BLOG DE ANA M. BRIONGOS


11.12.11

Chittagong. Bangladesh.




Ya estoy en Calcuta después de pasar unos días en Bangladesh. En esta foto me podéis ver en Cittagong, la segunda ciudad del país, al lado de mi marido, Toni. En el otro rickshaw está Toni Catany, el fotógrafo mallorquín afincado en Barcelona, que últimamente nos acompaña en nuestros viajes a la India.

Estos son los típicos rickshaws de bicicleta de Bangladesh. Los hay en las ciudades importantes a cientos, a miles. Dicen que en la capital, Dhaka, hay seiscientos mil. En la parte posterior llevan decoraciones con escenas de películas o animales o flores, o incluso pueblitos que no se sabe si son de Suiza o de Bangladesh.

Veníamos del río, de visitar un astillero tremendo donde construyen barcos de gran tonelaje que exportan a Alemania y a Dinamarca, entre otros países. Teníamos la intención de visitar el gran centro de desguace de barcos cuyas escenas fantasmagóricas se han hecho famosas en todo el mundo. Pero últimamente el gobierno no permite la entrada a la zona de desguace, especialmente después de que Green Peace hiciera una campaña de denuncia por las malas condiciones de trabajo de los desguazadores. A cambio nos llevaron al astillero. Una lancha rápida nos recogió en un muelle y nos llevó al otro lado del río donde nos esperaba el director acompañado de cuatro guardias en uniforme que se cuadraron con ruidoso taconazo a nuestra llegada. Nos pusieron unos cascos blancos e hicimos el recorrido por las naves enormes donde trabajadores perfectamente uniformados con monos de trabajo blancos, soldaban, juntaban, levantaban con la ayuda de grandes grúas... Durante todo el tiempo alguien de la empresa nos estuvo fotografiando. Al final y después de visitar el lugar donde los ingenieros diseñasn los barcos bajo la dirección de un ingeniero educado en Alemania, todos bangladeshíes, nos llevaron a una sala de juntas con mesa ovalada a la que nos sentamos y mientras nos servían té y bocadillo con un plátano y una naranja, pasaron un Power Point promocional de la empresa y del país. Todo perfecto, una empresa ejemplar que podía haber estado en un puerto de los Estados Unidos o de Europa.

Al salir, la guardia volvió a cuadrarse a nuestro paso, y el director nos despidió a pie de escalerilla y siguió moviendo la mano en alto mientras la lancha se alejaba. Tres grandes barcos de hierro todavía sin pintar conformaban el paisaje a la vista.

Me quedé traspuesta, como si me hubieran trasladado por una hora a otra galaxia y, de repente, volviera a caer a este perro mundo.

Después me dije: al menos esos tres mil quinientos trabajadores deben tener unas condiciones de trabajo dignas. La empresa en cuestión tiene un hospital en el mismo recinto con médico jefe al que saludamos y otro personal médico, que no sólo trata a los trabajadores y a sus familias sino también a la gente del barrio.

En el otro lado del río el desbarajuste se hacía más evidente. Ya montados en los rickshaws como se nos ve en la foto emprendimos la retirada a través de unas calles donde un río humano no deja de fluir con un ruido permanente de claxons. Estamos en el país más poblado del mundo.

El almuédano se oye desde diferentes mezquitas cuando se pone el sol rojo rojo y enorme sobre un fondo verde: la bandera de Bangladesh.
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