participación popular en los asuntos importantes del país es evidente, dentro de un ambiente festivo, pacífico e ilusionado. Es una baza fundamental que esgrime el régimen ante las potencias extranjeras.


La verdad es que las elecciones presidenciales en Irán provocan un subidón general. Los jóvenes, chicos y chicas, salen a la calle, cantan, bailan, muestran sus pancartas de apoyo a su candidato y lucen los colores que lo significan. Este año el color de Rouhaní era el morado. También aparecía el verde como recuerdo del fiasco ocurrido en las elecciones de 2009 en que inesperadamente ganó Ahmadinejad, las protestas populares que siguieron y su posterior represión. 



Este año mis amigos iraníes han ido a votar, incluso aquellos que no votaron en anteriores elecciones puesto que consideran lo de Irán antidemocrático desde el momento en que quien detenta el poder real, el Guía Supremo, no se elige en las urnas. Tenían miedo de que ocurriera como en 2005, después del período de apertura del presidente Jatamí que por no ir a votar ganó Ahmadinejad y sumió al país en un agujero aislacionista y belicoso. Este año, artistas, escritores, actores, directores de teatro y de cine han confirmado en las redes sociales su apoyo a Rouhaní, algunos de los cuales son bien conocidos como opositores al régimen, incluso expresos políticos. El venerado poeta que firma con el seudónimo de Saié (la sombra), ofreció en Facebook su fotografía, anciano de luengas barbas, papeleta en mano de su hija Yaldá, donde se veía escrito de su puño y letra: Hassan Rouhaní.



De los algo más de 56 millones de votantes, 2,5 millones viven en el extranjero. Según IRNA, la agencia de noticias oficial de Irán, este año se han puesto urnas en 102 países, incluido los EEUU. En total 279 centros de votación en el extranjero, entre ellos en Madrid y en Barcelona. Nunca anteriormente se había publicitado desde el gobierno iraní la participación de los residentes en el extranjero en las elecciones, y menos en EEUU, donde vive una gran parte de los emigrados iraníes.


En la foto de abajo se muestra la urna instalada en Casa Asia en Barcelona.


El presidente Mohammad Rouhaní nació en el norte de Irán en 1948. Pronto empezó sus estudios religiosos. Fue seguidor del entonces exiliado líder del movimiento islámico, Jomeiní. Salió de Irán en 1977 y regresó en 1979, después de la Revolución Islámica y tras haber estudiado en Escocia. Fue secretario del Consejo Superior de la Seguridad Nacional de Irán (1989-2005) y adquirió fama de diplomático después de liderar la negociación nuclear de 2003-2005. En 2013 fue elegido presidente. Durante su presidencia llegó a un acuerdo con las potencias extranjeras sobre el plan nuclear a cambio del levantamiento de algunas sanciones económicas.


Como presidente, Rouhaní ha conseguido bajar la inflación del 40% al 7%, pero los precios siguen subiendo. Después de la firma del tratado nuclear, Irán ha tenido un crecimiento económico del 7%, debido principalmente a la venta del petróleo, aunque no a la reactivación de la economía. El desempleo total es del 12,5% pero está en el paro el 30% de los jóvenes.


Estas elecciones se consideran una aprobación popular a la política de apertura al mundo que debe tener como consecuencia una mejora de la economía muy malparada después de años de estrictas sanciones. Rouhaní asegura que luchará para conseguir el levantamiento de las sanciones que todavía persisten, aunque será difícil con Donald Trump como presidente de EEUU. Pero además de las promesas económicas Rouhaní también ha hablado en su campaña de libertades sociales y políticas, sin embargo los líderes reformistas siguen en arresto domiciliario y en cuatro años de presidencia no ha logrado liberarlos aunque lo prometiera en la campaña electoral de 2013.


En su primer discurso después de ganar las elecciones, el sábado 20 en TV, Rouhaní dijo: “El mundo comprende plenamente que Irán está ahora en el camino de la interacción con la comunidad internacional y piensa promover la paz y la amistad, pero no aceptará la humillación bajo ningún concepto”.


Es interesante saber que de los 1636 inscritos para ser candidatos en las elecciones presidenciales de Irán de 2017, 137 eran mujeres. Ninguna pasó la criba del Consejo de Guardianes. El artículo 115 de la Constitución dice que es condición de idoneidad para la candidatura el ser “reyal”. Esta palabra tiene varias interpretaciones puede significar hombres o también personalidades. Si se aceptara esta última interpretación las mujeres podrían ser presidentes. Azam Taleghaní, hija de un famoso ayatollah mártir, es una de las que se inscribe y lucha por el cambio de interpretación.


Ana M. Briongos

27.4.17

Elecciones presidenciales en Irán, mayo 2017

Ana M. Briongos


Estas serán las duodécimas elecciones presidenciales en Irán desde la Revolución Islámica de 1997 y las 36 si contamos las elecciones al Parlamento, la Asamblea de Expertos y las municipales. El próximo 19 de mayo tendrán lugar no solo las elecciones a presidente de la República Islámica sino también a alcaldes y concejales de las ciudades y pueblos de Irán.


Los seguidores del actual presidente, Rouhaní, creen que durante sus cuatro años de mandato ha conseguido mejorar la situación del país aunque reconocen que no ha logrado todo lo prometido. Sus detractores aseguran que la situación económica de los iraníes no ha mejorado en absoluto, aunque según el Fondo Monetario Internacional  Irán ha tenido un crecimiento del 7% en 2016, pero éste se atribuye casi exclusivamente a las ventas de petróleo.


Hace casi un año y medio de la firma del tratado nuclear y, a pesar de que las relaciones económicas con los países occidentales han mejorado, lo están haciendo a un ritmo más lento de lo esperado y pocos bancos se han decidido a instalarse en Teherán por miedo a la inestabilidad de la zona y a la inseguridad de las promesas dadas. Sin embargo Irán ha aumentado las exportaciones de petróleo y también las inversiones extranjeras.


En Irán cualquier ciudadano que cumpla unos mínimos requisitos puede apuntarse para ser candidato a presidente, por ello no es de extrañar que este año se hayan registrado hasta 1600 inscripciones, entre las cuales hay de todo desde personas instruidas y serias hasta gente del campo sin cultura alguna y hasta bromistas y bufones. Los medios de comunicación orquestan este juego y las redes sociales se llenan de videos de pretendientes a candidato que desatan la hilaridad del personal. Este año la fecha límite para la inscripción era el 15 de abril y el 20 del mismo mes el Consejo de Guardianes, después de estudiar los casos, decidió aprobar 6 candidatos.


Uno de los candidatos es el actual presidente Rouhaní que, según la ley establece, puede optar a un segundo mandato. De los restantes cinco, sólo dos parecen ser competidores reales para Rouhaní. Uno es Ebrahim Raisí que en la actualidad es responsable de la poderosa fundación que custodia el mausoleo del emam Rezá, el octavo emam chií, en Mash’ad, y Mohammad Bagher Ghalibaf, alcalde de Teherán desde 2005, ex jefe de la policía de Irán, y competidor de Rouhaní en las elecciones de 2013.


Raisí es doce años más joven que Rouhaní y clérigo como él. Es poco conocido. Se sabe que lleva una larga carrera al servicio de la República Islámica. Es doctor en jurisprudencia islámica y leyes y ha ejercido de juez en diferentes partes de Irán. Es miembro de la Asamblea de Expertos, igual que el actual presidente. Tanto Raisí como Rouhaní han alcanzado la categoría de mujtahids que es el nivel más alto de comprensión de las leyes religiosas. Sin embargo a Riasí le falta experiencia en el campo de la política y carisma. Se le ha nombrado en varias ocasiones como posible sucesor de Jamaneí, el Guía de la Revolución. Él mismo asegura que no pertenece a ninguna facción política, que se siente equidistante de cualquiera de ellas y que representa a todos los iraníes pero nadie puede negar que es un conservador de la línea dura y le presentan las facciones conservadoras. Además empieza a mostrar ciertas semblanzas con el anterior presidente Ahmadinejad. Se ha paseado amigablemente en público con Said Yalilí que fue el negociador nuclear en el gobierno de Ahmadinejad y que es muy crítico con el actual presidente y con el tratado que firmó hace un año y medio. A pesar de la tendencia de Raisí al populismo, su lenguaje es mucho más contenido que el de Ahmadinejad y, a diferencia de éste, no se lanza a criticar desaforadamente a sus contrincantes.


Ghalibaf, también conservador, seglar, es bien conocido por los iraníes pues es la tercera vez que se presenta a las presidenciales. En su campaña pone énfasis en el desempleo, promete que creará 5 millones de puestos de trabajo y que conseguirá que la renta familiar de los iraníes se duplique. Economistas importantes afirman que eso es imposible pero es una manera de conseguir votos entre la población que está muy preocupada por el desempleo.


Rouhaní pone énfasis en otro tema y dice: “¿Qué queremos? Empezar una confrontación con el mundo y volver a vivir bajo la inquietante sombra de una guerra o seguir trabajando para conseguir una interacción honorable con el mundo.”

Y añade: “debemos decidir en estas elecciones si queremos seguir en el camino de la libertad de expresión o no”.


Parece que lo sensato sería conceder mediante las votaciones una segunda legislatura al actual presidente pero estamos en un momento en que la sensatez parece haber desaparecido del mundo. Primero llegó Trump y ahora las elecciones en Francia nos muestran su cara más inquietante. Esperemos que los iraníes no sigan esta tendencia.

14.4.17

Saadí Shirazí, el poeta viajero del S. XIII



Saadí, el viajero, es el príncipe de los poetas persas; delicado y elegante, sabio e indulgente, pero a la vez, crítico con las debilidades y las locuras de los hombres.


Saadí nació en Shiraz, el país de las rosas, hoy en Irán, unos dicen que nació en 1184 otros en 1209, y quedó huérfano de niño.


A los doce años le mandaron a estudiar a Bagdad, ciudad en aquel tiempo muy importante pues era la sede del califato, y en cuya universidad enseñaban los sabios más prestigiosos de mundo oriental. Allí tuvo de profesor al venerado místico y erudito Sohravardí que fue su mentor y al que él consideraba su guía espiritual.


Al término de largos años de estudios coránicos, empezó su vida viajera que era como una iniciación impuesta a los discípulos espirituales del sufismo pero, a la vez, forzado por la inseguridad en aquellos territorios provocada por la invasión mongol.



Realizó una serie de viajes cuya cronología es incierta. A los veintiséis años, cuando era ya conocido como poeta, visita Kashghar. También quería ir a La Meca, como buen musulmán que era. Pero en Siria fue hecho prisionero por los cruzados y enviado a trabajos forzados. Ya liberado desciende por el Eufrates hasta Kufa, luego va a Basora donde llega sin dinero ni para comprarse unas sandalias y emprender la travesía del desierto. Pero consigue finalmente terminar su peregrinaje que más adelante repetirá en varias ocasiones.


También viajó a la India desde donde a través del Océano Indico llegó al Yemen, pasando, según parece, por la isla de Kish e incluso por la costa de Abisinia. En Sanaa, capital del Yemen, se casó y perdió un hijo. Desde allí viajó a la Meca por tierra y visitó Egipto y el Magreb, pero, como dice Henri Massé, sus explicaciones son tan imprecisas que podría haber estado en cualquier lugar, incluso habérselo inventado en algunas ocasiones.

Visitó Jerusalén, vivió en Damasco y en Asia menor y regresó finalmente a su tierra natal, Shiraz, donde tenía amigos y admiradores pero también detractores.


Saadí es un moralista al que le gusta explicar anécdotas, por algo las ha acumulado durante sus largos viajes, y también le gusta dar consejos de buena conducta.

No es un doctrinario, sino que disfruta comunicando la experiencia de la vida.



Fue educado con severidad y asegura que a un niño mimado le espera un futuro lleno de sufrimiento y aconseja a los padres enseñar a sus hijos un oficio manual que les permitirá sobrevivir en cualquier lugar en caso de exilio.


Saadí es contemporáneo de Dante alighieri, Ramon Llull, Marco Polo, Gengis Khan.


Saadí es un místico, un derviche, que está más allá de las querellas religiosas.


Y, como dice Claude Huart, su obra es un milagro y el milagro es la prueba de la santidad.

Por eso es venerado en Irán y su tumba visitada en peregrinación con el mismo respeto con que se visitan las tumbas de los imanes.


“Los viajes alegran el espíritu y ofrecen oportunidades, viajando ves maravillas, oyes cosas singulares, conversas con amigos, adquieres dignidad y buenas maneras… Por eso los sufíes dicen: “Mientras te quedas como secuestrado en tu tienda o en tu casa, nunca ¡oh! hombre vano, serás un hombre. Sal y recorre el mundo antes de que llegue el día fatal en que habrás de dejarlo”” (párrafo de su obra "Golestán", el jardín de las rosas)

7.4.17

Tener un perro en Irán



Los que habéis viajado a irán, ¿no os habéis preguntado cómo es que no se ve a nadie paseando un perro por la calle?

Tener un perro como mascota en Irán, es un problema. 

Los campesinos iraníes tienen perros que les sirven para sus labores de guarda o pastoreo. La policía iraní tiene perros para buscar droga, especialmente en la zona fronteriza con Afganistán de donde procede su mayor parte, o para buscar desaparecidos como consecuencia de los frecuentes terremotos. Pero los ciudadanos iraníes, los que viven en las ciudades, no pueden tener perro, está prohibido. No se puede salir a la calle a pasear el perro. Hay que hacerlo con nocturnidad y alevosía, por decirlo de alguna manera, de escondidas. Pero, a pesar de ello, hay familias que tienen perro. Es una manera de rebelarse.

Es como el caso de las antenas parabólicas. Están prohibidas, pero todo el mundo tiene una medio camuflada en la azotea o en el jardín. El caso de los peros es diferente porque es algo minoritario, pero es una más de las prohibiciones que impone el régimen de los Ayatollás y que a muchos les parecen exageradas. 

Razón de la prohibición de parabólicas: entrada de ideas y propaganda occidental. Razón de la prohibición de tener perro-mascota: costumbre occidental, consumismo, suciedad.

A pesar de la fatwa emitida por el ayatollah Shirazí hace unos años, el aumento de perros en ciertos ámbitos de las ciudades iraníes es evidente y se nota por el aumento de clínicas veterinarias. Se dice que en los barrios altos de la ciudad de Teherán es donde ha crecido más la tenencia de perros, cosa lógica si tenemos en cuenta que es la zona donde viven las familias pudientes y occidentalizadas. Sin embargo mi experiencia es bien diferente. 

La familia que me acoge cuando voy a Isfahán tiene un perro. Es un perro pequeño, blanco y peludo que corretea por la casa sin cesar. La familia es religiosa, leen el Corán y rezan cuando toca, y las mujeres llevan pañuelo incluso dentro de casa cuando está mi marido. Pero no son gente de mezquita, ni les gusta el clero y lo que representa en el Irán actual. Sus vecinos también son religiosos. Ninguno se ha quejado por el perro antes al contrario, lo aceptan encantados. Ello me hace pensar que no es cierto, como se dice, que los musulmanes consideren los perros y, en general, a los animales de compañía como algo impuro. Dicen que las normas religiosas exigen lavarse las manos después de tocar a un perro pero esto no es una norma religiosa sino algo higiénico y de sentido común.




En diciembre de 2016 se publicó un artículo en El Mundo de Zahida Membrado, autora del texto y de las fotos, con información detallada de un refugio para perros abandonados cerca de Teherán, donde acogen a más de setecientos perros y cuyos cuidadores son voluntarios amantes de los animales. Se llama Wafa.



La primera y la última foto son de Behrouz Mehri y aparecieron en un artículo de Angeles Espinosa para El País en el que también hablaba de perros en Irán.

17.3.17

Noruz, el Año Nuevo persa.



Llega Noruz, la fiesta del Año Nuevo persa. Recibo mensajes de viajeros que se van a desplazar a Irán en esas fechas. Me alegro mucho de que la gente se anime a visitar Irán. La antigua Persia, con sus extraordinarios vestigios de los imperios Aqueménida y Sasánida y Persépolis como enclave emblemático. Pasando a la época musulmana, las cúpulas floreadas de las mezquitas con sus exquisitos azulejos, tienen su punto culminante en la hermosa ciudad de Isfahan. Los bazares, los parques, los picnics al lado del río, las gentes acogedoras, educadas, amables, hacen que el viajero regrese entusiasmado de Irán. 
Nuestra Semana Santa acostumbra a coincidir o estar cerca de su Nowruz, el año nuevo persa que empieza con la primavera. Es tiempo de vacaciones y las familias iraníes aprovechan para salir de viaje y visitar a los parientes del pueblo o simplemente hacer turismo. Las carreteras están llenas y los monumentos también. Pero es interesante ver cómo viven esas fechas los iraníes.  


No es lo mismo visitar Persépolis en la soledad de un día cualquiera que rodeado de cientos de personas, como ocurre en Nowruz. Pero cada cosa tiene su atractivo y en el caso de esta época del año, los visitantes con los que compartimos espacios son todos iraníes, familias enteras que se han desplazado hasta el antiguo palacio aqueménida para conocer los orígenes de su cultura. Y eso nos dará la oportunidad de conversar, algo fundamental para el viajero que quiere saber más que lo que las piedras le explican.

Hay una edición de la guía de Irán publicada en castellano por Laertes. La ha preparado Toni Vives que es un buen conocedor del país. También es muy interesante el libro Irán por dentro, de Alfredo Kavanak, extenso y muy completo. Mis libros Negro sobre negro y La cueva de Ali Babá, y El meu Iran en catalán, dan una idea de lo que es el país a través de mis muchos años de relación con Irán, donde llegué por primera vez en el 68. El librito de gastronomía iraní que publicamos mi hijo cocinero y yo con costumbres gastronómicas y recetas, muestra otra faceta del país de los persas y se puede bajar de forma gratuita desde mi Web www.ana-briongos.net, o comprar en Altaïr en Barcelona o De Viaje en Madrid.
Y, para empezar a introducirse en la cultura iraní, aparte de leer los libros que recomiendo, también aconsejo acercarse al restaurante iraní "El rincón persa" de la calle Floridablanca de Barcelona, donde se come de maravilla una gran variedad de platos que no se encuentran facilmente en las rutas turísticas por Irán y que hace falta entrar en las cocinas familiares para poderlos degustar: baghali poló, fesenjan, ghormeh sabzí, kashk e bademjan... Y muchos otros deliciosos manjares persas.

¡Buen viaje!  ¿Feliz año nuevo persa! ¡Feliz Nowruz! Sal e now mobarak!

13.1.17

Visado para los EEUU, necesario, si has viajado a Irán

Necesitas visado para los EEUU si has viajado a Irán.



Queridos lectores:
Os escribo desde Berkeley, California, donde viajo una vez al año para visitar a mi nietecillo.
Esta vez no he podido entrar con el ESTA, permiso de entrada a los Estados Unidos de América que se tramita por Internet y te conceden casi al instante, porque había viajado a Irán. Los ciudadanos de la Unión Europea, con pedir el ESTA, entramos en EEUU, pero desde febrero de 2016, si has estado en alguno de los países que figuran en una lista, entre los que se encuentra Irán, debes pedir un visado.



Y ¿qué significa pedir un visado? pues que tienes que solicitar hora de entrevista en la Embajada de EEUU de tu país. Eso lo haces a través de la Web de la embajada. 
En el formulario que debes rellenar por Internet para pedir la cita, y que te lleva horas hasta que te aclaras con las instrucciones, no se menciona la razón (en mi caso haber viajado a Irán) por la que se solicita el visado. A este formulario hay que pegarle una foto, más horas de instrucciones y pruebas para que la foto sea exactamente como la quieren.
A mí me salió la cita para dos semanas más tarde, a primera hora de la mañana. Yo vivo en Barcelona por lo que tuve que desplazarme el día anterior a Madrid para poder estar en la embajada a la hora convenida. El viaje, junto con la tasa del visado, total, una pasta.
La entrevista fue agradable. La funcionaria de la embajada desde detrás de una ventanilla me preguntó por qué solicitaba un visado. Le dije la razón. Miró mi pasaporte y tiene al menos cuatro visados de la República Islámica de Irán.
 
-¿Por qué viaja tanto a Irán ?
Porque escribo libros sobre ese país.
Ah, qué interesante. Los buscaré para leerlos.
Yo llevaba un ejemplar de la nueva edición de “Negro sobre negro” para demostrar lo que afirmaba y se lo quise regalar. No lo aceptó y dijo que se lo compraría, mientras tomaba nota del título en un papel.
Tiene usted visado concedido con una validez de diez años.

¡Estupendo! a partir de ahora no tendré ni que pedir el ESTA.



En febrero de 2016 se aprobó una normativa según la cual todos aquellos que han visitado Irán en los últimos cinco años, necesitan visado para entrar en los EEUU. Eso ocurría durante la presidencia de Obama y después de que se hubiera firmado el acuerdo sobre temas nucleares con Irán. Resulta difícil de entender para los ciudadanos de a pie que no conocemos los entresijos de la alta política.

Tengo una amiga que había viajado una vez a Irán hacía cuatro años. Tuvo que ir con urgencia a Nueva York. Pidió un pasaporte nuevo en España para que no apareciera el visado de Irán, se sacó el ESTA y entró en EEUU sin problemas. Conozco a otra persona que tenía estampado el visado de Irán en su pasaporte y viajaba desde un país a otro haciendo escala en los EEUU y no la dejaron ni facturar, tuvo que cambiar de itinerario comprando otro billete de avión para no pasar por los EEUU.

Supongo que los sistemas informáticos de los EEUU no llegan hasta el punto de saber todas las personas que han visitado Irán, aunque sí deben conocer a aquellos, como yo, que hemos tenido una larga e intensa relación con ese país. Yo, desde luego, seguiría la norma en todos los casos por lo que pudiera ser.

Y hablando de sistemas informáticos, esta vez mientras estaba en la cola de inmigración del aeropuerto de San Francisco, el día 5 de enero, cansada después de muchas horas de vuelo, se colgaron los ordenadores que manejaban los funcionarios de inmigración y tuvimos que esperar más de una hora hasta que se volvieron a poner en marcha. Los viajeros sentados por el suelo. En San Francisco, al lado de Silicon Valley, donde están los máximos cerebros de la informática y las empresas informáticas más importantes del mundo, también se les cuelgan los ordenadores. 

20.11.15

La cocina persa









En casa acostumbro a preparar platos iraníes con recetas que he ido aprendiendo en Irán durante mis casi cincuenta años de relación con el país de los persas. Por eso a mi familia, los olores, los sabores y la presentación de los platos iraníes siempre les han sido familiares.

En Irán no existe una cultura de la restauración. Quizá últimamente con la apertura del país al turismo y la demanda de restaurantes que no sean los típicos cheló kababís (brochetas de carne acompañadas de arroz), empiezan a florecer locales que ofrecen platos variados. Esos platos variados y bien elaborados se encuentran en las cocinas de las casas que es donde se desarrolla la vida social. Los iraníes son acogedores y no es difícil poder entrar en sus hogares y probar las delicias culinarias de alguna familia. En realidad en Irán, quien para alimentarse dependa de los restaurantes no conocerá la diversidad y la sofisticación de la verdadera cocina autóctona.




En Irán, por ser un país musulmán, la carne debe ser halal, es decir de animales que han sido sacrificados como ordena el islam. Comer carne de cerdo no está permitido, esta carne es haram, contrario a halal. En los comercios venden embutidos pero son de pollo, cordero o ternera. Para los musulmanes chiítas duodecimanos, como son la mayoría de los iraníes, el pescado debe tener escamas para ser halal. Solamente los iraníes de la zona del Golfo Pérsico, que son sunitas, comen crustáceos. No se sirve alcohol en ninguna mesa, a menos que se trate de una familia occidentalizada. Tampoco se encuentra en los hoteles, ni en los restaurantes.

La caza es muy apreciada en el norte de Irán y se da por supuesto que el cazador rezó las oraciones prescritas cuando mató al animal y que lo degolló y desangró como es obligatorio.




Los suelos de las casas iraníes están cubiertos por hermosas alfombras y nunca se pisan con los zapatos por lo que hay que dejarlos en el rellano o a la entrada. En los hogares tradicionales el mantel o sofré se pone sobre las alfombras y se colocan encima los platos acompañados de cuchara y tenedor, nunca hay cuchillo pues las carnes estofadas muy tiernas se deshacen y el concepto de bistec a la plancha, que hay que cortar, no existe. Las bandejas con la comida se exponen todas a la vez sobre el sofré para que los comensales se sirvan.


Pan sangak, cocido sobre cantos rodados















En las mesas iraníes siempre hay pan caliente, queso blanco estilo feta, dugh (yogur, agua y menta), salad shirazí (ensalada con diferentes vegetales y aliñada), sabzé (yerbas frescas sin cortar ni aliñar), y torshí (confitados en vinagre), además de los platos principales, como estofados de carne, y arroz, decorado éste de diferentes maneras, con pistachos, azafrán, almendras fileteadas, zereshk, corteza de naranja finamente cortada y confitada.



El zereshk todavía en la rama

El zereshk adornando el arroz

La cocina tradicional iraní tiene algunos platos singulares que no se preparan en ningún otro país de Oriente Medio. Estos platos, unos dulces (shirín), y otros ácidos (torsh), son arroces y estofados de carne de cordero, ternera o pollo y vegetales (sabzé).




La comida iraní no es picante, no se usa la guindilla para cocinar.  El ajo sí se emplea, sobre todo en el norte donde lo preparan confitado en vinagre y adquiere con el tiempo una coloración negra, lo llaman “ajo centenario”. Para los kababs o pinchos, además de la sal y la pimienta, se usa el somagh, un polvo agridulce de color granate que se obtiene moliendo, una vez secos, unos pequeños frutos silvestres de color rojo. La lima seca y el jarabe de granada, rob e anar, se utilizan en los estofados. Las sopas se condimentan con zumo de limón. La cúrcuma, el azafrán, dan sabor y color y son compatibles en el mismo plato. También se emplean yerbas frescas o secas tales como el perejil, hierbabuena, cilantro, eneldo, albahaca, y otras que no son corrientes en nuestros mercados. Con berenjenas y kashk, una pasta blanca derivada de leche seca, se cocina un plato delicioso.


Kashk e bademjan, berenjenas con kashk, nueces y cebolla frita

El té es la bebida nacional de Irán y se da más valor al color y al aroma que al sabor. El té se toma con un terrón de azúcar entre los dientes y raramente se pone azúcar en la taza. El té es adictivo y hay quien llega a tomar cuarenta tazas al día.




La paradoja del caviar: Aunque el caviar auténtico procede de Irán, a los iraníes no les gusta y en ninguna mesa iraní hay caviar.




En Barcelona se pueden degustar platos iraníes en el restaurante persa de toda la vida, el “Rincón persa”, donde ofrecen una buena variedad de platos y lo hacen bien. También está “Sabor persa” que abrió sus puertas recientemente.

En Madrid  tengo noticias de “Sabor azafrán” que pienso visitar en mi próximo viaje a esa ciudad.

22.8.15

Imágenes mashadianas (de Mashad en Irán)




Retomo estas notas de uno de mis viajes al Irán posrevolucionario.

Mausoleo del emam Rezá en Mashad

Estamos en casa de mi amiga Sahar, una casa con dos plantas y jardín. La típica casa iraní cuyo jardín al frente se cierra con un muro alto y una puerta metálica grande que da a la calle. Mi amiga pertenece a una familia tradicional de comerciantes. Ella y su familia ocupan la planta superior y su hermana y los suyos, la planta baja. Soy amiga de la familia desde hace años, nos conocemos bien y nos queremos.

Durante la mañana estamos solas en casa pues los maridos, el hermano y los hijos mayores se van a trabajar. Desayunamos y nos movemos por las habitaciones, vestidas como lo haríamos en cualquier lugar, sin restricciones. Bajamos a charlar con la hermana y la ayudamos a cocinar. Se acerca la hora de comer y suena la campanilla de la entrada avisando que se ha abierto la puerta metálica del jardín. Sin inmutarse, mi amiga se pone el pañuelo que saca del bolsillo. Es el marido de su hermana el que ha llegado. Vuelve a sonar la campanilla. La hermana de mi amiga se pone el pañuelo. Entra el suegro de ambas, que no vive en la casa pero debe tener llave. No sé cómo distinguen quién es el que llega pero lo saben, quizá hay un código en el campanilleo. En las casas antiguas iraníes las puertas son de madera y tienen dos picaportes de formas diferentes y que suenan distinto. Uno es el de los hombres y el otro de las mujeres. Así desde dentro se sabe el sexo del que llama y las mujeres se cubren o no.


Complejo religioso del Astan-e-Quods, Mashad

Campanillea más veces, van llegando el marido de Sahar, luego el marido de la hermana y más tarde el hermano de las dos. Ellas ya van cubiertas y yo estoy liberada por ser extranjera. Todos estamos sentados sobre la alfombra del comedor-cocina donde se ha dispuesto el mantel. Son gente amable y alegre que incluso me cuentan chistes sobre mullahs, algo por otro lado nada infrecuente en el Irán de hoy. El hermano, un joven de unos treinta años, soltero, que viste vaqueros, se quita la camisa y se queda con una camiseta imperio negra muy escotada y apretada como de levantador de pesos. Deja ver unos brazos moldeados por horas de gimnasio y un cuerpo perfectamente esculpido. Lo tengo enfrente y no me atrevo ni a mirarlo. Lo conocía de jovencito y este cambio me ha sorprendido. Su presencia de esa guisa me parece un escándalo en medio de tanto recato, y no solo femenino pues el marido y el suegro visten pantalón ancho y camisa de manga larga abrochada hasta el cuello. La verdad es que el chico está como un tren. Le pregunto si acude a la zurjané, literalmente “casa de fuerza” o gimnasio tradicional persa donde al son de un tambor y al canto de poemas religiosos, hombres de todas las edades realizan ejercicios con la ayuda de grandes mazas de madera. Me responde casi ofendido que a él esas cosas no le gustan, que va a un gimnasio moderno. Al cabo de un rato me pide si le haría el favor de escribir una carta de invitación para sacarse el visado pues su mayor ilusión es viajar a Europa. A eso estoy acostumbrada pues a los jóvenes iraníes ningún país europeo les da visado con facilidad, y hoy en día ni siquiera una carta de invitación de un anfitrión solvente es suficiente. Ellos quieren ver mundo, igual que nosotros.



La comida es deliciosa, como siempre en un hogar iraní. Arroz con azafrán, estofado de carne con lentejas, yogur con pepino, ensalada, berenjenas y más. Una mesa iraní sin carne es casi inconcebible, por eso lo de vegetarianismo no va mucho con ellos. Yo acostumbro a cocinar  paella cuando vienen extranjeros a mi casa porque todos en mi familia aseguran que me sale muy bien y me parece que les gustará conocer nuestra especialidad. Todos lo celebran menos los iraníes. La hago con abundancia de sepia, mejillones, gambas y cigalas, en fin, para quedar bien. Pues en esta casa de mis amigos de Mashad, siempre que voy, se ríen conmigo cada vez que la madre cuenta lo que les dimos de comer cuando estuvieron en Barcelona: solo ensalada, arroz con gambas, y ¡las gambas con cabeza!
Además, cuando vienen a mi casa, me encuentro con el problema del halal. Si se trata de familias tradicionales siempre sale el comentario entre ellos de si lo que se les ofrece es halal, por educación a mí no me lo preguntan directamente, pero he llegado a la conclusión que eso es una pose (ojo, estoy hablando de iraníes que no son árabes, no confundir), es simplemente algo que se preguntan y la respuesta poco importa porque hay lo que hay y está muy apetecible. Ahora ya sé que tengo que ofrecer platos con carne en abundancia aunque la carne en mi casa no sea halal.

Por la tarde llegan la abuela y las tías enfundadas en sus negros chadores que no se quitan durante toda la tertulia. La conversación se centra en la excursión que están preparando para visitar el centro de peregrinación chií de Najaf en Irak. Viajarán ellas solas en un viaje organizado. La familia las apoya y ellas están muy contentas. El turismo religioso de mujeres en Irán está en auge.


A última hora entra un pariente que acaba de llegar de La Meca con regalos para todos, collares de perlas del Golfo, pañuelos, rosarios bendecidos, etc. Me cuentan que hay unos cupos para ir a cumplir con el hajj, la obligación que tiene todo musulmán de acudir una vez en la vida a los lugares santos de La Meca. Hay muchas más peticiones que plazas disponibles y además todo el pack de viaje resulta muy costoso. Este hombre, que es cocinero, se enroló como tal. Su trabajo estaba bien remunerado. Cuenta que los iraníes tienen en La Meca unas cocinas muy grandes donde se preparan platos a todas horas que luego se distribuyen por los hoteles donde se acostumbran a alojar. Hay cientos de cocineros porque hay miles de peregrinos iraníes. Desayuno, comida y cena iraní van incluidos en el pack. Está encantado con su aventura, ha cumplido y además ha vuelto con un buen ahorro.

Escaparate en Mashad, cuadros hechos con la técnica del anudado de alfombras.
Cuando se han marchado salimos a pasear. Las calles principales están animadas. Hay un mercadillo callejero con los objetos a la venta en el suelo a ambos lados de la acera. En una de las paradas veo en exposición crucifijos de dos palmos pintados de negro, la cruz y el crucificado, cuando me fijo más me doy cuenta de que en una de las hileras el cuerpo crucificado es de mujer, también pintada de negro, con los pechos al aire y un lienzo en la cintura. Me sorprende tanto que incluso me da apuro comentarlo con Sahar, ella ni los ve. No me atrevo a parar para tomar una fotografía, no porque pase nada sino porque me quedo de piedra. Pasado el tiempo, esta imagen me viene a veces a la cabeza y  he llegado a preguntarme si no fue un sueño, pero no lo fue, os aseguro que lo vi y que me dejó un sabor extraño de boca por llevar siglos de cultura cristiana a mis hombros. Los iraníes ni se fijaban. Si hubiera sido una imagen de Mahoma el representado de forma irreverente en un mercadillo occidental, habrían hecho una guerra.

Mashad siempre me sorprende. Es la gran ciudad iraní más cercana a Afganistán y alberga un gran complejo religioso, Astan-e-Qods, que incluye el mausoleo del emam Rezá, el octavo emam chií, un museo, centros de enseñanza, bibliotecas, cementerios, un centro de investigación agrícola y muchas tierras de cultivo, fértiles y productivas.  Cada año recibe varios millones de peregrinos.