BLOG DE ANA M. BRIONGOS


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31.1.22

1996 primer viaje del fotógrafo Toni Catany a la India






Hace veinticinco años del primer viaje de Toni Catany a la India.

La catalizadora de aquel viaje fue nuestra amiga común Luisa Rubio, a la que pocos años  antes habíamos acompañado a Irán, Toni Catany y yo, donde ella iba a reencontrarse con Behrooz, su marido iraní, después de años de separación debido a la Revolución y a la guerra. Luisa fue quien nos presentó a Ravi, el amigo indio de Behrooz, y a su esposa Vinu, que vivían en Londres.


A finales de 1996, Ravi Khosla y Vinu querían celebrar su 25 aniversario de boda con un viaje por la India y nos propusieron acompañarles.


En noviembre de ese año salimos Toni Catany, mi marido Toni Alsina y yo, de Barcelona;  Luisa y Behrooz de Teherán; Ravi y Vinu de Londres y nos encontramos en la casa de los padres de Ravi en Nueva Delhi donde también vivían el hermano de Ravi, su esposa y los hijos jovencitos. Nada más llegar, Catany se hizo confeccionar unas camisas con telas de algodón estampado y un chaleco de lana negro al estilo Nehru, le encantaban los tejidos. Los mercados y las calles llenas de gente y de rickshaws de la ciudad vieja le fascinaron. En la esquina desconchada de un antiguo monumento fotografió al joven del gorro, fotografía que luego hemos visto en publicaciones y exposiciones.





Sentados todos en la amplia cama de los abuelos, uno de los puntos de reunión de la casa, Ravi nos explicó el viaje que había preparado, a la vez que Catany hacía retratos a los miembros de la familia.

 

Salimos de Delhi en tren hasta Jaipur y allí tomamos el Palace on Weels, un tren de lujo formado con los vagones de los antiguos maharajás, que hace un recorrido por el Rajastán parando en diferentes estaciones, desde donde visitamos las ciudades y monumentos más importantes así como el desierto fronterizo con Pakistán, donde Catany fotografió al camellero de los pendientes.




Después volamos a Madrás, hoy Chennai (Tamil Nadu), y participamos en la peregrinación a Tirupati (Andhra Pradesh), un monasterio, el más rico de la India, situado en lo alto de una montaña rodeada de niebla. A las cuatro de la madrugada nos habían concedido la entrada al templo. Era negra noche y teníamos que ir descalzos desde el hotelito para peregrinos, donde las familias ocupaban por horas las habitaciones mientras esperaban el turno de entrar en el templo. La humedad era intensa, las mantas en las camas estaban mojadas, nadie las cambiaba, y para poder dormir tuvimos que hacerlo sobre papeles de periódico. Andábamos a oscuras con los pies hundidos en el barro, esquivando ratas, mientras unos altavoces llenaban el espacio con cantos que nos parecían inquietantes. La cola para entrar al templo se hacía entre rejas en un recorrido helicoidal, finalmente pudimos entrar empujados por monjes obesos con la cara pintada de blanco y de amarillo y el torso desnudo. Todo era fantasmagórico. La cola se iba apretando cuando nos acercábamos a la divinidad, el Señor Venkatwara, una figura vestida con brocados y cubierta de flores, a la que casi no pudimos ver debido al agobio causado por el fervor de los peregrinos.


Visitamos después Mahabalipuram y sus antiguos templos de los siglos III-VII, de granito, excavados en la roca, y las playas cercanas donde Catany recogía caracoles y conchas que después utilizaría en sus altares profanos.





Toni Catany no hablaba ni una palabra de inglés, no sabía decir ni los números, así que teníamos que ayudarle siempre para hacer las transacciones en las tiendas, pero cuando se trataba de tomar fotografías no tenía ningún problema con la lengua. Se acercaba discretamente a quien quería retratar, le hablaba en puro mallorquín y sorprendentemente aquella persona hacía lo que Toni le decía que hiciera.


Volamos a Bangalore (Karnataka) ciudad puntera de la informática, donde nos encontramos con personajes vestidos de Papa Noël y de Micky Mouse, se acercaba la Navidad. 


Seguimos viaje hacia Trivandrum (Kerala), descansamos en la playa de Kovalam donde los pescadores arrastraban las redes llenas de peces relucientes que todavía saltaban. Las barcas y los peces fascinaban a Catany. Al atardecer se refugiaba en casa del anticuario donde disfrutaba entre tankas tibetanos, cadenas de plata, miniaturas y escogía y compraba objetos de buen gusto para sus amigas. Siempre se acordaba de sus amigas.


Por último embarcamos para navegar hacia el norte por los backwaters de Kerala. Las noches en el pequeño barco eran oscuras y silenciosas pero al amanecer se despertaba la vida en la selva y nos ofrecía un concierto emocionante.


Al llegar a Barcelona Toni Catany preparó tres álbumes con las fotografías del viaje que consideró más adecuadas y nos regaló uno a cada pareja. Aún no se había pasado al sistema digital y tenía que revelar e imprimir las fotografías.


Después de aquel viaje siguieron otros dos para asistir a las bodas de los hijos del Ravi en Delhi, en las que aprovechamos para visitar diferentes estados del norte de la India.


Los tres últimos viajes fueron a Calcuta, ahora Kolkata (Bengala Occidental), donde yo había pasado largas temporadas para escribir el libro ¡Esto es Calcuta! y donde conservo muy buenos amigos. Aprovechando la proximidad viajamos a Bangladesh. En Daca le robaron la Leica digital que acababa de comprarse, se lo tomó bastante bien, las emociones del viaje le hicieron olvidar el disgusto inicial. También hicimos una escapada al Gujarat para visitar los templos de su sueño, Palitana. Aquella visita resultó una decepción para él, la historia es larga de contar, pero de allí salió una de las mejores fotografías, en mi opinión, que ha tomado Toni Catany.


Él y yo pasamos una Navidad en Calcuta y un enero en Benarés donde hacía un tiempo endemoniado y un frío extremo.

 

En Calcuta se relacionó con fotógrafos del país con los que compartía largos paseos fotográficos. Los amigos bengalíes lo amaban, los retrataba a todos y les llevaba al siguiente viaje copias de gran tamaño para enmarcar. En sus casas siguen colgando de la pared las fotografías familiares tomadas por Toni Catany.


Para saber la historia del viaje a Palitana leer en este mismo blog:

http://pasionviajera.blogspot.com/2014/03/toni-catany-el-fotografo-el-viajero-la.html


17.9.18

Jorasanko o la historia de la casa de los Tagore y sus mujeres en Kolkata, India.







Este verano, entre julio y agosto he estado en Kolkata, India. Era época de monzón y todos los días, a intervalos, caía una intensa cortina de agua que dejaba encharcadas las calles, algunas de de las cuales se convertían en ríos caudalosos. El intenso calor húmedo hacía que la piel nunca se secara y los ventiladores volteaban permanentemente, de día y de noche.

Refugiadas en el estudio de mi amiga la escultora y ceramista Falguni Bhatt, reguardadas de la lluvia pero contemplándola caer en el patio del estudio cuyas paredes ennegrecidas por el musgo y agrietadas, alojan las raíces de plantas, incluso árboles, que crecen y florecen arrapados al muro, hablábamos de libros.
Me recomendó con vehemencia un libro que había leído hacía poco: Jorasanko, de Aruna Chakravarti. “En este libro se cuentan 200 años de historia de las mujeres de la casa de los Tagore”. 
Una historia nunca contada en profundidad pues siempre se habla de los hombres de esa poderosa familia, especialmente del laureado Rabindranath Tagore, primer Premio Nobel de Asia (1913


Rabindranath Tagore

Me empezó a interesar Tagore y su familia a partir del momento en que me instalé en Calcuta, hace años, para escribir mi libro ¡Esto es Calcuta!. La fotografía de Rabindranath aparecía por doquier, aquel personaje alto y delgado vestido con una túnica que le cubría hasta los pies, de piel oscura y larga melena y larga barba blancas, estaba presente en tiendas, en casas particulares, en calles y plazas. Sus canciones, compuso miles de ellas, se oían en la radio y las cantaban los niños en la escuela. Además, como cuento en el libro, mi madre, profundamente afectada por los terribles acontecimientos vividos durante la guerra civil española, sólo veía un resquicio de luz leyendo a Tagore en las ediciones de la época, en castellano y catalán. Por lo que ya visto desde Calcuta, se cerraba para mí un círculo tagoriano familiar.

Corrí a comprarme el libro Jorasanko que me recomendaba Falguni.
Jorasanko es el nombre de la casa familiar de los Thakur o Tagore como les llamaron los ingleses, la familia más rica y famosa de la época colonial británica. Situada en el centro antiguo de la ciudad, hoy alberga una universidad, lo que da idea de su tamaño.
Los Thakur habían llegado a la zona próxima al nuevo puerto de Calcuta desde otra región de la India pero como eran brahmanes y, por lo tanto, letrados, fueron invitados por los pescadores de la zona para hacer de intermediarios con los ingleses, los nuevos amos, con los que no había manera de entenderse. De este modo se convirtieron en los primeros estibadores y empezaron a hacer fortuna.


Dwarkanath Tagore.jpg
Dwakarnath Thakur

El más conocido de la saga Thakur fue Dwakarnath, abuelo de Rabindranath. Un riquísimo hombre de negocios que llegó a tener empresas de seguros, plantaciones de índigo, barcos, e incluso fue recibido por la reina Victoria de Inglaterra. En su casa se celebraban las fiestas más suntuosas de la ciudad de Calcuta, donde los invitados británicos comían y bebían, aunque él, estricto practicante en materia alimenticia de la tradición hinduísta, no comía nunca con ellos.
A los quince años lo casaron con Digambari, una niña de cinco y, como mandaba la tradición, ella fue a vivir desde ese mismo momento con la familia de su marido, los Thakur de Jorasanko.
Tuvieron tres hijos varones, el mayor de los cuales Debendranath, poco aficionado a los negocios se hizo predicador de una nueva secta del hinduísmo, monoteísta e iconoclasta, que había fundado un amigo de su padre ayudado financieramente por el mismo, la Brahmo Samaj.

A Debendranath lo casaron con Sarada Devi y tuvieron nueve hijos y cinco hijas. Rabindranath, el futuro premio Nobel, era de los pequeños. 

Cuando empezaron a casar a los chicos adolescentes, la casa de Jorasanko se llenó de nueras-niñas que se educaban junto con las hijas y los hijos de su edad y participaban en sus juegos. Estas niñas, ricamente vestidas, maquilladas, perfumadas y cargadas de joyas como unas preciosas muñecas, llegaban en palanquín totalmente escondidas dentro de sus cortinas. Nadie las veía hasta que estaban en el interior de la mansión de Jorasanko. Allí se les adjudicaban unas habitaciones y unos criados o criadas y crecían y se educaban como todos los niños de la familia. Correteaban por sus patios y jardines hasta que llegaban a la pubertad y accedían a la condición de esposas. Eso sí, las mujeres nunca salían de Jorasanco y si lo hacían debía ser totalmente tapadas y escondidas dentro del palanquín. Los maridos, iban y venían según lo necesitaban por sus estudios en la India o en el extranjero o porque la administración de sus extensas propiedades rurales así lo requería.


Jorasanko
En Jorasanko, como es de suponer pasaban muchas cosas. Había que saber buscarse complicidades y organizar estrategias para poder sobrevivir, sobre todo las mujeres. Había maridos buenos y maridos malos. Incluso los había con problemas mentales y reales maltratadores. Pero las esposas habían sido educadas desde su más tierna infancia con la idea de que su destino era el de servir incondicionalmente al marido, sin una queja, pasase lo que pasase. Así que una de las jóvenes esposas empezó a aparecer frecuentemente con heridas y moratones. Siempre daba una excusa como explicación, y nadie se atrevía a rechistar porque el padre-gurú de la familia no quería aceptar que un hijo suyo fuera un maltratador, hasta que un día el marido le dio una paliza de tal envergadura que la dejó tendida, inconsciente y cubierta de sangre en uno de los pasillos de la casa donde fue encontrada por otra nuera y su marido al día siguiente. El marido maltratador fue finalmente internado en un centro para dementes pero volvía de vez en cuando con la convicción general de que estaba curado y se metía en la habitación de su joven esposa que lo recibía aterrorizada pues presentía lo que iba a ocurrir, que por cierto, no tardaba en ocurrir.

En Calcuta, entonces capital del Imperio Británico en la India, estamos hablando del siglo XIX, se estaba produciendo una verdadera revolución cultural y social debido a la hibridación entre la cultura, las ideas y las costumbres de Inglaterra y de la India. Aparecieron poetas, novelistas, dramaturgos, músicos, pedagogos y reformadores sociales y religiosos entre las élites indias que estaban en contacto con los británicos, sus gobernantes. La ciudad bullía. En Jorasanko se publicaban revistas, se representaban obras de teatro escritas por algún miembro de la familia, en que los actores eran ellos mismos, al principio solo actuaban los hombres que también representaban los papeles de mujer, hasta que las mujeres reivindicaron su derecho a actuar y lo consiguieron. También había conciertos y exposiciones de arte pues entre los chicos Thakur había buenos músicos y excelentes pintores. Las mujeres que vivían inmersas en este ambiente artístico y cultural empezaron a escribir e incluso alguna se hizo cargo durante años de la publicación de las revistas que allí se producían. Las que habían llegado niñas a Jorasanko habían ido creciendo y habían adquirido cada una su personalidad de jóvenes adultas, algunas con la determinación de introducir cambios en la estructura férrea de la familia. Una de ellas, Genu, esposa de Satyendranath, llegó a convencer a su marido para acompañarlo cuando fuera destinado como funcionario británico a otra ciudad de la India e incluso se desplazó a Inglaterra antes que él y preparó todo lo necesario para poder vivir en aquel país cuando él llegara. Los tiempos estaban cambiando.


Rabindranath Tagore
Kadambari
Mientras tanto en Jorasanko se desarrollaba una trágica historia de amor entre Rabindranath y su compañera de juegos y amiga desde la infancia, su cuñada Kadambari. Ella era la que leía sus primeros escritos y le animaba a seguir adelante con su vocación de escritor. Años después, en 1913, él recibiría el premio Nobel de literatura.

Pero, queridos lectores, no voy a contarles más. Lean este libro interesantísimo y vean Charulata, la magnífica película del oscarizado director bengalí Satyajit Ray, para saber qué ocurrió.

La autora de este libro Aruna Chacravarti es una profesora universitaria jubilada, investigadora, escritora y traductora, galardonada con prestigiosos premios.






17.9.12

Durga Puja en Kolkata


 
Los amigos bengalíes están preparándose para celebrar la Durga Puja. Desde que terminaron las fiestas el año pasado, en el barrio de artesanos de Kumartuli, en Calcuta, empezaron a preparar  las esculturas que se montarían durante las festividades del año siguiente. Estas esculturas tienen para mí una gran semejanza con las fallas de Valencia aunque en el caso que nos ocupa se trate de representaciones mitológicas donde aparecen dioses, diosas, animales y demonios, todos ellos personajes muy populares de la mitología hindú, en vez de políticos o celebridades mundanas. Al final de las fiestas las fallas se queman, en cambio los protimas de Calcuta van a parar al río donde quedan sumergidos.
 
La festividad conocida como Durga puja en la tradición hindú se celebra en otoño y las fechas son variables según el año. En 2012 las celebraciones van del 20 al 24 de octubre aunque desde el 15 hay ceremonias relacionadas con esta festividad. Es un festival en honor a la diosa Durga, un avatar de la divinidad femenina que se presenta cabalgando un león, el rey de los animales. Madre del Universo, Durga representa el poder infinito y es un símbolo del dinamismo femenino.

La Durga Puja se celebra con alegría en toda la India aunque es especialmente importante en Bengala y sobre todo en Calcuta, hoy llamada Kolkata. Dulces, cantos, bailes, regalos, visitas a parientes y amigos, recorrido por las calles para admirar los tandals o grandes grupos escultóricos realizados con paja y barro y pintados y decorados con vivos colores.

 
Las asociaciones de barrio, los grupos de comerciantes, los mercados, las corporaciones y empresas grandes y pequeñas, encargan a talleres de artesanos de Kumartuli su protima que se montará en su barrio o frente a sus oficinas antes de que empiecen las fiestas. Los ciudadanos recorrerán las calles en familia o entre amigos para admirar y valorar el resultado de meses de trabajo cuyo resultado es espectacular. Finalmente, el día 24, en procesión y a hombros, llevarán las instalaciones hasta el río sagrado donde serán sumergidas.

En Londres se celebra la Durga Puja desde 1963 con esculturas encargadas en Kumartuli a artesanos de renombre. Cada año llegan desde Calcuta y se monta el conjunto en la capital británica. Lo pagan ricos hombres de negocios indios residentes en Inglaterra. Todas las comunidades de bengalíes diseminadas por el mundo celebrarán su Durga Puja.
 

Algunos pandals famosos

Kumartuli Park lleva pocos años instalándose pero se ha hecho muy popular porque está en el barrio de los artesanos que producen todos los demás.

Bagbazaar es uno de los más antiguos de Calcuta, lleva unos cien años de instalaciones. Está en el N. de la ciudad cerca del río. Metro Shayambazar. Está cerca del anterior en Kumartuli.

College Square tiene una situación excepcional al lado del lago y se refleja en las aguas. Cuando está iluminado de noche es espectacular. Situado en Central Kolkata. 53 College Street. Cerca de la Universidad de Kolkata. Metro Mahatma Gandhi Road o Central.

Mohammad Ali Park. Es otro de los pandals que atrae mucho público. Está cerca del anterior en College Square.

Santosh Mitra Square se hizo famoso en 1997 por su temática novedosa. El trabajo artístico es excepcional. En Calcuta centro, zona Bow Bazaar. Metro Central.

Badamtala Ashar Sangha tiene más de 75 años y es muy querido por el público porque empezó siendo muy humilde y ha crecido hasta conseguir el premio a la creatividad en 2010. Está en el sur de Calcuta. Metro Kalighat o Rash Bihari Ave.

Durga Puja es el símbolo del espíritu y la cultura de los bengalíes que residen en diferentes partes del mundo. Durga es la Madre, una madre que visita anualmente a sus devotos llenando de alegría las casas y aportando buenas relaciones entre familiares, amigos y vecinos. Es tiempo de renovación. Todo el mundo siente un amoroso compañerismo, padres, hijos, parientes, conocidos, amigos, extranjeros, jóvenes, niños y mayores. La luz se abre paso entre las tinieblas, la esperanza sustituye a la desesperación, la bondad durante esos días supera envidias y recelos.
 
Pasados unos días de la Durga Puja, Calcuta celebrará la Kali Puja, en honor a su patrona la diosa Kali, otro avatar de la divinidad femenina, la gran destructora y a la vez la gran regeneradora. La terrible diosa negra que saca una lengua ensangrentada y se adorna con un collar de cabezas cortadas, tan querida por las gentes de Calcuta.

16.8.12

Desguace y construcción de barcos en Chittagong


El desguace y la construcción de barcos en Chittagong, Bangladesh, las dos caras de una moneda.


Location of Chittagong in Bangladesh


El que viaja a la ciudad de Chittagong lleva en muchas ocasiones la idea de visitar los centros de desguace de grandes barcos, sobre todo si es fotógrafo. Los reportajes sobre este tema han proliferado en los periódicos y revistas occidentales y han levantado polémica las condiciones en que trabajan los desguazadores. Últimamente se ha puesto muy difícil entrar en las zonas de desguace.



Hasta finales del siglo XX los grandes barcos se desguazaban en puertos de países industrializados. Hoy los puertos de desguace están en países en vías de desarrollo. Que lo contaminante se lo queden otros. Los centros de desguace más importantes se encuentran en Gadami (Pakistán), Alang (Estado de Gujarat en India) y Chittagong (Bangladesh).



Aunque he visitado dos de esos puertos, el de Alang hace un par de años y el de Chittagong hace unos meses, no he conseguido entrar en la zona de desguace en ninguno de ellos porque hay unas ordenes estrictas de los gobiernos de prohibir la entrada a cualquier visitante extranjero. Hace tres años mi amigo el fotógrafo indio Subhrajit Basu sí consiguió permiso para entrar y fotografiar el desguace en Chittagong, y las fotografías que publico en este artículo las hizo él y me las ha cedido gentilmente. 
Según los comentarios que recibíamos, desde hacía un tiempo, Green Peace y otras organizaciones estaban denunciando los peligros que los materiales de desguace comportaban para la salud de los trabajadores.


La alarma cundió cuando en 2005 el portaaviones francés Clemenceau de 2700 toneladas salió hacia la India para ser desguazado. Entonces Green Peace protestó por las toxinas que el desguace liberaría como asbestos, PCB, mercurio y otros tóxicos. Finalmente el tribunal supremo de la India le denegó la entrada. 



Cuando en Chittagong pedimos permiso para visitar los desguaces, a finales de 2011, no lo conseguimos, pero la aventura merece ser contada porque fue una sorpresa. Ya hechas las gestiones para la visita, sin habernos dicho en ningún momento que estaba denegada, nos convocaron en un embarcadero del puerto donde llegamos después de recorrer la ciudad a velocidades vertiginosas sentados en precario equilibrio sobre un rickshow de bicicleta profusamente decorado. Allí nos recogió una lancha moderna que atravesó ligera el enorme puerto y nos dejó en otro embarcadero. Subimos unas escaleras de madera y llegamos a una plataforma donde nos esperaban dos soldados uniformados de gala que se cuadraron con un rotundo sonar de botas. Un sonriente caballero impecablemente trajeado nos recibió con unas palabras, "bienvenidos a Western Marine Shipyard Limited, la mayor y más moderna constructora de barcos de Bangladesh".




 Wstern Marine Shipyard Limited




Nos facilitaron unos cascos para la visita. Recorrimos grandes naves y hangares. Cuatro barcos en construcción estaban alineados en el exterior ya casi terminados pero todavía sin pintar. Los trabajadores vestidos con monos de trabajo blancos, marrones o rojos disponían de cascos y de gafas para los trabajos de soldadura. Todo parecía perfectamente organizado. Si no hubiera sido por el reciente recuerdo del trote en rickshaw podíamos olvidar perfectamente en ese instante que nos encontrábamos en Bangladesh.


También nos enseñaron el dispensario donde nos recibió el jefe médico. Era un edificio dotado de todos los adelantos médicos donde trabajaban varios médicos y enfermeras. El ambulatorio atendía a los trabajadores y durante unas horas al día abría sus puertas a la gente del barrio que podían visitarse allí de forma gratuita. Después estuvimos en los despachos de diseño naval donde unas decenas de ingenieros trabajaban frente a sus ordenadores. El ingeniero jefe era bangladeshí y había estudiado en Alemania, los demás también eran de Bangladesh. Finalmente nos recibieron en una sala de juntas y nos sentamos alrededor de una gran mesa donde cada uno encontramos una bandeja de frutas del país para degustar mientras nos explicaban las características de la empresa. Cinco mil trabajadores, ¿o eran tres mil? ya no recuerdo, exportación de barcos a países como Alemania y Dinamarca. Esta era la imagen que Bangladesh quiere dar a conocer, no la del desguace que es hasta ahora la única conocida. Sin embargo a unos kilómetros otros miles de trabajadores morirán jóvenes y enfermos por los tóxicos inhalados. 


http://www.guardian.co.uk/world/2012/may/05/bangladesh-workers-asia-shipbreaking?intcmp=239

20.6.12

El puerto de Dhaka en Bangladesh

 
Hierros y reflejos en el mar.
¡Esto es Venecia! dice el fotógrafo Toni Catany cuando descubre el puerto de Dhaka.

Los marineros lavan la ropa y se duchan en las repisas al borde del agua de los grandes barcos de tres pisos y amplios ventanales que nunca se cierran a los que llaman ferrys o rockets..
Multitud de barcas, cruzan el río, vienen y van. ¿Será su forma alargada al estilo góndola, la que le recordó a Catany Venecia?

En medio del río un hombre se cose un botón de la camisa en la cubierta de su barca y cuando pasamos por su lado en nuestra barca alquilada, nos saluda sonriendo.


 
Los ferrys han llegado de madrugada y ahora están vacíos. Los marineros descargan y limpian. Se enjabonan. Bromean.

El puerto, cuando se pone el sol, es un hervidero. Los ferrys se van llenando. Las familias buscan un espacio en la plataforma donde acomodarse y pasar la noche. Extienden una sábana o una manta delimitando su zona. Algunos ya están acostados descansando. Hay abuelos y niños, padres y madres. Los vendedores de fruta fresca y frutos secos preparan sus tenderetes en medio del bullicio.


 
A la entrada de los muelles una furgoneta de la policía se para a nuestro lado, bajan dos policías de azul y detrás de ellos unos cuantos prisioneros con argollas en los tobillos de las que cuelgan pesadas cadenas de hierro que van hasta las argollas de las muñecas.  Pasan en fila india, cansinos, por el puente que da acceso a los muelles y desaparecen en el interior de uno de los barcos.
Desde las plataformas los marineros anuncian a voces el destino del buque: ¡Kulna! ¡Kulna! ¡Kulna! ¡Barisal! ¡Barisal!.
Si no dispones de billete porque no vas a embarcar pero quieres pasar el puente y acceder al muelle hay que pagar un ticket en la ventanilla de la estación marítima.
 
Una esfera roja que se va agrandando a medida que avanza la tarde desciende entre brumas hacia su escondite. En un país musulmán como es Bangladesh a la hora del crepúsculo hay que rezar. Los hombres alineados llenan las cubiertas de los barcos y hacen sus reverencias de cara a la Meca que aquí es en dirección al sol poniente. Sus caras y sus kurtas blancas resplandecen.
Dentro de poco habrá oscurecido y zarparán los barcos hacia sus destinos navegando por el gran delta que forman el Ganjes y el Bramaputra.
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11.12.11

Chittagong. Bangladesh.




Ya estoy en Calcuta después de pasar unos días en Bangladesh. En esta foto me podéis ver en Cittagong, la segunda ciudad del país, al lado de mi marido, Toni. En el otro rickshaw está Toni Catany, el fotógrafo mallorquín afincado en Barcelona, que últimamente nos acompaña en nuestros viajes a la India.

Estos son los típicos rickshaws de bicicleta de Bangladesh. Los hay en las ciudades importantes a cientos, a miles. Dicen que en la capital, Dhaka, hay seiscientos mil. En la parte posterior llevan decoraciones con escenas de películas o animales o flores, o incluso pueblitos que no se sabe si son de Suiza o de Bangladesh.

Veníamos del río, de visitar un astillero tremendo donde construyen barcos de gran tonelaje que exportan a Alemania y a Dinamarca, entre otros países. Teníamos la intención de visitar el gran centro de desguace de barcos cuyas escenas fantasmagóricas se han hecho famosas en todo el mundo. Pero últimamente el gobierno no permite la entrada a la zona de desguace, especialmente después de que Green Peace hiciera una campaña de denuncia por las malas condiciones de trabajo de los desguazadores. A cambio nos llevaron al astillero. Una lancha rápida nos recogió en un muelle y nos llevó al otro lado del río donde nos esperaba el director acompañado de cuatro guardias en uniforme que se cuadraron con ruidoso taconazo a nuestra llegada. Nos pusieron unos cascos blancos e hicimos el recorrido por las naves enormes donde trabajadores perfectamente uniformados con monos de trabajo blancos, soldaban, juntaban, levantaban con la ayuda de grandes grúas... Durante todo el tiempo alguien de la empresa nos estuvo fotografiando. Al final y después de visitar el lugar donde los ingenieros diseñasn los barcos bajo la dirección de un ingeniero educado en Alemania, todos bangladeshíes, nos llevaron a una sala de juntas con mesa ovalada a la que nos sentamos y mientras nos servían té y bocadillo con un plátano y una naranja, pasaron un Power Point promocional de la empresa y del país. Todo perfecto, una empresa ejemplar que podía haber estado en un puerto de los Estados Unidos o de Europa.

Al salir, la guardia volvió a cuadrarse a nuestro paso, y el director nos despidió a pie de escalerilla y siguió moviendo la mano en alto mientras la lancha se alejaba. Tres grandes barcos de hierro todavía sin pintar conformaban el paisaje a la vista.

Me quedé traspuesta, como si me hubieran trasladado por una hora a otra galaxia y, de repente, volviera a caer a este perro mundo.

Después me dije: al menos esos tres mil quinientos trabajadores deben tener unas condiciones de trabajo dignas. La empresa en cuestión tiene un hospital en el mismo recinto con médico jefe al que saludamos y otro personal médico, que no sólo trata a los trabajadores y a sus familias sino también a la gente del barrio.

En el otro lado del río el desbarajuste se hacía más evidente. Ya montados en los rickshaws como se nos ve en la foto emprendimos la retirada a través de unas calles donde un río humano no deja de fluir con un ruido permanente de claxons. Estamos en el país más poblado del mundo.

El almuédano se oye desde diferentes mezquitas cuando se pone el sol rojo rojo y enorme sobre un fondo verde: la bandera de Bangladesh.
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30.8.11

El pájaro de barro de Tareque Masud

 

Hoy en La Vanguardia aparece el obituario de Tareque Masud, importante director de cine de Bangladesh, que falleció en un accidente de coche junto con otros miembros de su equipo de filmación el 15 de agosto pasado. Pasó la mayor parte de su infancia recibiendo educación en una madresé, tradicional escuela coránica, de una zona rural de su país situado en Bengala oriental. La guerra de independencia de 1971 le obligó a interrumpir estos estudios y al finalizar la guerra pasó a la educación estatal y a la universidad donde se licenció en Historia. Desde su juventud se interesó por el cine y participó en cursos y talleres tanto en su país, Bangladesh, como en el extranjero. Participó en varios festivales entre ellos el de Cannes donde su película "El pájaro de barro" fue premiada. En esta película cuenta su experiencia infantil en una madresé del Bangladesh rural en los turbulentos años 60. Tuvo problemas con la censura en su país que finalmente y con recortes permitió la proyección. Se casó con Catherine, una norteamericana también cineasta, con la cual ha colaborado en muchas de sus obras. En el accidente resultó herida. A través del enlace siguiente podéis visionar la película hablada en bengalí y subtitulada en inglés. Es muy interesante para quien quiera saber cómo es la Bengala oriental, de mayoría musulmana, que se separó de la India cuando ésta obtuvo la independencia del Inperio Británico, para formar parte de un nuevo estado Pakistán, del que era su brazo oriental (Pakistán Oriental, hoy ´país independiente de nombre Bangladesh).

Los cineastas bengalíes, ya sean de la zona occidental perteneciente a la India, como de la oriental, Bangladesh, pertenecen a una misma cultura y hablan la misma lengua. Los más conocidos son Satyajit Ray, el llamado Kurosawa indio, Bimal Roy, Ritwik Ghatak, y Aparna Sen, entre otros. La industria del cine de Bengala podríamos decir para entendernos que produce películas de arte y ensayo en comparación con la fabulosa industria de Bollywood. Para quien esté interesado en este cine le recomiendo que empiece con "La trilogía de Apu" de Satyajit Ray donde hay la escena de amor más hermosa del cine (en FNAC la venden con subtítulos en castellano).

3.8.11

Rabindranath Tagore, 150 aniversario, Año Tagore





Para conmemorar el 150 aniversario del nacimiento del escritor y pedagogo indio, Rabindranath Tagore, se ha editado en España un sobre y un sello de correos.



Rabindranath Tagore, 1861-1941, escritor, dramaturgo y poeta, pintor, pedagogo y compositor, recibió el Premio Nobel de literatura en 1917. Dedicó su fortuna a las escuelas y la universidad que fundó en Santiniketán, cerca de Calcuta.


En la foto, Tagore en Syamali, la casa de adobe, su preferida.

Construiré de barro el hogar de mis últimos días
y lo llamaré Syamali.
Cuando se desmorone
será como si se durmiera la tierra sobre el regazo de la tierra,
no quedarán pilares rotos
que eleven sus quejas contra ella
ni muros partidos con las costillas al aire
que alojen fantasmas de tiempos pasados.

Tagore es probablemente el personaje más venerado en Bengala, tanto en el estado de Bengala Occidental, perteneciente a la India, como en Bangladesh. Su obra, poesía, novelas, relatos cortos y ensayos, se sigue leyendo allí y sus canciones forman parte del saber popular y se cantan en escuelas, universidades y reuniones familiares.

Rabindranath Tagore era el hijo menor de Debendranath Tagore un líder del Brahmo, nueva secta religiosa que surgió en el siglo XIX en Bengala con la intención de reformar el hinduísmo y recuperar la base monista del mismo, como se establece en los Upanishads. Fue educado en casa y aunque a los diecisiete años lo enviaron a Inglaterra para recibir una educación formal, no llegó a terminar allí sus estudios. Además de su multifacética actividad literaria, se ocupó de administrar las tierras de la familia, en la actualidad situadas en Bangladesh, con lo que se acercó a la gente común y aumentó su interés por las reformas sociales. Fundó unas escuelas experimentales en Santiniketan donde puso en práctica los ideales de una educación naturalista muy cercana a las corrientes krausistas de Alemania y la Institución Libre de Enseñanza de España. Participó en el movimiento nacionalista indio, aunque a su manera puesto que no era ni un sentimental ni un visionario, y Gandhi, padre político de la India moderna, fue su amigo a pesar de que tenían puntos de vista diferentes. Tagore fue nombrado caballero por el Gobierno británico en el poder en 1915, pero al cabo de unos años renunció a ese honor en protesta contra la política británica en la India.


Aunque nacido en una familia hinduísta siempre se consideró el producto de "una confluencia de tres culturas: la hindú, la musulamana, y la británica". Su abuelo, un rico babú de Calcuta que había progresado haciendo negocios con los británicos, hablaba árabe y persa, y Rabindranath creció en un entorno donde se estudiaba el sánscrito, la literatura persa y las tradiciones islámicas.



Zenobia Camprubí, esposa del poeta español Juan Ramón Jiménez, tradujo las  obras de Tagore al castellano y el matrimonio contribuyó en gran manera a la popularidad de que gozó en España durante la primera mitad del siglo XX.

Amartya Sen, bengalí como Tagore y premio Nobel de Economía, ha escrito un interesantísimo trabajo sobre él cuyo enlace encontraréis aquí.
A continuación inserto lo que escribí cuando pasé una temporada en Santiniketan en 2003.

Puedo imaginar lo que fue Santiniketan en vida del poeta, cuando miro a mi alrededor, sentada bajo la sombra del gran baniano que se encuentra en el recinto de la universidad Vishvabarati. Grandes árboles de extensas copas protegen del sol de julio a quien bajo ellos se cobija. Más allá zonas de pradera, alguna laguna, grupos de palmeras. Puedo imaginar lo que sentía Rabindranath Tagore cuando en 1901 llegó desde la ciudad, Calcuta, dispuesto a poner en marcha una escuela para niños que estuviera en armonía con la naturaleza, convencido de que la educación no debe ser una tortura sino una alegría. Instalado en las tierras donde su padre tenía un ashram,  empezó su labor pedagógica debiendo superar dificultades económicas además de la reticencia de los campesinos y la suspicacia de los burócratas, a causa de la mala reputación que tienen los poetas como él mismo decía. Pero, “Cuando dejé la lucha por obtener resultados, en la ambición de beneficiar a los otros, y fui en busca de mis necesidades más profundas, cuando sentí que vivir la propia vida en plenitud, es vivir la vida de todo el mundo, entonces, la inquieta atmósfera de la lucha externa se disipó y el poder de la creación espontánea encontró su camino hacia el centro de todas las cosas”.

Intento aislarme del ruido de la calle para oír las voces de los niños que a la sombra de los mangos y de los bokules en flor siguen sus clases. Aunque las escuelas y la universidad siguen funcionando, ahora a cargo del Estado, muchas cosas han cambiado en Santiniketan desde que falleciera el poeta. Maestros y profesores forman parte, hoy, de la gran masa funcionarial que vive a la sombra del Estado indio. Alrededor de las villas que se hicieron construir las familias de la burguesía ilustrada de Calcuta que apoyaron en su momento la idea de Tagore, se construyen nuevas casas, nuevos hoteles. Santiniketan está de moda para un tipo especial de viajeros, tanto indios como extranjeros, aquellos que buscan un ambiente de paz, de cultura, de amor a la naturaleza, de reconocimiento al trabajo de los campesinos y de admiración por sus artistas y sus artesanos. También de aquellos que quieren sentir de cerca la impronta de su poeta más famoso y primer premio Nobel de Asia, el escritor más internacional de la India, un hombre polifacético, entusiasta, espiritual, trabajador incansable, inmune al desaliento, Rabindranath Tagore.

El gran baniano que me cobija cuyo tronco, custodiado por hileras de raíces que penden de las ramas, no alcanzan abarcar cuatro personas con los brazos extendidos, se ha llenado de pájaros. Mis compañeros y compañeras de sombra se interesan por mi procedencia, yo por la suya. Entablamos una conversación que puede durar horas y quizá sea el origen de una amistad duradera. Después saldré del recinto y pasaré un rato descubriendo libros extraordinarios, nuevos y viejos, algunos comidos por las polillas o descoloridos por las aguas, entre las estanterías de la librería del pueblo. Saldré cargada de cuentos ilustrados, escritos en bengalí, cuyas palabras no entenderé nunca y, antes de que anochezca, en un rickshow de bicicleta, volveré a la casa donde me alojo para compartir con mis anfitriones la puesta de sol.


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24.5.08

Los Sunderbans y Bon Bibi

La gloria de Bon Bibi

Leyenda tradicional de Bengala (India y Bangladesh). Traducido del llibro “The hungry tide”, en castellano "La marea del hambre", del escritor indio Amitav Ghosh (contada en la clase de 10 años de la escuela Parc del Guinardó, Barcelona).
Todo ocurre en los Sundernans, en el delta del Ganges, tierra de ríos y manglares, declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1997. Allí viven los últimos ejemplares de tigre de Bengala.

- No conoces la historia de Bon Bibi?
- Entonces a quién llamas cuando tienes miedo?

Bon Bibi reina sobre la jungla, donde mandan los tigres y los cocodrilos.

Sorprendentemente, la historia de la diosa tigre, la de los ojos amarillos, no empieza en el cielo o en las orillas del Ganges sino en Arabia. En la ciudad de Medina, uno de los lugares santos del islam vivia un hombre llamado Ibrahim. Un hombre sin hijos, piadoso musulmán que llevaba una vida austera de sufí faquir[1]. Por la intervención del arcángel San Gabriel, Ibrahim se convirtió en el padre de unos mellizos, Bon Bibi y Shah Jonjoli. Cuando los mellizos se hicieron mayores, el arcángel les dió el mensage de que habían sido escogidos para llevar a término una misión divina: Tenían que viajar desde Arabia hasta el “pais de los dieciocho ríos” para convertir este terreno en habitable para los hombres. Con este objetivo Bon Bibi y Shah Jonjoli salieron hacia las selvas de manglares de Bengala, en la India, vestidos con las sencillas túnicas de los sufís mendicantes.
Las junglas del “pais de los dieciocho ríos” eran entonces el reino de Dokkhin Rai. Un poderoso rey demonio, que ejercía su poder por encima de todo ser viviente de la selva, tanto de los animales como de los espíritus macabros, fantasmas i espíritus perversos. Sentía un odio especial por el ser humano con deseos insaciables ya que la carne humana le proporcionava unos placeres extraordinarios.
Un día Dokkhin Rai oyó unas voces nuevas en la jungla que llamaban al azzam, el canto que avisa a los musulmans para la oración; esto le advertió de que Bon Bibi y Shah Jonjoli havian llegado a su reino. Rápidament el demonio reunió a sus guardianes para echar a los forasteros. Pero perdió la batalla. Bon Bibi, victoriosa, decidió que una mitad del pais seguiría siendo salvaje y se la dió a Dokkhin Rai y a su ejército de demonios. El resto se lo quedó para ella y su hermano, y bajo su reinado pronto aquel terreno salvaje se convirtió en un lugar seguro para los hombres. De esta manera hubo orden en el pais de los dieciocho ríos con las dos partes, la salvaje y la cultivada, en un perfecto equilibrio. Todo iba bien hasta que la codicia humana rompió este orden.
En los confines del país de las aguas vivía un hombre de nombre Dhona que reunió una flota de siete barcos con la esperanza de hacer fortuna en la selva. La flota de Dhona estaba a punto de zarpar cuando se dieron cuenta de que quedaba una plaza de marinero. La única persona que encontraron cerca era un muchacho joven llamado Dukhey, que quiere decir “triste” en su idioma, un nombre adecuado para él ya que este chico había tenido una vida desgraciada: se le había muerto el padre cuando era pequeño y ahora vivía pobremente con su madre anciana y enferma. La mujer dejó marchar a su hijo con mucha pena y justo antes de zarpar le dio un consejo: “siempre que te encuentres en peligro has de llamar a Bon Bibi ya que ella es la salvadora de los débiles y la madre misericordiosa de los pobres, estoy segura de que te ayudará”.
La expedición zarpó y navegó por los ríos del país de las aguas hasta que finalmente llegó a una isla que se llamaba Kedokhali Char. Pero esta isla estaba dentro del territorio de Dokkhin Rai y los marineros no la conocían. El rey demonio les había preparado una desagradable sorpresa. Cuando entraron en la selva empezaron a pasar cosas extrañas: veían grandes colmenas llenas de miel colgando de los árboles pero cuando se acercaban desaparecían y solo reaparecían cuando ya estaban a una cierta distancia. No pudieron alcanzar ni una y Dhona estaba desesperado. Pero aquella noche se le apareció Dokkhin Rai y le hizo una propuesta. Cada uno debía dar al otro un deseo. El demonio quería al chico que Dhona había traído en su barco. Hacía mucho tiempo que no comía carne humana y ahora tenia la ocasión de tener una muy tierna. A cambio le llenaría a Dhona los barcos de miel y de cera, tanta, que se haría rico.
Invadido por la codicia, Dhona aceptó el intercambio y de repente, les criaturas del bosque, los demonios y los fantasmas, incluso las mismas abejas, empezaron a llenar los barcos de Dhona con un gran cargamento de miel y de cera. Pronto los barcos estaban tan llenos que ya no podían llevar nada más y llegó el momento en que Dhona debía cumplir con su parte del trato. Llamando a Dukhey, le ordenó que fuera al bosque a buscar leña para hacer fuego.
El chico no podía más que obedecer y cuando regresó con la leña vio sus temores confirmados: los barcos se habían marchado. Y entonces, de pie solo en la orilla del mar, atrapado entre el río y la selva, vio algo brillante negro y oro, era un tigre que le estaba siguiendo escondido entre los árboles. Era Dokkhin Rai disfrazado, y el demonio hizo temblar la tierra con su grito espantoso y empezó a correr para atacar. Al ver aquella inmensa bestia y aquellos enormes colmillos, un terror mortal le invadió. Aunque estaba medio desmayado de terror de lo que le había dicho su madre y dijo: “Oh madre piadosa, Bon Bibi, sálvame, ven a mi lado”.
Bon Bibi estaba muy lejos, pero cruzó las aguas en un instante. Hizo volver en si al chico cogiéndolo en sus brazos, mientras su hermano Shah Jonjoli le daba al demonio su merecido. Después, se llevó a Dukhey a su casa y lo curó. Cuando llegó el momento de volver, ella lo llenó de regalos que consistían en un tesoro de miel y cera y lo devolvió a casa de su madre. De esta manera Bon Biibi enseñó al mundo como funciona la ley de la selva: los ricos y los codiciosos serán castigados y los pobres y honrados serán recompensados.

[1] Hombre religioso, místico y mendicante.