BLOG DE ANA M. BRIONGOS


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13.1.17

Visado para los EEUU, necesario, si has viajado a Irán

Necesitas visado para los EEUU si has viajado a Irán.



Queridos lectores:
Os escribo desde Berkeley, California, donde viajo una vez al año para visitar a mi nietecillo.
Esta vez no he podido entrar con el ESTA, permiso de entrada a los Estados Unidos de América que se tramita por Internet y te conceden casi al instante, porque había viajado a Irán. Los ciudadanos de la Unión Europea, con pedir el ESTA, entramos en EEUU, pero desde febrero de 2016, si has estado en alguno de los países que figuran en una lista, entre los que se encuentra Irán, debes pedir un visado.



Y ¿qué significa pedir un visado? pues que tienes que solicitar hora de entrevista en la Embajada de EEUU de tu país. Eso lo haces a través de la Web de la embajada. 
En el formulario que debes rellenar por Internet para pedir la cita, y que te lleva horas hasta que te aclaras con las instrucciones, no se menciona la razón (en mi caso haber viajado a Irán) por la que se solicita el visado. A este formulario hay que pegarle una foto, más horas de instrucciones y pruebas para que la foto sea exactamente como la quieren.
A mí me salió la cita para dos semanas más tarde, a primera hora de la mañana. Yo vivo en Barcelona por lo que tuve que desplazarme el día anterior a Madrid para poder estar en la embajada a la hora convenida. El viaje, junto con la tasa del visado, total, una pasta.
La entrevista fue agradable. La funcionaria de la embajada desde detrás de una ventanilla me preguntó por qué solicitaba un visado. Le dije la razón. Miró mi pasaporte y tiene al menos cuatro visados de la República Islámica de Irán.
 
-¿Por qué viaja tanto a Irán ?
Porque escribo libros sobre ese país.
Ah, qué interesante. Los buscaré para leerlos.
Yo llevaba un ejemplar de la nueva edición de “Negro sobre negro” para demostrar lo que afirmaba y se lo quise regalar. No lo aceptó y dijo que se lo compraría, mientras tomaba nota del título en un papel.
Tiene usted visado concedido con una validez de diez años.

¡Estupendo! a partir de ahora no tendré ni que pedir el ESTA.



En febrero de 2016 se aprobó una normativa según la cual todos aquellos que han visitado Irán en los últimos cinco años, necesitan visado para entrar en los EEUU. Eso ocurría durante la presidencia de Obama y después de que se hubiera firmado el acuerdo sobre temas nucleares con Irán. Resulta difícil de entender para los ciudadanos de a pie que no conocemos los entresijos de la alta política.

Tengo una amiga que había viajado una vez a Irán hacía cuatro años. Tuvo que ir con urgencia a Nueva York. Pidió un pasaporte nuevo en España para que no apareciera el visado de Irán, se sacó el ESTA y entró en EEUU sin problemas. Conozco a otra persona que tenía estampado el visado de Irán en su pasaporte y viajaba desde un país a otro haciendo escala en los EEUU y no la dejaron ni facturar, tuvo que cambiar de itinerario comprando otro billete de avión para no pasar por los EEUU.

Supongo que los sistemas informáticos de los EEUU no llegan hasta el punto de saber todas las personas que han visitado Irán, aunque sí deben conocer a aquellos, como yo, que hemos tenido una larga e intensa relación con ese país. Yo, desde luego, seguiría la norma en todos los casos por lo que pudiera ser.

Y hablando de sistemas informáticos, esta vez mientras estaba en la cola de inmigración del aeropuerto de San Francisco, el día 5 de enero, cansada después de muchas horas de vuelo, se colgaron los ordenadores que manejaban los funcionarios de inmigración y tuvimos que esperar más de una hora hasta que se volvieron a poner en marcha. Los viajeros sentados por el suelo. En San Francisco, al lado de Silicon Valley, donde están los máximos cerebros de la informática y las empresas informáticas más importantes del mundo, también se les cuelgan los ordenadores. 

7.7.10

Homa Tarzi y sus vestidos


Homa Tarzi, la mujer afgana de la cual he escrito en la entrada anterior, tuvo que empezar de cero cuando llegó a Nueva York con su pequeño hijo Sidiq. Huía de los bombardeos de Teherán y no podía regresar a su país, Afganistán, por la inseguridad que se produjo después de la invasión soviética y la posterior guerra civil. Estaba cursando un doctorado de literatura persa en la Universidad de Teherán cuando la conocí pues, como he contado, compartíamos habitación en una residencia de estudiantes de la capital iraní.

Recién llegada a América e instalada en el barrio de Queens de Nueva York, se dio cuenta de que para subsistir no podía confiar ni en sus dotes de poeta ni en sus conocimientos de literatura sino que debía encontrar trabajo inmediatamente. Como era una mujer emprendedora, con un buen gusto innato y conocimientos de costura, preparó unos papeles impresos a manera de tarjeta de presentación donde se ofrecía para coser botones, dobladillos y reformar vestidos y trajes.

Los repartió por los buzones del barrio y empezaron a aparecer clientes. Así comenzó una etapa de su vida, de silencio y trabajo, que ha durado muchos años .

De arreglar dobladillos pasó a diseñar sus propios modelos. Corrió la voz entre la comunidad iraní de Nueva York y en especial entre las mujeres de la comunidad judía iraní que empezaron a encargarle los vestidos que iban a lucir en bodas y fiestas.


Ella les hablaba en su propia lengua y además tenía la capacidad de aconsejarlas respecto al peinado, los zapatos y las joyas que debían llevar con este o aquel vestido. Incluso empezó a crear sus propios complementos. Así se convirtió en la consejera imprescindible, siempre discreta, educada, simpática y amable. Como sabía el modelo que iba a llevar en cada fiesta gran parte de las invitadas, procuraba a la hora de diseñarlos que no fueran parecidos, para que las señoras al encontrarse no tuvieran sorpresas desagradables. Los modelos de Homa eran secreto máximo, aunque todas la visitaban, ninguna veía ni sabía nada antes de la fiesta del modelo que llevarían las otras. Homa trabajaba de día y de noche. Contrató algunas mujeres para que la ayudasen. Creó decenas de vestidos que se pueden admirar ahora en su Web www.homatarzi.com.

Años después la descubrió uno de los dueños de Sacks Fifth Avenue y le ofreció ir a trabajar a su tienda de la Quinta Avenida. Allí se encargaba de la sección de alta costura y seguía creando sus complementos que vendían en el local comercial. Cuando alguna persona importante fallecía Homa era la encargada de escoger los modelos para los familiares, especialmente para ellas, y llevarlos al domicilio del finado antes del funeral. Atendió a familias de presidentes de los Estados Unidos, políticos importantes, directores y artistas de cine y multimillonarios famosos. Luego la contrataron en Armani y ha sido hasta hace poco la directora de todos los talleres de reformas que la firma italiana tiene en los Estados Unidos. Con decenas de mujeres costureras llegadas en su mayor parte de países sudamericanos bajo su responsabilidad, Homa consiguió un trato personal agradable, les dio la oportunidad de aprender y exigirse para llegar a la excelencia en los acabados, montó un escalafón de promoción y mejora de salarios y escuchó y trató de solucionar todos los problemas personales que le planteaban.
Últimamente está trabajando en Lord & Taylor, otra cadena de tiendas de moda de alta calidad.
Su poesía ha estado oculta desde que llegó a América. Ahora ha empezado a dar a conocer su secreto tantos años guardado, a través de su página en Internet. Su padre murió en Kabul porque, a pesar del desastre, nunca quiso salir de su país aunque aconsejó a sus hijos que se fueran. Su casa quedó abandonada durante las décadas de una guerra que todavía no ha terminado. Todo el sufrimiento por un país destrozado, por sus gentes, por un futuro incierto, está en la poesía de Homa, oculta, que quizá ahora vaya saliendo a la luz.

29.4.09

Los grafitis de La Mission en San Francisco


El barrio de Mission en San Francisco es la zona de la ciudad donde hay más inmigrantes latinoamericanos. Se habla español y los bares y restaurantes sirven tacos y otras delicias del sur.
Los murales decoran fachadas y paredes medianeras. Todos tienen su leyenda, su moraleja o su historia. Muchos de ellos son reivindicativos, otros homenajean a personajes famosos, como Cantinflas o Frida Kalho, o el obispo Romero.
En la zona donde actuan los gangs o las bandas callejeras y en la esquina en la que hubo hace pocas semanas una refriega con varios muertos, una mujer vestida con un mono de trabajo está pintando un mural en el que se dice: "NO más muertos".

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