BLOG DE ANA M. BRIONGOS


5.6.17

Comprar una casa en San Francisco o en la zona circundante, la Bay Area, es complicado. Ana M Briongos.


Queridos lectores, como tengo una hija que vive en Berkeley, casada y con dos niños pequeños, voy a contaros como está el asunto del alojamiento en esa zona de California.

 

Cuando se establecieron en San Francisco, jóvenes y sin niños, alquilaron un estudio de una sola habitación que les servía de sala y de dormitorio, con cocina en la que podían comer, y un baño.


Después de cuatro años, como el estudio era muy pequeño se trasladaron a Berkeley, al otro lado de la Bahía de San Francisco, porque allí los alquileres eran algo más económicos. Los de San Francisco se estaban poniendo imposibles. Encontraron un apartamento de un dormitorio, una sala de estar, una cocina donde se puede comer, un baño y cuatro closets o armarios en los que se puede entrar y almacenar cosas o incluso convertir uno de ellos en despachito, sin ventana alguna claro y, algo muy importante, plaza de parking. La situación era excelente, el downtown, con un super (Trader Joe’s), la biblioteca pública, el Farmers’ Market de los sábados, y los gimnasios y piscinas del YMCA a menos de diez minutos andando. Y todos los restaurantes del Gourmet Getto y la estación del BART, una especie de metro que te lleva a San Francisco en menos de media hora y te acerca a las diferentes ciudades de la bahía.



Nick, mi yerno es abogado y trabaja de fiscal para el Estado de California en San Francisco por lo que toma el BART todos los días. Anna mi hija es profesora de español en un instituto de Marin County y va en coche al trabajo.


Todo iba perfecto hasta que decidieron tener hijos. Entonces empezaron a buscar casa para comprar pues habían estado ahorrando durante años para poder pagar una entrada y disponían de garantía bancaria para obtener una hipoteca ya que los dos eran funcionarios del Estado con trabajo fijo. 


Se busca a través de Zillow, una página Web que anuncia las casas que van saliendo al mercado, con fotos, detalles de construcción, y precio de salida.También indican qué día se podrá visitar y en qué intervalo de horas, generalmente domingo de 2 a 4. Entonces hay que buscar un agente inmobiliario que es quien hará de intermediario en representación del comprador con el representante del vendedor. Tu agente también te irá mandando semanalmente, a través de una página más profesional, ofertas de casas que estén dentro de tu presupuesto y con las características que te interesan, que tú ya has visto en Zillow y que puedes visitar pero no emprender un proceso de compra por tu cuenta.



Empiezas a dedicar los fines de semana a visitar casas. Las casas en venta tienen un letrero frente a la entrada que anuncia su venta y el día de la Open House o día de visita. En Berkeley, que es donde buscaban, no salen casas a menos de 650 mil dólares de precio de salida y esas casas suelen estar en un estado precario y necesitan tratamiento contra termitas en los cimientos pues son siempre casas de madera antiguas. Las casas que salen a menos de un millón de dólares son chiquitas, salón pequeño, comedor diminuto, dos habitaciones y un baño o, con suerte, dos baños, y un jardín pequeño donde hacer barbacoas. A veces en el jardín hay un garaje cubierto o una habitación. Las casas de tres habitaciones o más, ya salen a un millón o más.

Pero ¡oh sorpresa! a la semana siguiente del día de visita, se aceptan ofertas a ver quién puja más sobre el precio de salida y, una casa que sale a 700 mil, se vende por 850 o 900 o incluso un millón. Al cabo de una semana, en el letrero de la entrada ya pone “pending”, quiere decir que ya han aceptado una oferta y que la casa está vendida aunque no se haya escriturado todavía. Así de rápido, todas las casas se venden en una semana. Es una locura.Y nunca sabes cuánto has de ofrecer ni qué van a ofrecer los otros y cuando ya has hecho varias ofertas para otras tantas casas y no te la venden, te entra el desánimo. Entonces oyes decir que por debajo de un millón no encontrarás casa en Berkeley, ¡una casita de dos habitaciones!

Pues ¿qué está pasando?.



En San Francisco todavía está peor la situación inmobiliaria, por eso ha habido una huída hacia las ciudades de la Bahía, pero ahí también están llegando los jóvenes ingenieros informáticos que trabajan en Google y Facebook y Linkeddin, y otras empresas de Silicon Valley y que cobran unos sueldos muy superiores a los de reciben los maestros, profesores, y demás trabajadores que no están en esas empresas punteras. Ellos compran las casas.

Los precios siguen subiendo, es una locura.


¿Qué hacer?

Cambiar de chip. Si no quieres entrar en esa vorágine, que significa gastarte todos los ahorros en una entrada y luego embarcarte en una hipoteca gigantesca que te hará sufrir cuando tus hijos quieran ir a la universidad (americana) que cuesta una fortuna, has de cambiar de chip. Si no estás de acuerdo con ese tipo de vida en que el dinero te puede enloquecer, hay que cambiar de chip y decir “que los zurzan”. 

Hay que salir de la Bahía y de Silicon Valley y, por supuesto, de San Francisco.


¿Dónde ir?

Puedes ir a Sacramento, por ejemplo, la capital del Estado de California, una ciudad agradable del interior, con muchos árboles y extensos parques, con dos ríos que confluyen allí y con casas de buen tamaño y buen jardín mucho más asequibles. Está cerca de UC Davis (Davis Universidad de California). Pasa el tren, el Amtrak, y dicen que se va a construir un tren de alta velocidad Sacramento, San Francisco, Los Angeles.

Otro ejemplo de ciudad que está adquiriendo fama en la costa oeste es Seattle, en el estado de Washington.

De hecho los jóvenes ya se están yendo. Jóvenes con ganas de llevar una vida tranquila y educar a sus hijos en unos ideales cercanos a la naturaleza y alejados de la vorágine donde el dinero es el rey, ideales que se están perdiendo en esa parte de California que un día fue bastión de las ideas más progresistas.

Y si se van maestros y profesores, ¿quién educará a los hijos de esos exitosos informáticos?

Hay muchísimas parejas jóvenes con niños y con trabajo que están atrapadas en esa situación, cuatro o cinco viviendo en un apartamento de un solo dormitorio y sin posibilidad de cambio si no quieren empezar a buscar trabajo en otro lugar.



La mayoría de los ciudadanos de Berkeley compraron sus casas en los años sesenta, setenta y ochenta, a unos precios asequibles, cuando muchos eran hippies y no existía Internet. Hoy ya son mayores y están jubilados o siguen trabajando porque no pueden jubilarse ya que no tenían previsto que iban a hacerse viejos. Pero son propietarios de una casa que vale un millón de dólares. Si la casa lo permite, arreglan un apartamento al lado del garaje y lo alquilan. O alquilan habitaciones en su propia vivienda. Un amigo mío, tiene a dos estudiantes de instituto chinos que le pagan 1500 dólares al mes cada uno. Siempre comenta la suerte que tuvo cuando compró su casa. Era manager de grupos famosos de Rock y tal como llegaba el dinero se lo gastaba, ahora esa casa le permite llevar una vejez digna.