BLOG DE ANA M. BRIONGOS


Translate

Mostrando entradas con la etiqueta Libros y exposiciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Libros y exposiciones. Mostrar todas las entradas

17.9.18

Jorasanko o la historia de la casa de los Tagore y sus mujeres en Kolkata, India.







Este verano, entre julio y agosto he estado en Kolkata, India. Era época de monzón y todos los días, a intervalos, caía una intensa cortina de agua que dejaba encharcadas las calles, algunas de de las cuales se convertían en ríos caudalosos. El intenso calor húmedo hacía que la piel nunca se secara y los ventiladores volteaban permanentemente, de día y de noche.

Refugiadas en el estudio de mi amiga la escultora y ceramista Falguni Bhatt, reguardadas de la lluvia pero contemplándola caer en el patio del estudio cuyas paredes ennegrecidas por el musgo y agrietadas, alojan las raíces de plantas, incluso árboles, que crecen y florecen arrapados al muro, hablábamos de libros.
Me recomendó con vehemencia un libro que había leído hacía poco: Jorasanko, de Aruna Chakravarti. “En este libro se cuentan 200 años de historia de las mujeres de la casa de los Tagore”. 
Una historia nunca contada en profundidad pues siempre se habla de los hombres de esa poderosa familia, especialmente del laureado Rabindranath Tagore, primer Premio Nobel de Asia (1913


Rabindranath Tagore

Me empezó a interesar Tagore y su familia a partir del momento en que me instalé en Calcuta, hace años, para escribir mi libro ¡Esto es Calcuta!. La fotografía de Rabindranath aparecía por doquier, aquel personaje alto y delgado vestido con una túnica que le cubría hasta los pies, de piel oscura y larga melena y larga barba blancas, estaba presente en tiendas, en casas particulares, en calles y plazas. Sus canciones, compuso miles de ellas, se oían en la radio y las cantaban los niños en la escuela. Además, como cuento en el libro, mi madre, profundamente afectada por los terribles acontecimientos vividos durante la guerra civil española, sólo veía un resquicio de luz leyendo a Tagore en las ediciones de la época, en castellano y catalán. Por lo que ya visto desde Calcuta, se cerraba para mí un círculo tagoriano familiar.

Corrí a comprarme el libro Jorasanko que me recomendaba Falguni.
Jorasanko es el nombre de la casa familiar de los Thakur o Tagore como les llamaron los ingleses, la familia más rica y famosa de la época colonial británica. Situada en el centro antiguo de la ciudad, hoy alberga una universidad, lo que da idea de su tamaño.
Los Thakur habían llegado a la zona próxima al nuevo puerto de Calcuta desde otra región de la India pero como eran brahmanes y, por lo tanto, letrados, fueron invitados por los pescadores de la zona para hacer de intermediarios con los ingleses, los nuevos amos, con los que no había manera de entenderse. De este modo se convirtieron en los primeros estibadores y empezaron a hacer fortuna.


Dwarkanath Tagore.jpg
Dwakarnath Thakur

El más conocido de la saga Thakur fue Dwakarnath, abuelo de Rabindranath. Un riquísimo hombre de negocios que llegó a tener empresas de seguros, plantaciones de índigo, barcos, e incluso fue recibido por la reina Victoria de Inglaterra. En su casa se celebraban las fiestas más suntuosas de la ciudad de Calcuta, donde los invitados británicos comían y bebían, aunque él, estricto practicante en materia alimenticia de la tradición hinduísta, no comía nunca con ellos.
A los quince años lo casaron con Digambari, una niña de cinco y, como mandaba la tradición, ella fue a vivir desde ese mismo momento con la familia de su marido, los Thakur de Jorasanko.
Tuvieron tres hijos varones, el mayor de los cuales Debendranath, poco aficionado a los negocios se hizo predicador de una nueva secta del hinduísmo, monoteísta e iconoclasta, que había fundado un amigo de su padre ayudado financieramente por el mismo, la Brahmo Samaj.

A Debendranath lo casaron con Sarada Devi y tuvieron nueve hijos y cinco hijas. Rabindranath, el futuro premio Nobel, era de los pequeños. 

Cuando empezaron a casar a los chicos adolescentes, la casa de Jorasanko se llenó de nueras-niñas que se educaban junto con las hijas y los hijos de su edad y participaban en sus juegos. Estas niñas, ricamente vestidas, maquilladas, perfumadas y cargadas de joyas como unas preciosas muñecas, llegaban en palanquín totalmente escondidas dentro de sus cortinas. Nadie las veía hasta que estaban en el interior de la mansión de Jorasanko. Allí se les adjudicaban unas habitaciones y unos criados o criadas y crecían y se educaban como todos los niños de la familia. Correteaban por sus patios y jardines hasta que llegaban a la pubertad y accedían a la condición de esposas. Eso sí, las mujeres nunca salían de Jorasanco y si lo hacían debía ser totalmente tapadas y escondidas dentro del palanquín. Los maridos, iban y venían según lo necesitaban por sus estudios en la India o en el extranjero o porque la administración de sus extensas propiedades rurales así lo requería.


Jorasanko
En Jorasanko, como es de suponer pasaban muchas cosas. Había que saber buscarse complicidades y organizar estrategias para poder sobrevivir, sobre todo las mujeres. Había maridos buenos y maridos malos. Incluso los había con problemas mentales y reales maltratadores. Pero las esposas habían sido educadas desde su más tierna infancia con la idea de que su destino era el de servir incondicionalmente al marido, sin una queja, pasase lo que pasase. Así que una de las jóvenes esposas empezó a aparecer frecuentemente con heridas y moratones. Siempre daba una excusa como explicación, y nadie se atrevía a rechistar porque el padre-gurú de la familia no quería aceptar que un hijo suyo fuera un maltratador, hasta que un día el marido le dio una paliza de tal envergadura que la dejó tendida, inconsciente y cubierta de sangre en uno de los pasillos de la casa donde fue encontrada por otra nuera y su marido al día siguiente. El marido maltratador fue finalmente internado en un centro para dementes pero volvía de vez en cuando con la convicción general de que estaba curado y se metía en la habitación de su joven esposa que lo recibía aterrorizada pues presentía lo que iba a ocurrir, que por cierto, no tardaba en ocurrir.

En Calcuta, entonces capital del Imperio Británico en la India, estamos hablando del siglo XIX, se estaba produciendo una verdadera revolución cultural y social debido a la hibridación entre la cultura, las ideas y las costumbres de Inglaterra y de la India. Aparecieron poetas, novelistas, dramaturgos, músicos, pedagogos y reformadores sociales y religiosos entre las élites indias que estaban en contacto con los británicos, sus gobernantes. La ciudad bullía. En Jorasanko se publicaban revistas, se representaban obras de teatro escritas por algún miembro de la familia, en que los actores eran ellos mismos, al principio solo actuaban los hombres que también representaban los papeles de mujer, hasta que las mujeres reivindicaron su derecho a actuar y lo consiguieron. También había conciertos y exposiciones de arte pues entre los chicos Thakur había buenos músicos y excelentes pintores. Las mujeres que vivían inmersas en este ambiente artístico y cultural empezaron a escribir e incluso alguna se hizo cargo durante años de la publicación de las revistas que allí se producían. Las que habían llegado niñas a Jorasanko habían ido creciendo y habían adquirido cada una su personalidad de jóvenes adultas, algunas con la determinación de introducir cambios en la estructura férrea de la familia. Una de ellas, Genu, esposa de Satyendranath, llegó a convencer a su marido para acompañarlo cuando fuera destinado como funcionario británico a otra ciudad de la India e incluso se desplazó a Inglaterra antes que él y preparó todo lo necesario para poder vivir en aquel país cuando él llegara. Los tiempos estaban cambiando.


Rabindranath Tagore
Kadambari
Mientras tanto en Jorasanko se desarrollaba una trágica historia de amor entre Rabindranath y su compañera de juegos y amiga desde la infancia, su cuñada Kadambari. Ella era la que leía sus primeros escritos y le animaba a seguir adelante con su vocación de escritor. Años después, en 1913, él recibiría el premio Nobel de literatura.

Pero, queridos lectores, no voy a contarles más. Lean este libro interesantísimo y vean Charulata, la magnífica película del oscarizado director bengalí Satyajit Ray, para saber qué ocurrió.

La autora de este libro Aruna Chacravarti es una profesora universitaria jubilada, investigadora, escritora y traductora, galardonada con prestigiosos premios.






11.3.18

Reedición de mis libros y 50 años de vida viajera.







Para celebrar la reedición de mis libros, todos ahora en Laertes y los cincuenta años desde que salí por primera vez rumbo a Asia (1968) y me instalé en Kandahar, organizo un encuentro. Y ¿dónde mejor que en la librería Altaïr de Barcelona? 

Será una celebración para amigos viajeros, amigos lectores y almas inquietas y curiosas. También será un homenaje a los protagonistas de mis libros, de Afganistán, Irán, la India o Bangladesh que siguen, después de tantos años, siendo mis amigos y una reflexión sobre los cambios tan radicales que han sufrido sus países.

Como mis libros hablan de personas reales con los que he entablado lazos de profunda amistad y a los que he seguido viendo a lo largo de los años a pesar de las sacudidas que les ha dado la vida a causa de lo que ha ocurrido en sus países, me gustará explicar qué ha sido de ellos y mostrar sus retratos para que los lectores puedan poner caras a las historia vitales que cuento.

Fecha: el jueves 15 de marzo. Lugar: Librería Altaïr, Barcelona. Hora: 19h.

Pasaré fotos, contaré aventuras y conversaré con Jordi Esteva, fotógrafo, escritor y viajero, que ha aceptado subir al estrado y sentarse a mi lado.


Sorpresa: En esta antología de literatura de viajes publicada en Inglaterra en 2017, aparece mi libro “Black o Black” (Lonely Planet) y mi nombre entre los grandes: Nicolas Bouvier (The Way of the World), Joseph Conrad (Heart of Darknes), Henry Miller (The Colossus of Maroussi), Paul Bowles (Without Stopping), Bruce Chadwin (In Patagonia), Mary Kingsley (Travels in West Africa), Devla Murphy (Full Tilt), Ana Briongos (Black on Black)...





11.2.15

Keith Haring, the political line, en el museo de Young de San Francisco

                                  


Espectacular exposición de 130 obras de Keith Haring (1958-90) en el museo de Young de San Francisco que incluye telas de gran formato, lonas, esculturas, dibujos y otros trabajos del artista. 
Las ideas de Haring sobre el desarme nuclear, los excesos del capitalismo, la desigualdad racial, el SIDA, enfermedad de la que murió a los 32 años, o la degradación medioambiental, entre otras, quedan patentes en estas obras, de ahí el título de la exposición.



Alguno de sus cuadros me han recordado a los de El Bosco, un Bosco del siglo XX. Los mismos horrores pintados de forma distinta pero diciendo, al fin y al cabo, lo mismo. Y el mismo horror vacui: telas llenas de personajes sufriendo calamidades y haciendo barbaridades.

La exposición finaliza el 16 de febrero. La afluencia de público es considerable ya que ha tenido muy buenas críticas y es la única que se ha hecho en la costa oeste de Estados Unidos de Keith Haring en los últimos veinte años.

Keith Hearing fue un artista excesivo por lo prolífico en su, sin embargo, breve vida. Sus personajes de una sola línea se han hecho famosos, los vemos en muchos lugares como elementos de decoración y parecen muñecos  inocentes y naifs. En esta exposición pierden la inocencia y no están solos sino que forman parte de un abigarrado mundo de denuncia que era el obsesivo mundo de su creador.

Las obras expuestas vienen de la Fundación Keith Haring de NY y de colecciones privadas. 

19.2.13

El Asian Art Museum de San Francisco, la liebre y mi netsuke






Hace unos días pasé horas paseando por el Asian Art Museum de San Francisco. Iba sola. No tenía otros planes hasta media tarde. No tenía a nadie con quien comentar. Sola recorriendo sin prisa las salas, deteniéndome a observar pieza por pieza, leyendo la información que ofrece el museo, sentándome en los sofás que en el camino me ofrecían descanso y libros ilustrados para consultar. Mirando por las ventanas lo que dejaban ver, desde lo alto, de la ciudad. Fijándome en los espacios, y en la arquitectura resultado de la reforma realizada por Gae Aulenti, la misma arquitecta que reformó el Quai D’Orsay en París o el Palau Nacional, hoy MNAC, en Barcelona. Rodeada de cosas hermosas, obra de artistas de todos los tiempos y de tantos lugares diferentes, y disfrutarlas, ajena a todo lo demás, como si nada más existiera. ¿Se le puede llamar a esto felicidad? Creo que sí.

Este museo tiene su origen en la donación, en 1959, por el empresario Avery Brundage de parte de su colección a la ciudad de San Francisco. Años más tarde donó el resto de su colección. Al principio se expuso en un ala del de Young Museum en Golden Gate Park. En 1987 la ciudad ofreció el Civic Center para albergar la enorme coleccion. En 1995 el emprendedor de Silicon Valley, Chong-Moon Lee, regaló 15 millones de dólares al nuevo museo y un millón más para constituir la sección dedicada a Corea. Hoy en día muchos ciudadanos de origen asiático residentes en California hacen donaciones o regalan joyas u objetos de arte al museo en memoria de sus seres queridos ya fallecidos. Téngase en cuenta las extensísimas comunidades de chinos y japoneses que viven en California desde hace generaciones y esta es una manera de aportar y tener cerca parte de su cultura y de su historia.




Lo que más me gustó en esta ocasión fue encontrarme con la vitrina de los netsukes pues había leído hacía poco el extraordinario libro “La liebre con ojos de ámbar” de Edmund de Waal. Como muy bien resume la reseña de El Acantilado, más de doscientas figuritas de madera y marfil, así son los netsukes, ninguna de ellas mayor que una caja de cerillas, son el origen de este fascinante libro en el que Edmund de Waal describe el viaje que han hecho a lo largo de los años. Un viaje lleno de aventuras, de guerra, de amor y de pérdida, que resume, en la historia de una familia, la historia de Europa en los siglos XIX y XX. Un texto evocativo y de gran belleza que comienza con una pequeña liebre de ojos de ámbar que se mezcla en un bolsillo con las monedas, y que pasando por Paris, Viena, Odessa, Nueva York y Tokio termina, como todo auténtico viaje, con el descubrimiento de uno mismo.



                              
Los netsukes son pequeñas esculturas que caben en la palma de la mano, originarias de Japón. Servían para cerrar las bolsitas que llevaban los hombres atadas a sus kimonos, donde guardaban sus monedas, el tabaco, las medicinas. Son verdaderas obras de arte, algunas realizadas por importantes artesanos y fueron codiciados objetos de colección cuando en Europa llegó la fiebre del orientalismo a principios del S. XX.


Pues mi historia no acaba en el museo. Acaba en la isla de Alameda, en la Bahía de San Francisco. Los domingos por la mañana se organizan allí unos encantes donde se puede encontrar de todo. En un pedazo de tierra de muchos metros cuadrados, rodeada de agua, con grúas, contenedores y cargueros en el flanco derecho y la silueta de San Francisco al fondo con sus puentes, cientos de tenderetes ofrecen cacharros de segunda mano. En uno de ellos, entre dedales, botones, peines y pendientes, encontré la figurita de un pequeño chino cabezón sentado en un taburete. No era de marfil, era de madera. También hay netsukes de madera. No debía ser gran cosa, pensé, pues valía pocos dólares. Me lo compré. Cabía en mi mano, no tenía aristas. Dentro del bolsillo de mi abrigo tintineaba junto a las monedas. Al cabo de un rato, de tanto tocarlo, había adquirido el calor de mi cuerpo. ¿Es un netsuke auténtico? No lo creo. Pero es mi netsuke.



1.2.12

Alighiero Boetti y sus mapas bordados




La vida como juego, con premeditación, procurando dejarlo todo bien preparado hasta el último detalle, para que el azar ponga su contrapunto y le de el toque de gracia. Esa es la obra de Boetti vista con la perspectiva que se ofrece en el museo. Quedan cinco días para ver la exposición del artista turinés Alighiero Boetti (1940.1994) en el Museo Reina Sofía, Madrid. Yo la visité el domingo y quedé maravillada. Me interesó especialmente entre su obra la serie de mapas bordados, unos mapamundis enormes, realizados en Afganistán por mujeres bordadoras durante un período largo de tiempo. Todos los mapas representan lo mismo, el mundo, pero todos son diferentes y en ellos se aprecia el cambio político que ha ido ocurriendo a lo largo de los años por el cambio de colores o de símbolos de las banderas que decoran cada país.

Me ha interesado especialmente a mí porque cuando Boetti andaba por Afganistán, en los 70, yo también estaba allí. Y él ya empezaba entonces a encargar mapas a las bordadoras. Y ya mandaba cartas a su galerista con los sellos perfectamente colocados formando un cuadrado, todos del mismo color menos uno, que en las sucesivas cartas iba cambiando de lugar hasta completar el ciclo. Y se iba de viaje con la maleta llena de postales del monumento más famoso de Turín y las mandaba desde los lugares que visitaba: la serie, puestas las postales una a lado de la otra, representa por una faz la misma imagen tomada desde puntos diferentes y por la otra los sellos, las letras, los matasellos, todo previsto salvo algunos detalles dejados al azar. Yo entonces, en Afganistán, todavía no sabía qué iba a hacer con mi vida. Fantástico personaje Boetti.
Posted by Picasa

28.2.11

Artistas iraníes en España

La feliz iniciativa de buscar a los artistas iraníes que viven en España y preparar con ellos una exposición ha partido de Masud, un iraní que vive en León, y que regenta una galería de arte cuyo nombre no podía ser otro que Perspolis. Masud, de apellido Barghinobar, es un escultor que ya lleva años en España. Tras muchas pesquisas, llamadas telefónicas e incluso viajes encontró a algunos pintores iraníes repartidos por diferentes zonas de la península, también en Andorra donde vive desde hace décadas la pintora Rezvan Kani. La ilusión de Masud era la de reunir a los iraníes que estuvieran trabajando en ámbitos artísticos para ofrecerles su galería como lugar de encuentro, donde se sintieran acogidos y apoyados, y desde donde pudieran dar a conocer su obra. Finalmente el pasado mes de septiembre inauguraron la primera exposición con un grupo de cinco artistas.


Niloufar Mirhadi, licenciada en Bellas Artes, vive en Barcelona y sus pinturas son de estilo expresionista donde aparecen frecuentemente los peces rojos, las granadas o las manzanas, sómbolos persas sin duda. 


Said Rajabí, licenciado en Bellas Artes y Premio extraordinario Reina Sofía. Su estilo es hiperrealista. Las calles de Madrid son uno de sus temas favoritos. 



Rana Heyrati, estudió en Teherán arquitectura y diseño gráfico. Vive en Zaragoza. Sus pinturas son frescas y una explosión de rojos, naranjas y verdes. La conocí hace unos años cuando asistió a una de mis conferencias y me saludó.


Rezvan Kani, licenciada en arquitectura, vive con su marido, también arquitecto, en Andorra. Sus interesantísima obra refleja una intensa y compleja vida interior. Desde que la conocí me cautivó su personalidad y me sentí muy cercana a su manera de pensar.


Masud Barghinobar, licenciado en bellas Artes. Escultor. La búsqueda de un mundo mejor está en el centro de su obra donde se refleja lo bueno y lo malo del ser humano. Es el que ha tomado la iniciativa para este proyecto que ya ha empezado a dar sus frutos. El sentimiento de soledad se encuentra en lo más profundo de la persona que ha dejado su país y que se ha instalado de por vida en otro. Aunque haya sido bien recibida, aunque haya empezado una nueva vida y haya creado una familia en este lugar de acogida. Además siendo iraní, siente impotencia ante tanta desinformación y siente la necesidad de dar a conocer su cultura, sus costumbres, su historia, su arte, el riquísimo mundo cultural persa.

Deseo que este grupo se vaya consolidando y que los artistas iraníes que están por estas tierras se pongan en contacto con la Galería Perspolis porque todos sabemos que la unión hace la fuerza..

14.2.11

Atlas o la trastienda del arte


Hace un par de semanas en un viaje a Madrid fui a visitar la exposición que hay en el Reina Sofía. Se titula Atlas ¿Cómo llevar el mundo a cuestas? pero para mí fue ver lo que hay en la trastienda del arte, todo aquello que los artistas han ido coleccionando, lo que han ido pensando, pegando, dibujando, y quizá guardando en un cajón o en una carpeta o tirándolo a la papelera, antes de que las ideas se convirtieran en obra de arte. Es el trabajo que ha quedado en hojas sueltas, en cuadernos, en inventarios, en bocetos, acumulados en un armario del taller o del estudio, es el trabajo que no ha recibido ovaciones ni reconocimiento, el trabajo diario, humilde, pero sin el cual las grandes obras de arte no hubieran sido posibles.

He visto una observación minuciosa de la naturaleza, plantas, hojas, ramas, semillas, también nubes, muchas nubes. Collages de recortes de periódicos en una toma de consciencia de la situación social, de las guerras y del sufrimiento, no en vano esta exposición se ocupa del siglo veinte. La distorsión de las líneas y de las luces. La repetición y repetición con variaciones de números. Sumatorio de instantes. Ingente trabajp que hay detrás de la trayectoria y en la formación de un artista, de cada uno de ellos.

7.12.10

Mar de amapolas


El escritor bengalí Amitav Ghosh, se adentra en esta su última novela en el mundo colonial de la India del siglo XIX. 'Mar de amapolas' narra la aventura en barco de varios personajes, y usa como telón de fondo el negocio del cultivo de opio destinado al mercado chino, considerado como el elemento que financió la larga estancia de los británicos en la India.

El personaje central de esta novela es Deeti, una mujer viuda y que ha sido salvada por un hombre antes de ser inmolada en la pira funeraria junto a su marido. Ella y seis personas más comenzarán un viaje en barco, el Ibis, hacia la Isla Mauricio. Así, en medio del mar y separados de su lugar de origen, se escapan de la situación que viven y su condición de casta y toman las riendas de su destino.

Amitav Ghosh explicó en la presentación del libro, en Casa Asia, que la idea de este relato surgió porque quería contar lo que había sucedido con los trabajadores cuando se prohibió la esclavitud a principios del siglo XIX. Ya sin esclavos, se exportaron más de un millón de indios a diferentes lugares del mundo, el proceso duró más de cien años y dio lugar a un cambio demográfico importante.

Estas migraciones no se producían desde la costa, como ocurre habitualmente, sino que ocurrían desde el interior, algo que llamó la atención del escritor. Investigando descubrió que todo ello estaba relacionado con la producción y el cultivo de opio que se había incrementado bajo el imperio británico.

En un estudio de la historia del opio desde el siglo XVII observó que, ante el desequilibrio de la balanza comercial existente entre China y Europa, los únicos productos que podía necesitar el país oriental eran algodón y, precisamente, opio. De esta forma, empezaron a exportar a mayor escala desde India a China y el negocio creció.

El contrabando británico de opio de la India Británica hacia la China y los esfuerzos del gobierno chino ante la adicción de la población para imponer sus leyes contra las drogas llevaron al conflicto que se conoce como Guerras del Opio. Según indicó Ghosh, existe un paralelismo entre hechos pasados y presentes. "El discurso que se dio durante la guerra del opio es parecido al que se ha oído en la guerra de Irak", señaló. Estos paralelismos se refuerzan, según indicó el autor de 'Mar de amapolas', en el hecho de que las empresas británicas fomentaran el conflicto. Además, indicó que el discurso que se daba a las tropas era que iban a ser bien acogidos porque les necesitaban. "Cuanta más distancia tomas de la historia ves que el vínculo que hay entre el siglo XIX y XX es mayor. Y fue Napoleón quien dijo que cuando China despertara el resto del mundo temblaría", señaló.

Ghosh ha explicado que, entre otras cosas, estaba interesado en transmitir al lector el multilingüismo que hay en el Océano Índico porque, a su juicio, "es el receptáculo de multitud de idiomas". "El libro está lleno de pequeños toques de toda esta mezcla de idiomas porque en realidad siempre me interesó el idioma criollo, que ha sido excluido de la literatura por considerarlo una corrupción del idioma correcto. Yo creo todo lo contrario, lo veo como aportaciones, como una flor", dijo. Traducir este libro es una labor harto difícil y debemos felicitar a los traductores de las ediciones en castellano y catalán.

Escribir este libro llevó al autor cerca de cuatro años, ya que tuvo que aprender tanto los términos marineros como la forma de darles uso. "Encontré un diccionario destinado a hacer posible la comunicación entre personas de distintos puntos del mundo, y en él se ve la influencia de muchos idiomas para poder desarrollar este vocabulario común", dijo.

'Mar de amapolas' es la primera entrega de una futura trilogía que abarcará toda la historia de India en el siglo XX. Amitav Ghosh nació en Calcuta en 1956 y vivió entre Bangladesh, Sri Lanka, Irán e India. Entre sus libros, destacan títulos como 'El círculo de la razón', 'Líneas de sombra', 'El cromosoma Calcuta', 'El palacio de cristal' o 'La marea hambrienta'.

Me gusta como escribe Amitav Ghosh y me interesan mucho los temas que trata. Lo descubrí cuando Anagrama publicó "El cromosoma de Calcuta" y lo redescubrí cuando viví en esa ciudad de Bengala Occidental. Yo vivía cerca del Gol Park donde se desarrolla otra de sus novela "The shadow Lines" o "Las lineas de sombra". Leyéndola podía seguir los lugares donde ocurrían los hechos y saber algo más de la historia de aquella fascinante ciudad india. E varias de sus novelas aparece el personaje de la mujer extranjera cuya presencia inocente provoca sin embargo grandes desgracias.  Se lo comenté al autor y no pareció estar de acuerdo conmigo, al menos en el caso de "La marea hambrienta".

19.10.10

Kerala-Bengala: Miradas cruzadas. Fotografías de Subhrajit Basu.

Subhrajit Basu, conocido familiarmente como Bodo, es un fotógrafo bengalí de Calcuta con una larga trayectoria a pesar de su juventud. Ha sido galardonado con varios premios nacionales e internacionales entre los que se encuentra el National Geographic Award 2008.

El 14 de octubre de 2010 se inauguró una exposición de sus fotografías en el Museo de Antropología de Madrid, situado frente a la estación de Atocha. Hay imágenes en blanco y negro de Bengala algunas de las cuales forman parte de la extraordinaria serie sobre porteadores tomadas en mercados, puertos, playas, ríos, campos... Hay una imagen de las carreras de caballos en el hipódromo de Calcuta que me fascina pues refleja un antiguo ambiente colonial romántico y decadente entre misteriosas brumas, muy bengalí. También me gusta la fotografía del emblemático edificio de mármol blanco costeado por los ciudadanos de la capital de Bengala para ofrecerlo en honor de la reina Victoria, el Victoria Memorial, con sus cuidados jardines por los que pasea, ayudado de un bastón, un pensativo y orondo babú, con su dotti y su kurta de un blanco impoluto. Y la estructura de hierro del famoso Howra Bridge con dos barcas de pescadores faenando en aguas del Hoogly. Todas esas fotos me recuerdan mis tiempos en Calcuta, ciudad interesantísima donde he pasado momentos inolvidables.

En la exposición hay también dos montajes audiovisuales de imágenes en color que podemos observar cómodamente recostados en unos cojines distribuidos por el suelo de una sala oscura. En uno de ellos van pasando fotos del Kumba Mela que se celebró hace unos meses y cuyas procesiones de rarísimos personajes captó Bodo con maestría y humor. En el otro hay fotos de la India en general donde el color es el protagonista principal. Aunque la India sea quizá el país más fotogénico del mundo y por lo tanto el más fotografiado, la mirada de Subhrajit Basu es especial y capta aquellos instantes únicos que debido al exceso visual se nos escapan.
Esta exposición se presenta en el marco de las actividades que acompañan a la Tribuna España-India que se ha celebrado en Madrid y estará abierta hasta el 23 de enero de 2011.



30.9.10

Un lugar en el que yo nunca estuve


Este es el título de un libro muy especial cuyo autor firma con el seudónimo de Paul Mushin.

¿Por qué es tan especial? Primero: Porque en su portada no figura ni el título ni el nombre del autor, solamente aparece la cubierta de un pasaporte argentino. El título y el autor (seudónimo) están en el lomo. Una genialidad de América Sánchez, el diseñador. Segundo: Porque no se encuentra más que en "Negra y Criminal", una librería tan especial como el libro del que hablamos, famosa en todo el mundo entre los aficionados a la novela negra y que está en el marinero barrio de la Barceloneta, calle de la sal nº 5, Barcelona. Tercero: Porque es una novela que trata de un tema hasta ahora inédito, el de la pesca en los grandes caladeros próximos a Namibia, Las Seychelles y Uruguay, la corrupción que existe alrededor de la merluza negra y otras especies codiciadas donde están implicados la flota pesquera española, los puertos donde atracan los barcos y los gobiernos de los países interesados.

En la novela hay asesinatos, persecuciones marítimas, inspectores de policía que investigan, y una venganza in extremis.

El autor es un catalán nacido en Buenos Aires, licenciado en biología por la Universidad de Barcelona que trabajó cinco años en Namibia y ocho en las Seychelles como inspector de pesca. Posteriormente como asesor de la Comunidad Europea en los campos de refugiados de Ruanda y Burundi. Últimamente su actividad profesional se ha desarrollado en Uruguay y Argentina.

El sábado 23 de octubre a las 13h. habrá una tertulia sobre este libro en "Negra y Criminal" (Sal 5, BCN) con el autor de verdad. Yo lo presentaré. Será una buena ocasión para encontrarnos, y disfrutar de un mediodía de sábado de otoño con un vaso de vino y algún mejillón. Estáis invitados.

21.8.10

De qué hablo cuando hablo de correr. Palitana II. Pensamientos posteriores a la lectura del libro del mismo título de H. Murakami.


Correr hasta la meta que estaba a 100 km., este era el objetivo. Al llegar a los 75 fue como traspasar una pared de piedra, entonces todo cambió, a partir de aquel momento podía llegar a los 100 kilómetros e incluso hubiera podido seguir corriendo, algo así aunque con otras palabras escribe Haruki Murakami en su libro “De qué hablo cuando hablo de correr”. Lo que parecía imposible, a partir de un momento determinado se hizo posible. He leído el libro este verano y me ha dado que pensar. Me ha hecho volver a la subida a Palitana (3950 escalones) y recuerdo que me ocurrió algo parecido, salvando evidentemente la distancia entre un corredor entrenado y experimentado (Murakami) y una servidora que no hace más que nadar 20 piscinas dos días a la semana y no siempre.

De madrugada llegaba al pie del monasterio. Tenía 3950 escalones por delante y debía subirlos antes de que el sol llegara a su zenit y el calor fuera insoportable.

Puedo andar en terreno llano sin problemas distancias considerables pero las subidas me resultan penosas y se me acaba el soplo enseguida, parecía pues una empresa imposible.

Además iba calzada con unas chanclas que al poco de iniciar el ascenso me resultaron incomodísimas. Me fijé en los demás peregrinos: iban descalzos. Vi que el suelo era de cemento liso. Me quité las chanclas y seguí descalza. Siempre me ha gustado sentir el fresco suelo directamente en las plantas de mis pies.

Por suerte los escalones no eran altos ni regulares, unos más anchos que otros y en algunos tramos el camino era ascendente pero liso lo que propiciaba cambios en el ritmo y por lo tanto que el ascenso fuera menos aburrido.

Después de subir unos trescientos escalones ya no podía respirar. Como había empezado el camino dudando de mi capacidad física, el hecho de no poder más tan pronto no hacía sino confirmarme que aquel objetivo era para mí imposible de conseguir. Pero seguí subiendo con la ayuda del bastón que había alquilado y los ánimos que recibía de los que subían a mi lado, tan poco entrenados como yo, jóvenes, maduros e incluso viejos, delgados y gordos, todos movidos por una fe de la que yo no gozaba y que a ellos les aseguraba la llegada allí donde los templos y la divinidad les estaba esperando. Superé con dificultad los 500 primeros escalones. Cuando pasé el 1000 marcado en la piedra me pareció que no llegaría mucho más lejos, Pero pisé el 2000 y sorprendida vi que seguía adelante. El cambio se produjo en el 2500, entonces traspasé la pared de piedra que decía Murakami, a partir de aquel momento subía con facilidad, sin pensar, escalón tras escalón, a buen ritmo, sin parar, sin acelerar, como una máquina bien engrasada, hasta el final, allí en la cima donde un bosque de templos blancos todavía vacíos de fieles me reservaban una visión extraordinaria. En aquel momento tenía la sensación de que hubiera podido seguir subiendo hasta Dios sabe dónde.

Los peregrinos que iban llegando tenían rituales que cumplir para complacer a sus dioses, bañarse, cambiarse de ropas, hacer ofrendas, orar… yo solamente observaba, mi objetivo se había cumplido ya por el hecho de haber llegado. La satisfacción me inundaba, el espectáculo me fascinaba. Los músculos descansaban y la mente también.

El descenso fue fácil, relajado y alegre.

Respecto al hecho de escribir como contrapunto al hecho de correr, como hace Murakami en su libro, me da que pensar. Se trata de empezar: lo que se entiende por “ponerse”. Escribir la primera frase, el primer párrafo. La pereza mental se ha instalado en mi cerebro. Soy una perezosa mental, y en muchas épocas de mi vida, ahora mismo, prefiero limpiar la casa, cocinar, preparar conservas con recetas exóticas o ir a la compra, antes que escribir. Cuando estudiaba el bachillerato me ocurría algo así. Me daba pereza seguir pensando en cómo se resolvía un problema. Si no salía a la primera, fuera. En cambio había quien al día siguiente por la mañana tenía la solución, había estado pensando en ello toda la noche y lo había conseguido, estaba feliz, tenía músculo mental, lo entrenaba y llegaba al objetivo que era: resolver el problema. No está nada mal la vida contemplativa, de hecho la disfruto a cada momento pero también sé que estar inmersa en la escritura de un libro es algo excitante, una aventura envolvente y fantástica.

En vista de que llegué a subir a Palitana y de que a Murakami le va muy bien lo de correr para poder escribir, vaya, que le es imprescindible correr como mínimo sesenta kilómetros todos los días para poder seguir escribiendo, he tomado la decisión de volver a la disciplina, hacer las 20 piscinas tres días a la semana, o quizá todos los días, bueno, no pienso nadar ni sábados ni domingos, faltaría más, y sentarme seguidamente en el ordenador a escribir.

¿Será esta una nueva etapa? El tiempo lo dirá.

He comentado el libro con mis amigos. A Fernando no le ha gustado nada, dice que le parece una aberración tener que disciplinarse tanto a estas alturas de la vida. A Marta le ha gustado y está muy contenta porque ella no tiene que hacer tanto esfuerzo para conseguir todos los objetivos que se propone en su vida profesional de ejecutiva creativa. A cada lector le afecta el libro a su manera y a todos les hace pensar en su propia situación, en su manera de enfrentarse a los retos que se presentan, en su filosofía vital. Interesante.

27.1.10

Dayanita Singh expone sus fotos en Madrid

No conozco personalmente a la fotógrafa india Dayanita Singh pero sigo su obra desde hace años debido a una serie de casualidades.
Hace más de una década, el también fotógrafo Toni Catany me dejó un libro de fotos de Dayanita cuyo título era "Myself Mona Ahmed" y en el que aparecía en imágenes la vida de un eunuco ya anciano que vivía en un cementerio. Algunos años después fui a vivir a Calcuta y cuál no fue mi sorpresa al ver en casa de la señora que me alquilaba el piso donde fui a vivir una foto de su familia tomada por Dayanita Singh y, más tarde, en la misma casa, el libro "Privacy" en que aparecía esa foto publicada. Me contó mi casera que su nuera y Dayanita habían sido compañeras de escuela y que seguían siendo muy buenas amigas y me regaló el libro. Lo miro con frecuencia porque me parecen sus fotos extraordinarias. Se trata de familias de Calcuta y de Bombay en su mayor parte, también las hay de Goa. Familias en sus casas. En blanco y negro. Los muebles, los cuadros, las paredes, los suelos, la luz, todo colabora a crear unos ambientes íntimos, entre modernos y decadentes, donde los personajes, elegantes y sofisticados la mayoría, dan a entender varias generaciones de holgura económica y altos niveles de educación. Otra cara de la India de la que solo acostumbramos a ver su faz más depauperada.
Hace un mes estábamos cenando en un restaurante de Ballygunge, en una ciudad tan grande como Calcuta, y por casualidad, otra más, entró un conocido nuestro que hacía años no sabíamos de él, Aveek Sen. Nos contó que iba a ir a Madrid en enero para la inauguración de una exposición de una fotógrafa india llamada Dayanita Singh. ¡Dayanita otra vez! Precisamente hacía unos días habíamos vuelto a ver la fotografía familiar colgada en la pared de la casa de mi en otros tiempos casera, hoy buena amiga, y que, por cierto, se convirtió en uno de los personajes más entrañables de mi libro ¡Esto es Calcuta!
Exposición en la Fundación Mapfre de Madrid.

14.11.09

Ernesto Carratalá Rey, el pintor del Raval, y Gerard Quintana



Ernesto Carratalá, el pintor protagonista de mi libro ¡Esto es Calcuta!, cuyos dibujos y pinturas sobre la India he comentado en este mismo blog, lleva ya un tiempo dibujando lo que ocurre en el Raval de Barcelona. De la misma manera que durante años sus dibujos fueron una crónica viva de las calles de Calcuta, hoy lo son de las esquinas del barrio más variopinto de la ciudad condal. Indios, pakistaníes, filipinos, nigerianos, policías, prostitutas, tenderos, mujeres y hombres venidos de lejos, vecinos de toda la vida y nuevos vecinos, turistas, imanes musulmanes, sikhs, mujeres con burka, abuelas, tullidos, ciclistas y carteristas.
Y Gerard Quintana lo ha escogido para que ilustre su nuevo disco "De terrat en terrat" que sale dentro de unos días. El CD incluye diez dibujos preciosos en forma de postal, además de la portada y la contraportada.
Entrad en http://http://www.gerardquintana.cat//index.php?Itemid=100092

10.11.08

Nazario y la poesía persa

"Antología de poetas persas" de Rafael Cansinos Assens, este es el libro que figura junto con el de "Poemas arábigoandaluces" de E. García Gómez en el cuadro de Nazario cuyo fragmento reproduzco aquí.

Nazario acaba de inaugurar una exposición de magníficas acuarelas en la Galería Castellví de Barcelona, la galería donde suele exponer desde hace años.

Ya sabemos que los cuadros de Nazario llevan siempre incorporados una serie de objetos, libros, discos, etc., que nos dan información de sus gustos y preferencias. Mirándolos te puedes entretener y encuentras gran cantidad de información. Cada cuadro es un bodegón lleno de sorpresas, sorpresas que son guiños para los que conocemos al artista desde hace muchos años.

En esta ocasión he encontrado el libro de Cansinos Assens entre espejos, una caja rebosante de tesoros con cuentas de plástico y un jarrón con flores blancas.

El prólogo del libro es un trabajo valioso del autor sobre los poetas persas clásicos que vale la pena leer.
Posted by Picasa

Afición a la fotografía en Irán (y III)

La tercera inauguración de fotografía que he asistido en Teherán ha sido la de Shadi Ghadirian, en el centro de la foto.
Shadi es quizá la fotógrafa iraní con una carrera más fulgurante. Sus fotos en sepia con estética de la época Qajar hicieron furor en Europa y han sido reproducidas hasta la saciedad. Incluso mi libro "La cueva de Ali Babá, Irán día a día" tiene una de estas fotos como portada (ved el libro en su mano).
Durante un tiempo parecía que Shadi se había quedado encasillada en ese estilo pero en su nueva exposición todo ha cambiado. Ahora muestra unas fotos llenas de color y también de significado. En todas ellas hay algo que tiene que ver con la guerra, en medio de un paisaje casero perfectamente normal y actual. Por ejemplo, unos zapatos de tacón rojos en el suelo de una habitación y, al lado, las botas de un soldado; una mesa perfectamente puesta para comer o cenar en una casa burguesa al estilo occidental y una granada en lugar de uno de los vasos.
Los asistentes a la inauguración eran jóvenes, chicos y chicas, guapos y sofisticados y, seguramente, ricos. Los precios, de artista de primera fila internacional. Ver la foto de los tacones rojos en http://www.silkroadphoto.com/ la galería especializada en fotografía de Teherán donde tenía lugar esta exposición, Silk Road. También hay información sobre los fotógrafos iraníes actuales.

Afición a la fotografía en Irán (II)


En Teherán y casi al mismo tiempo que la exposición de Rana Javadí comentada anteriormente, he asistido a la inauguración del fotógrafo Kamran Adle, una recopilación de fotos que él mismo ha recogido con el título de "50 años", en la AARAN ART GALLERY.
Kamran Adle es uno de los fotógrafos más importantes de Irán y con una de las trayectorias más largas. Desde muy joven decidió que la fotografía sería su medio de expresión y la primera foto de esta exposición data del 1954. Las siguientes van recorriendo cronológicamente los trabajos que el autor ha hecho durante su vida, tanto en Irán como en África o el Caribe.
El catálogo de 55 páginas con muchas fotos está muy bien editado, podéis ver la portada en color fuxia . La fotografía que reproduzco corresponde a una serie de tres tomadas durante la conmemoración del martirio del Emam Hossein en Busheir. Hay también fotos de la serie "Bazares de Irán", de la serie "Esfahan", de las series "Persepolis y Pasargad", de la serie "Saint Massoomeh Srine", de la serie "Nubes", etc.
Para saber más sobre Kamran Adle visitad su sitio www.kamranadle.com

9.11.08

Afición a la fotografía en Irán (I)



Durante el tiempo que he estado en Teherán he podido asistir a la inauguración de tres exposiciones de fotografía.
Una de ellas tenia lugar en la galería Golestan, cuya propietaria es la conocida galerista y editora Leila Golestan. Exponía la fotógrafa Rana Javadí, esposa del también fotógrafo Bahman Jalalí cuya exposición en barcelona, Fundación Tàpies, comenté en este blog en su momento.
Rana, en su última serie de fotografías, da una visión de tiempos pasados, algo nostálgica. En todas sus fotos aparece, en segundo plano, la imagen de una mujer, siempre distinta, de los años curenta o cincuenta, lo deduzco por sus vestidos y sus peinados, mujeres ataviadas al estilo occidental de la época del shah y que podrían ser su madre o sus tías sacadas del album familiar, entre reflejos de paisajes con árboles y flores para lo cual usa un espejo semitransparente, y enmarcado por telas de colores. Mezcla de blanco y negro, y color.
En la foto Rana Javadí es la que lleva el pañuelo rojo. Ella y su marido están haciendo una gran labor de clasificación de las antiguas fotos iraníes de la época Qajar encontradas en el palacio Golestán de Teherán. Los asistentes a la inauguración eran hombres y mujeres de mediana edad con aspecto de intelectuales, el mundo cosmopolita de los intelectuales y artistas iranís.

22.6.08

Un invierno en Kandahar: viajes a Afganistán antes de su destrucción


Los años han pasado desde que viví aquellas aventuras en Afganistán y ya hace algún tiempo desde que escribí el libro. Hoy ya no hay budas en Bamyan, el señor de las estepas convertido en vendedor de leche en Washington D.C. ya ha fallecido. También murió el año pasado en Kabul, Mohammad Zaher Shah, el que fuera rey de Afganistán durante cuarenta años. Y en ese país sigue el conflicto. Con el título "Winter in Kandahar" se publicará en inglés durante este verano y, por fin, los amigos afganos podrán leerlo. También me hace mucha ilusión que lo lean Jessica y Danyal, la viuda y el hijo de uno de los protagonistas.

Ojo Avizor: Un invierno en Kandahar: viajes a Afganistán antes de su destrucción es el comentario sobre el libro del mismo título que ha publicado Alex Moledo en su blog. Alex acaba de leer el libro y lo ha estado leyendo mientras viajaba en autobús, para entregar sus trabajos de final de curso. Son las opiniones de un joven valenciano estudiante de periodismo. Fue alumno mío en la Universidad de verano de Guardamar del Segura el año pasado.
Dentro de poco saldrá la edición en inglés publicada por Trotamundas con el título "Winter in Kandahar"

24.2.08

Jazeh Tabatabaí, escultor iraní, escritor, poeta...






Jazeh Tabatabaí ha fallecido en Teherán a los 77 años. Vanguardista y persona entrañable y atípica había expuesto sus obras en Francia, Inglaterrea, Grecia, Alemania, Suecia, India, China, Mónaco, Turquía, Irán y España. Fundó la Iran Modern Art Gallery y durante más de treinta años disfrutó del reconocimiento internacional. Además de sus esculturas y pinturas, ha publicado más de 40 volúmenes de libros que incluyen cuentos populares, novelas, poesía, crítica de arte, obras de teatro y guiones cinematográficos. Recibió varios premios internacionales a lo largo de su vida.


Conocí a Jazeh en Teherán, en casa de unos amigos, y aprendí a reconocer su obra. Sus esculturas ensambladas con material de reciclaje ofrecían una segunda vida a maquinaria absoleta y a vehículos herrumbrosos. Sus tuercas, muelles, tornillos, se convertían en sus manos en pájaros, orquestas de jazz, personajes inquietantes, que además se movían. Sus pinturas representan a personajes femeninos de cara redonda y ojos rasgados, animales con faz de mujer y el sol que es siempre femenino en la cultura persa, jorshid janum, la señora sol. Jazeh hablaba castellano, vaya sorpresa. Es que vivo en Vigo, me dijo.


Algún tiempo después lo encontré en Vigo. Me habían contratado para dar una conferencia y vino a escucharme. Al terminar fuimos a cenar. Era una persona exquisita, yo misma había visto cómo lo veneraban en Irán y, sin embargo, en Vigo parecía un anciano perdido, desorientado. Un amigo gallego lo acompañaba y daba la impresión de que era su único amigo. Nunca supe por qué estaba en Vigo. Hablaban de un hermano suyo que también vivía aquí, él sería el primero que llegó pero las frases eran inconexas y la explicación invertebrada.


Visité su estudio-taller en Teherán hace tres años. Una casa de tres plantas llena de esculturas de hierro, como un museo sin clasificar. Pájaros, gallos, flamencos de largos cuellos, rebaños de animales, manadas de ciervos, todos moviéndose al unísono bajo el impulso que Jazeh les daba. Ejércitos de personajes te daban la bienvenida entre fascinantes y fantasmagóricos desde todos los pasillos, todas las escaleras, todos los rincones. En el piso superior sus cuadros, sus libros y sus cosas: el televisor, una mesa camilla, unos sofás. También obras de otros artistas. Este que yo consideré su estudio, era la célebre Iran Modern Art Gallery, construída en 1958 por el entonces joven artista Jazeh Tabatabaí para albergar las más avanzadas manifestaciones artísticas que ocurrían en Irán, en la calle Tabatabaí con la avenida Taleghaní antes Tajtejamshid. En ella se reunían, exponían, publicaban y discutían los más importantes pintores, escultores, poetas, dramaturgos y cineastas del país, todos bajo la benevolente mirada de Jazeh.

Su muerte ha aparecido en los periódicos iraníes. La sensación que me queda es la desolación. La reciente historia de Irán en la vida de un artista grande como Jazeh fue demoledora. Seguramente pertenecía a la generación que recibió ayuda en forma de becas para ir a estudiar al extranjero cuando Farah Diba, mecenas del arte, apoyaba a los artistas iraníes. Después vino la Revolución, es probable que fuera considerado tagutí y debió quedar relegado a una especie de limbo cuando el arte y los artistas vanguardistas eran considerados peligrosos y los personajes de vida bohemia eran difíciles de clasificar. Su relación con España le llevó a pitar una serie de meninas, una serie de toros y toreros, y cuadros homenaje a los artistas españoles que él admiraba.

Durante toda su vida fue pintando diferentes versiones del león con el sol naciente en su lomo, símbolo de la antigua Persia. El sol de Jazeh tenía cara de mujer desde el principio, pues era "jorshid janum", pero a medida que pasaban los años el león que empezó teniendo barba y bigote, terminó también feminizado, dos caras de mujer para el símbolo persa que ya no miraba hacia Occidente sino hacia Oriente y ya no blandía la espada sino que sostenía un ramo de flores. La mujer de su vida fue su madre.

Desde aquí, nuestro homenaje a Jazeh Tabatabaí, uno de los artistas más importantes de Irán.