BLOG DE ANA M. BRIONGOS


18.10.21

Underground y contracultura en la Cataluña de los 70


Underground y contracultura en la Cataluña de los 70

Ana M Briongos


¡Abrid las rejas! ¡Romped los muros! ¡Saltad los abismos!

 




Hace poco más de un año escribí un artículo sobre la contracultura donde explicaba  cómo la vivimos los que éramos jóvenes en la Barcelona de los años 70. Ahora todo aquello ha sido ordenado y documentado en una exposición exhaustiva que se inauguró el 2 de junio en el Palau Robert de Barcelona y que se podrá visitar hasta el 28 de noviembre (posible prórroga hasta abril 2022), comisariada por Pepe Ribas, factótum de la revista Ajoblanco con la colaboración de Canti Casanovas, alma de La web sense nom (LWSN). El diseño lo ha hecho el equipo del arquitecto Dani Freixes y la diseñadora Gemma Villegas.


Hacía tiempo que algunos protagonistas de las movidas de aquellos años trabajaban para reencontrar documentos, fotografías, dibujos, textos y todo lo que pudiera poner en evidencia y explicar a las nuevas generaciones la historia de unos años extraordinarios que habían quedado enterrados en cajones olvidados. Canti Casanovas hace una década que mantiene LWSN donde cuelga artículos sobre el tema, escritos por él mismo y por otros amigos y conocidos con fotografías, dibujos y documentos. 

Genís Cano, poeta, profesor y ángel de los sótanos psicodélicos, como decía la necrológica aparecida en El País, hace ya más de quince años se había empeñado en preparar una exposición sobre la contracultura en La Virreina con la ayuda de David Castillo y Julià Guillamón, que se vio truncada por su muerte en 2007. Lo recuerdo cuando venía a casa y rebuscaba en  carpetas perdidas por los armarios y en antiguos álbumes de fotografías. 

Nazario persiguió a sus amigos para que colaboraran con escritos y fotografías en el libro "La Barcelona de los años 70 vista por Nazario y sus amigos" publicado en 2004.

En 2007 la editorial Glénat publicó "Star, la Contracultura de los 70" con una recopilación de artículos de diversos autores a cargo de Juan José Fernández.

Ahora ha sido Pepe Ribas el que ha venido a revolver cajones, álbumes de fotografías y cajas de diapositivas con una intensidad tal que llegué a pensar que enfermaría antes de que se inaugurara la exposición. No ha sido así y la exposición se ha inaugurado con éxito.


Cada protagonista de las vivencias de aquellos años debe tener su propio punto de partida, el mío es el "diguem no" del cantautor valenciano Raimon, unos años antes de que comenzara la década que nos ocupa. Los hijos de aquellos que habían vivido la guerra civil, de los vencidos, y también de los vencedores, dijimos NO. No al sometimiento a un régimen totalitario, no a la sumisión a la familia, no a la sumisión a la religión. No a la tristeza, al cierre cultural, a las prohibiciones, a la represión, a las guerras. Éramos jóvenes, nos sentíamos fuertes y bellos; el sol salía todos los días, adorémoslo; los árboles florecían y daban frutos, disfrutemos pues de ellos. Empecemos de nuevo. Un mundo mejor es posible. Experimentemos. Amémonos. Salgamos de la estrechez familiar, creemos comunas, hagamos poesía, música, artesanía, huertos, vídeos, revistas, paredes. Dibujemos. Bailemos. Viajemos. Todo estaba por hacer y todo era posible.

Ingenuidad y utopía flotando en efluvios lisérgicos y humos cannábicos que multiplicaban la percepción, la sensibilidad y la creatividad.


En España el Plan de Estabilización hacía crecer la economía a un ritmo del 7% anual. Las familias podían comprarse un cochecito, una lavadora, un aparato de TV y pensar en enviar a los hijos a la universidad. Desde fuera llegaban noticias de los movimientos contraculturales en Francia, en Alemania, en EEUU. Cambiamos la música francesa e italiana por la anglosajona que emergía, potente e innovadora. La música nos unía a todos, la escuchábamos con veneración.

Por primera vez las chicas nos podíamos añadir a un movimiento liberador sin miedo al embarazo, gracias a las pastillas anticonceptivas y disfrutar al igual que los chicos del amor libre.


Entro a la exposición por una reja de hierro abierta y, blanco sobre negro, en la pared, me  van diciendo las prohibiciones y los castigos que estaban en vigor durante la dictadura.




Una alfombra que reproduce hojas de periódicos de la época, con las noticias clave enmarcadas en rojo, me llevará año tras año por toda la exposición.

Me encuentro en una estancia hippie con un kilim cubriendo el suelo y cojines de colores recuerdo de los tiempos en que no nos gustaban los muebles y, como decían los campesinos formenterinos que nos alquilaban las casas: "han sacado las camas y duermen en el suelo como el ganado ". Una pantalla pasa imágenes de la Instant City en Ibiza 1971.

En la pared de enfrente, me reciben Damià Escuder, gurú empurdanés de la psicodelia, acompañado de un artículo suyo publicado en la revista Serra d’Or sobre el LSD y María José Ragué, que al volver de Berkeley escribe "California Trip".


En la alfombra de periódicos, año 68, "Los estudiantes ocupan el Odeon", "Nixon en la Casa Blanca”, "Tres meses de Estado de Excepción”, "El hombre puso pie en la Luna". Esto me hace pensar ¿dónde estaba yo ese día? Estaba en Kabul, en un hotelito y tenía como compañero de habitación a un soldado estadounidense que volvía de la guerra de Vietnam. Compraba obsesivamente armas en el bazar y las guardaba debajo de su cama. Cuando tuvo el espacio lleno me pidió para llenar el mío. Ni pensarlo, le respondí. Aquel día me invitó a ver la llegada del primer hombre a la luna en el centro norteamericano, no acepté.


En las vitrinas se exponen los libros contraculturales de la época.


Paso a las comunas como ruptura con la familia patriarcal y con la autoridad y la casa Fullà de la calle de Génova de Barcelona en el barrio del Guinardó es uno de los ejemplos con sus habitantes entre los que estaban el poeta y dramaturgo Joan Brossa y Víctor Jou creador de la mítica sala Zeleste. Viví más de veinte años en aquella casa que fue un vivero de proyectos vitales compartidos.




Sigo con el viaje a Oriente por tierra en búsqueda de uno mismo y de otras culturas. En las fotografías Jordi Esteva, Xefo Guasch, Paco Escudé, Carlos Mir en blanco y negro por India y Nepal y, en color, Pau Maragall, mi hermano Miguel, Vicky Combalía y yo misma en una casa de té en Mazar y Sharif, Afganistán 1974.


A través de un túnel de espejos entramos en el mundo de la música "La música es el vehículo y la marihuana la hierba sagrada".


En el suelo, "Carrero Blanco asesinado". Yo daba clase matemáticas en el instituto Bernat Metge de la calle Cristobal de Moura cuando llegó la noticia.


Els tres tambors, el Grup de folk, Música dispersa, Máquina, Sisa, Pau Riba, Toti Soler, Maria del Mar Bonet, el Gato Pérez y tantos otros. Los dos discos Dioptria de Pau Riba, el Orgía de Jaume Sisa. Gay Mercader trae a los grupos internacionales, Frank Zappa, King Crimson ... En la penumbra de la exposición, la música me envuelve. Pasa un hombre a mi lado, mira las portadas de los discos y baila. Le hago una señal de aprobación con la mano, me sonríe y sigue adelante, tiene mi edad. Le sigue un chico de unos quince años, debe ser su nieto.

Entro a través de la boca llena de dientes de una cara de colores, reproducción gigante de la portada del disco de King Crimson, a un saloncito que reproduce un rincón del Zeleste. 

Me siento en el sillón, a mi lado una mesita redonda y sobre ella la famosa lámpara de alabastro diseñada por el Ángel Jové que todavía venden a Santa & Cole, frente a mí la gran cortina de terciopelo rojo partida para dejar pasar, con el rombo que enmarca las letras Zeleste en dorado. Estoy en una agradable penumbra. 




Miro al suelo "Puig Antic y Heinz Chez fueron ejecutados ayer". 

Puñetazo. Piel de gallina. A mi derecha, en la pantalla amarillenta, Manel Joseph, muy joven, canta. Me quedo un buen rato sentada. Toda mi juventud pasa en un instante.


La cortina de terciopelo rojo me da paso al teatro innovador nuestro de entonces, Els Joglars, Dagoll Dagom, el salón Diana, los titiriteros y también el internacional con visitas a Barcelona de The Living Theater, Magic Circus, Lindsay Kemp, Dario Fo y otros.





Después paso a los dibujantes de comix, irreverentes y provocativos, con el cuadro estrella de la exposición, el original de la portada de El Rrollo Enmascarado de Nazario 1975 (editado por Star), cedido por el Museo Reina Sofía de Madrid. En las fotos los dibujantes del estudio de la calle del Comercio, Nazario, los hermanos Farriol, Mariscal, Montesol. Al otro lado Zap 275, tienda creada por Jaume Fargas donde se reunían otros dibujantes.

 

En la alfombra "Libertades democráticas en Portugal" "Con Marcial y Cruyff el Barcelona subió más que la gasolina".

 

También hay ejemplares de la revista Rock Comix de Gaspar Fraga donde Nazario dibujó la portada dedicada a Lou Reed que después el cantante estadounidense utilizaría en uno de sus discos más famosos, sin pedir permiso al autor


Llegamos a los poetas, con publicaciones, libretas y papeles manuscritos. "En épocas de crisis la poesía se convierte en la herramienta fundamental que destila el pensamiento crítico. 


Bajo mis pies "Nixon ha dimitido”.





Después viene la sección revistas con Ajoblanco. Decenas de portadas me aturden desde las paredes. Veo en las fotografías a los miembros de la redacción con Pepe Ribas, el fundador, con cara de niño y me hace pensar que a pesar de ser jóvenes y sin experiencia, lograron publicar una revista que tuvo miles de lectores. Con un lenguaje libre y desvergonzado inició temas que serían fundamentales en años posteriores, feminismo, ecología, anti-psiquiatría, homosexualidad, pacifismo.





Como contrapunto está la revista Star, fundada por Juanjo Fernández que logró sobrevivir a pesar de cierres y multas hasta 1980. En ella publicaron, entre otros, Nazario, Montesol, Pau Malvido, además de los escritores y artistas que luego se harían famosos en la movida madrileña, Oukalele, Cesepe, Almodóvar, el Hortelano, Alberto García-Alix…


En el suelo, "Cinco penas de muerte y seis indultos", "Paolo Pasolini, asesinado por un joven de 17 años" y "Franco ha muerto”.


El final de la exposición ya forma parte de la transición cuando el sida, la heroína, el desmadre y el destape explosionan como si se hubiera destapado una botella de champán. No queda espacio en el Palau Robert para todo lo que falta por decir y la información se acumula. Las Jornadas libertarias, la galería Mec-Mec, las Ramblas de Ocaña, Camilo y Nazario, la bomba en la sala Scala y la llegada del punk que cambió "amor y paz" por "no hay futuro".


En el suelo "Juan Carlos I Rey de España" "Cataluña dijo sí”.


El tiempo continuó pasando, pero el individualismo, la fragmentación y la corrupción, hicieron que esta historia acabara aquí sin embargo las semillas que se plantaron entonces han fructificado, se ha abolido la pena de muerte, se suprimió el servicio militar , se derogó la ley de peligrosidad social y mujeres, homosexuales y transexuales pueden vivir su libertad, ya no hay manicomios transformados hoy en centros de salud mental. Vivimos en una sociedad laica y las familias han dejado el autoritarismo para ser células de diálogo. Las energías alternativas son ya una auténtica alternativa. 

Demasiada información para una sola visita.

Está a la venta el libro-catálogo de esta exposición con más de 400 páginas.



 Parte de este artículo ha salido en catalán en la revista Política&Prosa nº36

26.4.21

Profesor Paz, con Tagore hasta la eternidad.



Ha muerto José Paz, el profesor Paz como lo conocíamos.





Gallego de nacimiento, Ourensano, bengalí de adopción, defensor del gallego-portugués, maestro de escuela en la línea pedagógica de Rosa Sensat, profesor de universidad, articulista, conferenciante, pero sobre todo pedagogo igual que su admirado Rabindranath Tagore, premio Nobel de literatura en 1913 y fundador de escuelas para niños y de la Universidad Visva Bharati en Santiniketan, Bolpur, India.


Conocí al profesor Paz, como cuento en mi libro ¡Esto es Calcuta! en el que le dedico un capítulo, el día que Samuel Berthet, profesor entonces en Nueva Delhi, me llevó a casa de un gallego, así me lo describió, en Santiniketan. El gallego era el profesor Paz.

Ese mismo día ya en casa del profesor conocí a un joven, Prasun Chatterjee, que se convertiría con el tiempo en un gran amigo, y a su esposa de entonces, Nita, los dos ayudaban al profesor durante su estancia en Santiniketan.





José Paz admiraba a Tagore desde sus años de juventud en que como maestro organizaba con los niños de la escuela representaciones de obras dramáticas del escritor bengalí. También empezó a coleccionar ediciones de sus obras hasta que consiguió reunir una biblioteca muy importante. Pero su gran ilusión era ir a la India para vivir sobre el terreno toda la experiencia tagoreana. Eso lo consiguió ya de mayor, cercano a la jubilación. Pero antes preparó su aventura a conciencia.

 

José Paz no hablaba inglés, ni estaba acostumbrado a viajar por países exóticos. Sabía que si quería lograr su objetivo de profundizar en el mundo de Tagore, in situ, debía tener apoyos así que consiguió becas de la Xunta de Galicia para dos chicos de Calcuta que estaban estudiando español. Cumplido el objetivo, uno de ellos encontró novia y se quedó en España y el otro, Prasun, regresó a Calcuta donde fue durante años el traductor, guía y consejero en cuestiones bengalíes del profesor. El profesor a su vez le enseñó a Prasun muchas cosas de nuestro mundo hispano que ninguna escuela de idiomas le habría enseñado nunca. Fue una afortunada simbiosis que duró hasta que el profesor ya podía desenvolverse por su cuenta y Prasun inició relaciones comerciales con España que le han convertido en un próspero hombre de negocios.


Ya jubilado, el profesor Paz pasaba largas temporadas en Santiniketan donde se sentía relajado y feliz. Visitaba las escuelas que había fundado Tagore y que todavía funcionan. Aprendió algunas de las centenares de canciones que compuso el poeta y las cantaba con los niños, empezó a aprender bengalí y fundó la Casa de Galicia en Santiniketan con sede en la que él tenía alquilada en aquella ciudad.


Hay un par de anécdotas que me gustaría recordar en su memoria. 

Una de ellas es la visita a la Feria del Libro de Kolkata el año en que mi madre con ochenta y cinco años y yo estábamos instaladas en mi pisito de Lake Place. Mi madre, que había sido maestra y Paz congeniaron de inmediato y los recuerdo cogidos del bracete recorriendo la feria rodeados de multitudes no en vano era, la de Kolkata, la feria del libro con más visitantes del mundo. 



La otra ocurrió en julio de 2006 durante un congreso hispano-indio que debía celebrarse en Mumbai. A través de Casa Asia fuimos invitados, entre otros, José Paz y yo. El entonces presidente Rodriguez Zapatero debía asistir. En el centro de congresos se preparaba una exposición donde el profesor Paz aportaba las primeras ediciones en varias lenguas de los libros de Tagore, algunas únicas, se trataba pues de unos libros de mucho valor. Paz no quiso separarse de ellos y salió de Galicia con los libros en una maleta. Como se trataba de algo importante, le ofrecieron un billete en primera clase. Las azafatas le aseguraron que podía dejar la maleta facturada porque en primera el equipaje recibía un trato especial. Así se hizo. Cuando desembarcó en Mumbai llovía a cántaros, era época de monzones. La maleta no salió por la cinta transportadora. Hubo un gran revuelo entre los organizadores, llamadas de la embajada, Paz desesperado sin querer subirse al coche que lo había ido a recibir. Ya era de noche y seguía lloviendo. En Iberia dijeron que la maleta llegaría en el siguiente vuelo. Al día siguiente fueron a buscar la maleta que había quedado durante horas en un lugar medio inundado del aeropuerto. Los libros estaban mojados. El profesor Paz desolado. Recuerdo que pasamos horas algunos congresistas que nos alojábamos en el mismo hotel que Paz, en nuestras habitaciones, secando los libros página a página con el secador del pelo.


Descansa en paz, querido profesor.


(La foto está tomada en la Universidad Vidyasagar en Kolkata. José Paz en el centro junto a mi madre y algunos profesores, yo a la derecha de la foto)

14.11.20

La Contracultura en Barcelona vivida por Ana M Briongos



Escribí este artículo en marzo de 2020 y salió publicado, en la revista "Política y prosa" de mayo.


Son las diez de la noche, quinto día de confinamiento por Covid19, veo en la televisión el documental Rolling Thunder: A Bob Dylan Story de Martin Scorsese (2019). El documental sigue una gira que hizo el cantante por los Estados Unidos en el año 75. Bob Dylan está en el escenario ante un público entusiasmado. La cara embadurnada de blanco, los ojos ennegrecidos con kool, en la cabeza un sombrero con un plumero de flores. Bob comienza a cantar "But it 's a hard rain ..." y de golpe siento en medio del silencio de una ciudad paralizada por la epidemia, un emocionante salto atrás en el tiempo. Una vuelta a la psicodelia, la transgresión, a la ilusión, a la juventud, a la rabia, a la imaginación. ¡Qué poder tiene la música para revolver estratos solidificados, si las circunstancias le son adecuadas! Allen Ginsberg recita poemas, canta y baila en el documental que finaliza con él y Dylan en el cementerio donde está enterrado Jack Kerouak, sentados en el suelo delante de la tumba del autor de "On the Road".


2015 San Francisco bajo la mirada de Jack Kerouak
 

La primera vez que oí hablar de la generación Beat y de sus poetas, padres de la contracultura en los Estados Unidos, fue gracias a Ferran Fullà que acababa de salir de la prisión de Lleida junto con Martí Capdevila, Salvador Clotas y Manolo Vazquez Montalbán, después de cumplir condena dictada por el tribunal de orden público en el año 62 (Barcelona 1962. L'ombra dels CreixCCMA22 oct. 2014)


Los cuatro presos (documental L'ombra dels Creix)

Ferran tenía un Temps Modernes dedicado a los poetas Beat, Ginsberg, Ferlingetti, Corso, Kerouak y algún otro. California, San Francisco, la librería City Lights donde se reunían, comenzaron a serme familiares. Supimos de las manifestaciones de estudiantes contra la guerra de Vietnam, de la fundación de los Black Panthers en Oakland, los disturbios en la Convención Demócrata de Chicago. Los jóvenes americanos se ponían flores en el pelo y adoptaban la consigna “haz el amor y no la guerra”.


Símbolo de los Black Panthers

Qué queremos: los 5 puntos de los Black Panthers


En nuestro país ya habían celebrado los veinticinco años de paz franquista. En ese momento se solapaban situaciones diferentes y contradictorias en nuestras vidas, la militancia en partidos antifranquistas, el desencanto respecto a estos partidos, el convencimiento de que el franquismo no se acabaría por la lucha sino que el dictador moriría en la cama, como así fue, la rabia por las condenas a muerte y las posteriores ejecuciones, las ganas de ser felices y de divertirnos, éramos jóvenes, y las ganas de mandarlo todo a paseo.


El mundo que veíamos no nos gustaba. No nos gustaba el mundo que habían hecho nuestros padres. Salve regina mater misericordia, desde este valle de lágrimas te rogamos, arrodillados, atemorizados, acojonados. Cuando ya se captaba la sociedad del bienestar; cuando ya se habían cambiado los Biscuters por Seats 600 y éstos por Renaults y Citroëns, no estábamos dispuestos a aceptar que el mundo fuera un valle de lágrimas. Todo estaba prohibido, todo era "no" y cuando nos empezamos a preguntar ¿por qué no? fueron cayendo las prohibiciones una detrás de otra como los decorados de un teatro y no pasaba nada, entonces pensamos que todo lo que nos habían dicho era mentira.


La madre de Ferran Fullà tenía un terreno en el Guinardó, mi padre de Quintanarraya, provincia de Burgos, que había llegado a Barcelona sin dinero pero con el empuje y el optimismo de haber ganado la guerra, propuso construir una casa de pisos en ese terreno. No tenía experiencia en el mundo de la construcción y había que encontrar un arquitecto. Martí Capdevila acababa de hacer la mili con Oscar Tusquets. Tusquets y Clotet hicieron con toda libertad un proyecto insólito, experimental y fantástico. 




Casa Fullà

La construcción de esa casa fue un calvario por la falta de experiencia del constructor y de los arquitectos pero salió una casa extraordinaria, la casa Fullà. Allí fueron a vivir la gente más variada ya que los pisos laberínticos, duplex y triplex no gustaban a las familias convencionales pero sí gustaban a los jóvenes psicodélicos de aquel momento. En el barrio se conocía como la casa de los hippies y era como un castillo mágico que se llenaba de colores gracias al LSD. Cuando empezamos a habitar el edificio yo ya no era pareja de Fullà sino de Pau Maragall, brillantísimo rebelde, que con el seudónimo de Pau Malvido escribiría "Nosotros los malditos" sobre la movida contracultural de Barcelona, ​​crónicas publicadas posteriormente por Anagrama.


Con Pau nos instalamos en el 5º B de aquella casa. Al 7º acudió en Victor Jou que con Pepe Aponte se pusieron frenéticamente a idear el Zeleste, que fue la discoteca emblemática de Barcelona en los 70; al 9º B llegó Pepa Llopis que acababa de sacar al poeta y dramaturgo Joan Brossa de casa de sus tías. Brossa desde la terraza de su piso irradiaba energía creativa. Francesc Bellmunt preparaba su película Orgía. Los hermanos Clúa ensayaban con Serrat y éste cantaba tangos con Brossa. Marta Pessarrodona, poeta, lloraba la muerte de otro poeta, Gabriel Ferrater. Vicky Combalía, en el 3º F, nos hablaba del arte conceptual. Había médicos y arquitectos, todos muy jóvenes, algunos todavía sin terminar la carrera. Llegaron Tim y John, unos estudiantes estadounidenses de Illinois con la maleta cargada de LPs, Crosby, Still, Nash and Young, Grateful Dead, Jimmy Hendrix y con libros de Jerry Rubin y Abbie Hoffman, Steal this Book, y nos lo tomamos tan en serio que dejábamos el drugstore sin libros, todos robados.


Cena en casa de Pepa y Brossa, 9ºC casa Fullà

Pau Maragall, que estudiaba sociología en la nueva UAB, se hizo con un grupo de seguidores de su curso, incondicionales, Javier Ballester, Montesol, entre ellos. Bajo su dirección organizaban performances y pintaban muros con consignas de significación social.

Desde el centro del movimiento contracultural norteamericano, la Universidad de Berkeley, llegaron Luís Racionero y María José Ragué que se instalaron en el Putxet. Ragué publicó "California Dream" (Kairós) donde nos explicaba, de primera mano, qué pasaba en California. Damià Escuder, originario del Ampurdán, que había caído en la marmita de las setas alucinógenas cuando nació y ya no necesitaba nada más para ir siempre volado, con barba y pelo rojo y crespo, ejercía de gurú inteligente y sideral. Jaume Sisa y algunos otros se dejaban insultar cuando paseaban sus melenas por las calles. En Formentera Pau Riba y Mercè Pastor parían niños sin médico ni comadrona y la perra Monacabra les lamía el culito cuando se cagaban. Mientras, junto a la cisterna, grababan "Jo, la dona y el gripau" con el guitarrista Toti Soler y el madrileño Mario Pacheco, de larga melena rubia, que poco después abriría la discográfica Nuevos Medios desde donde descubrió y produjo a los nuevos flamencos, Camarón, Quetama y otros. Pepe Ribas iniciaba la aventura de Ajo Blanco, la revista ácrata que acogió a los que tenían algo que decir fuera de lo establecido. Y en la calle Comercio Nazario, un maestro de escuela llegado de Sevilla con los cómics del underground americano bajo el brazo, obtenidos en la base de Rota, hacía de madre de un grupo de aprendices de dibujante que no paraban de inventarse historietas con las que publicaron "El Rrrollo Enmascarado". Y yo iba y volvía de Afganistán y de Irán.


En este caldo de cultivo se publicaron revistas, surgieron grupos de teatro, grupos de música y cantautores memorables. Se montaron comunas, festivales de música, discotecas.


Todo esto ocurría poco antes de que muriera el dictador. Tiempo lleno de energía, de creatividad, de ilusión, de ganas de cambiar el mundo, de respeto y disfrute de la naturaleza, de recreo sin dispendio, de experimentación, de promiscuidad, de alucinaciones, de marihuana y hashish.


Muere el dictador y comienza una explosión de libertad, jornadas libertarias, mariconas al poder, drogas duras, sida. Hubo muertos. El mundo siguió su dinámica feroz de crecimiento económico. El movimiento contracultural dejó unas corrientes de pensamiento que siguen vivas entre aquellos que todavía creen que otra manera de vivir es posible y necesaria. Hoy, en plena pandemia y en el silencio del confinamiento, podemos pensar en ello.

21.10.20

Tony Wheeler y mi párrafo de "Black on Black, Iran Revisited" (Lonely Planet)



 

La editorial geoPlaneta acaba de publicar el libro

-En defensa del viaje

Por qué seguiremos viajando y por qué lo haremos de otra manera-

cuyo autor es el mítico editor Tony Wheeler.



Hace un par de semanas recibí un mensaje desde geoPlaneta por el que me reenviaban otro de Tony Wheeler, cofundador de Lonely Planet, pidiéndoles mi email porque quería contactarme. Me apresuré a escribirle directamente.

Al día siguiente recibí su mensaje.

Ana. Hace mucho tiempo desde la última vez que estuve en contacto contigo aunque me acuerdo a menudo de ti por aquel párrafo en “Black on Black” que cito a menudo como la razón perfecta por la cual los jóvenes deben viajar…

Ahora estoy confinado en Australia… pero he escrito un libro -En defensa del viaje -para geoPlaneta de España. Quería añadir tu párrafo en ese libro y geoPlaneta lo ha arreglado con tu editorial, Laertes.

Además me pedía permiso para añadirlo en inglés en un libro que se publicará en Nueva Zelanda.





"Tenía 20 años, viajaba sola, y no tuve nunca ningún problema. Había dejado atrás, por una temporada, la facultad de Física de Barcelona, con sus clases, sus prácticas y sus exámenes, para sumergirme en esa universidad permanente que es el recorrer países y conocer a sus gentes. No son solo los bosques, los mares, los ríos, los desiertos, los caminos y los amaneceres; como tampoco son los monumentos ni los museos: son los hombres y las mujeres y los niños que en esos caminos y desiertos viven, de los que se aprende. Viajar de joven es importante, se viaja ligero de equipaje y ligero de bolsillo y se tiene el corazón como una esponja. Los caminos del mundo son una escuela donde se templa el espíritu y se afianzan la tolerancia y la solidaridad. Se aprende a dar y a recibir, a mantener las puertas abiertas de la casa y del espíritu y, sobre todo, a compartir. Se aprende a disfrutar de lo poco, a valorar lo que se tiene, a ser feliz en la austeridad y a festejar la abundancia. Se aprende a escuchar y a mirar y se aprende también a querer. Los jóvenes de los países de la abundancia tendrían que dedicar un año de su vida, antes de que las obligaciones familiares o profesionales los dejen atados para siempre, a viajar por los caminos del mundo, de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, con la mochila a la espalda. Perderían un año en la carrera del éxito -¡qué es un año!- pero ganarían como personas porque se les ensancharía el horizonte, muchas veces reducido a conseguir una décima más en un examen, y el mundo entero saldría ganando" (Párrafo de "Negro sobre negro" de Ana M Briongos, que aparece en "En defensa del viaje" de Tony Wheeler, páginas 58 y 60)


¿Quién es Tony Wheeler?

Tony Wheeler fue el cofundador, con su esposa Maureen, de la conocida editorial de guías de viaje Lonely Planet. Viajeros desde jóvenes, partiendo de Inglaterra atravesaron Europa y Asia y se instalaron en Melburne, Australia, donde publicaron su primer libro en 1973 Across Asia on the cheap, origen de la editorial que fundaron con el nombre de Lonely Planet. Posteriormente publicaron la guía de la India cuyo éxito les ayudó a levantar la editorial que pronto se hizo famosa en el mundo de los viajes. En 2011 la vendieron a BBC Worldwide por una suma millonaria.


Cuando se publicó mi primer libro “Negro sobre negro, Irán cuadernos de viaje” y tuvo buenas críticas en los periódicos más importantes de España, se me ocurrió preparar un dossier con todas ellas, acompañarlo con un ejemplar del libro y mandarlo a la sede de Lonely Planet en Melburne. Pronto recibí respuesta diciendo que estaban interesados en publicarlo en inglés para una nueva colección de literatura de viajes. Se publicó con el título de “Black on Black, Iran revisited” y la traducción corrió a cargo de Chris Andrews. Black on Black quedó finalista en 2001 del premio Thomas Cook de libros de viaje organizado por The Dayly Telegraph en Londres, cuna de la literatura de viajes.

Un día recibí un mensaje del mismísimo Tony Wheeler en el que me pedía permiso para utilizar un párrafo de mi libro en sus conferencias pues pensaba que era el que mejor expresaba su idea de por qué los jóvenes deben viajar. Era para mí un honor que el mítico fundador de Lonely Planet me pidiera algo que había escrito yo. El párrafo en cuestión viajaría y sería conocido por miles de personas ya que él lo repetiría en todas las charlas que daba por el mundo.

Tony todavía se acuerda de aquel párrafo, todavía me pide permiso para usarlo y eso me hace feliz.


He leído su libro. En defensa del viaje, como dice el propio autor, no es un ensayo académico sino, sencillamente, su opinión sobre el hecho de viajar, las consecuencias de la sobresaturación turística, del mal uso que hemos hecho de lo que nos ofrece el Planeta y la repercusión que puede tener en nuestro comportamiento futuro el parón al que nos ha obligado el Covid. Parón que ha hecho más evidentes situaciones que se sabían pero que no se querían ver, que ha dejado aviones en tierra, trasatlánticos varados y coches aparcados y, como consecuencia, el descenso del precio del petróleo que enriquecía a unos países con cuyos pingües beneficios han favorecido la lucha entre sunitas y chiítas en el mundo musulmán y la desestabilización de Oriente Medio. Quizá a partir de ahora no habrá tanto dinero procedente de los hidrocarburos para financiar guerras fratricidas.  También ha hecho aflorar la precaria situación de los trabajadores inmigrantes en los países del Golfo y ha puesto en evidencia el tráfico de animales salvajes y sus mercados donde esos animales vivos reciben un trato terrible para alimento de sibaritas.

 

“Nosotros, ciudadanos privilegiados del mundo desarrollado, consumimos mucha más energía -hacemos mucho más daño- que nuestros congéneres de los países en vías de desarrollo. Conocemos todas las respuestas; lo único que tenemos que hacer, sencillamente, es ponerlas en práctica” escribe Toni Wheeler.

Incluso en las ciudades hasta hace poco saturadas de turistas, como Barcelona, Amsterdam o Venecia, sólo a dos calles de los grandes monumentos que todos quieren ver, hay lugares interesantes y solitarios donde pasear y disfrutar. Buscar otras ciudades, otros paisajes, es lo que recomienda el autor.

Estas son algunas pinceladas que he recogido de las reflexiones que van surgiendo en el libro. Hay muchas más.


Los que hemos nacido con la pasión viajera, no dejaremos de viajar, aunque quizá tengamos que hacerlo de otra manera. Es imprescindible pensar en el turismo responsable y en el turismo de cercanía.


12.3.20

La última caravana, el Pamir afgano 1967-1971. Roland y Sabrina Michaud



La última caravana, Roland y Sabrina Michaud, Éditions Nevicata, noviembre 2019.

De regreso a casa desde los Estados Unidos donde he pasado dos meses y medio, me encuentro con este libro extraordinario: La dernière caravane. Pamir afghan (1967-1971) (La última caravana, el Pamir afgano, 1967-1971). Libro publicado en francés por Editions Nevicata y cuyos autores son mis admirados y queridos Roland y Sabrina Michaud, fotógrafos, viajeros, grandes conocedores del mundo islámico, de la India y de la China. Las fotografías que tomaron de un Afganistán que ya no existe, son las más bellas jamás vistas. Fueron publicadas en varios libros que se han hecho míticos entre los interesados por aquella parte del mundo.

El libro, La última caravana, me llegó enviado por sus autores, con una entrañable dedicatoria. Con noventa años Roland y algunos menos Sabrina, se han dado cuenta de que sus fotografías merecían una explicación escrita y, recuperando las notas de sus cuadernos de viaje junto con sus recuerdos de juventud, han contado sus andanzas por el Pamir, “el techo del mundo”, enrolados en una caravana de camellos que atravesaba territorios nevados y seguía el curso helado de los ríos como vía de paso para evitar los puertos de montaña bloqueados por la nieve.

Desde que albergaron el sueño de emprender ese viaje, tuvieron que esperar años para conseguir la autorización del rey de Afganistán que les permitiera entrar en aquellos territorios prohibidos y también la del jan kirguiz para poder integrarse en una caravana donde las mujeres, por tradición, no son admitidas.


Roland y Sabrina Michaud durante su travesía con la caravana kirguiz por el Pamir.

Las fotografías de aquel viaje dieron lugar al inolvidable álbum “Caravanas de Tartaria”.
He leído La última caravana en dos días, con extraordinario placer y me sentía de nuevo en el país que me acogió, Afganistán, cuando tenía veinte y pocos años y viajaba sola. Eran los mismos tiempos en que los Michaud estaban en ese país. Nunca nos encontramos allí aunque probablemente nuestros pasos se cruzaron en alguna ocasión. Cuando llegué a Kabul en el año 69-70, ya vi en la oficina de turismo algunos posters con fotografías de los Michaud. Después en el 74, cuando era alumna de la Universidad de Teherán, mi compañera afgana de habitación en la residencia de estudiantes colgó un poster con la efigie de un guapísimo malang  

(“Al recorrer Afganistán, el viajero encuentra a menudo hombres de iluminada faz: monjes mendicantes musulmanes que han renunciado a los bienes de este mundo y viven la aventura espiritual. En Afganistán los llaman malang, locos de Dios. A veces son auténticos sufis que han alcanzado las fronteras de la sabiduría y de la santidad. Cómo permanecer insensible a la mirada, a la vez intensa y modesta de este hombre con el que el fotógrafo se ha cruzado en Mazar-i-Sharif. De repente se tiene la certeza de que la faz de Cristo era clara y profunda como esta” R. Michaud)

que las dos contemplábamos a diario y lo considerábamos el hombre más guapo del mundo. Llevaba una cuerda enrollada a manera de turbante y tenía unos ojos penetrantes pintados con kool. La fotografía era de los Michaud. 


Malang. Fotografía de R. y S. Michaud.

Cuando los conocí, hace poco, durante un encuentro cultural en Andorra, saltó la chispa y fue emocionante rememorar aquellos tiempos de juventud en que vagábamos por las estepas de Asia Central y nos maravillábamos con todo lo que veíamos.

Entiendo la necesidad que sentían ellos de dejar al fin un testimonio escrito de las aventuras que nos han dado a conocer a través de sus bellísimas fotografías.

Band i Amir, en el Hindu Kush afgano. Autores R. y S. Michaud


Era necesario escribirlo y dejar constancia de una manera de viajar, de una manera de relacionarse con el otro. Había que explicar la pequeñez del ser humano en medio de un paisaje deslumbrante, extremo, gigantesco, durísimo, vacío. Los Michaud lo saben explicar y su testimonio es un homenaje a las personas que los acogieron y que les franquearon la puerta de su modo de vida austero, ancestral y con los que pudieron disfrutar de esos momentos que como un relámpago llegan en ocasiones inesperadas, quizá simplemente al compartir un trozo de pan o un te, hermanos y hermanas en medio de la inmensidad, la austeridad y la belleza.



Roland y Sabrina Michaud en Andorra (2018) con Albert Padrol y Ana M Briongos
La dernière caravane es un libro escrito por dos sabios, dos sufís, dos enamorados, dos malangs llegados a Asia desde occidente pero malangs al fin y al cabo, locos de Dios.

Poco después de escribir este artículo recibí la noticia de la muerte de Roland el 20 de mayo de 2020 a los noventa años. Descanse en paz.

Para saber más leer  Roland y Sabrina Michaud. Las mejores fotografías de Afganistán