En uno de mis últimos viajes a India pasé una temporada visitando Gujarat acompañada de mi amiga ceramista Falguni, nacida en la ciudad gujarati de Baroda, actualmente llamada Vadodara. En este blog hay varias entradas referentes al viaje: Palitana, Footing en Baroda, Las motoristas de Ahmedabad. Gujarat, situado al noroeste de la India, fronterizo con Pakistán, era el feudo del popular Modi, político del partido nacionalista hindú BJP, hasta que las últimas elecciones en India lo han elevado a Primer Ministro. La llegada de Modi al poder se ve como un revulsivo frente la inoperancia del último gobierno del Partido del Congreso. Modi es un buen gestor y lo ha demostrado en su Estado, Gujarat. Yo misma me quedé sorprendida ante las autopistas y excelentes carreteras y las grandes fábricas que encontrábamos durante el viaje. La India emergente estaba allí a la vista. La mala fama de Modi por su más que tibia actitud ante los acontecimientos anti musulmanes de 2002 que provocaron más de mil muertos en Gujarat, no ha representado un importante inconveniente para su fulgurante ascenso.
11.6.14
India, mercado emergido
En uno de mis últimos viajes a India pasé una temporada visitando Gujarat acompañada de mi amiga ceramista Falguni, nacida en la ciudad gujarati de Baroda, actualmente llamada Vadodara. En este blog hay varias entradas referentes al viaje: Palitana, Footing en Baroda, Las motoristas de Ahmedabad. Gujarat, situado al noroeste de la India, fronterizo con Pakistán, era el feudo del popular Modi, político del partido nacionalista hindú BJP, hasta que las últimas elecciones en India lo han elevado a Primer Ministro. La llegada de Modi al poder se ve como un revulsivo frente la inoperancia del último gobierno del Partido del Congreso. Modi es un buen gestor y lo ha demostrado en su Estado, Gujarat. Yo misma me quedé sorprendida ante las autopistas y excelentes carreteras y las grandes fábricas que encontrábamos durante el viaje. La India emergente estaba allí a la vista. La mala fama de Modi por su más que tibia actitud ante los acontecimientos anti musulmanes de 2002 que provocaron más de mil muertos en Gujarat, no ha representado un importante inconveniente para su fulgurante ascenso.
10.3.14
Toni Catany, el fotógrafo, el viajero, la persona, el amigo.
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| En Benarés con el fotógrafo Subhrajit Basu. Fotografía de Ana M Briongos. |
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| En Puri, Orissa, India. Fotografía de Ana M Briongos. |
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| En la boda de Subhrajit Basu y Ananya Dasgupta en Chittagong, Bangladesh. Fotografía de Ana M Briongos. |
| Ana M Briongos, Toni Alsina, Toni Catany y Falguni Bhat en Ahmedabad, Gujarat, India. Foto de Ana M Briongos. |
Desde que un día vio una fotografía del conjunto de templos jainistas de Palitana, Catany suspiraba por ir a visitarlos, le parecía el lugar más hermoso y extraordinario del mundo. Se presentó la ocasión de viajar a Gujarat y recorrer ese Estado occidental de la India con nuestra amiga Falguni y su familia. Como Palitana estaba en el recorrido se lo dijimos y se apuntó ilusionado, su sueño por fin se cumpliría. (Ver la entrada sobre Palitana en este mismo blog). Resultó que para llegar a los templos había que subir cuatro mil escalones. Empezamos a subir antes del alba después de contratar porteadores para que llevaran a la madre de Falguni y a Catany que no se veían con fuerzas para subir. Cuando llegamos arriba ya estaba el sol en pleno apogeo y los recintos se iban llenando de peregrinos que subían a cientos. El lugar era espléndido. Decenas de templos blancos se erguían como las crestas de un dinosaurio enorme de mármol. Pasamos allí el día pensando que Catany estaría haciendo fotos como un loco y disfrutando ante el espectáculo que ofrecían los peregrinos jainistas entre tantos templos. Como había mucha gente no nos extrañó no haberlo encontrado en ningún momento. Para que no se nos hiciera de noche, a media tarde iniciamos la bajada. Cuando llegamos abajo lo encontramos triste y derrotado. Perdido arriba entre la multitud, sin sus acompañantes de siempre, se había asustado. Buscó a los porteadores que le habían subido y les pidió que le bajaran. Abajo le cobraron una barbaridad y se sintió humillado y estafado. Desamparado tuvo que esperarnos solo en un lugar feo donde nadie le entendía. Fue su gran desiludión. Después dijo que los templos no eran lo que él había imaginado, que no tenían ningún interés, que eran todos de yeso. Estaba enfadado y despechado. Los que habíamos subido andando nos sentíamos culpables por no haberlo hecho al lado de los porteadores pero bastante trabajo teníamos sin perder el ritmo si queríamos cubrir el objetivo de los cuatro mil escalones. No se habló más de Palitana. Hasta que un día, pasado más de un año, nos regaló la foto más hermosa que yo haya jamás visto. Era una foto que había hecho en Palitana. No hubo palabras cuando nos la dio. No se habló de Palitana. Estaba allí. Y era hermosa. Se lo agradecimos emocionados.
La fotografía lleva una dedicatoria: "Per en Toni i l'Ana, companys de viatge, que feren pujant a peu, els 4000 escalons que possibilitaren contemplar aquesta vista de PALITANA un dia de desembre de 2009" (Para Toni y Ana, compañeros de viaje, que subieron a pie los 4000 escalones que posibilitaron la contemplación de esta vista de Palitana un día de diciembre de 2009). Hoy está colgada en el recibidor de nuestra casa como recuerdo de una hermosa amistad.
2.11.11
Footing al amanecer en Baroda, Gujarat, India
21.8.10
De qué hablo cuando hablo de correr. Palitana II. Pensamientos posteriores a la lectura del libro del mismo título de H. Murakami.
Correr hasta la meta que estaba a
De madrugada llegaba al pie del monasterio. Tenía 3950 escalones por delante y debía subirlos antes de que el sol llegara a su zenit y el calor fuera insoportable.
Puedo andar en terreno llano sin problemas distancias considerables pero las subidas me resultan penosas y se me acaba el soplo enseguida, parecía pues una empresa imposible.
Además iba calzada con unas chanclas que al poco de iniciar el ascenso me resultaron incomodísimas. Me fijé en los demás peregrinos: iban descalzos. Vi que el suelo era de cemento liso. Me quité las chanclas y seguí descalza. Siempre me ha gustado sentir el fresco suelo directamente en las plantas de mis pies.
Por suerte los escalones no eran altos ni regulares, unos más anchos que otros y en algunos tramos el camino era ascendente pero liso lo que propiciaba cambios en el ritmo y por lo tanto que el ascenso fuera menos aburrido.
Después de subir unos trescientos escalones ya no podía respirar. Como había empezado el camino dudando de mi capacidad física, el hecho de no poder más tan pronto no hacía sino confirmarme que aquel objetivo era para mí imposible de conseguir. Pero seguí subiendo con la ayuda del bastón que había alquilado y los ánimos que recibía de los que subían a mi lado, tan poco entrenados como yo, jóvenes, maduros e incluso viejos, delgados y gordos, todos movidos por una fe de la que yo no gozaba y que a ellos les aseguraba la llegada allí donde los templos y la divinidad les estaba esperando. Superé con dificultad los 500 primeros escalones. Cuando pasé el 1000 marcado en la piedra me pareció que no llegaría mucho más lejos, Pero pisé el 2000 y sorprendida vi que seguía adelante. El cambio se produjo en el 2500, entonces traspasé la pared de piedra que decía Murakami, a partir de aquel momento subía con facilidad, sin pensar, escalón tras escalón, a buen ritmo, sin parar, sin acelerar, como una máquina bien engrasada, hasta el final, allí en la cima donde un bosque de templos blancos todavía vacíos de fieles me reservaban una visión extraordinaria. En aquel momento tenía la sensación de que hubiera podido seguir subiendo hasta Dios sabe dónde.
Los peregrinos que iban llegando tenían rituales que cumplir para complacer a sus dioses, bañarse, cambiarse de ropas, hacer ofrendas, orar… yo solamente observaba, mi objetivo se había cumplido ya por el hecho de haber llegado. La satisfacción me inundaba, el espectáculo me fascinaba. Los músculos descansaban y la mente también.
El descenso fue fácil, relajado y alegre.
Respecto al hecho de escribir como contrapunto al hecho de correr, como hace Murakami en su libro, me da que pensar. Se trata de empezar: lo que se entiende por “ponerse”. Escribir la primera frase, el primer párrafo. La pereza mental se ha instalado en mi cerebro. Soy una perezosa mental, y en muchas épocas de mi vida, ahora mismo, prefiero limpiar la casa, cocinar, preparar conservas con recetas exóticas o ir a la compra, antes que escribir. Cuando estudiaba el bachillerato me ocurría algo así. Me daba pereza seguir pensando en cómo se resolvía un problema. Si no salía a la primera, fuera. En cambio había quien al día siguiente por la mañana tenía la solución, había estado pensando en ello toda la noche y lo había conseguido, estaba feliz, tenía músculo mental, lo entrenaba y llegaba al objetivo que era: resolver el problema. No está nada mal la vida contemplativa, de hecho la disfruto a cada momento pero también sé que estar inmersa en la escritura de un libro es algo excitante, una aventura envolvente y fantástica.
En vista de que llegué a subir a Palitana y de que a Murakami le va muy bien lo de correr para poder escribir, vaya, que le es imprescindible correr como mínimo sesenta kilómetros todos los días para poder seguir escribiendo, he tomado la decisión de volver a la disciplina, hacer las 20 piscinas tres días a la semana, o quizá todos los días, bueno, no pienso nadar ni sábados ni domingos, faltaría más, y sentarme seguidamente en el ordenador a escribir.
¿Será esta una nueva etapa? El tiempo lo dirá.
He comentado el libro con mis amigos. A Fernando no le ha gustado nada, dice que le parece una aberración tener que disciplinarse tanto a estas alturas de la vida. A Marta le ha gustado y está muy contenta porque ella no tiene que hacer tanto esfuerzo para conseguir todos los objetivos que se propone en su vida profesional de ejecutiva creativa. A cada lector le afecta el libro a su manera y a todos les hace pensar en su propia situación, en su manera de enfrentarse a los retos que se presentan, en su filosofía vital. Interesante.
30.7.10
Palitana, conjunto de templos en Gujarat, India.
Palitana era el objetivo del último viaje a
Aprovechamos que nuestra amiga Falguni estaba en Baroda en casa de su madre para iniciar desde allí la excursión por el Gujarat. El viaje en coche hasta la ciudad de Palitana es largo y pesado aunque las carreteras en ese estado occidental de
La salida matutina debía hacerse todavía de noche para poder empezar el ascenso antes de que amaneciera y así llegar a la cima cuando el sol todavía no calentara demasiado. Era invierno, la mejor época del año para viajar a las zonas calurosas de la India.
Más de tres mil quinientos escalones llevan a los templos, dicen que hay exactamente tres mil novecientos cincuenta.
Nuestra llegada en coche al lugar donde empieza el ascenso provocó un revuelo exagerado, hombres con palos se empujaban unos a otros de manera que con el gentío y la oscuridad, no sabíamos si nos querían apalear, pues nos empujaban y gritaban. Falsa alarma, se trataba de porteadores que nos querían subir cuestas a cambio de unos cientos de rupias.
Llegamos con dificultad a la oficina de acogida donde dan permiso escrito para hacer fotografías. Luego alquilamos cada uno la caña o bastón de peregrino que nos ayudaría en la subida. Yo no iba bien calzada para el camino y mis chanclas me hacían tropezar. Como observé que la gente subía descalza y el terreno era de cemento liso, me las saqué. Descalza se caminaba mejor. Así llegué hasta la cima sin dificultad y con los pies en perfecto estado.
El ascenso es una maravilla. Mientras va clareando se ven, allá abajo, la llanura y el río sumidos en brumas evanescentes. Un sol rojo rojísimo aparece en el horizonte y va subiendo con nosotros. Charlas entre peregrinos, ambiente alegre y distendido, tramos de camino llano con bancos de piedra donde descansar y comentar con los que se sientan a tu lado. Familias enteras hacen la subida, los niños corretean y los abuelos más abuelos se hacen subir por los porteadores. Vienen de Bombay o de Ahmedabad o incluso de lugares mucho más lejanos, en
Los templos de Palitana constituyen un centro de religioso jaín visitado diariamente por cientos de peregrinos que suben andando pues no hay carretera. El conjunto está formado por unos setecientos templos que se han ido construyendo durante novecientos años, el más antiguo data del siglo XI. Pegados unos a otros forman un laberinto de piedra, mármol y yeso.
Llegados a la cima, hombres y mujeres se separan y entran en los respectivos centros de aguas donde se bañan y se cambian de ropa. Lo más sorprendente es verlos a ellos preparados para entrar en el templo y hacer las ofrendas, vestidos con unos metros de tela al estilo sari femenino, algunos de color liso otros de colorines, y con un bolsito bordado con abalorios colgando del brazo. Además llevan la boca tapada con un pañuelo.
Si cuando llegamos, el conjunto de templos está desierto, y solamente los que allí trabajan dan con sus vestimentas amarillas color a los espacios de piedra, al cabo de unas horas está lleno de fieles, deambulando, haciendo colas para entrar en los templos más importantes o simplemente descansando sentados en el suelo o en las escaleras que conducen a otros muchos templos. Carruajes de plata tirados por caballos de plata tirados a su vez por hombres de amarillo conducen a los peregrinos a dar vueltas por el patio del templo principal.
Sentados a la sombra de un porche sostenido por barrocas columnas de piedra contemplamos durante horas el bullicio de las gentes y el ondear de los gallardetes de colores sujetos a las lanzas que culminan las cúpulas estilizadas de los templos.
31.3.10
Las intrépidas motoristas de Baroda y Ahmedabad
En Baroda y Ahmedabad, dos grandes ciudades de Gujarat, en la India, está de moda entre las muchas jóvenes que se mueven en moto por las calles llenas de tráfico, el llevar la dupata o chal colocado de manera que solo se les ven los ojos. Así se tapan la boca y la nariz para no tragar los gases contaminantes que despiden los tubos de escape y a la vez protegen su pelo de la suciedad. No se trata del velo o hejab de las mujeres musulmanas, nada de eso, estas chicas son hindúes o jaines y también las habrá musulmanas. Pero en la calzada y sobre sus velomotores todas van embozadas. Lo curioso es que los chicos motoristas no se tapan la boca con un pañuelo, parece ser que a ellos no les importan los gases.









