BLOG DE ANA M. BRIONGOS


25.12.11

Navidad en Kolkata





Esta foto está tomada en la curd shop, también conocida como lassi shop, de Sudder Street. El gorro rojo de Papá Noel hace furor en Calcuta, actualmente llamada Kolkata. Ayer celebramos la nochebuena en casa con nuestros amigos hindúes y los niños llegaron con el gorro rojo.


Por la mañana han venido a felicitarme la navidad dos estudiantes musulmanes, Rafiq (18) y Tazamul (17). Me han traído regalos y una cajita con dulces y se han ofrecido a acompañarme a la iglesia. Como no acostumbro a ir a la iglesia se lo he agradecido y he declinado el ofrecimiento.

Esta tarde hemos paseado por Park Street, el New Market y Chowringee y las calles estaban abarrotadas de gente, parecía que hubieran salido de paseo todas las familias de la ciudad invadiendo aceras y calzadas. Muchos lucían los gorros rojos.

Hemos pasado por delante de una iglesia que tenía la puerta abiera de par en par, dentro estaba iluminada y un río de gente entraba y salía, algunos eran cristianos que forman una pequeña minoría en la India, pero otros eran hindúes o incluso musulmanes.

Mientras, por Chowringee Lane, pasaba una procesión de sikhs con sus característicos turbantes de colores tocando bombos.

Debajo de casa, ya después de cenar, los jóvenes del barrio salen a jugar a  badminton en un campo improvisado la con red atada a dos farolas y pintura blanca delimitando el espacio.

Hoy por ser Navidad dos de ellos llevan el gorro rojo. Cuando he pasado me han felicitado.

Hoy Kolkata era una fiesta y unque a veces se desaten los furores, así acostumbra a ser la India.
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17.12.11

Mohan Bagan club de fútbol. Calcuta.




Junto a mi casa de Shyambazar, en el norte ce Calcuta, hay un monumento al club de fútbol más antiguo de la ciudad, a los once jugadores que, descalzos, ganaron a un equipo británico cuando la India era todavía una colonia.

En la foto estoy yo junto a esos heróicos jugadores, vestida con mantón de manila, y dispuesta a asistir a una boda.

Desde la capital de Bengala Occidental os deseo unas felices fiestas y un buen año 2012.
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11.12.11

Chittagong. Bangladesh.




Ya estoy en Calcuta después de pasar unos días en Bangladesh. En esta foto me podéis ver en Cittagong, la segunda ciudad del país, al lado de mi marido, Toni. En el otro rickshaw está Toni Catany, el fotógrafo mallorquín afincado en Barcelona, que últimamente nos acompaña en nuestros viajes a la India.

Estos son los típicos rickshaws de bicicleta de Bangladesh. Los hay en las ciudades importantes a cientos, a miles. Dicen que en la capital, Dhaka, hay seiscientos mil. En la parte posterior llevan decoraciones con escenas de películas o animales o flores, o incluso pueblitos que no se sabe si son de Suiza o de Bangladesh.

Veníamos del río, de visitar un astillero tremendo donde construyen barcos de gran tonelaje que exportan a Alemania y a Dinamarca, entre otros países. Teníamos la intención de visitar el gran centro de desguace de barcos cuyas escenas fantasmagóricas se han hecho famosas en todo el mundo. Pero últimamente el gobierno no permite la entrada a la zona de desguace, especialmente después de que Green Peace hiciera una campaña de denuncia por las malas condiciones de trabajo de los desguazadores. A cambio nos llevaron al astillero. Una lancha rápida nos recogió en un muelle y nos llevó al otro lado del río donde nos esperaba el director acompañado de cuatro guardias en uniforme que se cuadraron con ruidoso taconazo a nuestra llegada. Nos pusieron unos cascos blancos e hicimos el recorrido por las naves enormes donde trabajadores perfectamente uniformados con monos de trabajo blancos, soldaban, juntaban, levantaban con la ayuda de grandes grúas... Durante todo el tiempo alguien de la empresa nos estuvo fotografiando. Al final y después de visitar el lugar donde los ingenieros diseñasn los barcos bajo la dirección de un ingeniero educado en Alemania, todos bangladeshíes, nos llevaron a una sala de juntas con mesa ovalada a la que nos sentamos y mientras nos servían té y bocadillo con un plátano y una naranja, pasaron un Power Point promocional de la empresa y del país. Todo perfecto, una empresa ejemplar que podía haber estado en un puerto de los Estados Unidos o de Europa.

Al salir, la guardia volvió a cuadrarse a nuestro paso, y el director nos despidió a pie de escalerilla y siguió moviendo la mano en alto mientras la lancha se alejaba. Tres grandes barcos de hierro todavía sin pintar conformaban el paisaje a la vista.

Me quedé traspuesta, como si me hubieran trasladado por una hora a otra galaxia y, de repente, volviera a caer a este perro mundo.

Después me dije: al menos esos tres mil quinientos trabajadores deben tener unas condiciones de trabajo dignas. La empresa en cuestión tiene un hospital en el mismo recinto con médico jefe al que saludamos y otro personal médico, que no sólo trata a los trabajadores y a sus familias sino también a la gente del barrio.

En el otro lado del río el desbarajuste se hacía más evidente. Ya montados en los rickshaws como se nos ve en la foto emprendimos la retirada a través de unas calles donde un río humano no deja de fluir con un ruido permanente de claxons. Estamos en el país más poblado del mundo.

El almuédano se oye desde diferentes mezquitas cuando se pone el sol rojo rojo y enorme sobre un fondo verde: la bandera de Bangladesh.
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2.11.11

Footing al amanecer en Baroda, Gujarat, India





Hansa, la madre de familia, se levanta a las cinco y media de la madrugada, se lava, se viste, se calza las zapatillas deportivas y se dispone a salir a la calle como todos los días. Va a caminar por el circuito del Akota Garden, el parque del barrio, situado a unas calles de su casa en Mangalam Society, cerca de Productivity Road. Los días que paso en su casa la acompaño en las caminatas matinales porque me gusta ver el ambiente que se forma a esas horas de la mañana en el parque y porque me resulta agradable empezar el día caminando por un jardín lleno de flores y de árboles con gente que nos saluda alegre y nos da los buenos días.

Mangalam Society es una urbanización con casas de una o dos plantas construida entre  los años cincuenta y sesenta. Sus habitantes son familias de clase media, profesionales liberales o funcionarios. Todos hindúes. Me comenta Hansa que nadie vendería su casa a un musulmán, ni tampoco la asociación de vecinos lo permitiría. La razón: evitar conflictos. El que sean todos hindúes facilita la convivencia, así de simple, me dice.

En el barrio hay un buen ambiente. Los vecinos se conocen y se saludan. Lo que me sorprende es que cuando salimos al alba y emprendemos el camino del parque, van saliendo de las casa otros vecinos, hombres y mujeres, todos calzados con sus flamantes deportivas aunque vestidos con shalvar-kurta, el traje tradicional de pantalón bombacho y camisa larga. Los hay de todas las edades, algunos son ancianos. También me sorprendió cuando vivía en Calcuta ver que a la puesta del sol las mujeres salían a caminar por las azoteas, hacia la derecha, hacia la izquierda y vuelta a empezar, así durante media hora. Pensé entonces que el Estado debía haber lanzado una campaña publicitaria para convencer a la población que caminar es bueno para la salud. Esa campaña debía haber llegado también al resto de la India por lo que observaba ahora en Baroda, ciudad tan alejada de Calcuta.


Ya en el parque, seguimos el recorrido marcado para caminar, un camino que bordea el parque por su interior y que debe tener medio kilómetro. Hay grupos de mujeres que caminan, grupos de hombres, parejas. También están los que corren haciendo footing, esos son los jóvenes. En una extensión con césped un profesor de yoga practica con sus alumnos, un grupo numeroso de todas las edades. Cualquiera puede añadirse.

Terminada la caminata, las vueltas que cada uno desee hacer, hay la posibilidad de añadirse a alguna tertulia que se monta alrededor de sillas y bancos o en la glorieta.
Hansa me presenta a sus conocidos. Al cabo de unos días ya me saludan como si me conocieran de toda la vida.

14.10.11

Nader y Simin, una separación (jodaiye nader az simin)


Dirección y guion: Asghar Farhadi. País: Irán. Año: 2011. Duración: 123 min. Género: Drama. Interpretación: Peyman Moaadi (Nader), Leila Hatami (Simin), Sareh Bayat (Razieh), Shahab Hosseini (Hodjat), Sarina Farhadi (Termeh). Producción: Asghar Farhadi. Música: Sattar Oraki. Fotografía: Mahmuoud Kalari. Montaje: Hayedeh Safiyari. Diseño de producción: Keyvan Moghaddam. Distribuidora: Golem. Estreno en Irán: 16 Marzo 2011. 

Hace una semana que se ha estrenado esta película iraní, ya se ha escrito en abundancia sobre ella y muchos de mis amigos la han visto. Hoy he ido yo a verla. Me ha gustado, me ha tenido en vilo durante las dos horas que dura. Me ha parecido que lo que cuenta podía haber ocurrido en otras partes del mundo, en nuestro entorno, por ejemplo. Y eso es debido seguramente a que no exagera la condición de iraní, no carga las tintas con los consabidos tópicos que gustan a los occidentales cuando se trata de Irán.
Sorprendentemente no salen fotos de ayatollas, ni en el despacho del juez, ni en los pasillos de los juzgados, ni en las calles. Ni Jomeini, ni Jamenei. Sí se nombran, en la versión en persa, al emam Hossein, nieto del Profeta y mártir, y al emam-e-zaman (el duodécimo emam, el Mehdi), y es la mujer contratada para cuidar del abuelo enfermo, una mujer humilde y muy religiosa, quien lo hace. También me ha parecido ver una vez la efigie del emam Hossein, creo recordar que en una pared de los juzgados. Eso sí, las mujeres e incluso la niña de once años, también la más pequeña cuando sale a la calle, van con la cabeza cubierta hasta en casa, aún cuando no haya ningún hombre de fuera y eso debe ser por el hecho de que las actrices no pueden aparecer en pantalla descubiertas, o dicho de otra manera por exigencias de la censura, lo cual da una visión falsa de la vida familiar pues las mujeres se quitan el pañuelo en el hogar, aunque lo tengan siempre a mano por si llama el cartero o un vecino.
Dicho esto, lo fundamental de la película es la mentira. Todos mienten. Y sin embargo, todos son buenas personas. Es interesante darse cuenta de lo respetuosos que son los unos con los otros y de cómo el funcionario del juzgado aguanta, sin salirse nunca de tono, las discusiones de los contendientes.
Una cosa no he entendido, ¿qué pasa con el dinero? Nader acusa a la asistenta de haber robado, ella lo niega y los sigue negando siempre. Luego él le dice que ya sabe que no lo ha robado. ¿Me he perdido algo? ¿Alguien me lo puede explicar?
La película queda abierta y nadie sabe qué va a pasar cuando finalmente aparecen los créditos.

3.10.11

River of Smoke (Río de humo) de Amitav Ghosh

Acabo de leer sin poder parar las 521 páginas del nuevo libro del escritor indio-bengalí, Amitav Ghosh. Se trata de River of Smoke, el segundo volumen de una trilogía cuyo primera parte es Sea of Poppies, traducido al castellano como "Mar de amapolas", que se publicó hace algún tiempo y cuyo comentario hice en este mismo blog a raiz de la visita del autor a Barcelona para presentarlo. River of Smoke todavía no ha salido en castellano pero por el éxito que tuvo Mar de amapolas supongo que no tardará en aparecer en las librerías. En estos libros Amitav Ghosh nos traslada al mundo del comercio del opio en los años 30 del siglo XIX. Si el primero trata de dónde y cómo se produce el opio, en la India, Calcuta y sus alrededores, la segunda parte que ahora comento, se sitúa en Cantón, en China, donde se vende.. La introducción del opio en China y la expansión de su consumo entre la población, todas las cases sociales, fue una plaga. Mientras, comerciantes sin escrúpulos se hacían extraordinariamente ricos, la mayoría eran británicos. También había socios chinos. Cuando se dan cuenta las autoridades chinas del estado de su población, intentan impedirlo pero los comerciantes extranjeros, petulantes y engreídos apelan a la sagrada premisa del libre comercio, la "libertad" en nombre de la reina de Inglaterra.

Opium Den

El libro está lleno de detalles explicados con minuciosidad lo que hace que uno se sienta dentro del relato como si estuviera viviendo en aquella época. Las imágenes de Cantón, un enclave tomado por los comerciantes extranjeros donde solo pueden entrar los hombres son extraordinarias, como lo son las vivencias dentro de los barcos que llegan desde Occidente. Los personajes, chinos, británicos, indios, incluso hay un americano, están muy bien conseguidos. El parsi Bahram, un comerciante riquísimo de Bombay, de pasado menos brillante, es el foco principal de la novela. Hay otros personajes que ya habían salido en Mar de amapolas. Cada uno habla de una manera distinta y utiliza vocablos de su país de origen. A veces el inglés con el que se entienden extranjeros y chinos cuesta de captar. Pero esto hace suponer que ni entre ellos se entendían a la perfección. hay una cantidad de información sobre esa época en Asia apabullante. Se deescriben comidas, su aspecto, cómo se cocinan, cómo se comen, cómo saben; también se describe cómo van vestidos los diferentes personajes según las circunstancias, las piezas de ropa que se ponen...
Las descripciones de lo que ocurre en el Meidan, la plaza central de Cantón, rodeada de edificios donde residen los comerciantes, por países, son deliciosas. 



El libro termina antes de que empiece la primera Guerra del Opio.

30.8.11

El pájaro de barro de Tareque Masud

 

Hoy en La Vanguardia aparece el obituario de Tareque Masud, importante director de cine de Bangladesh, que falleció en un accidente de coche junto con otros miembros de su equipo de filmación el 15 de agosto pasado. Pasó la mayor parte de su infancia recibiendo educación en una madresé, tradicional escuela coránica, de una zona rural de su país situado en Bengala oriental. La guerra de independencia de 1971 le obligó a interrumpir estos estudios y al finalizar la guerra pasó a la educación estatal y a la universidad donde se licenció en Historia. Desde su juventud se interesó por el cine y participó en cursos y talleres tanto en su país, Bangladesh, como en el extranjero. Participó en varios festivales entre ellos el de Cannes donde su película "El pájaro de barro" fue premiada. En esta película cuenta su experiencia infantil en una madresé del Bangladesh rural en los turbulentos años 60. Tuvo problemas con la censura en su país que finalmente y con recortes permitió la proyección. Se casó con Catherine, una norteamericana también cineasta, con la cual ha colaborado en muchas de sus obras. En el accidente resultó herida. A través del enlace siguiente podéis visionar la película hablada en bengalí y subtitulada en inglés. Es muy interesante para quien quiera saber cómo es la Bengala oriental, de mayoría musulmana, que se separó de la India cuando ésta obtuvo la independencia del Inperio Británico, para formar parte de un nuevo estado Pakistán, del que era su brazo oriental (Pakistán Oriental, hoy ´país independiente de nombre Bangladesh).

Los cineastas bengalíes, ya sean de la zona occidental perteneciente a la India, como de la oriental, Bangladesh, pertenecen a una misma cultura y hablan la misma lengua. Los más conocidos son Satyajit Ray, el llamado Kurosawa indio, Bimal Roy, Ritwik Ghatak, y Aparna Sen, entre otros. La industria del cine de Bengala podríamos decir para entendernos que produce películas de arte y ensayo en comparación con la fabulosa industria de Bollywood. Para quien esté interesado en este cine le recomiendo que empiece con "La trilogía de Apu" de Satyajit Ray donde hay la escena de amor más hermosa del cine (en FNAC la venden con subtítulos en castellano).

3.8.11

Rabindranath Tagore, 150 aniversario, Año Tagore





Para conmemorar el 150 aniversario del nacimiento del escritor y pedagogo indio, Rabindranath Tagore, se ha editado en España un sobre y un sello de correos.



Rabindranath Tagore, 1861-1941, escritor, dramaturgo y poeta, pintor, pedagogo y compositor, recibió el Premio Nobel de literatura en 1917. Dedicó su fortuna a las escuelas y la universidad que fundó en Santiniketán, cerca de Calcuta.


En la foto, Tagore en Syamali, la casa de adobe, su preferida.

Construiré de barro el hogar de mis últimos días
y lo llamaré Syamali.
Cuando se desmorone
será como si se durmiera la tierra sobre el regazo de la tierra,
no quedarán pilares rotos
que eleven sus quejas contra ella
ni muros partidos con las costillas al aire
que alojen fantasmas de tiempos pasados.

Tagore es probablemente el personaje más venerado en Bengala, tanto en el estado de Bengala Occidental, perteneciente a la India, como en Bangladesh. Su obra, poesía, novelas, relatos cortos y ensayos, se sigue leyendo allí y sus canciones forman parte del saber popular y se cantan en escuelas, universidades y reuniones familiares.

Rabindranath Tagore era el hijo menor de Debendranath Tagore un líder del Brahmo, nueva secta religiosa que surgió en el siglo XIX en Bengala con la intención de reformar el hinduísmo y recuperar la base monista del mismo, como se establece en los Upanishads. Fue educado en casa y aunque a los diecisiete años lo enviaron a Inglaterra para recibir una educación formal, no llegó a terminar allí sus estudios. Además de su multifacética actividad literaria, se ocupó de administrar las tierras de la familia, en la actualidad situadas en Bangladesh, con lo que se acercó a la gente común y aumentó su interés por las reformas sociales. Fundó unas escuelas experimentales en Santiniketan donde puso en práctica los ideales de una educación naturalista muy cercana a las corrientes krausistas de Alemania y la Institución Libre de Enseñanza de España. Participó en el movimiento nacionalista indio, aunque a su manera puesto que no era ni un sentimental ni un visionario, y Gandhi, padre político de la India moderna, fue su amigo a pesar de que tenían puntos de vista diferentes. Tagore fue nombrado caballero por el Gobierno británico en el poder en 1915, pero al cabo de unos años renunció a ese honor en protesta contra la política británica en la India.


Aunque nacido en una familia hinduísta siempre se consideró el producto de "una confluencia de tres culturas: la hindú, la musulamana, y la británica". Su abuelo, un rico babú de Calcuta que había progresado haciendo negocios con los británicos, hablaba árabe y persa, y Rabindranath creció en un entorno donde se estudiaba el sánscrito, la literatura persa y las tradiciones islámicas.



Zenobia Camprubí, esposa del poeta español Juan Ramón Jiménez, tradujo las  obras de Tagore al castellano y el matrimonio contribuyó en gran manera a la popularidad de que gozó en España durante la primera mitad del siglo XX.

Amartya Sen, bengalí como Tagore y premio Nobel de Economía, ha escrito un interesantísimo trabajo sobre él cuyo enlace encontraréis aquí.
A continuación inserto lo que escribí cuando pasé una temporada en Santiniketan en 2003.

Puedo imaginar lo que fue Santiniketan en vida del poeta, cuando miro a mi alrededor, sentada bajo la sombra del gran baniano que se encuentra en el recinto de la universidad Vishvabarati. Grandes árboles de extensas copas protegen del sol de julio a quien bajo ellos se cobija. Más allá zonas de pradera, alguna laguna, grupos de palmeras. Puedo imaginar lo que sentía Rabindranath Tagore cuando en 1901 llegó desde la ciudad, Calcuta, dispuesto a poner en marcha una escuela para niños que estuviera en armonía con la naturaleza, convencido de que la educación no debe ser una tortura sino una alegría. Instalado en las tierras donde su padre tenía un ashram,  empezó su labor pedagógica debiendo superar dificultades económicas además de la reticencia de los campesinos y la suspicacia de los burócratas, a causa de la mala reputación que tienen los poetas como él mismo decía. Pero, “Cuando dejé la lucha por obtener resultados, en la ambición de beneficiar a los otros, y fui en busca de mis necesidades más profundas, cuando sentí que vivir la propia vida en plenitud, es vivir la vida de todo el mundo, entonces, la inquieta atmósfera de la lucha externa se disipó y el poder de la creación espontánea encontró su camino hacia el centro de todas las cosas”.

Intento aislarme del ruido de la calle para oír las voces de los niños que a la sombra de los mangos y de los bokules en flor siguen sus clases. Aunque las escuelas y la universidad siguen funcionando, ahora a cargo del Estado, muchas cosas han cambiado en Santiniketan desde que falleciera el poeta. Maestros y profesores forman parte, hoy, de la gran masa funcionarial que vive a la sombra del Estado indio. Alrededor de las villas que se hicieron construir las familias de la burguesía ilustrada de Calcuta que apoyaron en su momento la idea de Tagore, se construyen nuevas casas, nuevos hoteles. Santiniketan está de moda para un tipo especial de viajeros, tanto indios como extranjeros, aquellos que buscan un ambiente de paz, de cultura, de amor a la naturaleza, de reconocimiento al trabajo de los campesinos y de admiración por sus artistas y sus artesanos. También de aquellos que quieren sentir de cerca la impronta de su poeta más famoso y primer premio Nobel de Asia, el escritor más internacional de la India, un hombre polifacético, entusiasta, espiritual, trabajador incansable, inmune al desaliento, Rabindranath Tagore.

El gran baniano que me cobija cuyo tronco, custodiado por hileras de raíces que penden de las ramas, no alcanzan abarcar cuatro personas con los brazos extendidos, se ha llenado de pájaros. Mis compañeros y compañeras de sombra se interesan por mi procedencia, yo por la suya. Entablamos una conversación que puede durar horas y quizá sea el origen de una amistad duradera. Después saldré del recinto y pasaré un rato descubriendo libros extraordinarios, nuevos y viejos, algunos comidos por las polillas o descoloridos por las aguas, entre las estanterías de la librería del pueblo. Saldré cargada de cuentos ilustrados, escritos en bengalí, cuyas palabras no entenderé nunca y, antes de que anochezca, en un rickshow de bicicleta, volveré a la casa donde me alojo para compartir con mis anfitriones la puesta de sol.


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29.7.11

Afganistán, con una terrible historia a cuestas


Este verano, una noche de principios de julio, de esas noches que no acaban de cerrar y mantienen el cielo en penumbra mientras pasan las horas, debíamos encontrarnos en un cruce de carreteras donde previamente habíamos quedado por teléfono. Unos vendrían de la playa, otros de la ciudad. No sabíamos cuantos seríamos. Uno de nuestros amigos afganos nos había convocado unos días atrás con la excusa de que había alquilado una casa en el campo y había avisado a varios miembros de su familia que viven en diferentes partes del mundo, con algunos de los cuales mantenemos una buena amistad desde hace muchos años, cuando nos conocimos en su país, Afganistán. Incluso nos había pedido que les echáramos el anzuelo con una llamada pues ello aumentaría la probabilidad de que se animaran a emprender un desplazamiento de largo recorrido. Así lo hicimos. No sabíamos exactamente quiénes estaban invitados ni cuantos habían acudido finalmente a la cita, al fin y al cabo nosotros éramos amigos de una parte de la familia perteneciente a la generación de los padres del anfitrión, y ellos todos pertenecían a un clan familiar muy extenso y unido que seguían siempre en contacto a pesar de que, desde hacía ya más de tres décadas, estaban repartidos por todos los continentes.
Llegamos al cruce después de pasar por varios pueblos de veraneo con hermosas casas con jardín y algún balneario a la antigua usanza. El asfalto de la carretera despedía el calor acumulado por una larga exposición al sol. Nos sentamos en un banco desde donde se veía el cruce. La brisa movía las ramas de los árboles a nuestras espaldas y los pájaros cantaban. Una mujer salió al balcón para observarnos desde la casa de enfrente y desapareció pronto detrás de las cortinas. No había nadie por la calle. Tampoco pasaron coches por la carretera. Al cabo de un rato oímos un ruido de motores y uno tras otro pararon cuatro coches frente a nosotros. Vimos al convocante en uno de ellos, con su mujer y sus hijos residentes en Barcelona y a su hermana con su hijo que viven en Suiza. En otro estaban sus padres a los que ya conocíamos, acompañados de un matrimonio amigo, llegados también los cuatro de Suiza. En el tercero estaba su hermano con su mujer y su bebé que viven en los Estados Unidos. En el último coche iban su primo, buen amigo nuestro, con su hijo, llegados desde Francia. Hubo saludos, besos, y presentaciones. Después, en caravana, nos adentramos en el monte por un camino sin asfaltar, cuesta arriba y con curvas, hasta que llegamos a la casa cuando ya era de noche. La casa estaba aislada en medio de un parque natural protegido y ofrecía desde la terraza una vista panorámica sobre la llanura salpicada de luces. En el interior unas pocas bombillas, alimentadas por energía solar, proyectaban una luz amarillenta. En una mesa circular los niños comieron espaguetis y los abuelos también, mientras en la cocina preparaban la cena.

Me senté a la mesa para conversar con los más mayores. La señora que acababa de conocer me preguntó cuándo había estado yo en Afganistán. Le respondí que varias veces y para ofrecerle alguna explicación adicional sobre mis estancias en aquel país le conté que una de las veces acababa de ocurrir el golpe de estado de Daud khan, y cuando empecé a explicarle lo que me habían contado del golpe al llegar a Kabul aquella vez, vi que su cara cambiaba y que mi relato no le gustaba por lo que, sin darle más importancia, pasé a contar anécdotas más divertidas.

Después de la cena hubo tertulia y pusieron música. Los jóvenes bailaban. Los niños se fueron a dormir. Los fumadores salieron a la terraza. Yo me encontré conversando con el marido de la señora de antes, que también había escuchado mis explicaciones. Me dijo que era médico, que llevaba muchos años viviendo en Suiza desde que se fue de Afganistán para estudiar la carrera, hacía más de cuarenta años.

-De hecho, cuando usted estuvo en Afganistán, yo ya me había ido. Sólo regresé para casarme. Mi mujer es hija de Daud khan.

No supe qué decir y él siguió hablando.

-Cuando Daud khan ya era presidente una de sus hijas, hermana de mi mujer, se puso muy enferma y la mandaron a Suiza con nosotros para seguir un tratamiento a vida o muerte. Entonces llegó la noticia: Daud khan, su mujer y todos sus hijos habían sido asesinados. No quisimos decírselo a la enferma que murió sin saberlo. Mi mujer es la única superviviente.

El hombre que tenía enfrente se quedó callado mientras lloraba.
A nuestro lado los jóvenes bromeaban y reían mientras bailaban al son de una música rapera.

Detrás oí que hablaban de talibanes.

Todo aquel que ha nacido en Afganistán lleva sobre sus espaldas el peso de una terrible historia.



15.5.11

El Naga Bikashmaharam




Cerca de Puri, ciudad costera del estado indio de Orissa, al sur de Bengala Occidental, hay un pueblo de artistas, donde todas las casas tienen la fachada decorada con dibujos muy especiales. Cuando llega algún forastero se arma un gran revuelo y aparecen los artistas mostrando sus trabajos en el porche de sus casas. En el interior están los talleres que se pueden visitar. La presión para que entres y compres es grande. Todos ofrecen más o menos lo mismo. Todos son buenos artistas y sus dibujos, trabajadísimos, son como miniaturas de exactitud milimétrica. Los precios iniciales bajan rápidamente y siempre hay regateo. En medio de tan elevada competitividad, un niño solo, sentado en el porche de su casa, muestra su única obra: un personaje amarillo de palmo y medio de altura, naif, hecho de madera, una divinidad o un héroe erguido como si estuviera en movimiento, adornado con papeles plateados de distintos colores que le penden de los brazos, con una escopeta recortada en cartón y pintada de negro en una mano, y una flor de plástico en la otra, con un gorro de lentejuelas del que emerge una especie de antena misteriosa, collares, alas, colgantes, barba.
El personaje está sonriente y mira con unos grandes ojos. Se asienta sobre una peana rosa donde está escrito su nombre, Naga Bikashmaharam, y al lado, también escrito en la peana el precio, 200 rupias. Le pido si lo vende, me dice que sí. Le pido el precio y me señala las 200 rupias de la peana. Su madre observa desde el umbral de la puerta. Le pido si ese es su precio final, asiente con la cabeza. Me voy a seguir visitamdo el pueblo. Cuando regreso el niño sigue inmutable al lado de su escultura, sus vecinos a ambos lados de su casa ya han rebajado los precios de sus dibujos, algunos extraordinarios, dos o tres veces con tal de que les compre algo. Él no ha rebajado ni una rupia y 200 rupias es un precio elevado en aquel lugar. La escultura es preciosa, es diferente de todo lo que he visto. La gente del pueblo que me va siguiendo se ríe de él. ¿Cómo puede competir con artistas profesionales que llevan generaciones produciendo unas obras reconocidas en todo el país? Y yo que ya solo pienso en el Naga amarillo, se lo compro. Por 200 rupias. Nadie entiende nada.

Ahora, el naga amarillo, está en el recibidor de mi casa y da la bienvenida a los que llegan. Yo lo veo todos los días y cuanto más lo miro, más me gusta.

17.4.11

Salir de Manikaram, India


Seguía lloviendo en Manikaram (Uttar Pradesh), un pueblo del Himalaya al que se accede por Kullu Valley. Un templo sikh hace que este lugar remoto sea un importante centro de peregrinación.
El día estaba transcurriendo sin que ni un asomo de rayo de sol atravesara las nieblas estancadas a ras de suelo y los vahos de agua caliente que surgían del interior de la tierra. Hacía muchas horas, quizá días que llovía y ya corrían rumores por el pueblo. Rumores que hasta nosotros, forasteros, oímos repetidamente en tiendas y chiringuitos: cuando llueve mucho se producen deslizamientos y queda cortada la carretera. Si esto ocurre hay que quedarse ahí arriba durante días pues nadie sabe cuánto van a tardar en llegar desde lo más profundo del valle los camiones grúa para repararla y cuánto van a tardar en hacerlo. Habíamos pasado una jornada estupenda visitando el templo sikh de Mnikaram confraternizando con los cientos de peregrinos que allí se acercan y paseando por ese pueblo fantasmagórico del Himalaya lleno de sombras y era el momento de partir con presteza. Nos esperaba un largo camino por una carretera que ya conocíamos de la subida colgada entre precipicios. Íbamos en un todoterreno alquilado con chofer. El chofer tenía prisa en partir, más que nosotros, pobres inocentes sin experiencia en aquellas latitudes, pues él sabía de qué se trataba cuando se hablaba de deslizamientos.


La carretera, muy estrecha, por la que se cruzaban con dificultad dos camiones, discurría entre una pared vertical altísima a la izquierda y un precipicio también vertical a la derecha. Llevábamos delante un camión, ni pensar en adelantarlo, detrás otros coches pues parecía que todo Manikaram o al menos todos los peregrinos habían decidido marcharse. Descendíamos lentamente. Al cabo de un tiempo paró el camión y tuvimos que parar. Se apearon los del camión y nos fuimos apeando los que íbamos en la cola. Todos miraban al cielo. Desde lo alto de la pared caían piedras. No eran grandes pero algunas tenían el tamaño de un puño. La velocidad con que llegaban al suelo era tremenda. Si te alcanzaba una te mataba o te dejaba malherido. En poco tiempo se empezó a formar un montículo de piedras a unos cincuenta metros frente a nosotros. No había posibilidad de hacer marcha atrás pues se habían acumulado decenas de vehículos detrás de nosotros y estábamos en primera línea de fuego. Al otro lado del montículo ya veíamos los coches, también parados que venían en dirección contraria. Y las gentes que gesticulaban. El proceso de caída de piedras no era rápido ni continuo, ahora una ahora dos ahora un grupitos de cuatro o cinco o una más grande. No sabíamos si podía acelerarse y caer una parte importante de la montaña o simplemente caer una roca que cerrara definitivamente el camino. Lo evidente era que a medida que pasara el tiempo el montículo aumentaría y sería imposible cruzarlo. Nadie sabía qué hacer.



De repente, dos muchachas que venían de atrás empezaron a andar hacia el montículo decididas a cruzar. Vestían shalvar camis de vivos colores. Un bolsito en la mano izquierda cada una y sandalias de medio tacón. La gente gritaba intentando disuadirlas. Ellas no dudaron ni un momento. Al llegar cerca de donde se acumulaban las piedras se quitaron los zapatos y con ellos colgando de la mano derecha empezaron a correr. Las piedras seguían cayendo. Se produjo un silencio terrible. Durante unos segundos por mi mente y seguramente por la de todos pasó la imagen de una chica herida y caída sobre el montículo y la difícil tarea de ir a rescatarla. Pero eso no ocurrió y cuando llegaron al otro lado hubo un suspiro general y muchos aplausos. Entonces nuestro chofer nos ordenó que nos montáramos porque quería pasar. Ya hacía un rato que se había situado en el espacio libre que dejaba el camión con la pared. No rechistamos. Él era el conocedor del terreno. Imágenes apocalípticas se formaron en mi mente e igual que antes con las chicas: mira que si no podemos pasar el montículo y quedamos allí atascados. Mira que si cae la piedra grande y hunde el techo del coche. Pero la operación fue rápida. Con una decisión increíble el chofer arrancó y sin correr, con nervios de acero, consiguió que el todoterreno traqueteando superara la dificultad y llegáramos sanos y salvos al otro lado. Yo instintivamente iba con la cabeza agachada y con los dos brazos resguardándomela como si eso pudiera evitar en caso de piedra gorda que se hundiera y me aplastara la plancha del techo.
Nos aplaudieron también al llegar al otro lado y pasaron algunos coches más.
Al día siguiente en el periódico leímos que un gran deslizamiento de tierras había cortado la carretera de Manikaram. No hablaba de muertos.


24.3.11

5000 años de historia de Oriente Medio en 90 segundos

Si queréis ver de forma sencilla y gráfica quiénes han conquistado y reinado en Oriente Medio a lo largo de la Historia, entrad en http://www.mapsofwar.com/images/EMPIRE17.swf

28.2.11

Artistas iraníes en España

La feliz iniciativa de buscar a los artistas iraníes que viven en España y preparar con ellos una exposición ha partido de Masud, un iraní que vive en León, y que regenta una galería de arte cuyo nombre no podía ser otro que Perspolis. Masud, de apellido Barghinobar, es un escultor que ya lleva años en España. Tras muchas pesquisas, llamadas telefónicas e incluso viajes encontró a algunos pintores iraníes repartidos por diferentes zonas de la península, también en Andorra donde vive desde hace décadas la pintora Rezvan Kani. La ilusión de Masud era la de reunir a los iraníes que estuvieran trabajando en ámbitos artísticos para ofrecerles su galería como lugar de encuentro, donde se sintieran acogidos y apoyados, y desde donde pudieran dar a conocer su obra. Finalmente el pasado mes de septiembre inauguraron la primera exposición con un grupo de cinco artistas.


Niloufar Mirhadi, licenciada en Bellas Artes, vive en Barcelona y sus pinturas son de estilo expresionista donde aparecen frecuentemente los peces rojos, las granadas o las manzanas, sómbolos persas sin duda. 


Said Rajabí, licenciado en Bellas Artes y Premio extraordinario Reina Sofía. Su estilo es hiperrealista. Las calles de Madrid son uno de sus temas favoritos. 



Rana Heyrati, estudió en Teherán arquitectura y diseño gráfico. Vive en Zaragoza. Sus pinturas son frescas y una explosión de rojos, naranjas y verdes. La conocí hace unos años cuando asistió a una de mis conferencias y me saludó.


Rezvan Kani, licenciada en arquitectura, vive con su marido, también arquitecto, en Andorra. Sus interesantísima obra refleja una intensa y compleja vida interior. Desde que la conocí me cautivó su personalidad y me sentí muy cercana a su manera de pensar.


Masud Barghinobar, licenciado en bellas Artes. Escultor. La búsqueda de un mundo mejor está en el centro de su obra donde se refleja lo bueno y lo malo del ser humano. Es el que ha tomado la iniciativa para este proyecto que ya ha empezado a dar sus frutos. El sentimiento de soledad se encuentra en lo más profundo de la persona que ha dejado su país y que se ha instalado de por vida en otro. Aunque haya sido bien recibida, aunque haya empezado una nueva vida y haya creado una familia en este lugar de acogida. Además siendo iraní, siente impotencia ante tanta desinformación y siente la necesidad de dar a conocer su cultura, sus costumbres, su historia, su arte, el riquísimo mundo cultural persa.

Deseo que este grupo se vaya consolidando y que los artistas iraníes que están por estas tierras se pongan en contacto con la Galería Perspolis porque todos sabemos que la unión hace la fuerza..

14.2.11

Atlas o la trastienda del arte


Hace un par de semanas en un viaje a Madrid fui a visitar la exposición que hay en el Reina Sofía. Se titula Atlas ¿Cómo llevar el mundo a cuestas? pero para mí fue ver lo que hay en la trastienda del arte, todo aquello que los artistas han ido coleccionando, lo que han ido pensando, pegando, dibujando, y quizá guardando en un cajón o en una carpeta o tirándolo a la papelera, antes de que las ideas se convirtieran en obra de arte. Es el trabajo que ha quedado en hojas sueltas, en cuadernos, en inventarios, en bocetos, acumulados en un armario del taller o del estudio, es el trabajo que no ha recibido ovaciones ni reconocimiento, el trabajo diario, humilde, pero sin el cual las grandes obras de arte no hubieran sido posibles.

He visto una observación minuciosa de la naturaleza, plantas, hojas, ramas, semillas, también nubes, muchas nubes. Collages de recortes de periódicos en una toma de consciencia de la situación social, de las guerras y del sufrimiento, no en vano esta exposición se ocupa del siglo veinte. La distorsión de las líneas y de las luces. La repetición y repetición con variaciones de números. Sumatorio de instantes. Ingente trabajp que hay detrás de la trayectoria y en la formación de un artista, de cada uno de ellos.