BLOG DE ANA M. BRIONGOS


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16.2.23

Feria del libro de Calcuta 2023



1196724833096242582 Enlace al artículo de este bloc que escribí en 2007 sobre el mismo tema.

Hace muchos años estuve en la Feria del libro de Calcuta, ahora Kolkata, cuando todavía tenía lugar en el Maidan, el gran parque que se encuentra en el centro de la ciudad. Ahora se ha trasladado a las afueras, a un barrio llamado Salt Lake. En aquella ocasión me acompañaban el profesor José Paz, gran experto en Rabindranath Tagore, escritor, y pedagogo bengalí que fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1913, y mi madre, Luisa Guadayol, ambos ya fallecidos.

Entonces estaba yo escribiendo mi libro ¡Esto es Calcuta! y vivía en un pequeño apartamento alquilado del barrio de Rabindra Sarobar. Ubicado en la azotea de un edificio de pisos, tenía una gran terraza desde donde disfrutaba observando la activa e interesante vida que se desarrolla en las azoteas de Calcuta. La ciudad me fascinó.


Inauguración de la 46 Feria del libro de Kolkata, 30 de enero de 2023.

Este año el país invitado ha sido España y aprovechando nuestro viaje a Calcuta, he tenido la oportunidad de volver a visitar la feria e incluso a participar en ella. La inauguración corrió a cargo de la ministra jefe de Bengala Occidental, Mamata Banerjee, siempre de sari blanco con ribetes azules. Poderosa mujer que ha creado su propio partido y cuya efigie está presente en todas las calles de la ciudad, en centenares, miles de anuncios. Los anuncios de gran superficie que se ven cuando circulas por las carreteras y las calles de la congestionada ciudad, se resumen en tres categorías: 1-Mamata Banerjee, 2-pisos en venta en altos edificios modernos y lujosos y 3-joyas recargadas de oro y brillantes que lucen hermosas modelos.


Toni Alsina, Ana Briongos, Gonçal López-Nadal, Oscar Pujol director del Instituto Cervantes en Delhi y José María Ridao embajador de España.

El día 3 de febrero, organizado por el Departamento de Cultura del Gobierno de Bengala Occidental, Gonçal López-Nadal profesor emérito de la Universitat de les Illes Balears y yo tuvimos la oportunidad de dar una charla en el pabellón de España sobre nuestra relación con la India y concretamente en mi caso con Calcuta. Tuvimos un presentador de lujo, el editor Agustí Paniker de Editorial Kairós. Gonçal López-Nadal habló de Joan Mascaró gran sanscritista y traductor del Bhagavad Gita al inglés y de Antoni Binimelis, precursor del hispanismo en la India y fundador del Departamento de Lenguas de la Jawaharlal Nehru University JNU New Delhi. Nos acompañó como asistente al acto Albert Padrol, co-fundador de la librería Altaïr, que también estaba en Calcuta esos días.


Charla en el pabellón de España, Gonçal López-Nadal, Ana Briongos y Agustí Paniker.

2,6 millones de visitantes ha tenido este año la feria y las ventas han alcanzado los 250 millones de rupias, casi 3 millones de euros. Ha habido 950 stands aparte de los 70 que agrupaba el pabellón de Bangladesh. El pabellón de España era el principal por ser España el país invitado, con un extenso programa de eventos.



¡Esto es Calcuta! en la exposición.

Aunque es una feria internacional con la presencia de 20 países y donde las grandes editoriales en lengua inglesa tienen sus stands, la mayor parte de los libros que se exhiben son en bengalí, lengua  propia de Bengala Occidental y Bangladesh, Tripura y alguna región de Assam y la segunda más hablada de las 22 lenguas oficiales de la India, después del hindi, con aproximadamente 228 millones de hablantes nativos y 37 millones como segunda lengua. La literatura bengalí tuvo un gran florecimiento durante lo que se conoce como Renacimiento Bengalí. Su máximo exponente es el venerado escritor, pedagogo, compositor y pintor, Rabindranath Tagore.
Como escribí en el artículo de 2007 cuyo enlace está al principio de este artículo, cuando Alemania fue el país invitado, tuvo a Gunter Grass como escritor representante. España en ninguna de las dos ocasiones en que ha sido país invitado (2006 y 2023), ha tenido a una figura realmente importante y conocido de nuestra literatura como representante. 

26.4.21

Profesor Paz, con Tagore hasta la eternidad.



Ha muerto José Paz, el profesor Paz como lo conocíamos.





Gallego de nacimiento, Ourensano, bengalí de adopción, defensor del gallego-portugués, maestro de escuela en la línea pedagógica de Rosa Sensat, profesor de universidad, articulista, conferenciante, pero sobre todo pedagogo igual que su admirado Rabindranath Tagore, premio Nobel de literatura en 1913 y fundador de escuelas para niños y de la Universidad Visva Bharati en Santiniketan, Bolpur, India.


Conocí al profesor Paz, como cuento en mi libro ¡Esto es Calcuta! en el que le dedico un capítulo, el día que Samuel Berthet, profesor entonces en Nueva Delhi, me llevó a casa de un gallego, así me lo describió, en Santiniketan. El gallego era el profesor Paz.

Ese mismo día ya en casa del profesor conocí a un joven, Prasun Chatterjee, que se convertiría con el tiempo en un gran amigo, y a su esposa de entonces, Nita, los dos ayudaban al profesor durante su estancia en Santiniketan.





José Paz admiraba a Tagore desde sus años de juventud en que como maestro organizaba con los niños de la escuela representaciones de obras dramáticas del escritor bengalí. También empezó a coleccionar ediciones de sus obras hasta que consiguió reunir una biblioteca muy importante. Pero su gran ilusión era ir a la India para vivir sobre el terreno toda la experiencia tagoreana. Eso lo consiguió ya de mayor, cercano a la jubilación. Pero antes preparó su aventura a conciencia.

 

José Paz no hablaba inglés, ni estaba acostumbrado a viajar por países exóticos. Sabía que si quería lograr su objetivo de profundizar en el mundo de Tagore, in situ, debía tener apoyos así que consiguió becas de la Xunta de Galicia para dos chicos de Calcuta que estaban estudiando español. Cumplido el objetivo, uno de ellos encontró novia y se quedó en España y el otro, Prasun, regresó a Calcuta donde fue durante años el traductor, guía y consejero en cuestiones bengalíes del profesor. El profesor a su vez le enseñó a Prasun muchas cosas de nuestro mundo hispano que ninguna escuela de idiomas le habría enseñado nunca. Fue una afortunada simbiosis que duró hasta que el profesor ya podía desenvolverse por su cuenta y Prasun inició relaciones comerciales con España que le han convertido en un próspero hombre de negocios.


Ya jubilado, el profesor Paz pasaba largas temporadas en Santiniketan donde se sentía relajado y feliz. Visitaba las escuelas que había fundado Tagore y que todavía funcionan. Aprendió algunas de las centenares de canciones que compuso el poeta y las cantaba con los niños, empezó a aprender bengalí y fundó la Casa de Galicia en Santiniketan con sede en la que él tenía alquilada en aquella ciudad.


Hay un par de anécdotas que me gustaría recordar en su memoria. 

Una de ellas es la visita a la Feria del Libro de Kolkata el año en que mi madre con ochenta y cinco años y yo estábamos instaladas en mi pisito de Lake Place. Mi madre, que había sido maestra y Paz congeniaron de inmediato y los recuerdo cogidos del bracete recorriendo la feria rodeados de multitudes no en vano era, la de Kolkata, la feria del libro con más visitantes del mundo. 



La otra ocurrió en julio de 2006 durante un congreso hispano-indio que debía celebrarse en Mumbai. A través de Casa Asia fuimos invitados, entre otros, José Paz y yo. El entonces presidente Rodriguez Zapatero debía asistir. En el centro de congresos se preparaba una exposición donde el profesor Paz aportaba las primeras ediciones en varias lenguas de los libros de Tagore, algunas únicas, se trataba pues de unos libros de mucho valor. Paz no quiso separarse de ellos y salió de Galicia con los libros en una maleta. Como se trataba de algo importante, le ofrecieron un billete en primera clase. Las azafatas le aseguraron que podía dejar la maleta facturada porque en primera el equipaje recibía un trato especial. Así se hizo. Cuando desembarcó en Mumbai llovía a cántaros, era época de monzones. La maleta no salió por la cinta transportadora. Hubo un gran revuelo entre los organizadores, llamadas de la embajada, Paz desesperado sin querer subirse al coche que lo había ido a recibir. Ya era de noche y seguía lloviendo. En Iberia dijeron que la maleta llegaría en el siguiente vuelo. Al día siguiente fueron a buscar la maleta que había quedado durante horas en un lugar medio inundado del aeropuerto. Los libros estaban mojados. El profesor Paz desolado. Recuerdo que pasamos horas algunos congresistas que nos alojábamos en el mismo hotel que Paz, en nuestras habitaciones, secando los libros página a página con el secador del pelo.


Descansa en paz, querido profesor.


(La foto está tomada en la Universidad Vidyasagar en Kolkata. José Paz en el centro junto a mi madre y algunos profesores, yo a la derecha de la foto)

17.9.18

Jorasanko o la historia de la casa de los Tagore y sus mujeres en Kolkata, India.







Este verano, entre julio y agosto he estado en Kolkata, India. Era época de monzón y todos los días, a intervalos, caía una intensa cortina de agua que dejaba encharcadas las calles, algunas de de las cuales se convertían en ríos caudalosos. El intenso calor húmedo hacía que la piel nunca se secara y los ventiladores volteaban permanentemente, de día y de noche.

Refugiadas en el estudio de mi amiga la escultora y ceramista Falguni Bhatt, reguardadas de la lluvia pero contemplándola caer en el patio del estudio cuyas paredes ennegrecidas por el musgo y agrietadas, alojan las raíces de plantas, incluso árboles, que crecen y florecen arrapados al muro, hablábamos de libros.
Me recomendó con vehemencia un libro que había leído hacía poco: Jorasanko, de Aruna Chakravarti. “En este libro se cuentan 200 años de historia de las mujeres de la casa de los Tagore”. 
Una historia nunca contada en profundidad pues siempre se habla de los hombres de esa poderosa familia, especialmente del laureado Rabindranath Tagore, primer Premio Nobel de Asia (1913


Rabindranath Tagore

Me empezó a interesar Tagore y su familia a partir del momento en que me instalé en Calcuta, hace años, para escribir mi libro ¡Esto es Calcuta!. La fotografía de Rabindranath aparecía por doquier, aquel personaje alto y delgado vestido con una túnica que le cubría hasta los pies, de piel oscura y larga melena y larga barba blancas, estaba presente en tiendas, en casas particulares, en calles y plazas. Sus canciones, compuso miles de ellas, se oían en la radio y las cantaban los niños en la escuela. Además, como cuento en el libro, mi madre, profundamente afectada por los terribles acontecimientos vividos durante la guerra civil española, sólo veía un resquicio de luz leyendo a Tagore en las ediciones de la época, en castellano y catalán. Por lo que ya visto desde Calcuta, se cerraba para mí un círculo tagoriano familiar.

Corrí a comprarme el libro Jorasanko que me recomendaba Falguni.
Jorasanko es el nombre de la casa familiar de los Thakur o Tagore como les llamaron los ingleses, la familia más rica y famosa de la época colonial británica. Situada en el centro antiguo de la ciudad, hoy alberga una universidad, lo que da idea de su tamaño.
Los Thakur habían llegado a la zona próxima al nuevo puerto de Calcuta desde otra región de la India pero como eran brahmanes y, por lo tanto, letrados, fueron invitados por los pescadores de la zona para hacer de intermediarios con los ingleses, los nuevos amos, con los que no había manera de entenderse. De este modo se convirtieron en los primeros estibadores y empezaron a hacer fortuna.


Dwarkanath Tagore.jpg
Dwakarnath Thakur

El más conocido de la saga Thakur fue Dwakarnath, abuelo de Rabindranath. Un riquísimo hombre de negocios que llegó a tener empresas de seguros, plantaciones de índigo, barcos, e incluso fue recibido por la reina Victoria de Inglaterra. En su casa se celebraban las fiestas más suntuosas de la ciudad de Calcuta, donde los invitados británicos comían y bebían, aunque él, estricto practicante en materia alimenticia de la tradición hinduísta, no comía nunca con ellos.
A los quince años lo casaron con Digambari, una niña de cinco y, como mandaba la tradición, ella fue a vivir desde ese mismo momento con la familia de su marido, los Thakur de Jorasanko.
Tuvieron tres hijos varones, el mayor de los cuales Debendranath, poco aficionado a los negocios se hizo predicador de una nueva secta del hinduísmo, monoteísta e iconoclasta, que había fundado un amigo de su padre ayudado financieramente por el mismo, la Brahmo Samaj.

A Debendranath lo casaron con Sarada Devi y tuvieron nueve hijos y cinco hijas. Rabindranath, el futuro premio Nobel, era de los pequeños. 

Cuando empezaron a casar a los chicos adolescentes, la casa de Jorasanko se llenó de nueras-niñas que se educaban junto con las hijas y los hijos de su edad y participaban en sus juegos. Estas niñas, ricamente vestidas, maquilladas, perfumadas y cargadas de joyas como unas preciosas muñecas, llegaban en palanquín totalmente escondidas dentro de sus cortinas. Nadie las veía hasta que estaban en el interior de la mansión de Jorasanko. Allí se les adjudicaban unas habitaciones y unos criados o criadas y crecían y se educaban como todos los niños de la familia. Correteaban por sus patios y jardines hasta que llegaban a la pubertad y accedían a la condición de esposas. Eso sí, las mujeres nunca salían de Jorasanco y si lo hacían debía ser totalmente tapadas y escondidas dentro del palanquín. Los maridos, iban y venían según lo necesitaban por sus estudios en la India o en el extranjero o porque la administración de sus extensas propiedades rurales así lo requería.


Jorasanko
En Jorasanko, como es de suponer pasaban muchas cosas. Había que saber buscarse complicidades y organizar estrategias para poder sobrevivir, sobre todo las mujeres. Había maridos buenos y maridos malos. Incluso los había con problemas mentales y reales maltratadores. Pero las esposas habían sido educadas desde su más tierna infancia con la idea de que su destino era el de servir incondicionalmente al marido, sin una queja, pasase lo que pasase. Así que una de las jóvenes esposas empezó a aparecer frecuentemente con heridas y moratones. Siempre daba una excusa como explicación, y nadie se atrevía a rechistar porque el padre-gurú de la familia no quería aceptar que un hijo suyo fuera un maltratador, hasta que un día el marido le dio una paliza de tal envergadura que la dejó tendida, inconsciente y cubierta de sangre en uno de los pasillos de la casa donde fue encontrada por otra nuera y su marido al día siguiente. El marido maltratador fue finalmente internado en un centro para dementes pero volvía de vez en cuando con la convicción general de que estaba curado y se metía en la habitación de su joven esposa que lo recibía aterrorizada pues presentía lo que iba a ocurrir, que por cierto, no tardaba en ocurrir.

En Calcuta, entonces capital del Imperio Británico en la India, estamos hablando del siglo XIX, se estaba produciendo una verdadera revolución cultural y social debido a la hibridación entre la cultura, las ideas y las costumbres de Inglaterra y de la India. Aparecieron poetas, novelistas, dramaturgos, músicos, pedagogos y reformadores sociales y religiosos entre las élites indias que estaban en contacto con los británicos, sus gobernantes. La ciudad bullía. En Jorasanko se publicaban revistas, se representaban obras de teatro escritas por algún miembro de la familia, en que los actores eran ellos mismos, al principio solo actuaban los hombres que también representaban los papeles de mujer, hasta que las mujeres reivindicaron su derecho a actuar y lo consiguieron. También había conciertos y exposiciones de arte pues entre los chicos Thakur había buenos músicos y excelentes pintores. Las mujeres que vivían inmersas en este ambiente artístico y cultural empezaron a escribir e incluso alguna se hizo cargo durante años de la publicación de las revistas que allí se producían. Las que habían llegado niñas a Jorasanko habían ido creciendo y habían adquirido cada una su personalidad de jóvenes adultas, algunas con la determinación de introducir cambios en la estructura férrea de la familia. Una de ellas, Genu, esposa de Satyendranath, llegó a convencer a su marido para acompañarlo cuando fuera destinado como funcionario británico a otra ciudad de la India e incluso se desplazó a Inglaterra antes que él y preparó todo lo necesario para poder vivir en aquel país cuando él llegara. Los tiempos estaban cambiando.


Rabindranath Tagore
Kadambari
Mientras tanto en Jorasanko se desarrollaba una trágica historia de amor entre Rabindranath y su compañera de juegos y amiga desde la infancia, su cuñada Kadambari. Ella era la que leía sus primeros escritos y le animaba a seguir adelante con su vocación de escritor. Años después, en 1913, él recibiría el premio Nobel de literatura.

Pero, queridos lectores, no voy a contarles más. Lean este libro interesantísimo y vean Charulata, la magnífica película del oscarizado director bengalí Satyajit Ray, para saber qué ocurrió.

La autora de este libro Aruna Chacravarti es una profesora universitaria jubilada, investigadora, escritora y traductora, galardonada con prestigiosos premios.






10.3.14

Toni Catany, el fotógrafo, el viajero, la persona, el amigo.




En Dhaka, Bangladesh. Fotografía de Ana M. Briongos.


Hace ya unos meses que falleció el fotógrafo mallorquín Toni Catany, querido amigo y excelente compañero en viajes a Irán, India y Bangladesh. Hasta hoy no he podido distanciarme lo suficiente para escribir sobre él pues siempre pensaba que le estaba todavía hablando, aunque fuera por teléfono, para comentarle cosas que estaban sucediendo, con las que ambos cuchicheábamos y nos reíamos. Había complicidad entre nosotros. Catany era persona de complicidades. Tenía buenos amigos, gestionados en relaciones estancas, si acaso sabíamos los unos de los otros y quizá nos conocíamos de habernos visto algunas veces, en la inauguración de sus exposiciones, o cuando le entregaban un premio, pero no nos frecuentábamos. Estaban los amigos mallorquines, los amigos belgas, los amigos venezolanos, los amigos indios e iraníes, los amigos de cal Isidre y algunos más. 




Vivía solo en un principal espectacular de la calle Nou de la Rambla de Barcelona, un reducto testimonio de otros tiemposque había conservado con cuidado tal como lo encontró, con paredes forradas de seda, pinturas en el techo y cenefas doradas, espejos y columnas, suelos hidráulicos con preciosos dibujos y un patio grande en el interior de manzana, con palomar en el fondo de madera y diseño orientalizante, que él había convertido en un jardín cuidadamente descuidado con plantas escogidas con esmero para que, al florecer, lo llenaran de colores.



En Benarés con el fotógrafo Subhrajit Basu. Fotografía de Ana M Briongos.



Catany era persona tranquila y poco ruidosa, vivió discretamente y murió sin molestar igual que había hecho su madre. Nacido hijo único de una familia muy reducida, estaba acostumbrado desde pequeño a una tranquila soledad que le permitía observar con detenimiento las cosas pequeñas o los detalles mínimos de las grandes. Tenía una especial sensibilidad por lo decadente, por lo que queda tras la plenitud y la exuberancia e iba en busca de la esencia misma de las cosas. A mí me gustaban sus “cossiols”, fotografías de plantas míseras del jardín mallorquín que cultivaba su madre en cossis o pequeños cuencos reciclados, rotos y oxidados, como una lata de conserva , un orinal descascarillado, una taza sin asa, una botella descabezada o una piedra con agujero. De ellos salían plantas larguiruchas y raquíticas con pinchos y casi sin hojas que alguna vez incluso sacaban una flor, milagro de la naturaleza en época de sequía y de miseria, que tanto valdría para la rural Mallorca, como para un terrado del ensanche de Barcelona en la posguerra, para Asia, o para África. Sin embargo, en su seriedad y austeridadCatany tenía una faceta hedonista evidente, y una trastienda escondida de pillo transgresor sin maldad pero sí con algún “ja et fotaré”. Sus naturalezas muertas le hicieron famoso pero cuando se trataba de fotografiar personas, le gustaba la juventud, la plenitud, la tersura.



En Puri, Orissa, India. Fotografía de Ana M Briongos.


Era ordenado, meticuloso y tozudo. Disfrutaba con músicas de estilos muy diferentes y se entusiasmaba cuando descubría algún  músico o cantante desconocido de un lugar remoto. Su amiga del alma era la cantante Maria del Mar Bonetmallorquina como él. Me sorprendió descubrirle como excelente bailarín cuando en una boda en Delhi me sacó a bailar al son de una orquesta que tocaba bailables occidentales. Ante mi sorpresa, y no solo la mía sino también la de todos los que lo conocían, nos dijo que había aprendido a bailar de joven en las fiestas de su pueblo. Nunca más lo vi bailar y eso que asistimos a unas cuantas bodas hindúes.


En la boda de Subhrajit Basu y Ananya Dasgupta en Chittagong, Bangladesh. Fotografía de Ana M Briongos.




Nuestra amiga común María Luisa Rubio, casada con el iraní Behrooz, nos presentó y nos ofreció la posibilidad de acompañarla en su viaje de regreso a Irán después de años de ausencia. Aceptamos cada uno por nuestra parte el ofrecimiento y de aquel viaje, que también representaba para mí la vuelta a Irán después de mis tiempos en aquel país en época del Shah, tras la Revolución de Jomeini y la guerra con Irak, salió mi primer libro “Negro sobre negro”, con alguna foto de Toni Catany, una de ellas en la portada. A partir de aquel viaje hicimos más. 



En el siguiente fuimos a India con Luisa y Behrooz, mi marido Toni Alsina y los amigos indios Ravi y Vinu. Éstos se encargaron de preparar el viaje que se desarrolló en su primera etapa por Rajastán a bordo del exclusivo tren "Palace on Weels" y luego por el sur de la India navegando por los backwaters de Kerala, peregrinando al templo de Tirupati, o descansando en playas cercanas a Trivandrum. 

Después volvimos a la India como invitados a la boda del hijo de nuestros amigos y estuvimos muchos días a fiesta diaria. Esa fue la boda del baile. Otra vez recorrimos el norte indio por Daramsala y alrededores. En otra ocasión fue Bengala Occidental y Bangladesh. Después Orissa y Gujarat. Y un tiempo largo en la ciudad de Calcuta con escapadas a Benarés.



Fotografia tomada por el fotógrafo Kushal Gangopadhyay en el puerto de Chittagong, Bangladesh.



Toni Catany hablaba francés pero no inglés, ni una palabra, y en todos esos años de viajes por países angloparlantes no llegó a interesarse ni en aprenderse los números por lo que siempre ejercíamos de traductores. Pero él se relacionaba estupendamente con la gente de la calle. Catany era él y su cámara. De repente andaba observando y, sin alejarse nunca mucho, desaparecía entre un grupo de personas que se le acercaban curiosas, les hablaba como si pudieran entenderlo en su mallorquín de siempre y con signos los colocaba frente a una pared que había descubierto, siempre escogida por sus colores o sus texturas, y los fotografiaba. Todos contentos y la sesión fotogtáfica era una fiesta agradable y relajada. Caminaba, observaba, se paraba, se sentaba, miraba a los que pasaban , les miraba a los ojos, sonreía con esa cara afable de persona mayor de pelo blanco, y ya los tenía en el bolsillo. Sin ruido, sin invadir, sin palablas, conseguía una complicidad amable y divertida. Cuando volvíamos a casa o al hotel, él volcaba sus fotos en el disco duro y escribía en su cuaderno las notas del día con su letra perfectamente regular, pequeña y limpia. 

Hacíamos las mismas fotos porque yo también llevaba una cámara, aunque la mía era de esas automáticas pequeñas, y pasábamos por los mismos lugares. Pero al revisarlas al final del día, una por una, mi foto no era más que una instantánea de turista tomada sin ton ni son y la suya era algo distinto porque, además del encuadre y de muchas otras cosas que él debía calcular, en su foto pasaba un hombre vestido de un estupendo color azafrán. Cuando yo había hecho el click aquel hombre o había ya desaparecido o todavía estaba por llegar. Y, siempre, o era un hombre, o una mujer, o un perro o un pájaro o la vaca, o el carro, siempre ocurría algo en el momento en que Catany hacía el click.

Nuestra complicidad se basaba en la afición que ambos teníamos por las telas. Disfrutábamos visitando bazares y tiendas de tejidos. Sedas, lanas, algodones, tejidos o estampados, bordados o anudados. Metros de tela para luego mandar al sastre de la esquina y encargarle una camisa, o un pantalón, o un pijama. Pañuelos y chales, fundas de cojín, manteles y servilletas. Como en Mallorca son típicos los tejidos de "llengos", conocidos en Oriente como Ikat, a Catany le gustaba encontrar nuevos colores y diseños de este tipo de tejido. También le gustaban las miniaturas pero le costaba encontrar alguna a su gusto entre el montón de piezas de ínfima calidad que hoy en día ofrecen los anticuarios.

Con el tiempo nuestros amigos indios de Calcuta se hicieron sus amigos y lo respetaban y querían aunque se entendieran poco con palabras. Al principio la relación no era facil porque Catany actuaba como un hijo único mimado y se negaba a desayunar lo que le ofrecían, una estupenda tortilla picante rellena de cebolla, ajo y guindilla, y quería lo de siempre, café con leche acompañado de tostada con mantequilla y mermelada. Cosa imposible de encontrar en una casa particular de una ciudad de la India. Con el tiempo ellos se acostumbraban a sus caprichos y él bajaba sus expectativas y, gracias a su cámara fotográfica que ejercía de mediadora, era finalmente aceptado y hasta muy querido.

Ana M Briongos, Toni Alsina, Toni Catany y Falguni Bhat en Ahmedabad, Gujarat, India. Foto de Ana M Briongos.

Desde que un día vio una fotografía del conjunto de templos jainistas de Palitana, Catany suspiraba por ir a visitarlos, le parecía el lugar más hermoso y extraordinario del mundo. Se presentó la ocasión de viajar a Gujarat y recorrer ese Estado occidental de la India con nuestra amiga Falguni y su familia. Como Palitana estaba en el recorrido se lo dijimos y se apuntó ilusionado, su sueño por fin se cumpliría. (Ver la entrada sobre Palitana en este mismo blog). Resultó que para llegar a los templos había que subir cuatro mil escalones. Empezamos a subir antes del alba después de contratar porteadores para que llevaran a la madre de Falguni y a Catany que no se veían con fuerzas para subir. Cuando llegamos arriba ya estaba el sol en pleno apogeo y los recintos se iban llenando de peregrinos que subían a cientos. El lugar era espléndido. Decenas de templos blancos se erguían como las crestas de un dinosaurio enorme de mármol. Pasamos allí el día pensando que Catany estaría haciendo fotos como un loco y disfrutando ante el espectáculo que ofrecían los peregrinos jainistas entre tantos templos. Como había mucha gente no nos extrañó no haberlo encontrado en ningún momento. Para que no se nos hiciera de noche, a media tarde iniciamos la bajada. Cuando llegamos abajo  lo encontramos triste y derrotado. Perdido arriba entre la multitud, sin sus acompañantes de siempre, se había asustado. Buscó a los porteadores que le habían subido y les pidió que le bajaran. Abajo le cobraron una barbaridad y se sintió humillado y estafado. Desamparado tuvo que esperarnos solo en un lugar feo donde nadie le entendía. Fue su gran desiludión. Después dijo que los templos no eran lo que él había imaginado, que no tenían ningún interés, que eran todos de yeso. Estaba enfadado y despechado. Los que habíamos subido andando nos sentíamos culpables por no haberlo hecho al lado de los porteadores pero bastante trabajo teníamos sin perder el ritmo si queríamos cubrir el objetivo de los cuatro mil escalones. No se habló más de Palitana. Hasta que un día, pasado más de un año, nos regaló la foto más hermosa que yo haya jamás visto. Era una foto que había hecho en Palitana. No hubo palabras cuando nos la dio. No se habló de Palitana. Estaba allí. Y era hermosa. Se lo agradecimos emocionados.



La fotografía lleva una dedicatoria: "Per en Toni i l'Ana, companys de viatge, que feren pujant a peu, els 4000 escalons que possibilitaren contemplar aquesta vista de PALITANA un dia de desembre de 2009" (Para Toni y Ana, compañeros de viaje, que subieron a pie los 4000 escalones que posibilitaron la contemplación de esta vista de Palitana un día de diciembre de 2009). Hoy está colgada en el recibidor de nuestra casa como recuerdo de una hermosa amistad.

17.9.12

Durga Puja en Kolkata


 
Los amigos bengalíes están preparándose para celebrar la Durga Puja. Desde que terminaron las fiestas el año pasado, en el barrio de artesanos de Kumartuli, en Calcuta, empezaron a preparar  las esculturas que se montarían durante las festividades del año siguiente. Estas esculturas tienen para mí una gran semejanza con las fallas de Valencia aunque en el caso que nos ocupa se trate de representaciones mitológicas donde aparecen dioses, diosas, animales y demonios, todos ellos personajes muy populares de la mitología hindú, en vez de políticos o celebridades mundanas. Al final de las fiestas las fallas se queman, en cambio los protimas de Calcuta van a parar al río donde quedan sumergidos.
 
La festividad conocida como Durga puja en la tradición hindú se celebra en otoño y las fechas son variables según el año. En 2012 las celebraciones van del 20 al 24 de octubre aunque desde el 15 hay ceremonias relacionadas con esta festividad. Es un festival en honor a la diosa Durga, un avatar de la divinidad femenina que se presenta cabalgando un león, el rey de los animales. Madre del Universo, Durga representa el poder infinito y es un símbolo del dinamismo femenino.

La Durga Puja se celebra con alegría en toda la India aunque es especialmente importante en Bengala y sobre todo en Calcuta, hoy llamada Kolkata. Dulces, cantos, bailes, regalos, visitas a parientes y amigos, recorrido por las calles para admirar los tandals o grandes grupos escultóricos realizados con paja y barro y pintados y decorados con vivos colores.

 
Las asociaciones de barrio, los grupos de comerciantes, los mercados, las corporaciones y empresas grandes y pequeñas, encargan a talleres de artesanos de Kumartuli su protima que se montará en su barrio o frente a sus oficinas antes de que empiecen las fiestas. Los ciudadanos recorrerán las calles en familia o entre amigos para admirar y valorar el resultado de meses de trabajo cuyo resultado es espectacular. Finalmente, el día 24, en procesión y a hombros, llevarán las instalaciones hasta el río sagrado donde serán sumergidas.

En Londres se celebra la Durga Puja desde 1963 con esculturas encargadas en Kumartuli a artesanos de renombre. Cada año llegan desde Calcuta y se monta el conjunto en la capital británica. Lo pagan ricos hombres de negocios indios residentes en Inglaterra. Todas las comunidades de bengalíes diseminadas por el mundo celebrarán su Durga Puja.
 

Algunos pandals famosos

Kumartuli Park lleva pocos años instalándose pero se ha hecho muy popular porque está en el barrio de los artesanos que producen todos los demás.

Bagbazaar es uno de los más antiguos de Calcuta, lleva unos cien años de instalaciones. Está en el N. de la ciudad cerca del río. Metro Shayambazar. Está cerca del anterior en Kumartuli.

College Square tiene una situación excepcional al lado del lago y se refleja en las aguas. Cuando está iluminado de noche es espectacular. Situado en Central Kolkata. 53 College Street. Cerca de la Universidad de Kolkata. Metro Mahatma Gandhi Road o Central.

Mohammad Ali Park. Es otro de los pandals que atrae mucho público. Está cerca del anterior en College Square.

Santosh Mitra Square se hizo famoso en 1997 por su temática novedosa. El trabajo artístico es excepcional. En Calcuta centro, zona Bow Bazaar. Metro Central.

Badamtala Ashar Sangha tiene más de 75 años y es muy querido por el público porque empezó siendo muy humilde y ha crecido hasta conseguir el premio a la creatividad en 2010. Está en el sur de Calcuta. Metro Kalighat o Rash Bihari Ave.

Durga Puja es el símbolo del espíritu y la cultura de los bengalíes que residen en diferentes partes del mundo. Durga es la Madre, una madre que visita anualmente a sus devotos llenando de alegría las casas y aportando buenas relaciones entre familiares, amigos y vecinos. Es tiempo de renovación. Todo el mundo siente un amoroso compañerismo, padres, hijos, parientes, conocidos, amigos, extranjeros, jóvenes, niños y mayores. La luz se abre paso entre las tinieblas, la esperanza sustituye a la desesperación, la bondad durante esos días supera envidias y recelos.
 
Pasados unos días de la Durga Puja, Calcuta celebrará la Kali Puja, en honor a su patrona la diosa Kali, otro avatar de la divinidad femenina, la gran destructora y a la vez la gran regeneradora. La terrible diosa negra que saca una lengua ensangrentada y se adorna con un collar de cabezas cortadas, tan querida por las gentes de Calcuta.

20.6.12

El puerto de Dhaka en Bangladesh

 
Hierros y reflejos en el mar.
¡Esto es Venecia! dice el fotógrafo Toni Catany cuando descubre el puerto de Dhaka.

Los marineros lavan la ropa y se duchan en las repisas al borde del agua de los grandes barcos de tres pisos y amplios ventanales que nunca se cierran a los que llaman ferrys o rockets..
Multitud de barcas, cruzan el río, vienen y van. ¿Será su forma alargada al estilo góndola, la que le recordó a Catany Venecia?

En medio del río un hombre se cose un botón de la camisa en la cubierta de su barca y cuando pasamos por su lado en nuestra barca alquilada, nos saluda sonriendo.


 
Los ferrys han llegado de madrugada y ahora están vacíos. Los marineros descargan y limpian. Se enjabonan. Bromean.

El puerto, cuando se pone el sol, es un hervidero. Los ferrys se van llenando. Las familias buscan un espacio en la plataforma donde acomodarse y pasar la noche. Extienden una sábana o una manta delimitando su zona. Algunos ya están acostados descansando. Hay abuelos y niños, padres y madres. Los vendedores de fruta fresca y frutos secos preparan sus tenderetes en medio del bullicio.


 
A la entrada de los muelles una furgoneta de la policía se para a nuestro lado, bajan dos policías de azul y detrás de ellos unos cuantos prisioneros con argollas en los tobillos de las que cuelgan pesadas cadenas de hierro que van hasta las argollas de las muñecas.  Pasan en fila india, cansinos, por el puente que da acceso a los muelles y desaparecen en el interior de uno de los barcos.
Desde las plataformas los marineros anuncian a voces el destino del buque: ¡Kulna! ¡Kulna! ¡Kulna! ¡Barisal! ¡Barisal!.
Si no dispones de billete porque no vas a embarcar pero quieres pasar el puente y acceder al muelle hay que pagar un ticket en la ventanilla de la estación marítima.
 
Una esfera roja que se va agrandando a medida que avanza la tarde desciende entre brumas hacia su escondite. En un país musulmán como es Bangladesh a la hora del crepúsculo hay que rezar. Los hombres alineados llenan las cubiertas de los barcos y hacen sus reverencias de cara a la Meca que aquí es en dirección al sol poniente. Sus caras y sus kurtas blancas resplandecen.
Dentro de poco habrá oscurecido y zarparán los barcos hacia sus destinos navegando por el gran delta que forman el Ganjes y el Bramaputra.
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20.2.12

¿Esto es Calcuta?


Cuando terminé de escribir el libro que ocurría en la capital del estado indio de Bengala occidental, tuve que buscarle un título y me decidí por ¡Esto es Calcuta!, entre signos de admiración, puesto que su protagonista regresaba a esa ciudad donde había vivido en su juventud, después de muchos años de ausencia, y al encontrarlo todo igual que cuando lo dejó, no pudo por menos que exclamar ¡Esto es Calcuta!

Pues bien, ahora al regresar yo de esa ciudad cuyo nombre han cambiado por Kolkata, debo modificar los signos de admiración y preguntarme ¿Esto es Calcuta? Lo que he visto ¿forma parte de la ciudad abigarrada y decrépita cuyos magníficos edificios antiguos sostenidos por columnas dóricas y corintias muestran, desconchados, sus grietas de donde emergen raíces que se deslizan como serpientes por las fachadas, plantas que florecen e incluso árboles?

Mirad las fotos, ¿diríais acaso nunca que esto es Calcuta?

Hace un par de años después de visitar la nueva ciudad de Gorgaun, novísima y esplendorosa ciudad satélite de negocios internacional, a la cual se llega en metro desde Nueva Delhi, la capital india, publiqué una entrada en este mismo blog que podéis leer más abajo. Ahora, después de regresar de Calcuta y haber visitado su barrio más moderno, la ciudad nueva o New Town como le llaman, deseo mostraros otro ejemplo del crecimiento económico de la India.

Parece ser que Calcuta que fuera durante mucho tiempo capital del Raj, la ciudad más importante del Imperio Británico después de Londres, y que quedó varada y decadente contemplando como otras ciudades indias como Bombay, Delhi o Bangalore crecían y se modernizaban, finalmente se ha subido al tren del boom económico y, dejando atrás treinta años de gobierno comunista en Bengala occidental, ha empezado el despegue.

El barrio de Rajarhat-Gopalpur, ahora New Town, está situado al noreste de Calcuta, cerca del  aeropuerto Subhash Chandra Bose Netaji y al lado del que hasta hace poco era el barrio más moderno, Salt Lake. Es un barrio industrial y residencial cuya idea surgió a finales de 1990 del entonces jefe del gobierno del estado de Bengala occidental, Buddhadeb  Bhattacharya. 


Se trataba de terrenos agrícolas cuyas expropiaciones, algunas todavía no cobradas por los campesinos, siguen levantando ampollas. Hay grandes avenidas con farolas y árboles y bloques de apartamentos de muchos pisos, enormes bloques de apartamentos. Algunos ya terminados y otros en construcción. Al lado de zonas perfectamente urbanizadas hay terrenos baldíos donde las vacas siguen paciendo cono si nada hubiera ocurrido, o campos cultivados por sus antiguos dueños que en vista de que no han cobrado la expropiación, ni se construye, han retomado las labores agrícolas.



 Me ha parecido una ciudad fantasma a pesar de que ya tiene una escuela de negocios, un hospital, centros comerciales con multicines, tiendas y restaurantes. Empresas multinacionales han instalado sus oficinas en nuevos edificios corporativos. Infosys, la multinacional de servicios tecnológicos de la información con base en Bangalore con 140 mil trabajadores, ya ha firmado y pagado a 11,400€/Ha por llevar adelante en esta ciudad satélite de Calcuta un proyecto inmobiliario en un área de 50 acres, algo más de 20 hectáreas. Lo mismo ha hecho otra multinacional india Wipro que se ha adjudicado otros 50 acres.

Grandes paneles de anuncios ofrecen pisos de lujo con aire acondicionado. Por ejemplo, en las dos torres del New Town Heights, los pisos tienen una superficie que va de los 122 m2 a los 322 m2 y los precios varían entre 69.300€ hasta 218.916€. Lo que supone  de 500 a 700 euros el metro cuadrado.

Hasta hace poco los servicios de agua y electricidad no estaban asegurados por lo que se hacía difícil ir a vivir a la nueva ciudad. Dicen que algunas zonas ya tienen el problema solucionado.

Para poder comparar, en Calcuta ciudad, en el barrio antiguo de Shyam Bazar, con el tranvía a cincuenta metros y el metro a tres manzanas, un piso nuevo cuesta unos 950 euros por m2.

Mientras circulaba por la New Town, en medio de sus flamantes edificios, me puse a pensar en lo mucho que se parece al boom del ladrillo que nos ha llevado a nosotros a la ruina. Claro que ya habíamos entrado en un proceso de estancamiento económico y allí, en la India, según dicen los expertos, están en pleno crecimiento. A mí me da vértigo.

Este tipo de viviendas unifamiliares, pisos donde se vive al estilo ocidental, el matrimonio con uno o dos niños, cambiará la manera de vivir de un sector de la nueva clase media formada por jóvenes profesionales la mayoría. Acostumbrados a compartir hogar con los padres, los suegros para la esposa, en la casa familiar llena de gente, las nuevas famillas que se independicen sentirán la libertad pero también la soledad del aislamiento.

V.S.Naipaul ya comentaba, hace años, esa situación cuando escribía en su libro, INDIA, sobre los nuevos barrios de Bombay y decía que las madres jóvenes que se trasladaban allí con sus familias, necesitaban en ocasiones de ayuda psiquiátrica para superar la depresión que les causaba el vivir en soledad, acostumbradas como estaban desde que nacieron a una casa llena de vida, con abuelos, padres, hermanos, tíos y primos. Puesto que la costumbre establece que cuando un hijo se casa lleve a su esposa a la casa familiar. Sin embargo la situación cambia si la mujer también trabaja, cosa que ya ocurre con frecuencia entre los matrimonios de jóvenes profesionales en la India.


Por las calles de la ciudad antigua todo sigue como si nada estuviera cambiando.