BLOG DE ANA M. BRIONGOS


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17.9.18

Jorasanko o la historia de la casa de los Tagore y sus mujeres en Kolkata, India.







Este verano, entre julio y agosto he estado en Kolkata, India. Era época de monzón y todos los días, a intervalos, caía una intensa cortina de agua que dejaba encharcadas las calles, algunas de de las cuales se convertían en ríos caudalosos. El intenso calor húmedo hacía que la piel nunca se secara y los ventiladores volteaban permanentemente, de día y de noche.

Refugiadas en el estudio de mi amiga la escultora y ceramista Falguni Bhatt, reguardadas de la lluvia pero contemplándola caer en el patio del estudio cuyas paredes ennegrecidas por el musgo y agrietadas, alojan las raíces de plantas, incluso árboles, que crecen y florecen arrapados al muro, hablábamos de libros.
Me recomendó con vehemencia un libro que había leído hacía poco: Jorasanko, de Aruna Chakravarti. “En este libro se cuentan 200 años de historia de las mujeres de la casa de los Tagore”. 
Una historia nunca contada en profundidad pues siempre se habla de los hombres de esa poderosa familia, especialmente del laureado Rabindranath Tagore, primer Premio Nobel de Asia (1913


Rabindranath Tagore

Me empezó a interesar Tagore y su familia a partir del momento en que me instalé en Calcuta, hace años, para escribir mi libro ¡Esto es Calcuta!. La fotografía de Rabindranath aparecía por doquier, aquel personaje alto y delgado vestido con una túnica que le cubría hasta los pies, de piel oscura y larga melena y larga barba blancas, estaba presente en tiendas, en casas particulares, en calles y plazas. Sus canciones, compuso miles de ellas, se oían en la radio y las cantaban los niños en la escuela. Además, como cuento en el libro, mi madre, profundamente afectada por los terribles acontecimientos vividos durante la guerra civil española, sólo veía un resquicio de luz leyendo a Tagore en las ediciones de la época, en castellano y catalán. Por lo que ya visto desde Calcuta, se cerraba para mí un círculo tagoriano familiar.

Corrí a comprarme el libro Jorasanko que me recomendaba Falguni.
Jorasanko es el nombre de la casa familiar de los Thakur o Tagore como les llamaron los ingleses, la familia más rica y famosa de la época colonial británica. Situada en el centro antiguo de la ciudad, hoy alberga una universidad, lo que da idea de su tamaño.
Los Thakur habían llegado a la zona próxima al nuevo puerto de Calcuta desde otra región de la India pero como eran brahmanes y, por lo tanto, letrados, fueron invitados por los pescadores de la zona para hacer de intermediarios con los ingleses, los nuevos amos, con los que no había manera de entenderse. De este modo se convirtieron en los primeros estibadores y empezaron a hacer fortuna.


Dwarkanath Tagore.jpg
Dwakarnath Thakur

El más conocido de la saga Thakur fue Dwakarnath, abuelo de Rabindranath. Un riquísimo hombre de negocios que llegó a tener empresas de seguros, plantaciones de índigo, barcos, e incluso fue recibido por la reina Victoria de Inglaterra. En su casa se celebraban las fiestas más suntuosas de la ciudad de Calcuta, donde los invitados británicos comían y bebían, aunque él, estricto practicante en materia alimenticia de la tradición hinduísta, no comía nunca con ellos.
A los quince años lo casaron con Digambari, una niña de cinco y, como mandaba la tradición, ella fue a vivir desde ese mismo momento con la familia de su marido, los Thakur de Jorasanko.
Tuvieron tres hijos varones, el mayor de los cuales Debendranath, poco aficionado a los negocios se hizo predicador de una nueva secta del hinduísmo, monoteísta e iconoclasta, que había fundado un amigo de su padre ayudado financieramente por el mismo, la Brahmo Samaj.

A Debendranath lo casaron con Sarada Devi y tuvieron nueve hijos y cinco hijas. Rabindranath, el futuro premio Nobel, era de los pequeños. 

Cuando empezaron a casar a los chicos adolescentes, la casa de Jorasanko se llenó de nueras-niñas que se educaban junto con las hijas y los hijos de su edad y participaban en sus juegos. Estas niñas, ricamente vestidas, maquilladas, perfumadas y cargadas de joyas como unas preciosas muñecas, llegaban en palanquín totalmente escondidas dentro de sus cortinas. Nadie las veía hasta que estaban en el interior de la mansión de Jorasanko. Allí se les adjudicaban unas habitaciones y unos criados o criadas y crecían y se educaban como todos los niños de la familia. Correteaban por sus patios y jardines hasta que llegaban a la pubertad y accedían a la condición de esposas. Eso sí, las mujeres nunca salían de Jorasanco y si lo hacían debía ser totalmente tapadas y escondidas dentro del palanquín. Los maridos, iban y venían según lo necesitaban por sus estudios en la India o en el extranjero o porque la administración de sus extensas propiedades rurales así lo requería.


Jorasanko
En Jorasanko, como es de suponer pasaban muchas cosas. Había que saber buscarse complicidades y organizar estrategias para poder sobrevivir, sobre todo las mujeres. Había maridos buenos y maridos malos. Incluso los había con problemas mentales y reales maltratadores. Pero las esposas habían sido educadas desde su más tierna infancia con la idea de que su destino era el de servir incondicionalmente al marido, sin una queja, pasase lo que pasase. Así que una de las jóvenes esposas empezó a aparecer frecuentemente con heridas y moratones. Siempre daba una excusa como explicación, y nadie se atrevía a rechistar porque el padre-gurú de la familia no quería aceptar que un hijo suyo fuera un maltratador, hasta que un día el marido le dio una paliza de tal envergadura que la dejó tendida, inconsciente y cubierta de sangre en uno de los pasillos de la casa donde fue encontrada por otra nuera y su marido al día siguiente. El marido maltratador fue finalmente internado en un centro para dementes pero volvía de vez en cuando con la convicción general de que estaba curado y se metía en la habitación de su joven esposa que lo recibía aterrorizada pues presentía lo que iba a ocurrir, que por cierto, no tardaba en ocurrir.

En Calcuta, entonces capital del Imperio Británico en la India, estamos hablando del siglo XIX, se estaba produciendo una verdadera revolución cultural y social debido a la hibridación entre la cultura, las ideas y las costumbres de Inglaterra y de la India. Aparecieron poetas, novelistas, dramaturgos, músicos, pedagogos y reformadores sociales y religiosos entre las élites indias que estaban en contacto con los británicos, sus gobernantes. La ciudad bullía. En Jorasanko se publicaban revistas, se representaban obras de teatro escritas por algún miembro de la familia, en que los actores eran ellos mismos, al principio solo actuaban los hombres que también representaban los papeles de mujer, hasta que las mujeres reivindicaron su derecho a actuar y lo consiguieron. También había conciertos y exposiciones de arte pues entre los chicos Thakur había buenos músicos y excelentes pintores. Las mujeres que vivían inmersas en este ambiente artístico y cultural empezaron a escribir e incluso alguna se hizo cargo durante años de la publicación de las revistas que allí se producían. Las que habían llegado niñas a Jorasanko habían ido creciendo y habían adquirido cada una su personalidad de jóvenes adultas, algunas con la determinación de introducir cambios en la estructura férrea de la familia. Una de ellas, Genu, esposa de Satyendranath, llegó a convencer a su marido para acompañarlo cuando fuera destinado como funcionario británico a otra ciudad de la India e incluso se desplazó a Inglaterra antes que él y preparó todo lo necesario para poder vivir en aquel país cuando él llegara. Los tiempos estaban cambiando.


Rabindranath Tagore
Kadambari
Mientras tanto en Jorasanko se desarrollaba una trágica historia de amor entre Rabindranath y su compañera de juegos y amiga desde la infancia, su cuñada Kadambari. Ella era la que leía sus primeros escritos y le animaba a seguir adelante con su vocación de escritor. Años después, en 1913, él recibiría el premio Nobel de literatura.

Pero, queridos lectores, no voy a contarles más. Lean este libro interesantísimo y vean Charulata, la magnífica película del oscarizado director bengalí Satyajit Ray, para saber qué ocurrió.

La autora de este libro Aruna Chacravarti es una profesora universitaria jubilada, investigadora, escritora y traductora, galardonada con prestigiosos premios.






10.3.14

Toni Catany, el fotógrafo, el viajero, la persona, el amigo.




En Dhaka, Bangladesh. Fotografía de Ana M. Briongos.


Hace ya unos meses que falleció el fotógrafo mallorquín Toni Catany, querido amigo y excelente compañero en viajes a Irán, India y Bangladesh. Hasta hoy no he podido distanciarme lo suficiente para escribir sobre él pues siempre pensaba que le estaba todavía hablando, aunque fuera por teléfono, para comentarle cosas que estaban sucediendo, con las que ambos cuchicheábamos y nos reíamos. Había complicidad entre nosotros. Catany era persona de complicidades. Tenía buenos amigos, gestionados en relaciones estancas, si acaso sabíamos los unos de los otros y quizá nos conocíamos de habernos visto algunas veces, en la inauguración de sus exposiciones, o cuando le entregaban un premio, pero no nos frecuentábamos. Estaban los amigos mallorquines, los amigos belgas, los amigos venezolanos, los amigos indios e iraníes, los amigos de cal Isidre y algunos más. 




Vivía solo en un principal espectacular de la calle Nou de la Rambla de Barcelona, un reducto testimonio de otros tiemposque había conservado con cuidado tal como lo encontró, con paredes forradas de seda, pinturas en el techo y cenefas doradas, espejos y columnas, suelos hidráulicos con preciosos dibujos y un patio grande en el interior de manzana, con palomar en el fondo de madera y diseño orientalizante, que él había convertido en un jardín cuidadamente descuidado con plantas escogidas con esmero para que, al florecer, lo llenaran de colores.



En Benarés con el fotógrafo Subhrajit Basu. Fotografía de Ana M Briongos.



Catany era persona tranquila y poco ruidosa, vivió discretamente y murió sin molestar igual que había hecho su madre. Nacido hijo único de una familia muy reducida, estaba acostumbrado desde pequeño a una tranquila soledad que le permitía observar con detenimiento las cosas pequeñas o los detalles mínimos de las grandes. Tenía una especial sensibilidad por lo decadente, por lo que queda tras la plenitud y la exuberancia e iba en busca de la esencia misma de las cosas. A mí me gustaban sus “cossiols”, fotografías de plantas míseras del jardín mallorquín que cultivaba su madre en cossis o pequeños cuencos reciclados, rotos y oxidados, como una lata de conserva , un orinal descascarillado, una taza sin asa, una botella descabezada o una piedra con agujero. De ellos salían plantas larguiruchas y raquíticas con pinchos y casi sin hojas que alguna vez incluso sacaban una flor, milagro de la naturaleza en época de sequía y de miseria, que tanto valdría para la rural Mallorca, como para un terrado del ensanche de Barcelona en la posguerra, para Asia, o para África. Sin embargo, en su seriedad y austeridadCatany tenía una faceta hedonista evidente, y una trastienda escondida de pillo transgresor sin maldad pero sí con algún “ja et fotaré”. Sus naturalezas muertas le hicieron famoso pero cuando se trataba de fotografiar personas, le gustaba la juventud, la plenitud, la tersura.



En Puri, Orissa, India. Fotografía de Ana M Briongos.


Era ordenado, meticuloso y tozudo. Disfrutaba con músicas de estilos muy diferentes y se entusiasmaba cuando descubría algún  músico o cantante desconocido de un lugar remoto. Su amiga del alma era la cantante Maria del Mar Bonetmallorquina como él. Me sorprendió descubrirle como excelente bailarín cuando en una boda en Delhi me sacó a bailar al son de una orquesta que tocaba bailables occidentales. Ante mi sorpresa, y no solo la mía sino también la de todos los que lo conocían, nos dijo que había aprendido a bailar de joven en las fiestas de su pueblo. Nunca más lo vi bailar y eso que asistimos a unas cuantas bodas hindúes.


En la boda de Subhrajit Basu y Ananya Dasgupta en Chittagong, Bangladesh. Fotografía de Ana M Briongos.




Nuestra amiga común María Luisa Rubio, casada con el iraní Behrooz, nos presentó y nos ofreció la posibilidad de acompañarla en su viaje de regreso a Irán después de años de ausencia. Aceptamos cada uno por nuestra parte el ofrecimiento y de aquel viaje, que también representaba para mí la vuelta a Irán después de mis tiempos en aquel país en época del Shah, tras la Revolución de Jomeini y la guerra con Irak, salió mi primer libro “Negro sobre negro”, con alguna foto de Toni Catany, una de ellas en la portada. A partir de aquel viaje hicimos más. 



En el siguiente fuimos a India con Luisa y Behrooz, mi marido Toni Alsina y los amigos indios Ravi y Vinu. Éstos se encargaron de preparar el viaje que se desarrolló en su primera etapa por Rajastán a bordo del exclusivo tren "Palace on Weels" y luego por el sur de la India navegando por los backwaters de Kerala, peregrinando al templo de Tirupati, o descansando en playas cercanas a Trivandrum. 

Después volvimos a la India como invitados a la boda del hijo de nuestros amigos y estuvimos muchos días a fiesta diaria. Esa fue la boda del baile. Otra vez recorrimos el norte indio por Daramsala y alrededores. En otra ocasión fue Bengala Occidental y Bangladesh. Después Orissa y Gujarat. Y un tiempo largo en la ciudad de Calcuta con escapadas a Benarés.



Fotografia tomada por el fotógrafo Kushal Gangopadhyay en el puerto de Chittagong, Bangladesh.



Toni Catany hablaba francés pero no inglés, ni una palabra, y en todos esos años de viajes por países angloparlantes no llegó a interesarse ni en aprenderse los números por lo que siempre ejercíamos de traductores. Pero él se relacionaba estupendamente con la gente de la calle. Catany era él y su cámara. De repente andaba observando y, sin alejarse nunca mucho, desaparecía entre un grupo de personas que se le acercaban curiosas, les hablaba como si pudieran entenderlo en su mallorquín de siempre y con signos los colocaba frente a una pared que había descubierto, siempre escogida por sus colores o sus texturas, y los fotografiaba. Todos contentos y la sesión fotogtáfica era una fiesta agradable y relajada. Caminaba, observaba, se paraba, se sentaba, miraba a los que pasaban , les miraba a los ojos, sonreía con esa cara afable de persona mayor de pelo blanco, y ya los tenía en el bolsillo. Sin ruido, sin invadir, sin palablas, conseguía una complicidad amable y divertida. Cuando volvíamos a casa o al hotel, él volcaba sus fotos en el disco duro y escribía en su cuaderno las notas del día con su letra perfectamente regular, pequeña y limpia. 

Hacíamos las mismas fotos porque yo también llevaba una cámara, aunque la mía era de esas automáticas pequeñas, y pasábamos por los mismos lugares. Pero al revisarlas al final del día, una por una, mi foto no era más que una instantánea de turista tomada sin ton ni son y la suya era algo distinto porque, además del encuadre y de muchas otras cosas que él debía calcular, en su foto pasaba un hombre vestido de un estupendo color azafrán. Cuando yo había hecho el click aquel hombre o había ya desaparecido o todavía estaba por llegar. Y, siempre, o era un hombre, o una mujer, o un perro o un pájaro o la vaca, o el carro, siempre ocurría algo en el momento en que Catany hacía el click.

Nuestra complicidad se basaba en la afición que ambos teníamos por las telas. Disfrutábamos visitando bazares y tiendas de tejidos. Sedas, lanas, algodones, tejidos o estampados, bordados o anudados. Metros de tela para luego mandar al sastre de la esquina y encargarle una camisa, o un pantalón, o un pijama. Pañuelos y chales, fundas de cojín, manteles y servilletas. Como en Mallorca son típicos los tejidos de "llengos", conocidos en Oriente como Ikat, a Catany le gustaba encontrar nuevos colores y diseños de este tipo de tejido. También le gustaban las miniaturas pero le costaba encontrar alguna a su gusto entre el montón de piezas de ínfima calidad que hoy en día ofrecen los anticuarios.

Con el tiempo nuestros amigos indios de Calcuta se hicieron sus amigos y lo respetaban y querían aunque se entendieran poco con palabras. Al principio la relación no era facil porque Catany actuaba como un hijo único mimado y se negaba a desayunar lo que le ofrecían, una estupenda tortilla picante rellena de cebolla, ajo y guindilla, y quería lo de siempre, café con leche acompañado de tostada con mantequilla y mermelada. Cosa imposible de encontrar en una casa particular de una ciudad de la India. Con el tiempo ellos se acostumbraban a sus caprichos y él bajaba sus expectativas y, gracias a su cámara fotográfica que ejercía de mediadora, era finalmente aceptado y hasta muy querido.

Ana M Briongos, Toni Alsina, Toni Catany y Falguni Bhat en Ahmedabad, Gujarat, India. Foto de Ana M Briongos.

Desde que un día vio una fotografía del conjunto de templos jainistas de Palitana, Catany suspiraba por ir a visitarlos, le parecía el lugar más hermoso y extraordinario del mundo. Se presentó la ocasión de viajar a Gujarat y recorrer ese Estado occidental de la India con nuestra amiga Falguni y su familia. Como Palitana estaba en el recorrido se lo dijimos y se apuntó ilusionado, su sueño por fin se cumpliría. (Ver la entrada sobre Palitana en este mismo blog). Resultó que para llegar a los templos había que subir cuatro mil escalones. Empezamos a subir antes del alba después de contratar porteadores para que llevaran a la madre de Falguni y a Catany que no se veían con fuerzas para subir. Cuando llegamos arriba ya estaba el sol en pleno apogeo y los recintos se iban llenando de peregrinos que subían a cientos. El lugar era espléndido. Decenas de templos blancos se erguían como las crestas de un dinosaurio enorme de mármol. Pasamos allí el día pensando que Catany estaría haciendo fotos como un loco y disfrutando ante el espectáculo que ofrecían los peregrinos jainistas entre tantos templos. Como había mucha gente no nos extrañó no haberlo encontrado en ningún momento. Para que no se nos hiciera de noche, a media tarde iniciamos la bajada. Cuando llegamos abajo  lo encontramos triste y derrotado. Perdido arriba entre la multitud, sin sus acompañantes de siempre, se había asustado. Buscó a los porteadores que le habían subido y les pidió que le bajaran. Abajo le cobraron una barbaridad y se sintió humillado y estafado. Desamparado tuvo que esperarnos solo en un lugar feo donde nadie le entendía. Fue su gran desiludión. Después dijo que los templos no eran lo que él había imaginado, que no tenían ningún interés, que eran todos de yeso. Estaba enfadado y despechado. Los que habíamos subido andando nos sentíamos culpables por no haberlo hecho al lado de los porteadores pero bastante trabajo teníamos sin perder el ritmo si queríamos cubrir el objetivo de los cuatro mil escalones. No se habló más de Palitana. Hasta que un día, pasado más de un año, nos regaló la foto más hermosa que yo haya jamás visto. Era una foto que había hecho en Palitana. No hubo palabras cuando nos la dio. No se habló de Palitana. Estaba allí. Y era hermosa. Se lo agradecimos emocionados.



La fotografía lleva una dedicatoria: "Per en Toni i l'Ana, companys de viatge, que feren pujant a peu, els 4000 escalons que possibilitaren contemplar aquesta vista de PALITANA un dia de desembre de 2009" (Para Toni y Ana, compañeros de viaje, que subieron a pie los 4000 escalones que posibilitaron la contemplación de esta vista de Palitana un día de diciembre de 2009). Hoy está colgada en el recibidor de nuestra casa como recuerdo de una hermosa amistad.

17.9.12

Durga Puja en Kolkata


 
Los amigos bengalíes están preparándose para celebrar la Durga Puja. Desde que terminaron las fiestas el año pasado, en el barrio de artesanos de Kumartuli, en Calcuta, empezaron a preparar  las esculturas que se montarían durante las festividades del año siguiente. Estas esculturas tienen para mí una gran semejanza con las fallas de Valencia aunque en el caso que nos ocupa se trate de representaciones mitológicas donde aparecen dioses, diosas, animales y demonios, todos ellos personajes muy populares de la mitología hindú, en vez de políticos o celebridades mundanas. Al final de las fiestas las fallas se queman, en cambio los protimas de Calcuta van a parar al río donde quedan sumergidos.
 
La festividad conocida como Durga puja en la tradición hindú se celebra en otoño y las fechas son variables según el año. En 2012 las celebraciones van del 20 al 24 de octubre aunque desde el 15 hay ceremonias relacionadas con esta festividad. Es un festival en honor a la diosa Durga, un avatar de la divinidad femenina que se presenta cabalgando un león, el rey de los animales. Madre del Universo, Durga representa el poder infinito y es un símbolo del dinamismo femenino.

La Durga Puja se celebra con alegría en toda la India aunque es especialmente importante en Bengala y sobre todo en Calcuta, hoy llamada Kolkata. Dulces, cantos, bailes, regalos, visitas a parientes y amigos, recorrido por las calles para admirar los tandals o grandes grupos escultóricos realizados con paja y barro y pintados y decorados con vivos colores.

 
Las asociaciones de barrio, los grupos de comerciantes, los mercados, las corporaciones y empresas grandes y pequeñas, encargan a talleres de artesanos de Kumartuli su protima que se montará en su barrio o frente a sus oficinas antes de que empiecen las fiestas. Los ciudadanos recorrerán las calles en familia o entre amigos para admirar y valorar el resultado de meses de trabajo cuyo resultado es espectacular. Finalmente, el día 24, en procesión y a hombros, llevarán las instalaciones hasta el río sagrado donde serán sumergidas.

En Londres se celebra la Durga Puja desde 1963 con esculturas encargadas en Kumartuli a artesanos de renombre. Cada año llegan desde Calcuta y se monta el conjunto en la capital británica. Lo pagan ricos hombres de negocios indios residentes en Inglaterra. Todas las comunidades de bengalíes diseminadas por el mundo celebrarán su Durga Puja.
 

Algunos pandals famosos

Kumartuli Park lleva pocos años instalándose pero se ha hecho muy popular porque está en el barrio de los artesanos que producen todos los demás.

Bagbazaar es uno de los más antiguos de Calcuta, lleva unos cien años de instalaciones. Está en el N. de la ciudad cerca del río. Metro Shayambazar. Está cerca del anterior en Kumartuli.

College Square tiene una situación excepcional al lado del lago y se refleja en las aguas. Cuando está iluminado de noche es espectacular. Situado en Central Kolkata. 53 College Street. Cerca de la Universidad de Kolkata. Metro Mahatma Gandhi Road o Central.

Mohammad Ali Park. Es otro de los pandals que atrae mucho público. Está cerca del anterior en College Square.

Santosh Mitra Square se hizo famoso en 1997 por su temática novedosa. El trabajo artístico es excepcional. En Calcuta centro, zona Bow Bazaar. Metro Central.

Badamtala Ashar Sangha tiene más de 75 años y es muy querido por el público porque empezó siendo muy humilde y ha crecido hasta conseguir el premio a la creatividad en 2010. Está en el sur de Calcuta. Metro Kalighat o Rash Bihari Ave.

Durga Puja es el símbolo del espíritu y la cultura de los bengalíes que residen en diferentes partes del mundo. Durga es la Madre, una madre que visita anualmente a sus devotos llenando de alegría las casas y aportando buenas relaciones entre familiares, amigos y vecinos. Es tiempo de renovación. Todo el mundo siente un amoroso compañerismo, padres, hijos, parientes, conocidos, amigos, extranjeros, jóvenes, niños y mayores. La luz se abre paso entre las tinieblas, la esperanza sustituye a la desesperación, la bondad durante esos días supera envidias y recelos.
 
Pasados unos días de la Durga Puja, Calcuta celebrará la Kali Puja, en honor a su patrona la diosa Kali, otro avatar de la divinidad femenina, la gran destructora y a la vez la gran regeneradora. La terrible diosa negra que saca una lengua ensangrentada y se adorna con un collar de cabezas cortadas, tan querida por las gentes de Calcuta.

20.2.12

¿Esto es Calcuta?


Cuando terminé de escribir el libro que ocurría en la capital del estado indio de Bengala occidental, tuve que buscarle un título y me decidí por ¡Esto es Calcuta!, entre signos de admiración, puesto que su protagonista regresaba a esa ciudad donde había vivido en su juventud, después de muchos años de ausencia, y al encontrarlo todo igual que cuando lo dejó, no pudo por menos que exclamar ¡Esto es Calcuta!

Pues bien, ahora al regresar yo de esa ciudad cuyo nombre han cambiado por Kolkata, debo modificar los signos de admiración y preguntarme ¿Esto es Calcuta? Lo que he visto ¿forma parte de la ciudad abigarrada y decrépita cuyos magníficos edificios antiguos sostenidos por columnas dóricas y corintias muestran, desconchados, sus grietas de donde emergen raíces que se deslizan como serpientes por las fachadas, plantas que florecen e incluso árboles?

Mirad las fotos, ¿diríais acaso nunca que esto es Calcuta?

Hace un par de años después de visitar la nueva ciudad de Gorgaun, novísima y esplendorosa ciudad satélite de negocios internacional, a la cual se llega en metro desde Nueva Delhi, la capital india, publiqué una entrada en este mismo blog que podéis leer más abajo. Ahora, después de regresar de Calcuta y haber visitado su barrio más moderno, la ciudad nueva o New Town como le llaman, deseo mostraros otro ejemplo del crecimiento económico de la India.

Parece ser que Calcuta que fuera durante mucho tiempo capital del Raj, la ciudad más importante del Imperio Británico después de Londres, y que quedó varada y decadente contemplando como otras ciudades indias como Bombay, Delhi o Bangalore crecían y se modernizaban, finalmente se ha subido al tren del boom económico y, dejando atrás treinta años de gobierno comunista en Bengala occidental, ha empezado el despegue.

El barrio de Rajarhat-Gopalpur, ahora New Town, está situado al noreste de Calcuta, cerca del  aeropuerto Subhash Chandra Bose Netaji y al lado del que hasta hace poco era el barrio más moderno, Salt Lake. Es un barrio industrial y residencial cuya idea surgió a finales de 1990 del entonces jefe del gobierno del estado de Bengala occidental, Buddhadeb  Bhattacharya. 


Se trataba de terrenos agrícolas cuyas expropiaciones, algunas todavía no cobradas por los campesinos, siguen levantando ampollas. Hay grandes avenidas con farolas y árboles y bloques de apartamentos de muchos pisos, enormes bloques de apartamentos. Algunos ya terminados y otros en construcción. Al lado de zonas perfectamente urbanizadas hay terrenos baldíos donde las vacas siguen paciendo cono si nada hubiera ocurrido, o campos cultivados por sus antiguos dueños que en vista de que no han cobrado la expropiación, ni se construye, han retomado las labores agrícolas.



 Me ha parecido una ciudad fantasma a pesar de que ya tiene una escuela de negocios, un hospital, centros comerciales con multicines, tiendas y restaurantes. Empresas multinacionales han instalado sus oficinas en nuevos edificios corporativos. Infosys, la multinacional de servicios tecnológicos de la información con base en Bangalore con 140 mil trabajadores, ya ha firmado y pagado a 11,400€/Ha por llevar adelante en esta ciudad satélite de Calcuta un proyecto inmobiliario en un área de 50 acres, algo más de 20 hectáreas. Lo mismo ha hecho otra multinacional india Wipro que se ha adjudicado otros 50 acres.

Grandes paneles de anuncios ofrecen pisos de lujo con aire acondicionado. Por ejemplo, en las dos torres del New Town Heights, los pisos tienen una superficie que va de los 122 m2 a los 322 m2 y los precios varían entre 69.300€ hasta 218.916€. Lo que supone  de 500 a 700 euros el metro cuadrado.

Hasta hace poco los servicios de agua y electricidad no estaban asegurados por lo que se hacía difícil ir a vivir a la nueva ciudad. Dicen que algunas zonas ya tienen el problema solucionado.

Para poder comparar, en Calcuta ciudad, en el barrio antiguo de Shyam Bazar, con el tranvía a cincuenta metros y el metro a tres manzanas, un piso nuevo cuesta unos 950 euros por m2.

Mientras circulaba por la New Town, en medio de sus flamantes edificios, me puse a pensar en lo mucho que se parece al boom del ladrillo que nos ha llevado a nosotros a la ruina. Claro que ya habíamos entrado en un proceso de estancamiento económico y allí, en la India, según dicen los expertos, están en pleno crecimiento. A mí me da vértigo.

Este tipo de viviendas unifamiliares, pisos donde se vive al estilo ocidental, el matrimonio con uno o dos niños, cambiará la manera de vivir de un sector de la nueva clase media formada por jóvenes profesionales la mayoría. Acostumbrados a compartir hogar con los padres, los suegros para la esposa, en la casa familiar llena de gente, las nuevas famillas que se independicen sentirán la libertad pero también la soledad del aislamiento.

V.S.Naipaul ya comentaba, hace años, esa situación cuando escribía en su libro, INDIA, sobre los nuevos barrios de Bombay y decía que las madres jóvenes que se trasladaban allí con sus familias, necesitaban en ocasiones de ayuda psiquiátrica para superar la depresión que les causaba el vivir en soledad, acostumbradas como estaban desde que nacieron a una casa llena de vida, con abuelos, padres, hermanos, tíos y primos. Puesto que la costumbre establece que cuando un hijo se casa lleve a su esposa a la casa familiar. Sin embargo la situación cambia si la mujer también trabaja, cosa que ya ocurre con frecuencia entre los matrimonios de jóvenes profesionales en la India.


Por las calles de la ciudad antigua todo sigue como si nada estuviera cambiando.







3.10.11

River of Smoke (Río de humo) de Amitav Ghosh

Acabo de leer sin poder parar las 521 páginas del nuevo libro del escritor indio-bengalí, Amitav Ghosh. Se trata de River of Smoke, el segundo volumen de una trilogía cuyo primera parte es Sea of Poppies, traducido al castellano como "Mar de amapolas", que se publicó hace algún tiempo y cuyo comentario hice en este mismo blog a raiz de la visita del autor a Barcelona para presentarlo. River of Smoke todavía no ha salido en castellano pero por el éxito que tuvo Mar de amapolas supongo que no tardará en aparecer en las librerías. En estos libros Amitav Ghosh nos traslada al mundo del comercio del opio en los años 30 del siglo XIX. Si el primero trata de dónde y cómo se produce el opio, en la India, Calcuta y sus alrededores, la segunda parte que ahora comento, se sitúa en Cantón, en China, donde se vende.. La introducción del opio en China y la expansión de su consumo entre la población, todas las cases sociales, fue una plaga. Mientras, comerciantes sin escrúpulos se hacían extraordinariamente ricos, la mayoría eran británicos. También había socios chinos. Cuando se dan cuenta las autoridades chinas del estado de su población, intentan impedirlo pero los comerciantes extranjeros, petulantes y engreídos apelan a la sagrada premisa del libre comercio, la "libertad" en nombre de la reina de Inglaterra.

Opium Den

El libro está lleno de detalles explicados con minuciosidad lo que hace que uno se sienta dentro del relato como si estuviera viviendo en aquella época. Las imágenes de Cantón, un enclave tomado por los comerciantes extranjeros donde solo pueden entrar los hombres son extraordinarias, como lo son las vivencias dentro de los barcos que llegan desde Occidente. Los personajes, chinos, británicos, indios, incluso hay un americano, están muy bien conseguidos. El parsi Bahram, un comerciante riquísimo de Bombay, de pasado menos brillante, es el foco principal de la novela. Hay otros personajes que ya habían salido en Mar de amapolas. Cada uno habla de una manera distinta y utiliza vocablos de su país de origen. A veces el inglés con el que se entienden extranjeros y chinos cuesta de captar. Pero esto hace suponer que ni entre ellos se entendían a la perfección. hay una cantidad de información sobre esa época en Asia apabullante. Se deescriben comidas, su aspecto, cómo se cocinan, cómo se comen, cómo saben; también se describe cómo van vestidos los diferentes personajes según las circunstancias, las piezas de ropa que se ponen...
Las descripciones de lo que ocurre en el Meidan, la plaza central de Cantón, rodeada de edificios donde residen los comerciantes, por países, son deliciosas. 



El libro termina antes de que empiece la primera Guerra del Opio.

3.8.11

Rabindranath Tagore, 150 aniversario, Año Tagore





Para conmemorar el 150 aniversario del nacimiento del escritor y pedagogo indio, Rabindranath Tagore, se ha editado en España un sobre y un sello de correos.



Rabindranath Tagore, 1861-1941, escritor, dramaturgo y poeta, pintor, pedagogo y compositor, recibió el Premio Nobel de literatura en 1917. Dedicó su fortuna a las escuelas y la universidad que fundó en Santiniketán, cerca de Calcuta.


En la foto, Tagore en Syamali, la casa de adobe, su preferida.

Construiré de barro el hogar de mis últimos días
y lo llamaré Syamali.
Cuando se desmorone
será como si se durmiera la tierra sobre el regazo de la tierra,
no quedarán pilares rotos
que eleven sus quejas contra ella
ni muros partidos con las costillas al aire
que alojen fantasmas de tiempos pasados.

Tagore es probablemente el personaje más venerado en Bengala, tanto en el estado de Bengala Occidental, perteneciente a la India, como en Bangladesh. Su obra, poesía, novelas, relatos cortos y ensayos, se sigue leyendo allí y sus canciones forman parte del saber popular y se cantan en escuelas, universidades y reuniones familiares.

Rabindranath Tagore era el hijo menor de Debendranath Tagore un líder del Brahmo, nueva secta religiosa que surgió en el siglo XIX en Bengala con la intención de reformar el hinduísmo y recuperar la base monista del mismo, como se establece en los Upanishads. Fue educado en casa y aunque a los diecisiete años lo enviaron a Inglaterra para recibir una educación formal, no llegó a terminar allí sus estudios. Además de su multifacética actividad literaria, se ocupó de administrar las tierras de la familia, en la actualidad situadas en Bangladesh, con lo que se acercó a la gente común y aumentó su interés por las reformas sociales. Fundó unas escuelas experimentales en Santiniketan donde puso en práctica los ideales de una educación naturalista muy cercana a las corrientes krausistas de Alemania y la Institución Libre de Enseñanza de España. Participó en el movimiento nacionalista indio, aunque a su manera puesto que no era ni un sentimental ni un visionario, y Gandhi, padre político de la India moderna, fue su amigo a pesar de que tenían puntos de vista diferentes. Tagore fue nombrado caballero por el Gobierno británico en el poder en 1915, pero al cabo de unos años renunció a ese honor en protesta contra la política británica en la India.


Aunque nacido en una familia hinduísta siempre se consideró el producto de "una confluencia de tres culturas: la hindú, la musulamana, y la británica". Su abuelo, un rico babú de Calcuta que había progresado haciendo negocios con los británicos, hablaba árabe y persa, y Rabindranath creció en un entorno donde se estudiaba el sánscrito, la literatura persa y las tradiciones islámicas.



Zenobia Camprubí, esposa del poeta español Juan Ramón Jiménez, tradujo las  obras de Tagore al castellano y el matrimonio contribuyó en gran manera a la popularidad de que gozó en España durante la primera mitad del siglo XX.

Amartya Sen, bengalí como Tagore y premio Nobel de Economía, ha escrito un interesantísimo trabajo sobre él cuyo enlace encontraréis aquí.
A continuación inserto lo que escribí cuando pasé una temporada en Santiniketan en 2003.

Puedo imaginar lo que fue Santiniketan en vida del poeta, cuando miro a mi alrededor, sentada bajo la sombra del gran baniano que se encuentra en el recinto de la universidad Vishvabarati. Grandes árboles de extensas copas protegen del sol de julio a quien bajo ellos se cobija. Más allá zonas de pradera, alguna laguna, grupos de palmeras. Puedo imaginar lo que sentía Rabindranath Tagore cuando en 1901 llegó desde la ciudad, Calcuta, dispuesto a poner en marcha una escuela para niños que estuviera en armonía con la naturaleza, convencido de que la educación no debe ser una tortura sino una alegría. Instalado en las tierras donde su padre tenía un ashram,  empezó su labor pedagógica debiendo superar dificultades económicas además de la reticencia de los campesinos y la suspicacia de los burócratas, a causa de la mala reputación que tienen los poetas como él mismo decía. Pero, “Cuando dejé la lucha por obtener resultados, en la ambición de beneficiar a los otros, y fui en busca de mis necesidades más profundas, cuando sentí que vivir la propia vida en plenitud, es vivir la vida de todo el mundo, entonces, la inquieta atmósfera de la lucha externa se disipó y el poder de la creación espontánea encontró su camino hacia el centro de todas las cosas”.

Intento aislarme del ruido de la calle para oír las voces de los niños que a la sombra de los mangos y de los bokules en flor siguen sus clases. Aunque las escuelas y la universidad siguen funcionando, ahora a cargo del Estado, muchas cosas han cambiado en Santiniketan desde que falleciera el poeta. Maestros y profesores forman parte, hoy, de la gran masa funcionarial que vive a la sombra del Estado indio. Alrededor de las villas que se hicieron construir las familias de la burguesía ilustrada de Calcuta que apoyaron en su momento la idea de Tagore, se construyen nuevas casas, nuevos hoteles. Santiniketan está de moda para un tipo especial de viajeros, tanto indios como extranjeros, aquellos que buscan un ambiente de paz, de cultura, de amor a la naturaleza, de reconocimiento al trabajo de los campesinos y de admiración por sus artistas y sus artesanos. También de aquellos que quieren sentir de cerca la impronta de su poeta más famoso y primer premio Nobel de Asia, el escritor más internacional de la India, un hombre polifacético, entusiasta, espiritual, trabajador incansable, inmune al desaliento, Rabindranath Tagore.

El gran baniano que me cobija cuyo tronco, custodiado por hileras de raíces que penden de las ramas, no alcanzan abarcar cuatro personas con los brazos extendidos, se ha llenado de pájaros. Mis compañeros y compañeras de sombra se interesan por mi procedencia, yo por la suya. Entablamos una conversación que puede durar horas y quizá sea el origen de una amistad duradera. Después saldré del recinto y pasaré un rato descubriendo libros extraordinarios, nuevos y viejos, algunos comidos por las polillas o descoloridos por las aguas, entre las estanterías de la librería del pueblo. Saldré cargada de cuentos ilustrados, escritos en bengalí, cuyas palabras no entenderé nunca y, antes de que anochezca, en un rickshow de bicicleta, volveré a la casa donde me alojo para compartir con mis anfitriones la puesta de sol.


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19.10.10

Kerala-Bengala: Miradas cruzadas. Fotografías de Subhrajit Basu.

Subhrajit Basu, conocido familiarmente como Bodo, es un fotógrafo bengalí de Calcuta con una larga trayectoria a pesar de su juventud. Ha sido galardonado con varios premios nacionales e internacionales entre los que se encuentra el National Geographic Award 2008.

El 14 de octubre de 2010 se inauguró una exposición de sus fotografías en el Museo de Antropología de Madrid, situado frente a la estación de Atocha. Hay imágenes en blanco y negro de Bengala algunas de las cuales forman parte de la extraordinaria serie sobre porteadores tomadas en mercados, puertos, playas, ríos, campos... Hay una imagen de las carreras de caballos en el hipódromo de Calcuta que me fascina pues refleja un antiguo ambiente colonial romántico y decadente entre misteriosas brumas, muy bengalí. También me gusta la fotografía del emblemático edificio de mármol blanco costeado por los ciudadanos de la capital de Bengala para ofrecerlo en honor de la reina Victoria, el Victoria Memorial, con sus cuidados jardines por los que pasea, ayudado de un bastón, un pensativo y orondo babú, con su dotti y su kurta de un blanco impoluto. Y la estructura de hierro del famoso Howra Bridge con dos barcas de pescadores faenando en aguas del Hoogly. Todas esas fotos me recuerdan mis tiempos en Calcuta, ciudad interesantísima donde he pasado momentos inolvidables.

En la exposición hay también dos montajes audiovisuales de imágenes en color que podemos observar cómodamente recostados en unos cojines distribuidos por el suelo de una sala oscura. En uno de ellos van pasando fotos del Kumba Mela que se celebró hace unos meses y cuyas procesiones de rarísimos personajes captó Bodo con maestría y humor. En el otro hay fotos de la India en general donde el color es el protagonista principal. Aunque la India sea quizá el país más fotogénico del mundo y por lo tanto el más fotografiado, la mirada de Subhrajit Basu es especial y capta aquellos instantes únicos que debido al exceso visual se nos escapan.
Esta exposición se presenta en el marco de las actividades que acompañan a la Tribuna España-India que se ha celebrado en Madrid y estará abierta hasta el 23 de enero de 2011.