BLOG DE ANA M. BRIONGOS


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11.3.18

Reedición de mis libros y 50 años de vida viajera.







Para celebrar la reedición de mis libros, todos ahora en Laertes y los cincuenta años desde que salí por primera vez rumbo a Asia (1968) y me instalé en Kandahar, organizo un encuentro. Y ¿dónde mejor que en la librería Altaïr de Barcelona? 

Será una celebración para amigos viajeros, amigos lectores y almas inquietas y curiosas. También será un homenaje a los protagonistas de mis libros, de Afganistán, Irán, la India o Bangladesh que siguen, después de tantos años, siendo mis amigos y una reflexión sobre los cambios tan radicales que han sufrido sus países.

Como mis libros hablan de personas reales con los que he entablado lazos de profunda amistad y a los que he seguido viendo a lo largo de los años a pesar de las sacudidas que les ha dado la vida a causa de lo que ha ocurrido en sus países, me gustará explicar qué ha sido de ellos y mostrar sus retratos para que los lectores puedan poner caras a las historia vitales que cuento.

Fecha: el jueves 15 de marzo. Lugar: Librería Altaïr, Barcelona. Hora: 19h.

Pasaré fotos, contaré aventuras y conversaré con Jordi Esteva, fotógrafo, escritor y viajero, que ha aceptado subir al estrado y sentarse a mi lado.


Sorpresa: En esta antología de literatura de viajes publicada en Inglaterra en 2017, aparece mi libro “Black o Black” (Lonely Planet) y mi nombre entre los grandes: Nicolas Bouvier (The Way of the World), Joseph Conrad (Heart of Darknes), Henry Miller (The Colossus of Maroussi), Paul Bowles (Without Stopping), Bruce Chadwin (In Patagonia), Mary Kingsley (Travels in West Africa), Devla Murphy (Full Tilt), Ana Briongos (Black on Black)...





29.5.14

Surmeh, en Irán, el hollín para pintarse los ojos

 
Es viernes por la tarde, día semanal de fiesta en Irán, es como nuestro domingo. Con mi amiga Jamileh y su hija Sepideh, nos vamos a poner a preparar el surmeh para llenar los recipientes que hemos adquirido en el bazar. Los hemos comprado de madera pero también los hay preciosamente decorados por los miniaturistas sobre hueso de camello. Estamos en Isfahán, la hermosa ciudad iraní donde trabajan centenares de artesanos, cinceladores de metal, miniaturistas, anudadores de alfombras, estampadores de telas....
 
 
 
Sentadas sobre las alfombras del salón preparamos lo necesario: una bandeja, un bol de metal, almendras, avellanas, pistachos, una hoja de papel, una Gillette, una aguja y cerillas.
 
 
Jamileh pincha una almendra y la enciende con la cerilla.

 
Acerca la parte inferior del bol a la llama para que quede incrustado el hollín.

 
Sigue haciendo lo mismo con el resto de las almendras, las avellanas y los pistachos.

 
Después con una Gillette, rasca el hollín para que caiga sobre la hoja de papel.

 
 Y luego, con mucho cuidado hay que meter el hollín en el recipiente cuyo agujero es muy pequeño.

 
Ya está. Ahora solo falta pintarse los ojos y las cejas para que queden bien negros.

 
Cosmética ecológica limpia, estéril y barata pues con dos almendras, dos avellanas y dos pistachos llenas el recipiente y tienes para pintarte los ojos durante varios meses.


 
Aquí os presento algunos recipientes de surmeh de mi colección que ya llega a los cuarenta y que he ido trayendo de mis viajes a Irán.


 
Son de hueso de camello.

 
En la tienda de Persian Art Gallery de Masud Beheshtí y Reza Toughi, cerca de la gran plaza de Isfahán, tienen maravillas. Cuando voy a visitarlos lo hago sin prisas. como hay que hacer cuando viajas. Me siento, me ofrecen un té, se sientan conmigo y charlamos. Después admiro los recipientes de surmeh y las cajitas que exponen en las vitrinas. Alguna me llevaré, siempre compro alguna para mi colección.

 
Abren la caja fuerte y me enseñan las miniaturas carísimas que guardan en ella. Aunque mi presupuesto no alcanza para eso, me gusta admirarlas.
Isfahán me tiene fascinada.

7.1.13

Relaciones diplomáticas entre España e Irán en el siglo XVII



En una ocasión, mientras disfrutaba de un té reparador en la penumbra del local medio museo, medio casa de té, medio circo, asentado en lo que había sido el gran depósito de agua del bazar de Teherán, el “ab ambar”, un espacio grande y subterráneo al cual se accedía desde la calle a través de unas escaleras estrechas que se hundían en la oscuridad, presencié una escena que me sorprendió por lo familiar que me resultaba.

El espacio era lóbrego, el techo altísimo, hileras de columnas formaban un bosque de piedra perfectamente organizado. De las paredes colgaban, hasta una altura humana, cuadros con personajes de la época Qajar y multitud de objetos, antiguos y modernos, distribuidos sin orden ni concierto. Había mesas iluminadas con candelabros de tulipas de cristal aquí y allá y, en algunas de ellas, mujeres adivinas leían la buenaventura. Un par de muchachos todavía imberbes hacían juegos de manos y malabares para distraer a los visitantes. El más joven se acercó a nuestra mesa, se sacó del bolsillo un cuadrado de tela del tamaño de una servilleta, lo dobló por la mitad, plegó las puntas hacia adentro, enrolló la base, volvió a plegar, desenvolvió el hatillo girando sobre la punta superior hasta que aparecieron de nuevo las dos puntas laterales esta vez una a cada lado de un rollo prieto de tela. Con una de esas puntas consiguió hacer dos apéndices u orejas y la otra sería la cola de un animal que yo había visto preparar como por arte de magia a mi padre cientos de veces durante mi infancia y que mi hermano y yo identificábamos con un conejo. Mi sorpresa creció cuando vi que el muchacho colocaba el animal sobre las yemas de los dedos de su mano derecha, y al acariciarlo suavemente con la izquierda, el animal de trapo daba un salto rapidísimo como si intentara escaparse. El muchacho lo alcanzaba, lo colocaba de nuevo sobre su mano cóncava y volvía a acariciarlo para que volviera a saltar. Parecía un conejo vivo. Todo, incluso los gestos que hacía el muchacho del depósito de agua de Teherán, eran exactamente los mismos que hacía mi padre que procedía de un pequeño pueblo de Burgos, perdido en el centro de España. El chico se esfumó engullido por la oscuridad y cuando quise darme cuenta para preguntarle dónde había aprendido esa habilidad de domador de animales de trapo, había desaparecido. Pedí por él y ya no estaba. Regresé al “ab ambar” un par de veces y nunca lo encontré. Alguien me dijo que formaba parte de una familia de titiriteros de Isfahan que estaba de paso.


¿Llegaría este juego a España desde Persia? ¿O quizá hizo el camino contrario? Me he pedido desde entonces infinidad de veces. Debió pasar de un país al otro hace muchos años. Quizá lo trajeron los árabes como tantas cosas que a través de ellos llegaron a España desde la lejana Persia. Quizá llegó en épocas no tan lejanas llevado por algún viajero anónimo y juguetón. No sé de ningún persa que visitara el pueblo de Burgos ni los pueblos cercanos, como mínimo en los últimos ciento cincuenta años puesto que allí todo se sabía y, ni mis abuelos, ni los más ancianos del pueblo, tenían noticia de ello. Tampoco sabían de ningún persa que se acercara por sus tierras. Sí se sabía, en cambio, que un vecino listo se fue a Chicago y llegó a ser guardaespaldas de Al Capone o que fulano y zutano emigraron a Cuba.

Cuando reencontré hace poco la historia de Don García de Silva y Figueroa gracias a una conferencia que debía dar el profesor Luis Gil de la Universidad Complutense de Madrid en el SOAS de Londres busqué otra vez en mis notas antiguas y volví a la Biblioteca de Catalunya a releer los Comentarios de Don García de Silva y las Relaciones de Don Juan de Persia  puesto que en mi imaginación calenturienta prefería pensar que el juego llegó o partió en el siglo XVII, a través de unas embajadas que intercambiaron los reyes de ambos países, cuando en Irán reinaba el gran Shah Abbas I y en España el débil y desorientado rey Felipe III (II de Portugal) En aquel tiempo el poder de ingleses y franceses aumentaba mientras el poder español empezaba su decadencia. Los países europeos luchaban por razones políticas y religiosas en la conocida Guerra de los treinta años. Jaime I (1566-1625) reinaba en Inglaterra. En Francia lo hacía Luis XIII (1601-1642) con la ayuda del Cardenal Richelieu. En Rusia ocupaba el trono el primer Romanov, Miguel (1598-1645) René Descartes (1596-1650) escribía “El discurso del método”, Francis Bacon (1561-1626) se daba a conocer por sus ideas sobre la manera en que la ciencia moderna descubre y trata las leyes de la naturaleza. Rubens (1577-1640) de Flandes era distinguido por el rey inglés y Velázquez (1599-1660) era el pintor de la corte Española. Rembrand, en Holanda, empezaba a pintar. En Constantinopla construían la Mezquita Azul, la más grande y hermosa del mundo. En Italia Monteverdi componía Orfeo, considerada la primera ópera moderna y Galileo (1564-1642) aseguraba que la tierra gira alrededor del sol. En 1605 se publicó el Quijote por primera vez y en Inglaterra Shakespeare se daba a conocer con sus obras de teatro. Los tribunales de la Inquisición seguían funcionando.


En Persia el poderoso Shah Abbas el Grande (1557-1629) reinaba en un territorio que abarcaba desde el Eufrates hasta el Indo. Había tenido su trono en Ghazvin y acababa de trasladarse con toda su corte a Isfahan donde emprendería grandes obras para mejorar la ciudad y convertirla en una de las ciudades más hermosas del mundo.

Don Juan de Persia, nombre con el que firma su manuscrito, se llamaba en Persia, su país de origen, Ulug Beg. Era un funcionario de la corte y acompañó al embajador persa en su misión diplomática a los países europeos. Ulug Beg nunca regresó a su país.

Según cuenta D. Juan de Persia en el Libro III de su Relación, estaba el Shah Abbas pacífico y ufano con tantos éxitos y victorias sobre los turcos que pensó en preparar una embajada para el rey de España para tratar, entre otras cosas, del futuro de las colonias portuguesas en el Golfo Pérsico, entre las que estaban el reino de Ormuz y la isla de Quesm. En este tiempo llegó a Isfahan un inglés, Don Antonio Shirley, que decía ser primo del rey de Escocia, amigo de reyes y enviado por estos con la intención de convencer al rey de Persia para que se confederase con ellos para luchar contra el turco, como enemigo común a todos. También llegaron dos frailes portugueses que acabaron de convencer al Shah de la necesidad de la embajada. Shirley aconsejó al rey persa que dicha embajada debía visitar también a los demás reyes europeos y al Papa. Así se decidió al fin.

La embajada compuesta por el embajador Uzen Ali Bec y cuarenta y dos personas entre los que se encontraban D. Antonio Shirley y los dos frailes portugueses, partió hacia Tartaria y Moscovia en 1599, con baúles llenos de regalos para los reyes europeos. Durante el viaje tuvieron riñas y altercados con el inglés pues desapareció uno de los frailes portugueses desaparición asesinado probablemente por Shirley según apunta  D. Juan de Persia y también perdieron los baúles con los regalos, encomendados por el inglés a unos mercaderes, por lo que llegaron a Roma tan escurados que el mismo Papa tuvo que prestarles dinero para seguir viaje hacia España, su último destino. En el momento de emprender ese viaje los ingleses también habían desaparecido. En Valladolid donde estaba entonces (1601-1606) la corte española fueron recibidos por Felipe III. Allí permanecieron durante dos meses. Visitaron El Escorial, Toledo, Aranjuez entre otros lugares y cuando el embajador decidió partir hacia Persia Ulu Beg y otros miembros de séquito persa decidieron quedarse para lo cual tuvieron que convertirse al cristianismo pues en España el rey Felipe III acababa de expulsar a los moriscos y la Inquisición era una máquina incombustible.

D. Juan de Persia escribió en castellano, con ayuda, las peripecias de la embajada y dedica los dos primeros libros de su “Relación” a Persia, su historia, su geografía y sus costumbres.
Como contrapartida para “cumplir con la embajada que el persa nos ha  enbiado” partió hacia Persia en 1614 D. García de Silva y Figueroa, geógrafo, hombre culto muy interesado por las antigüedades, en una misión a la vez política y comercial, como dice el profesor Luís Gil, para tratar de la expansión de Abbas I en el Golfo Pérsico y observar de cerca su relación con los ingleses de cara a mantener el monopolio comercial portugués en Hormuz y con la intención de que “el persa persevere en la guerra contra el Turco para que (éste) no progrese en el Mediterráneo”. Don García escribió unos Comentarios en tercera persona donde dice que “en 1599 había venido como embajador del sofí, Uzen Ali Bach, en compañía del célebre D. Juan de Persia” y también comenta que “en 1608 llegó a España un aventurero inglés llamado Roberto Shirley (hermano de Antonio) quien decía ser embajador de Persia” el cual ya había visitado las cortes de Rusia, Polonia y Roma cuando llegó a España. Silva no llegó a su destino hasta 1617 después de un azaroso viaje en el que tuvo serios problemas con los portugueses e incluso pasó un tiempo detenido en Goa. Durante este intervalo de tiempo los hermanos Sherley seguían con sus embajadas desautorizando a Silva. El embajador español ya en Isfahan donde fue bien recibido, no consiguió sin embargo ninguno de sus objetivos y fue el centro de burlas y risas por los cortesanos y embajadores debido falta de interés en los placeres de la corte atribuidos a su avanzada edad. Silva partió de Isfahan en 1619 y su viaje de regreso, otra vez lleno de dificultades, no concluyó hasta 1624 aunque él falleció al desembarcar en Lisboa.

A pesar del fracaso de su embajada Silva dejó sus Comentarios en los que detalla, como escribe el profesor Luís Gil, “día a día todo lo que observa, con la exigencia de un geógrafo, un naturalista, un etnólogo, un historiador y un anticuario, lo cual hace de su trabajo una fuente histórica significativa del Irán safavida”.

Don Juan de Persia y otros miembros de aquella embajada se quedaron en España, quizá algún criado del séquito de Don García de Silva echó raíces en Irán. Todos ellos debieron enseñar juegos y costumbres de sus respectivos países a sus hijos, amigos y vecinos, aunque yo no he encontrado relación de ellos en los manuscritos.

Mi padre falleció hace años, mis tíos también han fallecido. Del juego del conejo saltarín solo se acuerdan mis primos los más mayores. Los primos jóvenes no lo han visto nunca, ni siquiera saben que el arte de crear y domar conejos de trapo existió una vez en el pueblo de sus abuelos, un pueblo perdido en el centro de España, donde ellos ya no viven. ¿Habrá desaparecido también en Irán?, me pregunto. Si no lo ha hecho lo hará pronto empujado por el imparable curso de la Historia, de la mano del progreso y sus juguetes mecánicos.
Bibliografía
Ulug Beg, Juan de Persia, Relaciones de D. Juan de Persia dirigida a la Majestad Católica de Don Philippo III Rey de las Españas y señor nuestro, Real Academia Española, Biblioteca Selecta de Clásicos Españoles, Madrid 1946, con prólogo y notas de D. Narciso Alonso Cortés.
Silva y Figueroa, García de. Comentarios de D.... de la Embajada que de parte del Rey de España Don Felipe III hizo al Rey Xa Abbas de Persia. Sociedad de Bibliófilos Españoles. Madrid 1903-1905.

6.5.12

Viernes de picnic en el jardín, Isfahan



Retomo estas notas del último viaje a Isfahan: El viernes nos invitan a un jardín a las afueras de Isfahan, propiedad de uno de los artesanos más importantes de la ciudad que trabajan la plata, a preparar y comer kabab con Massud, Elham, la familia Ghaneian y los dueños del jardín, en total más de 20 personas. Ya instalados en el jardin, el coche de Massud con las puertas abiertas, despide música persa a todo volumen.  Los niños corretean, los jóvenes y las mujeres charlan y los hombres preparan el kebab. Tras la comida al aire libre, Yussof enciende el ghalian, la pipa de agua, y algunos fuman. En mi honor han traído un poco de vino de fabricación casera, no hubiera hecho falta pero les agradezco el detalle. Massud quiere bailar pero nadie le sigue. Es un hombre alto y delgado, oscuro de tez, con unos ojos enormes y penetrantes. Acabamos bailando él y yo entre palmas y risas. La manera de bailar de los hombres en Irán me parece de lo más sensual y provocativa, a mucha distancia de las mujeres. No he tenido más remedio que salir a bailar ante la insistencia de los presentes y reconozco que ha sido un elemento más de diversión para todos. Después los hombres, los chicos y una chica juegan al fútbol. Entre árboles, nogales, granados, manzanos, perales, parras y pinos, con el sonido del agua que sale a borbotones del lomo de unos cisnes enormes de cemento pintado, la tarde del viernes discurre agradable. El tiempo empieza a refrescar y se agradece un chal sobre los hombros.

Al día siguiente salgo hacia Mashad, ciudad santa iraní. En el autobús que nos lleva desde la terminal hasta el avión un hombre entona una fórmula religiosa y todos responden, hombres y mujeres, en voz alta o moviendo los labios. Se nota que la mayoría va de peregrinación al mausoleo del emam Rezá, el octavo emam shií, muy venerado por los iraníes. Frente a mí hay dos chicas con zapatos azul cielo brillante de tacón de aguja, abrigos negros ceñidos y tupé altísimo medio cubierto por pañuelos azules con brillo de pailletes. Las dos llevan un neceser de plástico en la mano, una azul cielo y la otra rosa. Van muy pintadas. Cuando el hombre se pone a decir la oración una de ellas me lanza una mirada y esboza una sonrisa casi imperceptible, la contesto de la misma manera.
Será un milagro si este avión logra elevarse y llega a buen puerto. He cambiado un vuelo de Iran Air con escala en Teherán, por este charter directo que sale a las 12 de la noche y es para peregrinos. Las partes de metal están chafadas o abombadas como si hubieran martilleado el fuselaje. Los asientos despanzurrados. Entre rezos a toda voz aterrizamos tan felices. 

12.3.12

El año nuevo persa llega con la primavera


¡Feliz Año Nuevo! sal-e-now mobarak!



El año nuevo iraní, llamado Noruz, 1391 según el calendario actual iraní, 2571 si se cuenta desde el comienzo del Imperio Aqueménida, llega con la primavera el 20 de marzo de 2012. En España este año tendrá lugar a las 06:14:00 horas del martes 20 de marzo.  Lo celebraran en todos los hogares de Irán y también en otras ciudades del mundo donde la diáspora iraní ha echado raíces.

El calendario iraní: El año Persa tiene 12 meses, los primeros 6 meses son de 31 días, los siguientes 5 tienen 30, y el último tiene 28 ó 29, según sea o no año bisiesto. Cada mes corresponde a un signo del zodíaco. El número de días en cada mes (aunque no sea en el orden de los meses) es por lo tanto igual que en el calendario civil occidental. La diferencia está en la regla para determinar el año bisiesto, que es más compleja. El calendario original Jalali del poeta y matemático persa Omar Jaiam era más exacto que el Gregoriano; la versión actual asigna 683 años bisiestos en un ciclo de 2820 años: ¡Necesitaría dos millones de años para que que este calendario mostrara un día de imprecisión!


    Cómo se celebra el Nowruz: 
    En Irán, la fiesta más grande del año es el Nowruz, El Día de Año Nuevo... Siempre comienza el primer día de primavera en el momento exacto del equinoccio. Esto significa que cada año el Nowruz comienza en una hora  diferente. Un año puede comenzar el 21 de Marzo a las 5:32 A.M., mientras que al siguiente año puede ocurrir el 20 de Marzo a las 11:54 P.M. Cada Iraní sabe el momento exacto en que el jubileo comienza.
     
    Las festividades son antecedidas por semanas de preparación. Cada uno limpia su casa a conciencia, compra o cose ropa nueva, y cocina repostería tradicional. Un preparativo ceremonial, llamado haftsin (siete S), que consiste en siete símbolos que empiezan con el sonido "s", y son exhibidos con otros objetos simbólicos como espejo, huevos coloreados, y un pez dorado en su pecera. Los objetos representan la salud, renovación, prosperidad, fertilidad y los usuales deseos universales compartidos por la gente al inicio de la celebración de cualquier Año Nuevo... 
    Durante el Nowruz, la mayoría de los negocios cierran y las calles están vacías. Durante 12 días después del equinoccio, la gente visita a los parientes y amigos, siempre comenzando con los de mayor edad. Una vez que se han visitado a todos los ancianos, entonces se visita a los miembros jóvenes de la familia. En cada casa, una charola con dulces caseros se ofrece junto con deseos de año nuevo. Los niños reciben dinero, siempre deben ser billetes nuevos. Me atrevo a creer que desde la ola de inmigración después de la revolución en Irán en 1979, los bancos en Estados Unidos han notado un repentino incremento de la demanda de billetes nuevos en el mes de marzo. 
    De Funny in Farsi, A Memoir of Growing Up Iranian in America -Recuerdos de crecer Iraní en Estados Unidos de América- por Firoozeh Dumas, 187 pag. Villard Books 2003.

27.10.08

Viernes de picnic en el jardín, Isfahan


El viernes nos invitan a un jardín a las afueras de Isfahan, propiedad de uno de los artesanos que trabajan la plata más importantes de la ciudad, a preparar y comer kabab con Massud, Elham, la familia Ghaneian y los dueños del jardín, en total más de 20 personas. El señor Ghaneian es miniaturista y me ha regalado una alubia blanca con la cara del poeta Ferdowsí. El coche de Massud con las puertas abiertas despide música persa a todo volumen. Yussof enciende el ghalian, la pipa de agua, y algunos fuman. En mi honor han traído un poco de vino de fabricación casera. Massud quiere bailar pero nadie le sigue. Es un hombre alto y delgado, oscuro de tez, con unos ojos enormes y penetrantes. Acabamos bailando él y yo entre palmas y risas. La manera de bailar de los hombres en Irán me parece de lo más sexi y provocativa, vaya, que Massud, que baila estupendamente, me parecía un escándalo, no me atrevía ni a mirarlo. No he tenido más remedio que salir a bailar ante la insistencia de él y de los otros y reconozco que ha sido un elemento más de diversión para todos. Después los hombres, los chicos y una chica juegan al fútbol. Entre árboles, nogales, granados, manzanos, perales, parras y pinos, con el sonido del agua que sale a borbotones del lomo de unos cisnes enormes de cemento pintado, la tarde del viernes discurre agradable. El tiempo empieza a refrescar y se agradece un chal sobre los hombros.

Por la noche viajo con Jamileh a Mashhad. En el autobús que nos lleva desde la Terminal hasta el avión un hombre dice una fórmula religiosa en voz alta y todos responden, hombres y mujeres, en voz alta o moviendo los labios. Se nota que la mayoría va de peregrinación al mausoleo del emam Rezá, el octavo emam shií, muy venerado por los iraníes. Frente a mí hay dos chicas con zapatos azul cielo brillante de tacón de aguja, abrigos negros ceñidos y tupé altísimo medio cubierto por pañuelos azules con brillo de pailletes. Las dos llevan un neceser de plástico en la mano, una azul y la otra rosa. Van muy pintadas. Cuando el hombre se pone a decir la oración una de ellas me lanza una mirada y esboza una sonrisa casi imperceptible, la contesto de la misma manera.
Será un milagro si este avión vuela y llega a buen puerto. He cambiado un vuelo de Iran Air con escala en Teherán, por este charter directo que sale a las 12 de la noche y es para peregrinos. Las partes de metal están chafadas o abombadas

El palomar, Isfahan

Jamileh y yo visitamos el palomar en Isfahan, lo llaman “la torre de las palomas”. Es una construcción cilíndrica muy bien restaurada que se encuentra en el centro de una rotonda con césped y árboles. Hay más palomares fuera de la ciudad, a veces forman grupos de cilindros de adobe. Sus paredes interiores están llenas de agujeros perfectamente alineados formando una trama decorativa. Se sube por unas escaleras de escalones muy altos hasta el terrado. Hay pocas palomas, algunas más a medida que subimos. Antiguamente debía estar lleno, cientos de miles pues hay muchísimos nidos-agujero. Estas torres servían para acumular en un solo lugar los excrementos que luego servirían de abono para los campos. Son construcciones muy interesantes y hermosas.

Para regresar al centro de la ciudad nos situamos al lado del bordillo para decir en voz alta, a los taxis que se acercan reduciendo su marcha, la dirección que nos interesa. Hay coches particulares que también se acercan e igualmente les decimos nuestro destino, uno de ellos para y nos montamos. Es un coche bien cuidado y el conductor un señor mayor de pelo blanco, vestido con un traje de buen corte. Al cabo de un rato nos dice, muy amable, que él gira en la siguiente esquina porque se va a su casa a comer, es mediodía, y que va a parar para que nos apeemos. Jamileh le pide qué le debemos. Nada, dice. Los taxistas, a la primera, también lo dicen: “gabeleh nadareh”, pero todo el mundo sabe que hay que pagar pues es solamente una fórmula más de cortesía como tantas y tantas hay en Irán. Pero en este caso no era taarof, se notaba, el señor no aceptaba dinero, nos había llevado muy a gusto porque iba en la misma dirección que nosotras, y no necesita el dinero del viaje. Nos despedimos con las fórmulas de cortesía correspondientes, de una amabilidad exquisita y seguimos a pie, yo hacia la plaza, Jamileh a casa.

26.10.08

Cena en Isfahan

Cenamos en casa de los vecinos de abajo. Un matrimonio con un hijo y una hija universitarios. El señor había sido jefe de la administración sanitaria de Irán y ahora está jubilado pero sigue trabajando en asuntos particulares y voluntariado social. La señora está en casa y hoy nos ha cocinado un fesenjan en mi honor porque sabe que me gusta. Y, además se da la circunstancia de que son de un pueblo entre Shiraz e Isfahan donde tienen un jardín de granados y siempre traen de allí el jarabe de granada, espeso y ácido, para preparar este plato agridulce y muy sabroso, que se acompaña con arroz blanco decorado con azafrán y zereshk, unas frutas muy pequeñas rojas y ácidas.
Como siempre la reunión se desarrolla en el salón alfombrado y con sillas y sillones alrededor junto a las paredes, con mesitas auxiliares donde se ofrecen pistachos, fruta y dulces. Los zapatos han quedado fuera, en el rellano, frente a la puerta y todos andamos descalzos o en calcetines. Después de conversar una buena hora, se despliega el sofré, el mantel de plástico, encima de las alfombras, y se prepara para la cena, con platos, cucharas y tenedor. En Irán no se ponen cuchillos, se usa con la derecha la cuchara y con la izquierda el tenedor. Como la carne está muy tierna siempre y cortada en trozos pequeños, el cuchillo no es necesario. En Irán no se come bistec a la plancha. Ponen bols con yogur, platos con sabzi, las siempre presentes hierbas frescas. Para beber hay jarras llenas de dugh, yogurt con agua y un poco de sal. Mientras los hombres preparan el mantel, en la cocina abierta al salón, las mujeres sentadas en el suelo preparan las fuentes con arroz que sacan de una gran cacerola. Se cocina sobre los fogones, pero se sirve en el suelo pues las cocinas de los pisos modernos de Irán son como las nuestras. La costumbre es tener la cocina con alfombra y para limpiar las verduras o para preparar las fuentes con arroz o estofado, se hace en el suelo. Todos, pequeños y mayores, en cuanto pueden se sientan sobre las alfombras, están acostumbrados y les es mas cómodo. Para comer, aunque tengan sillas y sillones, siempre ponen el sofré sobre la alfombra y se sientan todos alrededor. Los ancianos también se sientan y se levantan con facilidad, cosa imposible para nuestros ancianos.
Jamileh adorna los montículos de arroz con agua de azafrán. También hay ensalada y pan.
Llegan unos amigos del hijo que ya han cenado y se sientan el los sillones mientras nosotros comemos. Al terminar entre todos recogemos el mantel y volvemos a las sillas. La velada dura hasta la una de la noche con una conversación animada con chistes sobre mullahs y otros asuntos religiosos. Por ejemplo: Una mujer está embarazada y va a Mashhad para pedirle al Emam Rezá que su embarazo llegue a buen término. Cuando llega allí, entra en un recinto y le preguntan –usted por qué razón viene- ella explica que es para su embarazo, y le responden que allí no es, que sólo es para curar gripes, que el sitio de los embarazos está en otro lugar.

Las mujeres vamos con pañuelo durante toda la velada.

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9.10.08

El bazar de Isfahan en huelga




Irán 2008, Isfahan, jueves 9 de octubre.



Estoy en una tienda del bazar de Isfahan con las puertas cerradas. Hace dos días que el bazar de Isfahán está cerrado. Es la primera vez que cierra desde la Revolución de Jomeini en 1979. Anteriormente cuando cerró el bazar de Teherán, el Shah tuvo que abandonar el país y se desencadenó la Revolución. Hoy, cuando he llegado a la Gran Plaza de Isfahan, la plaza Naqsh e Jahan, o como la llaman ahora Plaza del Emam, antes Plaza del Shah, todo estaba cerrado. He entrado en una tienda de amigos llamando a la puerta. Cuando me han abierto me dicen que quizá llega otra revolución. No sé si lo decían en serio o simplemente era una broma. Pero realmente ha llegado un momento en que todos están hartos de la situación actual. El desencadenante del cierre ha sido un impuesto del 3%, un IVA, que el Gobierno quiere imponer. Los comerciantes no lo aceptan. Ayer por la mañana paseé por el bazar y todas las persianas estaban bajadas. Hoy también. Hay un silencio especial y todo el mundo se toma la situación con calma, tomando te, y conversando sobre la situación. Dicen que en Mashad ha cerrado el bazar del oro, que en Tabriz también hacen huelga y que en Teherán empiezan a cerrar. Por supuesto ni la televisión iraní ni los periódicos dicen nada sobre el cierre. Sí que lo hacen las televisiones en persa que emiten desde Estados Unidos o Alemania. En EEUU viven más de un millón de iraníes, muchos de ellos en California, y tienen sus propias cadenas de TV. En Irán la mayoría de casas tiene parabólica y todos miran estos canales.




Tengo problemas para actualizar este blog desde Irán. Cuando intento entrar en Blogger no puedo porque está censurado. Ya he encontrado, sin embargo, un amigo que me deja actualizarlo desde su ordenador puesto que tiene un “rompefiltros”. Este programa que todos los jóvenes tienen, se debe ir actualizando cada mes más o menos ya que el Gobierno lo localiza y lo inutiliza.

Son las tres de la tarde, la plaza de Isfahan está preciosa, el cielo luce un azul límpido, el aire está transparente, el sol dibuja las sombras con bordes perfectos, las cúpulas lucen espectaculares su color turquesa. Silencio de siesta. En un rincón, el Sr. Ali, reza. Me acababa de traer una fuente llena de fruta, su amabilidad me desarma.