BLOG DE ANA M. BRIONGOS


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16.2.23

Feria del libro de Calcuta 2023



1196724833096242582 Enlace al artículo de este bloc que escribí en 2007 sobre el mismo tema.

Hace muchos años estuve en la Feria del libro de Calcuta, ahora Kolkata, cuando todavía tenía lugar en el Maidan, el gran parque que se encuentra en el centro de la ciudad. Ahora se ha trasladado a las afueras, a un barrio llamado Salt Lake. En aquella ocasión me acompañaban el profesor José Paz, gran experto en Rabindranath Tagore, escritor, y pedagogo bengalí que fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1913, y mi madre, Luisa Guadayol, ambos ya fallecidos.

Entonces estaba yo escribiendo mi libro ¡Esto es Calcuta! y vivía en un pequeño apartamento alquilado del barrio de Rabindra Sarobar. Ubicado en la azotea de un edificio de pisos, tenía una gran terraza desde donde disfrutaba observando la activa e interesante vida que se desarrolla en las azoteas de Calcuta. La ciudad me fascinó.


Inauguración de la 46 Feria del libro de Kolkata, 30 de enero de 2023.

Este año el país invitado ha sido España y aprovechando nuestro viaje a Calcuta, he tenido la oportunidad de volver a visitar la feria e incluso a participar en ella. La inauguración corrió a cargo de la ministra jefe de Bengala Occidental, Mamata Banerjee, siempre de sari blanco con ribetes azules. Poderosa mujer que ha creado su propio partido y cuya efigie está presente en todas las calles de la ciudad, en centenares, miles de anuncios. Los anuncios de gran superficie que se ven cuando circulas por las carreteras y las calles de la congestionada ciudad, se resumen en tres categorías: 1-Mamata Banerjee, 2-pisos en venta en altos edificios modernos y lujosos y 3-joyas recargadas de oro y brillantes que lucen hermosas modelos.


Toni Alsina, Ana Briongos, Gonçal López-Nadal, Oscar Pujol director del Instituto Cervantes en Delhi y José María Ridao embajador de España.

El día 3 de febrero, organizado por el Departamento de Cultura del Gobierno de Bengala Occidental, Gonçal López-Nadal profesor emérito de la Universitat de les Illes Balears y yo tuvimos la oportunidad de dar una charla en el pabellón de España sobre nuestra relación con la India y concretamente en mi caso con Calcuta. Tuvimos un presentador de lujo, el editor Agustí Paniker de Editorial Kairós. Gonçal López-Nadal habló de Joan Mascaró gran sanscritista y traductor del Bhagavad Gita al inglés y de Antoni Binimelis, precursor del hispanismo en la India y fundador del Departamento de Lenguas de la Jawaharlal Nehru University JNU New Delhi. Nos acompañó como asistente al acto Albert Padrol, co-fundador de la librería Altaïr, que también estaba en Calcuta esos días.


Charla en el pabellón de España, Gonçal López-Nadal, Ana Briongos y Agustí Paniker.

2,6 millones de visitantes ha tenido este año la feria y las ventas han alcanzado los 250 millones de rupias, casi 3 millones de euros. Ha habido 950 stands aparte de los 70 que agrupaba el pabellón de Bangladesh. El pabellón de España era el principal por ser España el país invitado, con un extenso programa de eventos.



¡Esto es Calcuta! en la exposición.

Aunque es una feria internacional con la presencia de 20 países y donde las grandes editoriales en lengua inglesa tienen sus stands, la mayor parte de los libros que se exhiben son en bengalí, lengua  propia de Bengala Occidental y Bangladesh, Tripura y alguna región de Assam y la segunda más hablada de las 22 lenguas oficiales de la India, después del hindi, con aproximadamente 228 millones de hablantes nativos y 37 millones como segunda lengua. La literatura bengalí tuvo un gran florecimiento durante lo que se conoce como Renacimiento Bengalí. Su máximo exponente es el venerado escritor, pedagogo, compositor y pintor, Rabindranath Tagore.
Como escribí en el artículo de 2007 cuyo enlace está al principio de este artículo, cuando Alemania fue el país invitado, tuvo a Gunter Grass como escritor representante. España en ninguna de las dos ocasiones en que ha sido país invitado (2006 y 2023), ha tenido a una figura realmente importante y conocido de nuestra literatura como representante. 

31.1.22

1996 primer viaje del fotógrafo Toni Catany a la India






Hace veinticinco años del primer viaje de Toni Catany a la India.

La catalizadora de aquel viaje fue nuestra amiga común Luisa Rubio, a la que pocos años  antes habíamos acompañado a Irán, Toni Catany y yo, donde ella iba a reencontrarse con Behrooz, su marido iraní, después de años de separación debido a la Revolución y a la guerra. Luisa fue quien nos presentó a Ravi, el amigo indio de Behrooz, y a su esposa Vinu, que vivían en Londres.


A finales de 1996, Ravi Khosla y Vinu querían celebrar su 25 aniversario de boda con un viaje por la India y nos propusieron acompañarles.


En noviembre de ese año salimos Toni Catany, mi marido Toni Alsina y yo, de Barcelona;  Luisa y Behrooz de Teherán; Ravi y Vinu de Londres y nos encontramos en la casa de los padres de Ravi en Nueva Delhi donde también vivían el hermano de Ravi, su esposa y los hijos jovencitos. Nada más llegar, Catany se hizo confeccionar unas camisas con telas de algodón estampado y un chaleco de lana negro al estilo Nehru, le encantaban los tejidos. Los mercados y las calles llenas de gente y de rickshaws de la ciudad vieja le fascinaron. En la esquina desconchada de un antiguo monumento fotografió al joven del gorro, fotografía que luego hemos visto en publicaciones y exposiciones.





Sentados todos en la amplia cama de los abuelos, uno de los puntos de reunión de la casa, Ravi nos explicó el viaje que había preparado, a la vez que Catany hacía retratos a los miembros de la familia.

 

Salimos de Delhi en tren hasta Jaipur y allí tomamos el Palace on Weels, un tren de lujo formado con los vagones de los antiguos maharajás, que hace un recorrido por el Rajastán parando en diferentes estaciones, desde donde visitamos las ciudades y monumentos más importantes así como el desierto fronterizo con Pakistán, donde Catany fotografió al camellero de los pendientes.




Después volamos a Madrás, hoy Chennai (Tamil Nadu), y participamos en la peregrinación a Tirupati (Andhra Pradesh), un monasterio, el más rico de la India, situado en lo alto de una montaña rodeada de niebla. A las cuatro de la madrugada nos habían concedido la entrada al templo. Era negra noche y teníamos que ir descalzos desde el hotelito para peregrinos, donde las familias ocupaban por horas las habitaciones mientras esperaban el turno de entrar en el templo. La humedad era intensa, las mantas en las camas estaban mojadas, nadie las cambiaba, y para poder dormir tuvimos que hacerlo sobre papeles de periódico. Andábamos a oscuras con los pies hundidos en el barro, esquivando ratas, mientras unos altavoces llenaban el espacio con cantos que nos parecían inquietantes. La cola para entrar al templo se hacía entre rejas en un recorrido helicoidal, finalmente pudimos entrar empujados por monjes obesos con la cara pintada de blanco y de amarillo y el torso desnudo. Todo era fantasmagórico. La cola se iba apretando cuando nos acercábamos a la divinidad, el Señor Venkatwara, una figura vestida con brocados y cubierta de flores, a la que casi no pudimos ver debido al agobio causado por el fervor de los peregrinos.


Visitamos después Mahabalipuram y sus antiguos templos de los siglos III-VII, de granito, excavados en la roca, y las playas cercanas donde Catany recogía caracoles y conchas que después utilizaría en sus altares profanos.





Toni Catany no hablaba ni una palabra de inglés, no sabía decir ni los números, así que teníamos que ayudarle siempre para hacer las transacciones en las tiendas, pero cuando se trataba de tomar fotografías no tenía ningún problema con la lengua. Se acercaba discretamente a quien quería retratar, le hablaba en puro mallorquín y sorprendentemente aquella persona hacía lo que Toni le decía que hiciera.


Volamos a Bangalore (Karnataka) ciudad puntera de la informática, donde nos encontramos con personajes vestidos de Papa Noël y de Micky Mouse, se acercaba la Navidad. 


Seguimos viaje hacia Trivandrum (Kerala), descansamos en la playa de Kovalam donde los pescadores arrastraban las redes llenas de peces relucientes que todavía saltaban. Las barcas y los peces fascinaban a Catany. Al atardecer se refugiaba en casa del anticuario donde disfrutaba entre tankas tibetanos, cadenas de plata, miniaturas y escogía y compraba objetos de buen gusto para sus amigas. Siempre se acordaba de sus amigas.


Por último embarcamos para navegar hacia el norte por los backwaters de Kerala. Las noches en el pequeño barco eran oscuras y silenciosas pero al amanecer se despertaba la vida en la selva y nos ofrecía un concierto emocionante.


Al llegar a Barcelona Toni Catany preparó tres álbumes con las fotografías del viaje que consideró más adecuadas y nos regaló uno a cada pareja. Aún no se había pasado al sistema digital y tenía que revelar e imprimir las fotografías.


Después de aquel viaje siguieron otros dos para asistir a las bodas de los hijos del Ravi en Delhi, en las que aprovechamos para visitar diferentes estados del norte de la India.


Los tres últimos viajes fueron a Calcuta, ahora Kolkata (Bengala Occidental), donde yo había pasado largas temporadas para escribir el libro ¡Esto es Calcuta! y donde conservo muy buenos amigos. Aprovechando la proximidad viajamos a Bangladesh. En Daca le robaron la Leica digital que acababa de comprarse, se lo tomó bastante bien, las emociones del viaje le hicieron olvidar el disgusto inicial. También hicimos una escapada al Gujarat para visitar los templos de su sueño, Palitana. Aquella visita resultó una decepción para él, la historia es larga de contar, pero de allí salió una de las mejores fotografías, en mi opinión, que ha tomado Toni Catany.


Él y yo pasamos una Navidad en Calcuta y un enero en Benarés donde hacía un tiempo endemoniado y un frío extremo.

 

En Calcuta se relacionó con fotógrafos del país con los que compartía largos paseos fotográficos. Los amigos bengalíes lo amaban, los retrataba a todos y les llevaba al siguiente viaje copias de gran tamaño para enmarcar. En sus casas siguen colgando de la pared las fotografías familiares tomadas por Toni Catany.


Para saber la historia del viaje a Palitana leer en este mismo blog:

http://pasionviajera.blogspot.com/2014/03/toni-catany-el-fotografo-el-viajero-la.html


17.9.18

Jorasanko o la historia de la casa de los Tagore y sus mujeres en Kolkata, India.







Este verano, entre julio y agosto he estado en Kolkata, India. Era época de monzón y todos los días, a intervalos, caía una intensa cortina de agua que dejaba encharcadas las calles, algunas de de las cuales se convertían en ríos caudalosos. El intenso calor húmedo hacía que la piel nunca se secara y los ventiladores volteaban permanentemente, de día y de noche.

Refugiadas en el estudio de mi amiga la escultora y ceramista Falguni Bhatt, reguardadas de la lluvia pero contemplándola caer en el patio del estudio cuyas paredes ennegrecidas por el musgo y agrietadas, alojan las raíces de plantas, incluso árboles, que crecen y florecen arrapados al muro, hablábamos de libros.
Me recomendó con vehemencia un libro que había leído hacía poco: Jorasanko, de Aruna Chakravarti. “En este libro se cuentan 200 años de historia de las mujeres de la casa de los Tagore”. 
Una historia nunca contada en profundidad pues siempre se habla de los hombres de esa poderosa familia, especialmente del laureado Rabindranath Tagore, primer Premio Nobel de Asia (1913


Rabindranath Tagore

Me empezó a interesar Tagore y su familia a partir del momento en que me instalé en Calcuta, hace años, para escribir mi libro ¡Esto es Calcuta!. La fotografía de Rabindranath aparecía por doquier, aquel personaje alto y delgado vestido con una túnica que le cubría hasta los pies, de piel oscura y larga melena y larga barba blancas, estaba presente en tiendas, en casas particulares, en calles y plazas. Sus canciones, compuso miles de ellas, se oían en la radio y las cantaban los niños en la escuela. Además, como cuento en el libro, mi madre, profundamente afectada por los terribles acontecimientos vividos durante la guerra civil española, sólo veía un resquicio de luz leyendo a Tagore en las ediciones de la época, en castellano y catalán. Por lo que ya visto desde Calcuta, se cerraba para mí un círculo tagoriano familiar.

Corrí a comprarme el libro Jorasanko que me recomendaba Falguni.
Jorasanko es el nombre de la casa familiar de los Thakur o Tagore como les llamaron los ingleses, la familia más rica y famosa de la época colonial británica. Situada en el centro antiguo de la ciudad, hoy alberga una universidad, lo que da idea de su tamaño.
Los Thakur habían llegado a la zona próxima al nuevo puerto de Calcuta desde otra región de la India pero como eran brahmanes y, por lo tanto, letrados, fueron invitados por los pescadores de la zona para hacer de intermediarios con los ingleses, los nuevos amos, con los que no había manera de entenderse. De este modo se convirtieron en los primeros estibadores y empezaron a hacer fortuna.


Dwarkanath Tagore.jpg
Dwakarnath Thakur

El más conocido de la saga Thakur fue Dwakarnath, abuelo de Rabindranath. Un riquísimo hombre de negocios que llegó a tener empresas de seguros, plantaciones de índigo, barcos, e incluso fue recibido por la reina Victoria de Inglaterra. En su casa se celebraban las fiestas más suntuosas de la ciudad de Calcuta, donde los invitados británicos comían y bebían, aunque él, estricto practicante en materia alimenticia de la tradición hinduísta, no comía nunca con ellos.
A los quince años lo casaron con Digambari, una niña de cinco y, como mandaba la tradición, ella fue a vivir desde ese mismo momento con la familia de su marido, los Thakur de Jorasanko.
Tuvieron tres hijos varones, el mayor de los cuales Debendranath, poco aficionado a los negocios se hizo predicador de una nueva secta del hinduísmo, monoteísta e iconoclasta, que había fundado un amigo de su padre ayudado financieramente por el mismo, la Brahmo Samaj.

A Debendranath lo casaron con Sarada Devi y tuvieron nueve hijos y cinco hijas. Rabindranath, el futuro premio Nobel, era de los pequeños. 

Cuando empezaron a casar a los chicos adolescentes, la casa de Jorasanko se llenó de nueras-niñas que se educaban junto con las hijas y los hijos de su edad y participaban en sus juegos. Estas niñas, ricamente vestidas, maquilladas, perfumadas y cargadas de joyas como unas preciosas muñecas, llegaban en palanquín totalmente escondidas dentro de sus cortinas. Nadie las veía hasta que estaban en el interior de la mansión de Jorasanko. Allí se les adjudicaban unas habitaciones y unos criados o criadas y crecían y se educaban como todos los niños de la familia. Correteaban por sus patios y jardines hasta que llegaban a la pubertad y accedían a la condición de esposas. Eso sí, las mujeres nunca salían de Jorasanco y si lo hacían debía ser totalmente tapadas y escondidas dentro del palanquín. Los maridos, iban y venían según lo necesitaban por sus estudios en la India o en el extranjero o porque la administración de sus extensas propiedades rurales así lo requería.


Jorasanko
En Jorasanko, como es de suponer pasaban muchas cosas. Había que saber buscarse complicidades y organizar estrategias para poder sobrevivir, sobre todo las mujeres. Había maridos buenos y maridos malos. Incluso los había con problemas mentales y reales maltratadores. Pero las esposas habían sido educadas desde su más tierna infancia con la idea de que su destino era el de servir incondicionalmente al marido, sin una queja, pasase lo que pasase. Así que una de las jóvenes esposas empezó a aparecer frecuentemente con heridas y moratones. Siempre daba una excusa como explicación, y nadie se atrevía a rechistar porque el padre-gurú de la familia no quería aceptar que un hijo suyo fuera un maltratador, hasta que un día el marido le dio una paliza de tal envergadura que la dejó tendida, inconsciente y cubierta de sangre en uno de los pasillos de la casa donde fue encontrada por otra nuera y su marido al día siguiente. El marido maltratador fue finalmente internado en un centro para dementes pero volvía de vez en cuando con la convicción general de que estaba curado y se metía en la habitación de su joven esposa que lo recibía aterrorizada pues presentía lo que iba a ocurrir, que por cierto, no tardaba en ocurrir.

En Calcuta, entonces capital del Imperio Británico en la India, estamos hablando del siglo XIX, se estaba produciendo una verdadera revolución cultural y social debido a la hibridación entre la cultura, las ideas y las costumbres de Inglaterra y de la India. Aparecieron poetas, novelistas, dramaturgos, músicos, pedagogos y reformadores sociales y religiosos entre las élites indias que estaban en contacto con los británicos, sus gobernantes. La ciudad bullía. En Jorasanko se publicaban revistas, se representaban obras de teatro escritas por algún miembro de la familia, en que los actores eran ellos mismos, al principio solo actuaban los hombres que también representaban los papeles de mujer, hasta que las mujeres reivindicaron su derecho a actuar y lo consiguieron. También había conciertos y exposiciones de arte pues entre los chicos Thakur había buenos músicos y excelentes pintores. Las mujeres que vivían inmersas en este ambiente artístico y cultural empezaron a escribir e incluso alguna se hizo cargo durante años de la publicación de las revistas que allí se producían. Las que habían llegado niñas a Jorasanko habían ido creciendo y habían adquirido cada una su personalidad de jóvenes adultas, algunas con la determinación de introducir cambios en la estructura férrea de la familia. Una de ellas, Genu, esposa de Satyendranath, llegó a convencer a su marido para acompañarlo cuando fuera destinado como funcionario británico a otra ciudad de la India e incluso se desplazó a Inglaterra antes que él y preparó todo lo necesario para poder vivir en aquel país cuando él llegara. Los tiempos estaban cambiando.


Rabindranath Tagore
Kadambari
Mientras tanto en Jorasanko se desarrollaba una trágica historia de amor entre Rabindranath y su compañera de juegos y amiga desde la infancia, su cuñada Kadambari. Ella era la que leía sus primeros escritos y le animaba a seguir adelante con su vocación de escritor. Años después, en 1913, él recibiría el premio Nobel de literatura.

Pero, queridos lectores, no voy a contarles más. Lean este libro interesantísimo y vean Charulata, la magnífica película del oscarizado director bengalí Satyajit Ray, para saber qué ocurrió.

La autora de este libro Aruna Chacravarti es una profesora universitaria jubilada, investigadora, escritora y traductora, galardonada con prestigiosos premios.






25.8.16

Los pioneros del té (2). Los jardines de té de Darjeeling



A mediados de la década de 1850 se inició el cultivo de té en Darjeeling, una región montañosa situada al noreste de la India. Los trabajadores eran nepalíes, los ghorkas, y hoy siguen siendo ellos los que trabajan en la industria del té, a la zona la denominan Ghorkaland. 


Hasta que se construyó la carretera y el ferrocarril, los porteadores a pie o a caballo transportaban la carga por caminos difíciles de transitar, montaña abajo hasta Siliguri y luego por el río o por carretera llegaba al puerto de Calcuta. Pero entre 1861 y 1869 se construyeron dos carreteras que se van cruzando hasta 132 veces y que siguen siendo hoy en día una maravilla de la ingeniería de montaña. Poco después se construiría el Darjeeling Himalayan Railway, uno de los trenes más maravillosos del mundo que se desplaza desde Siliguri hasta la ciudad de Darjeeling siguiendo el trazado de la carretera.

Para iniciar el cultivo hubo que talar la selva y que luchar contra los osos, los tigres y las cobras, con la azada y los pies descalzos. Era un trabajo durísimo y muy peligroso.


En la actualidad el té constituye una industria floreciente en la India. Como es un país consumidor, solamente exporta un 20% de su producción, el resto se distribuye en el mercado interior. 
Las regiones frías del nordeste de la India solamente producen de marzo a diciembre, en cambio las que están cerca del ecuador como el Sur de la India, Sri Lanka (Ceylán), Uganda o Indonesia, recogen durante todo el año.


Para visitar las plantaciones de unos amigos de Calcuta, en 2009 volé a Siliguri y desde allí por la carretera que asciende hasta Darjeeling llegué a la casa donde se alojan durante parte del año, situada muy cerca de la estación de Gayabari, del famoso tren. Las fotografías de la casa dan una idea más apurada que cualquiera de mis explicaciones.


En el Hindustan Times hay una sección titulada Tea Times donde se dan las cotizaciones del día anterior. Especifican tres categorías: CTC, es decir, cut, tear and curl (cortar, rasgar y rizar), Orthodox y Dust. Las dos primeras son maneras diferentes de procesar las hojas y Dust, como su nombre en inglés indica, es el polvo resultante, mucho más barato. Los ingleses más estrictos solo compran Orthodox y dicen que el CTC es para los supermercados, en cambio en Orienté Medio les gusta el CTC. No por ello el Orthodox es siempre más caro que el CTC, pues todo depende del lugar de procedencia, de la época del año, de la partida.


Una de las plantaciones de los amigos que visité, jardines de té les llaman ellos, ocupaba 1500 Ha., producía 1,5 millones de kilos al año, tenía 1500 trabajadores que vivían en la plantación con sus familias lo cual representaba una población de 6000 personas. Había escuela primaria, 1 médico, 3 enfermeras, 2 comadronas y habían organizado un teaching family plan para conseguir que las familias no tuvieran más de 3 hijos. Los trabajadores no tenían seguridad social estatal pero la educación y la salud de la comunidad era responsabilidad de los dueños de la plantación, que en este caso y posiblemente una excepción, forman parte de la sociedad culta de Calcuta, seguidores de las enseñanzas humanistas de Rabindranath Tagore. También tenían organizado un plan para la jubilación. 


Según me contaron, hace años había salarios de niños, de adolescentes y de adultos, después quedaron los de adolescentes y adultos y desde hace un tiempo solo se contratan trabajadores mayores de 18 años. 
Los campos de té que visité estaban en un terreno plano y había árboles que proporcionaban sombra a las plantas. Las mujeres recogían las tres hojas finales de cada rama, unos 26 kg por persona y día.


Los colores de sus sacos de tela a la espalda y sostenidos desde la cabeza eran rosa, malva, azul cielo, blanco, y vistos desde la lejanía eran puntos de color en una inmensidad verde brillante.
Esté té se manda, una vez procesado, a Siliguri para ser subastado. En la India hay seis centros de subastas desde que se iniciaron en 1861 en Calcuta (hoy Kolkata), en Guwahati, Cochin, Coonoor, Coimbratore, Calcuta y Siliguri. En el resto del mundo las hay en Colombo, Chittagong, Mombasa, Yakarta y Limbe. Las subastas de Londres se clausuraron en 1998, después de 300 años, porque hoy en día ya no tenían razón de ser. Ahora se celebran cerca de los lugares de producción debido a la facilidad para desplazarse, sin embargo todo está cambiando puesto que ya hay subastas en Internet.


De regreso a Calcuta asistí a un día de subastas en J. THomas & Co. Desde una tribuna acristalada de un piso superior veía la sala en semicírculo y escalonada donde los compradores alemanes, ingleses, rusos, americanos, japoneses e iraníes, algunos de grandes empresas como Unilever o Tata Tea, pujaban por las partidas que les interesaban. Unos días antes habían recibido en sus respectivas empresas las muestras, siempre en bolsas de papel. 

Los catadores de té, no tragan el sorbo sino que lo escupen. Algunos de ellos se precian de saber a ojo vendado no sólo de qué región procede el té probado sino afinar hasta acertar el garden de procedencia y qué tiempo hacía cuando tuvo lugar la recolección.


Debido a que la calidad de la hoja india varia según la estación del año, las empresas empezaron a comercializar sus marcas (label) preparadas con mezclas de diferentes cosechas (brand) y así conseguían un sabor constante y ahí reside el arte de los catadores.

 Después de la Segunda Guerra Mundial el comercio del té se encontró con un importante competidor, el café soluble. Fue entonces cuando apareció la bolsita de té, una manera mucho más fácil de prepararlo, que cambió, sin embargo, el sabor y la naturaleza de esta popular bebida. 


22.8.16

Los pioneros del té una aventura épica (1)



El té es la bebida más popular en el mundo. Desde Rusia hasta el sur de África y desde la costa oeste de América hasta el lejano Oriente.
La planta es la Camelia Sinensis que para vivir necesita lluvia abundante y una tierra ácida.
Los habitantes del mundo occidental acostumbran a beber té negro mientras el té verde es el preferido de los asiáticos.
Los mayores productores  de té negro son India, Sri Lanka, Indonesia y Africa, mientras que Japón y China son los campeones en té verde. El Reino Unido sigue siendo el mayor importador de té del mundo, sus habitantes beben una media de tres tazas y media al día. La mitad de la población del mundo bebe té.
Ya en el siglo VIII China exportaba té a sus vecinos Tíbet y Mongolia por medio de porteadores y después, a finales del siglo XVII, a Rusia con caravanas de camellos que atravesaban el desierto de Gobi  y las grandes llanuras rusas. A Japón llegó el té desde China en el siglo XII.
Lo interesante del té es el proceso por el cual desde los antiguos cultivadores en China y Japón pasó a los pioneros británicos que, a finales de la década de 1830, se adentraron en las junglas de la India e iniciaron un nuevo sistema de cultivo, las Plantaciones, en competencia con China.


Desde el tiempo en que el progreso de la tecnología marina hizo posible explorar los mares, los europeos intentaron establecer contacto comercial con China, poseedora según se imaginaban de exquisitos tesoros.
Los portugueses llegaron a aguas chinas a principios del siglo XVI. A finales del siglo XVII la Compañía Inglesa de las Indias Orientales inició el comercio con China.
El primer té hllegó a Europa, Holanda, Francia y Alemania, hacia 1610 con los barcos holandeses. Pronto llegó también a Inglaterra. 


En 1650 empezaron a abrirse cafeterías en Londres y una de ellas, la Garraway’s Cofee House, inició la venta del té chino a la vez que publicitaba sus grandes cualidades. Y pronto sustituyó al café como bebida nacional en las Islas Británicas, al revés de lo que ocurriría en América aunque este sería un tema para otro artículo.
Desde 1700 los comerciantes extranjeros estaban confinados en Cantón con unas rígidas restricciones impuestas a través de los Co-hong, una casta de comerciantes chinos que ejercían de agencia entre los comerciantes extranjeros y los chinos y debían cobrar unos importantes impuestos que luego pagaban a las autoridades chinas.
En el siglo XVIII la Compañía inglesa exportaba telas de lana británicas y algodones de la India a cambio de té chino, porcelana y seda. Pronto las importaciones de té fueron las más importantes de la balanza comercial británica. También se redujeron las exportaciones a China y la balanza comercial británica se vio desfavorecida. Debían pues pagar la parte del té restante con plata que era escasa, lo que obligó a los británicos a buscar algo que compensara las pérdidas y les diera beneficios: el opio. El opio estaba prohibido en China y la Compañía británica no comerció directamente con él sino que dejó que lo hicieran empresas privadas pero sí fue responsable de su cultivo y procesamiento a gran escala en India.


En la tercera década del siglo XIX se hizo evidente que el tráfico de opio era el negocio más lucrativo y quizá el único lucrativo para algunas empresas británicas que operaban el el sudeste asiático. En esta época el opio invadía el mercado negro chino y, como es de suponer, se convirtió en el tema de máxima preocupación del gobierno chino. Un funcionario de Cantón, el comisionado Lin, ordenó la confiscación de unas veinte mil cajas de opio de los barcos británicos y se negó a pagar indemnizaciones. Este incidente indignó a los comerciantes occidentales que tenían como bandera el libre comercio, aunque se tratara de comerciar con un producto nefasto. Como consecuencia tuvo lugar la primera Guerra del Opio en 1840 que duró dos años y terminó con un tratado que obligaba a los chinos a ceder Hong Kong a los británicos por un período de 150 años, abrir cinco puertos chinos a los comerciantes extranjeros e indemnizar a los que habían sido perjudicados.


Hacia 1850 apareció en escena un nuevo modelo de nave, hermosa y veloz, “la dama elegante de los mares” la llamaban. Eran los clipper. A finales de abril recolectaba la primera cosecha de té en China, la más apreciada y esperada, pero hasta primeros de junio los clippers no estaban cargados. Entonces, ya estibados, emprendían una carrera sin cuartel por los mares embravecidos y peligrosos hasta llegar a Londres donde el primero en llegar recibiría un premio en metálico por tonelada de té aportada. Tardaban 100 días o más.  En la época victoriana la carrera de clippers cargados con la primera cosecha de té de China a Londres era seguida anualmente desde la metrópoli con entusiasmo. La llegada de los clippers Ariel y Taeping en 1866 , al mismo tiempo, fue emocionante.

    Ariel and Taeping, por Jack Spurling

Aparte de la primera cosecha, la más apreciada, había tres más siempre en verano.
Cuando se abrió el Canal de Suez en 1869, el mundo de los clippers quedó fuera de combate y acabó de darle la puntilla la entrada en escena de los barcos de vapor. Los nuevos vapores por el Canal tardaban solo 44 días frente a los 100 de los clippers más veloces que tenían que pasar por el Cabo de Buena Esperanza.
La Compañía Inglesa de las Indias Orientales fue la empresa más poderosa que jamás ha existido, si hoy en día uniéramos las más importantes multinacionales, no llegarían a tener el poder que detentó aquella. Estaba formada solo por comerciantes pero poseía más de cien navíos que estaban tan bien armados como los de la Royal Navy. Su poder político era indiscutible de 1600 a 1859.
Mientras tuvo el monopolio del comercio del té cuya demanda aumentaba exponencialmente, no había porque preocuparse pero en 1833 se abolió el monopolio. Para entonces, sin embargo, la Compañía ya había iniciado el cultivo del té en India y podía competir con la mismísima China.


La implantación del cultivo del té en India fue una aventura extraordinaria por parte de los británicos. Desde mediados del siglo XVIII, los botánicos se dieron cuenta de que las plantas y las semillas valían tanto como el oro pues podían transportarse de un continente a otro y eran esenciales para la prosperidad del Imperio Británico, así se iniciaron los cultivos de café, de caucho, de té y otros.
La Compañía mandó en 1935 a G. J. Gordon a China con la misión de obtener semillas de té (Camellia sinensis) y chinos conocedores de los secretos de su cultivo y manufactura, aunque fuera con tretas poco edificantes. Ese mismo año en India descubrieron plantas silvestres de auténtico té (Camellia assamica) en las selvas de Assam. Al año siguiente Gordon llegó al puerto de Calcuta con ochenta mil semillas que fueron depositadas para su cultivo en el Jardín Botánico de la ciudad. Así empezaron dos tipos de cultivo del té en India, el del té chino resultante de las semillas importadas o mejor dicho robadas, y el del té autóctono recién descubierto en Assam, región selvática prácticamente inaccesible.


Fue una aventura épica que dio como resultado el fin de la supremacía china en el comercio del té pues sus métodos de cultivo, que no habían cambiado en siglos, no pudieron competir con los nuevos métodos extensivos y la manufactura con maquinaria moderna que aportaron los británicos. En solo 30 años los británicos modernizaron una industria que había permanecido inmóvil durante siglos.







28.7.15

APJ Abdul Kalam, científico, ex-presidente de India, inflamador de conciencias, ha muerto.





APJ Abdul Kalam, científico, ingeniero aeronáutico, undécimo presidente de la India, y, sobre todo, inflamador de conciencias, convenció a los jóvenes indios de que con esfuerzo podían llegar a conseguir sus sueños en un país que había iniciado un crecimiento económico imparable y cuyo objetivo es llegar a ser en 2020 un país desarrollado.

Nació en 1931 en el Estado indio de Tamil Nadú, en una familia humilde musulmana. Nacer humilde y musulmán en India significa nacer desfavorecido, pero Abdul Kalam llegó a ser uno de los científicos más importantes de la India y fue el padre de los misiles indios y de la India nuclear, todo conseguido con tecnología y producción india. Sus secretos: fe en sí mismo, esfuerzo e ilusión. Todo ello acompañado de unas capacidades extraordinarias.

En 2002 fue nombrado Presidente de India, el primer presidente musulmán.


Fue también profesor de universidad y el alma del proyecto “India Millennium Mission” cuyo objetivo es transformar India desde su situación actual de desarrollo, en un país desarrollado en 2020.

Pero sobre todo su labor más importante ha sido la de encender las mentes de los jóvenes indios para conseguir un desarrollo nacional. Sin las nuevas generaciones no hay nada a hacer pensaba el Dr. Kalam, y hay que convencerlas de la gran oportunidad que se les presenta. Visitaba y daba charlas en los institutos de enseñanza media de todo el país. En ellas se ponía como ejemplo de niño de origen humilde que con esfuerzo había llegado hasta lo más alto y les aseguraba que eso era posible. Aportaba ilusión en una coyuntura económica, además, favorable. Y dejaba a los chavales iluminados y dispuestos a estudiar y trabajar duro.

Yo no presencié ninguna de esas charlas pero sí que tuve ocasión de hablar en varias ocasiones con jóvenes de escuelas técnicas del interior de Bengala Occidental en la zona de 24 Parganas North. Eran estudiantes de física, hijos de padres analfabetos, convencidos de que les esperaba un futuro mucho mejor. Y no solo eran los jóvenes los que estaban convencidos sino sus padres también y todos ponían una gran ilusión y energía para que los jóvenes progresaran, y con ellos todo el país.



El Dr. Kalam escribió varios libros, traducidos a la mayoría de lenguas indias, pero quizá el más famoso es “Wings of Fire” (Alas de fuego) publicado en 1999. Es el libro de cabecera de muchos indios, no solo de los que viven en India sino también de la diáspora. Solo tiene 180 páginas y es una autobiografía fuera de lo corriente. Wings of Fire trata del GRAN SUEÑO INDIO, el sueño que el Dr. Kalam hizo realidad. No importa si uno es hindú o musulmán, rico o pobre, este libro trata de cómo conseguir lo que siempre has soñado. Habla de la indianidad, del esfuerzo, de la excelencia, de la compasión, de los objetivos colectivos y de estar orgulloso de ser indio.

Doctor Honoris Causa en 30 universidades, recibió los premios más importantes de su país. Nunca se casó. 

Descanse en paz.

21.1.15

Hablemos de visados para entrar en España







Ya se ha ido Sharmisthaquerida amiga India, que ha pasado las navidades en nuestra casa en Barcelona. Ha estado con nosotros veintisiete días. Su visado era para un mes. Ha regresado a su país, como estaba estipulado. Ella es de Calcuta pero tendrá que presentarse en la embajada de España en Nueva Delhi (1500km) porque así se lo exigieron, con una nota impresa a toda página en su pasaporte, el día que le concedieron el visado.

La historia es larga y la escribo para que otras personas, deseosas de viajar a España desde países del tercer mundo, sepan a qué atenerse. También para que las autoridades españolas reflexionen.

Ante todo debo explicar que Sharmistha es una joven que trabaja como secretaria en una empresa india dedicada al control de calidad de los zapatos y bolsos que se fabrican en India, con piel española, para importantes marcas de españolas y que después se exportan, desde España, a todo el mundo. Ella tiene este trabajo desde hace años y cada día adquiere nuevas responsabilidades debido a su eficiencia y seriedad. Está soltera y vive con su padre. Tiene hermana casada y sobrinos. Una vida estructurada y bien organizada en su país. Ha estado aprendiendo español y ya puede comunicarse con las fábricas españolas en este idioma, tanto por teléfono como por email. Ella procesa desde la India todos los documentos que se necesitan para la exportación a España.

Conozco a Sharmistha desde hace tiempo puesto que viví en Calcuta para escribir el libro ¡Esto es Calcuta! Y acostumbro a viajar a esta ciudad con cierta frecuencia.

Hace dos años, y con la intención de que mi amiga pasara las navidades con nosotros y conociera nuestro país, nuestra cultura y practicara nuestro idioma, iniciamos el proceso para solicitar el visado necesario para poder entrar en España. Fui a la policía para pedir el impreso de idoneidad que me facilitaría la obtención de la carta de invitación para mi amiga extranjera. Rellené el impreso y busqué los documentos que pedían: contrato de alquiler o escritura de propiedad del piso donde va a residir la invitada. Los presenté en comisaría. Me mandaron al banco a pagar 80 euros. Con el recibo volví a comisaría y me dieron un papel que decía: le avisaremos cuando la carta esté lista. A los 15 días recibí una llamada telefónica en que me comunicaban que podía pasar a recoger la carta. Todo tal como estaba previsto.

El siguiente paso era ir al notario y hacer fotocopia de mi pasaporte para que él certificara su autenticidad.

Después había que mandar estos documentos a Sharmisthaa Calcuta. Fui a correos, me pidieron si los quería mandar certificados. Como eran documentos importantes acepté. Si una carta normal a la India tarda una semana en llegar, ésta certificada tardó tres semanas. Y estoy hablando de una dirección sin complicaciones en una ciudad con nombres de calles y números.

Sharmistha mandó todos los documentos que le pedían a la agencia contratada por la Embajada de España que,desde hace un tiempo, se encarga de recibirlos,procesarlos, y pasarlos a la embajada.
Al cabo de unas semanas, le devuelven el pasaporte con un sello donde decía “Visado denegado para cualquier país Shengen”. Explicación en un papel aparte: Esta persona podría no regresar a su país. Sharmistha, que ya tenía la maleta preparada, los regalos comprados, y a nosotros esperándola con ilusión, no pudo viajar a España y, además, su pasaporte quedaba marcado y no servía para pedir de nuevo el visado tan deseado, ni en España, ni en ningún país europeoEscribí una carta a la Embajada pidiendo qué más se necesitaba para poder darles la seguridad de que nuestra amiga no se quedaría en España, puesto que yo me hacía responsable de todos sus gastos mientras estuviera en mi casa y de que regresara a su país cuando concluyera el permiso, y nunca me contestaron.

Esperamos un año y reiniciamos el proceso. Otra vez la invitamos a pasar las navidades en nuestra casa. Se sacó un nuevo pasaporte, que cuesta dinero. Yo volví a comisaría con todos los documentos y solicité la carta de invitación, más dinero. Fui al notario e hice reconocer la fotocopia de mi pasaporte, las páginas dónde hay los datos importantes, eso es lo que acostumbran a hacer en las notarías cuando se les presenta un pasaporte, más dinero. Había escrito una carta, dirigida al embajador y otra, dirigida a la cónsul, en la que aseguraba que me hacía responsable de que ella regresara a su país. Que no deseaba quedarse, que tenía una familia y un buen trabajo y que era muy importante para España tener en la India a una persona que hablara bien nuestra lengua y trabajara con eficacia para que nuestros productos tuvieran la calidad óptima para ser representantes dignos de nuestro país cuando España los exportaba. Hice reconocer esas cartas con mi firma por el notario, más dinero.

Mandé todos esos documentos esta vez por MRV. Tardaron igual que con la carta certificada, decían que no encontraban la dirección y que eran las fiestas del DurgaPuja y nadie trabajaba esos días. Creo que MRV no tiene unos buenos corresponsales en India.

Sharmistha volvió a mandar los documentos a la agencia. Al cabo de unos días le dijeron que yo debía mandar una nueva fotocopia compulsada por el notario de todas las páginas de mi pasaporte, incluso las que estaban en blanco. Volví al notario, más dinero. Esta vez lo mandé por DHL, más dinero, pero llegó en tres días.

En este punto se movió la embajada. Llamaron por teléfono a Sharmistha y le hicieron preguntas. Después llamaron a su jefe, un ciudadano indio que habla un español impecable. Cuando les respondió en nuestro idioma, la reacción fue “habla usted demasiado bien para ser indio, no puede ser”. Desconfianza por delante y falta de información. ¿Cómo puede ser que desconozcan la existencia de un ciudadano indio que habla perfectamente nuestro idioma y lleva años colaborando con importantes empresas españolas?

Finalmente le dieron el visado tan deseado, por un mes, y en su pasaporte había un sello-tampón que ponía lo siguiente: Debe presentarse en la embajada inmediatamente a su regreso.

Este escrito no sólo pretende ayudar o alertar a las personas que quieren obtener un visado turístico para viajar a España, personas que tienen todas las características para regresar a su país y que piensan regresar, que no se confíen, ya que entregando los documentos que se les piden no es suficiente, hay que pasar la barrera de la desconfianza absoluta de los funcionarios. Este escrito pretende también dar un toque de atención a nuestros gobernantes y a nuestro Ministerio de Asuntos Exteriores. Pretende alertar sobre lo importante que es para nuestro país, España, saber qué ciudadanos hablan nuestra lengua, trabajan con empresas de nuestro país, difunden nuestra cultura, les gusta España. A estos ciudadanos habría que cuidarlos, se les debería conocer, escuchar, abrirles las puertas de la Embajada y utilizarlos como difusores del buen nombre de nuestro país.

Sharmistha ha pasado con nosotros unas navidades inolvidables. Ya ha regresado a Calcuta. Ahora tiene que ir a Nueva Delhi para presentarse en la embajada. Irá.¡Más dinero!