BLOG DE ANA M. BRIONGOS


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28.5.18

Roland y Sabrina Michaud. Las mejores fotografías de Afganistán


Portada del libro de Roland y Sabrina Michaud publicado en 1970 por Hachette.
Hace dos semanas conocí personalmente a Roland y Sabrina Michaud. Fue en Andorra durante unas conferencias sobre la India que tuvieron lugar en un pueblo rodeado de picos nevados, Ordino.

La presencia del matrimonio Michaud en mi vida comenzó casi con mis viajes a Oriente, hace 50 años. 

Cuando llegué a Kabul, después de haber vivido un tiempo en Kandahar, en mi libro “Un invierno en Kandahar” hablo de ello, vi en la oficina de turismo unos pósters colgados de la pared con unas fotos maravillosas. Fotografías de hombres, mujeres y niños de Afganistán, de una belleza y una dignidad impresionantes. Aquellos pósters se vendían pero yo no pensé nunca en comprar uno ya que si bien era rica en tiempo por aquel entonces, sin embargo el dinero era escaso y había que administrarlo con mucha prudencia.


Los Michaud con Albert Padrol y Ana M Briongos en Ordino, Andorra.  Mayo 2018.
Unos años más tarde, en 1974, ya instalada en la residencia de estudiantes de la Universidad de Teherán donde estudiaba, llegó para compartir conmigo la habitación una estudiante afgana de Kabul, Homa Tarzi. Lo primero que hizo al llegar fue pegar en la pared una fotografía de su madre recién fallecida y después un póster con la cara de un hombre, un afgano muy bello que llevaba a manera de turbante enrollada una cuerda. Lo reconocí al instante como uno de los personajes de los pósters de la oficina de turismo de Kabul. Aquel hombre nos miraba fijamente. De día y de noche. Le llamábamos, el malang de Paghmán. Para nosotras era el hombre ideal.

El malang de Paghmán. Foto Michaud.
El viajero que recorre Afganistán, encuentra a menudo hombres de rostro iluminado, monjes mendicantes musulmanes que han renunciado a los bienes de este mundo y viven la aventura espiritual. Los llaman en Afganistán malang, o locos de Dios. A veces se trata de auténticos sufíes  que han alcanzado las fronteras de la sabiduría y de la santidad. Cómo puede uno permanecer insensible  a la mirada  a la vez intensa y modesta de este hombre. De repente se tiene la certeza  de que  el rostro de Cristo era claro y profundo como este (Afghanistan, Roland and Sabrina Michaud). Paghman es un pueblo cercano a Kabul lleno de jardines, árboles frutales y riachuelos donde los ricos de la capital tenían sus casas de veraneo.
Los lagos de Band i amir en el Hindu Kush afgano. Foto Michaud.
En primavera de este mismo año llegaron mis padres a Teherán para visitarme y luego volaron a Kabul, invitados por la familia del Wali y Jamila Youssof, que me había acogido y donde yo residía cuando estaba en Kabul, y a su hijo Walid, que había pasado un año en Barcelona viviendo con mis padres. Al despedirlos les regalaron dos cosas, un plato de porcelana china, propiedad de la familia que todavía conservo y un libro muy usado de fotografías de Afganistán donde ¡oh sorpresa! estaban las imágenes de los pósters y, entre ellas, el malang de Paghmán. Entonces supe que sus autores eran Roland y Sabrina Michaud.

Cuando supe que participaría en una conferencia en que ellos eran los actores principales, busqué el libro para enseñárselo. Se trata del primer libro que publicaron, una edición de 1970.

Mi participación en esa conferencia consistió en explicar lo que acabo de contar. Después saqué el libro y mostré la foto del malang de Paghmán a mis contertulios y a la sala repleta de gente. Roland se emocionó. 

Buzkashi, el deporte nacional de Afganistán. Foto Michaud.
Cuando escribí “Un invierno en Kandahar” pensé que la portada debía tener una fotografía de los Michaud. Lo intenté. Pero se  publicó la primera edición en Ediciones B, la edición de bolsillo, la edición digital, la edición en inglés y, recientemente, la edición de Laertes y todavía no lo he conseguido. Los Michaud no tienen correo electrónico, ni teléfono móvil, ni página Web. Además viajan constantemente. Lo intenté, les mandé cartas, no hubo respuesta. Encontré la copia de una de las cartas que les había mandado y se la entregué a Roland para que quedara constancia. Nos reímos. Los Michaud son de otro mundo.

Roland y Sabrina Michaud han publicado muchos libros, en ellos les gusta encarar a modo de espejo una miniatura antigua con una de sus fotografías cuyo tema resulta sorprendentemente parecido, lo llaman miroirs (espejos en francés)


Finalizada la charla me dedicaron el libro. He aquí la dedicatoria que transcribo traducida:

Para Ana Maria a la que conocemos desde siempre, como recuerdo de nuestro encuentro “extraordinario” en Andorra (se trata de un milagro, de magia, como en un cuento de las mil y una noches). 
Mi emoción es inmensa. 
Gracias por existir. 
Gracias por este espejo, de corazón a corazón. 
Sabrina y Roland, 
Ordino, 10/V/2018.

La primera fotografía muestra la portada del libro de Roland y Sabrina Michaud "Afghanistan" de la colección "Rêves et Rêalités" publicado en 1970 por Hachette. Las fotografías pertenecen a este libro.

Interesante artículo publicado en The Guardiam con fotografías:

26.8.15

Farhad y Shirin, una historia de amor persa.


 Interpretación moderna de la leyenda de Shirin y Farhad por Babak Kazemi

Fotografía de Babak Kazemi, interpretación moderna de la leyenda de Shirin y Farhad

Fotografía de Babak Kazemi, interpretación moderna de la leyenda de Shirin y Farhad

Según una conocidísima leyenda persa recogida por poetas con diferentes versiones, Farhad era un picapedrero-escultor de origen humilde, extraordinariamente fuerte. Estaba enamorado de Shirin, una de las esposas del rey sasánida Josrow II, o una futura esposa, según las versiones. El rey era un personaje altivo e iracundo. Llegó a sus oídos que Farhad se había enamorado de Shirin y para alejarlo le ordenó una misión imposible: cavar un canal que atravesara una enorme montaña. Farhad emprendió el trabajo con entusiasmo, trabajaba sin parar y llegaban noticias de sus increíbles progresos. Un día Shirin quiso ir a ver como avanzaba la obra. Emprendió un largo viaje y llegó donde estaba Farhad agotada debido a lo duro del camino. Al verla en aquellas lamentables condiciones, Farhad levantó en hombros a Shirin y a su caballo y los devolvió a palacio, sin que ella tuviera ni siquiera que desmontar. Sin que él tocara ni su vestido. La devolvió a su marido, el rey, el mismo que lo había castigado tan duramente. El final de la historia acaba mal, con la muerte de los dos personajes. Josrow engaña a Farhad haciéndole llegar la noticia de que Shirin ha muerto y él, desesperado, se mata. Cuando lo sabe Shirin, también acaba con su vida.




Farhad se ha convertido en el símbolo de la lucha del pueblo ante un poder estatal despótico. Es el símbolo de la perseverancia y de la gente humilde que no se resigna. En Irán hoy en día hay muchos hombres que se llaman Farhad en honor al picapedrero enamorado.


Farhad es un legendario personaje romántico de la literatura persa, especialmente conocido gracias al poeta Nezamí Ganjaví (siglo XII). Antes que él, otros poetas habían tratado esta leyenda con versiones diferentes. En el gran poema épico persa Shahnameh, escrito por Ferdowsí en el siglo XI, Farhad aparece de manera secundaria sin episodio propio. Shirin, en muchas de las versiones es una princesa armenia, cristiana. Josrow es el rey de reyes persa, zoroastriano, cuyo reinado se sitúa entre 591 y 628. 



La influencia de la leyenda de Farhad no solo se circunscribe a la literatua sino que llega a toda la cultura persa, que incluye el arte, el folclore, la música e incluso el cine y la fotografía, y alcanza una extensa zona de influencia que va del Próximo Oriente a Pakistán e India, y hasta las ex repúblicas soviéticas del norte de Irán. Un ejemplo interesante es la interpretación que hace el fotógrafo iraní Babak Kazemi de esta popular leyenda adaptada al mundo actual, como se puede ver en las tres fotografías que inician esta entrada.


21.9.14

De Estambul a Yokohama. La cámara llega a Asia 1839-1900


                                     

Exposición de los primeros tiempos de la fotografía en Asia, en el Museum für Ostasiatische Kunst o Museo de arte del Este de Asia, de Colonia, Alemania. Del 17 de mayo al 7 de septiembre.

Como dice el excelente catálogo, cuando el museo abrió sus puertas en 1913, su fondo incluía una colección de fotografías antiguas que los fundadores Adolf y Frieda Fischer habían adquirido durante sus viajes al lejano oriente además de las que el mismo señor Fischer había hecho y que donaron a la ciudad de Colonia, junto con numerosos objetos de arte.
La colección no fue catalogada hasta mucho después, en los años 90, pues antes no se había dado importancia a las fotografías históricas.

"Sin duda la cámara de fotos fue, para el siglo XIX, lo que Internet es hoy" dice en la introducción Adele Scholombs.

Desde que Daguerre presentó su descubrimiento en 1839, los daguerrotipos primero y luego los calotipos fueron apareciendo en diferentes países de Asia, pasando primero por Egipto, Turquía, la India hasta llegar a Japón, tomados por científicos, fotógrafos europeos que se instalaban en las capitales coloniales, viajeros a Oriente o autóctonos instruídos por los europeos.

Esta exposición se ha organizado para celebrar el centenario del museo. La comisaria, Carmen Pérez González, cuyo doctorado se centraba en la fotografía persa del siglo XIX, ha hecho un estudio exhaustivo de más de trecientas fotografías escogidas de la colección para este evento.

La pintura de la portada del catálogo es obra del artista iraní Alireza Darvish.

                                       

India. Anónimo, grupo de mujeres parsis, 1880-1890s. Los parsis, descendientes de antiguos habitantes de Persia, son seguidores de Zoroastro.

                                   

India. Anónimo, Parsi, Bombay, 1880-1890s. Lleva un gorro chino y una camisa larga al estilo musulmán.

                                    

India. Anónimo. Retrato de una joven, 1880s.

                                  

Birmania. Johannes&co. Joven en Mandalay, 1900.

                                     

Ceylán. Scowen&Co. (Atrib). Cingalés, 1880s.

                                

Ceylán. Scowen&Co. (Atrib). Jefe Kandyan, 1880s.

                                  

India. Anónimo, Calcuta, 1880s.




10.3.14

Toni Catany, el fotógrafo, el viajero, la persona, el amigo.




En Dhaka, Bangladesh. Fotografía de Ana M. Briongos.


Hace ya unos meses que falleció el fotógrafo mallorquín Toni Catany, querido amigo y excelente compañero en viajes a Irán, India y Bangladesh. Hasta hoy no he podido distanciarme lo suficiente para escribir sobre él pues siempre pensaba que le estaba todavía hablando, aunque fuera por teléfono, para comentarle cosas que estaban sucediendo, con las que ambos cuchicheábamos y nos reíamos. Había complicidad entre nosotros. Catany era persona de complicidades. Tenía buenos amigos, gestionados en relaciones estancas, si acaso sabíamos los unos de los otros y quizá nos conocíamos de habernos visto algunas veces, en la inauguración de sus exposiciones, o cuando le entregaban un premio, pero no nos frecuentábamos. Estaban los amigos mallorquines, los amigos belgas, los amigos venezolanos, los amigos indios e iraníes, los amigos de cal Isidre y algunos más. 




Vivía solo en un principal espectacular de la calle Nou de la Rambla de Barcelona, un reducto testimonio de otros tiemposque había conservado con cuidado tal como lo encontró, con paredes forradas de seda, pinturas en el techo y cenefas doradas, espejos y columnas, suelos hidráulicos con preciosos dibujos y un patio grande en el interior de manzana, con palomar en el fondo de madera y diseño orientalizante, que él había convertido en un jardín cuidadamente descuidado con plantas escogidas con esmero para que, al florecer, lo llenaran de colores.



En Benarés con el fotógrafo Subhrajit Basu. Fotografía de Ana M Briongos.



Catany era persona tranquila y poco ruidosa, vivió discretamente y murió sin molestar igual que había hecho su madre. Nacido hijo único de una familia muy reducida, estaba acostumbrado desde pequeño a una tranquila soledad que le permitía observar con detenimiento las cosas pequeñas o los detalles mínimos de las grandes. Tenía una especial sensibilidad por lo decadente, por lo que queda tras la plenitud y la exuberancia e iba en busca de la esencia misma de las cosas. A mí me gustaban sus “cossiols”, fotografías de plantas míseras del jardín mallorquín que cultivaba su madre en cossis o pequeños cuencos reciclados, rotos y oxidados, como una lata de conserva , un orinal descascarillado, una taza sin asa, una botella descabezada o una piedra con agujero. De ellos salían plantas larguiruchas y raquíticas con pinchos y casi sin hojas que alguna vez incluso sacaban una flor, milagro de la naturaleza en época de sequía y de miseria, que tanto valdría para la rural Mallorca, como para un terrado del ensanche de Barcelona en la posguerra, para Asia, o para África. Sin embargo, en su seriedad y austeridadCatany tenía una faceta hedonista evidente, y una trastienda escondida de pillo transgresor sin maldad pero sí con algún “ja et fotaré”. Sus naturalezas muertas le hicieron famoso pero cuando se trataba de fotografiar personas, le gustaba la juventud, la plenitud, la tersura.



En Puri, Orissa, India. Fotografía de Ana M Briongos.


Era ordenado, meticuloso y tozudo. Disfrutaba con músicas de estilos muy diferentes y se entusiasmaba cuando descubría algún  músico o cantante desconocido de un lugar remoto. Su amiga del alma era la cantante Maria del Mar Bonetmallorquina como él. Me sorprendió descubrirle como excelente bailarín cuando en una boda en Delhi me sacó a bailar al son de una orquesta que tocaba bailables occidentales. Ante mi sorpresa, y no solo la mía sino también la de todos los que lo conocían, nos dijo que había aprendido a bailar de joven en las fiestas de su pueblo. Nunca más lo vi bailar y eso que asistimos a unas cuantas bodas hindúes.


En la boda de Subhrajit Basu y Ananya Dasgupta en Chittagong, Bangladesh. Fotografía de Ana M Briongos.




Nuestra amiga común María Luisa Rubio, casada con el iraní Behrooz, nos presentó y nos ofreció la posibilidad de acompañarla en su viaje de regreso a Irán después de años de ausencia. Aceptamos cada uno por nuestra parte el ofrecimiento y de aquel viaje, que también representaba para mí la vuelta a Irán después de mis tiempos en aquel país en época del Shah, tras la Revolución de Jomeini y la guerra con Irak, salió mi primer libro “Negro sobre negro”, con alguna foto de Toni Catany, una de ellas en la portada. A partir de aquel viaje hicimos más. 



En el siguiente fuimos a India con Luisa y Behrooz, mi marido Toni Alsina y los amigos indios Ravi y Vinu. Éstos se encargaron de preparar el viaje que se desarrolló en su primera etapa por Rajastán a bordo del exclusivo tren "Palace on Weels" y luego por el sur de la India navegando por los backwaters de Kerala, peregrinando al templo de Tirupati, o descansando en playas cercanas a Trivandrum. 

Después volvimos a la India como invitados a la boda del hijo de nuestros amigos y estuvimos muchos días a fiesta diaria. Esa fue la boda del baile. Otra vez recorrimos el norte indio por Daramsala y alrededores. En otra ocasión fue Bengala Occidental y Bangladesh. Después Orissa y Gujarat. Y un tiempo largo en la ciudad de Calcuta con escapadas a Benarés.



Fotografia tomada por el fotógrafo Kushal Gangopadhyay en el puerto de Chittagong, Bangladesh.



Toni Catany hablaba francés pero no inglés, ni una palabra, y en todos esos años de viajes por países angloparlantes no llegó a interesarse ni en aprenderse los números por lo que siempre ejercíamos de traductores. Pero él se relacionaba estupendamente con la gente de la calle. Catany era él y su cámara. De repente andaba observando y, sin alejarse nunca mucho, desaparecía entre un grupo de personas que se le acercaban curiosas, les hablaba como si pudieran entenderlo en su mallorquín de siempre y con signos los colocaba frente a una pared que había descubierto, siempre escogida por sus colores o sus texturas, y los fotografiaba. Todos contentos y la sesión fotogtáfica era una fiesta agradable y relajada. Caminaba, observaba, se paraba, se sentaba, miraba a los que pasaban , les miraba a los ojos, sonreía con esa cara afable de persona mayor de pelo blanco, y ya los tenía en el bolsillo. Sin ruido, sin invadir, sin palablas, conseguía una complicidad amable y divertida. Cuando volvíamos a casa o al hotel, él volcaba sus fotos en el disco duro y escribía en su cuaderno las notas del día con su letra perfectamente regular, pequeña y limpia. 

Hacíamos las mismas fotos porque yo también llevaba una cámara, aunque la mía era de esas automáticas pequeñas, y pasábamos por los mismos lugares. Pero al revisarlas al final del día, una por una, mi foto no era más que una instantánea de turista tomada sin ton ni son y la suya era algo distinto porque, además del encuadre y de muchas otras cosas que él debía calcular, en su foto pasaba un hombre vestido de un estupendo color azafrán. Cuando yo había hecho el click aquel hombre o había ya desaparecido o todavía estaba por llegar. Y, siempre, o era un hombre, o una mujer, o un perro o un pájaro o la vaca, o el carro, siempre ocurría algo en el momento en que Catany hacía el click.

Nuestra complicidad se basaba en la afición que ambos teníamos por las telas. Disfrutábamos visitando bazares y tiendas de tejidos. Sedas, lanas, algodones, tejidos o estampados, bordados o anudados. Metros de tela para luego mandar al sastre de la esquina y encargarle una camisa, o un pantalón, o un pijama. Pañuelos y chales, fundas de cojín, manteles y servilletas. Como en Mallorca son típicos los tejidos de "llengos", conocidos en Oriente como Ikat, a Catany le gustaba encontrar nuevos colores y diseños de este tipo de tejido. También le gustaban las miniaturas pero le costaba encontrar alguna a su gusto entre el montón de piezas de ínfima calidad que hoy en día ofrecen los anticuarios.

Con el tiempo nuestros amigos indios de Calcuta se hicieron sus amigos y lo respetaban y querían aunque se entendieran poco con palabras. Al principio la relación no era facil porque Catany actuaba como un hijo único mimado y se negaba a desayunar lo que le ofrecían, una estupenda tortilla picante rellena de cebolla, ajo y guindilla, y quería lo de siempre, café con leche acompañado de tostada con mantequilla y mermelada. Cosa imposible de encontrar en una casa particular de una ciudad de la India. Con el tiempo ellos se acostumbraban a sus caprichos y él bajaba sus expectativas y, gracias a su cámara fotográfica que ejercía de mediadora, era finalmente aceptado y hasta muy querido.

Ana M Briongos, Toni Alsina, Toni Catany y Falguni Bhat en Ahmedabad, Gujarat, India. Foto de Ana M Briongos.

Desde que un día vio una fotografía del conjunto de templos jainistas de Palitana, Catany suspiraba por ir a visitarlos, le parecía el lugar más hermoso y extraordinario del mundo. Se presentó la ocasión de viajar a Gujarat y recorrer ese Estado occidental de la India con nuestra amiga Falguni y su familia. Como Palitana estaba en el recorrido se lo dijimos y se apuntó ilusionado, su sueño por fin se cumpliría. (Ver la entrada sobre Palitana en este mismo blog). Resultó que para llegar a los templos había que subir cuatro mil escalones. Empezamos a subir antes del alba después de contratar porteadores para que llevaran a la madre de Falguni y a Catany que no se veían con fuerzas para subir. Cuando llegamos arriba ya estaba el sol en pleno apogeo y los recintos se iban llenando de peregrinos que subían a cientos. El lugar era espléndido. Decenas de templos blancos se erguían como las crestas de un dinosaurio enorme de mármol. Pasamos allí el día pensando que Catany estaría haciendo fotos como un loco y disfrutando ante el espectáculo que ofrecían los peregrinos jainistas entre tantos templos. Como había mucha gente no nos extrañó no haberlo encontrado en ningún momento. Para que no se nos hiciera de noche, a media tarde iniciamos la bajada. Cuando llegamos abajo  lo encontramos triste y derrotado. Perdido arriba entre la multitud, sin sus acompañantes de siempre, se había asustado. Buscó a los porteadores que le habían subido y les pidió que le bajaran. Abajo le cobraron una barbaridad y se sintió humillado y estafado. Desamparado tuvo que esperarnos solo en un lugar feo donde nadie le entendía. Fue su gran desiludión. Después dijo que los templos no eran lo que él había imaginado, que no tenían ningún interés, que eran todos de yeso. Estaba enfadado y despechado. Los que habíamos subido andando nos sentíamos culpables por no haberlo hecho al lado de los porteadores pero bastante trabajo teníamos sin perder el ritmo si queríamos cubrir el objetivo de los cuatro mil escalones. No se habló más de Palitana. Hasta que un día, pasado más de un año, nos regaló la foto más hermosa que yo haya jamás visto. Era una foto que había hecho en Palitana. No hubo palabras cuando nos la dio. No se habló de Palitana. Estaba allí. Y era hermosa. Se lo agradecimos emocionados.



La fotografía lleva una dedicatoria: "Per en Toni i l'Ana, companys de viatge, que feren pujant a peu, els 4000 escalons que possibilitaren contemplar aquesta vista de PALITANA un dia de desembre de 2009" (Para Toni y Ana, compañeros de viaje, que subieron a pie los 4000 escalones que posibilitaron la contemplación de esta vista de Palitana un día de diciembre de 2009). Hoy está colgada en el recibidor de nuestra casa como recuerdo de una hermosa amistad.

27.1.10

Dayanita Singh expone sus fotos en Madrid

No conozco personalmente a la fotógrafa india Dayanita Singh pero sigo su obra desde hace años debido a una serie de casualidades.
Hace más de una década, el también fotógrafo Toni Catany me dejó un libro de fotos de Dayanita cuyo título era "Myself Mona Ahmed" y en el que aparecía en imágenes la vida de un eunuco ya anciano que vivía en un cementerio. Algunos años después fui a vivir a Calcuta y cuál no fue mi sorpresa al ver en casa de la señora que me alquilaba el piso donde fui a vivir una foto de su familia tomada por Dayanita Singh y, más tarde, en la misma casa, el libro "Privacy" en que aparecía esa foto publicada. Me contó mi casera que su nuera y Dayanita habían sido compañeras de escuela y que seguían siendo muy buenas amigas y me regaló el libro. Lo miro con frecuencia porque me parecen sus fotos extraordinarias. Se trata de familias de Calcuta y de Bombay en su mayor parte, también las hay de Goa. Familias en sus casas. En blanco y negro. Los muebles, los cuadros, las paredes, los suelos, la luz, todo colabora a crear unos ambientes íntimos, entre modernos y decadentes, donde los personajes, elegantes y sofisticados la mayoría, dan a entender varias generaciones de holgura económica y altos niveles de educación. Otra cara de la India de la que solo acostumbramos a ver su faz más depauperada.
Hace un mes estábamos cenando en un restaurante de Ballygunge, en una ciudad tan grande como Calcuta, y por casualidad, otra más, entró un conocido nuestro que hacía años no sabíamos de él, Aveek Sen. Nos contó que iba a ir a Madrid en enero para la inauguración de una exposición de una fotógrafa india llamada Dayanita Singh. ¡Dayanita otra vez! Precisamente hacía unos días habíamos vuelto a ver la fotografía familiar colgada en la pared de la casa de mi en otros tiempos casera, hoy buena amiga, y que, por cierto, se convirtió en uno de los personajes más entrañables de mi libro ¡Esto es Calcuta!
Exposición en la Fundación Mapfre de Madrid.

26.1.10

Bahman Jalali, fotógrafo iraní, ha fallecido




Bahman Jalali, Irán 1944, ha fallecido en Teherán el 15 de enero de 2010. Está considerado como el fotógrafo iraní más importante por su larga e intensa carrera que le llevó a fotografiar durante más de cuarenta años lo ocurrido en su país e iniciar la fotografía artística. Trabajó con gran dedicación junto con su mujer, la también fotógrafa Rana Javadi, en la conservación de la fotografía iraní del siglo XIX. Dio clases en la universidad durante veinte años y fundó el primer museo de fotografía de Irán.

Su obra, original y ejemplar, es poco conocida debido tanto a circunstancias particulares de su desarrollo como a ciertas condiciones de visibilidad restringidas que tienen que ver a la vez con la propia biografía del autor y con la historia reciente de su país, como dice Enzo Agrigento en su artículo de hoyesarte.com del 21 de enero.


En 2007 la Fundación Tapies de Barcelona ofreció una magnífica exposición antológica de su obra, que comentamos en este mismo blog en su momento.

25.1.09

Los "pahlavan" de las "casas de fuerza" en Irán


He aquí unas fotos antiguas donde posan algunos pahlavanes o gimnastas-luchadores de las zurjané o casas de fuerza, los gimnasios tradicionales de Irán, antiguamente centros de artes marciales. En estos espacios circulares con gradas para los espectadores, los gimnastas realizan sus ejercicios al son de un tambor que acompaña a la voz del recitador. Éste entona versos de la epopeya iraní Shahnamé o "libro de los reyes" que escribió el gran poeta Ferdowsí en el siglo XI. El pahlavan representa, no solo la fuerza y la destreza física, sino también la integridad moral, la caballerosidad y, en definitiva, el ser un hombre de bien, lo que en Irán se conoce como javanmardí.
Es bien conocida la excelencia de los deportistas iraníes en lucha libre. Su participación en olimpiadas y campeonatos del mundo se acostumbra a saldar con medallas de oro o de plata.
En las zurkhanehs se practican ejercicios con unas mazas de madera en forma de trompo que voltean por el aire y también la lucha libre.
Aunque se trata de una institución muy antigua, si nos acercamos a los últimos siglos de nuestra era veremos que en tiempos de la monarquía Qajar las zurkhanehs fueron muy populares y promocionadas por el rey y la corte. Con la ascensión al trono de Reza Shah cayeron en desprestigio, situación que se mantuvo durante el reinado del último shah, Mohammad Reza Pahlaví. La participación de algunos pahlavanes en los grupos de bandidos pagados por el régimen para desbaratar las manifestaciones en favor del entonces popular y muy querido primer ministro Mossadeq, eliminado tras un golpe de estado organizado por la CIA en 1953, contribuyó al desprestigio.
Aparte de éstos, ha habido siempre aquellos que han cumplido con las características que se exige a un pahlavan, bondad, compasión, rectitud moral. Entre ellos está el muy querido Gholamreza Takhtí.
Este artículo está en construcción.
Actualmente siguen en funcionamiento zurjanés en Teherán, Yazd, Isfahan, y otas ciudades.

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3.1.09

El harén de Nasser od-Din Shah Qajar, el rey fotógrafo.



Estas son algunas fotos tomadas por el rey iraní Nasser od-Din (1848/1896), de la dinastía Qajar, en su harén. Sus esposas y concubinas lucen unas faldas cortas parecidas a los tutús que vió el rey en los ballets de París. A su regreso a Irán, dicen los que han estudiado esa época, el shah introdujo la nueva moda entre las mujeres de su harén. Moda, por otra parte, que no trascendió a la población y que solo él fotografió. Cuando se abrieron los archivos fotográficos del Palacio Golestán de Teherán, apareció este tesoro de imágenes extraordinarias. Nasser od-Din Shah era un gran aficionado a la fotografía. Sus viajes a Europa le convirtieron en un admirador de los avances tecnológicos que allí se producían.
















La favorita del rey, Anis al-Doleh tocando el armonium que su esposo le había traído de Europa.
En la primera foto más arriba, aparece ella misma en posición reclinada. En la segunda foto Anis es una de las dos muchachas, poco tiempo después de llegar al harén, y antes de que las delicias culinarias de palació la pusieran de buen ver.
Las cejas unidas eran un signo de belleza en la época Qajar. Hoy en día hay modernas muchachas iraníes que recuperan aquella estética y se muestran hermosas y cejijuntas.

10.11.08

Afición a la fotografía en Irán (y III)

La tercera inauguración de fotografía que he asistido en Teherán ha sido la de Shadi Ghadirian, en el centro de la foto.
Shadi es quizá la fotógrafa iraní con una carrera más fulgurante. Sus fotos en sepia con estética de la época Qajar hicieron furor en Europa y han sido reproducidas hasta la saciedad. Incluso mi libro "La cueva de Ali Babá, Irán día a día" tiene una de estas fotos como portada (ved el libro en su mano).
Durante un tiempo parecía que Shadi se había quedado encasillada en ese estilo pero en su nueva exposición todo ha cambiado. Ahora muestra unas fotos llenas de color y también de significado. En todas ellas hay algo que tiene que ver con la guerra, en medio de un paisaje casero perfectamente normal y actual. Por ejemplo, unos zapatos de tacón rojos en el suelo de una habitación y, al lado, las botas de un soldado; una mesa perfectamente puesta para comer o cenar en una casa burguesa al estilo occidental y una granada en lugar de uno de los vasos.
Los asistentes a la inauguración eran jóvenes, chicos y chicas, guapos y sofisticados y, seguramente, ricos. Los precios, de artista de primera fila internacional. Ver la foto de los tacones rojos en http://www.silkroadphoto.com/ la galería especializada en fotografía de Teherán donde tenía lugar esta exposición, Silk Road. También hay información sobre los fotógrafos iraníes actuales.

Afición a la fotografía en Irán (II)


En Teherán y casi al mismo tiempo que la exposición de Rana Javadí comentada anteriormente, he asistido a la inauguración del fotógrafo Kamran Adle, una recopilación de fotos que él mismo ha recogido con el título de "50 años", en la AARAN ART GALLERY.
Kamran Adle es uno de los fotógrafos más importantes de Irán y con una de las trayectorias más largas. Desde muy joven decidió que la fotografía sería su medio de expresión y la primera foto de esta exposición data del 1954. Las siguientes van recorriendo cronológicamente los trabajos que el autor ha hecho durante su vida, tanto en Irán como en África o el Caribe.
El catálogo de 55 páginas con muchas fotos está muy bien editado, podéis ver la portada en color fuxia . La fotografía que reproduzco corresponde a una serie de tres tomadas durante la conmemoración del martirio del Emam Hossein en Busheir. Hay también fotos de la serie "Bazares de Irán", de la serie "Esfahan", de las series "Persepolis y Pasargad", de la serie "Saint Massoomeh Srine", de la serie "Nubes", etc.
Para saber más sobre Kamran Adle visitad su sitio www.kamranadle.com

9.11.08

Afición a la fotografía en Irán (I)



Durante el tiempo que he estado en Teherán he podido asistir a la inauguración de tres exposiciones de fotografía.
Una de ellas tenia lugar en la galería Golestan, cuya propietaria es la conocida galerista y editora Leila Golestan. Exponía la fotógrafa Rana Javadí, esposa del también fotógrafo Bahman Jalalí cuya exposición en barcelona, Fundación Tàpies, comenté en este blog en su momento.
Rana, en su última serie de fotografías, da una visión de tiempos pasados, algo nostálgica. En todas sus fotos aparece, en segundo plano, la imagen de una mujer, siempre distinta, de los años curenta o cincuenta, lo deduzco por sus vestidos y sus peinados, mujeres ataviadas al estilo occidental de la época del shah y que podrían ser su madre o sus tías sacadas del album familiar, entre reflejos de paisajes con árboles y flores para lo cual usa un espejo semitransparente, y enmarcado por telas de colores. Mezcla de blanco y negro, y color.
En la foto Rana Javadí es la que lleva el pañuelo rojo. Ella y su marido están haciendo una gran labor de clasificación de las antiguas fotos iraníes de la época Qajar encontradas en el palacio Golestán de Teherán. Los asistentes a la inauguración eran hombres y mujeres de mediana edad con aspecto de intelectuales, el mundo cosmopolita de los intelectuales y artistas iranís.