BLOG DE ANA M. BRIONGOS


11.2.18

Afganistán, el reino perdido. Memorias de un príncipe afgano.The Lost Kingdom. Memoir of an Afghan Prince.








Acabo de leer las memorias recién aparecidas del que se firma H.R.H. Prince Ali Seraj of Afghanistan. Cuando supe, a través de Facebook, que Ali Seraj estaba escribiendo sus memorias estuve a la expectativa para ver qué contaba, pues sus memorias están ligadas a mis vivencias en Afganistán y sabía que algunos personajes de mi libro “Un invierno en Kandahar”, entre ellos él mismo, aparecerían en su libro. Yo había vivido durante un verano en su apartamento de Kabul,  lo había encontrado cada vez que viajaba a Afganistán, conocía a su novia americana que después ha sido su esposa y a su hermano Abdullah con quien todavía me escribo y a muchos de sus primos y primas, todos pertenecientes a la familia real.


La portada y la contraportada de The Lost Kingdom ya nos anticipan, junto con el título, de qué trata el libro. En la portada hay la foto del palacio del rey en sus épocas de esplendor y en la contraportada vemos el mismo palacio casi en ruinas, como está hoy en día. Ali cuenta cómo era Kabul en los años setenta cuando regentaba unos bares-discoteca de moda, cómo llegaron al poder los comunistas y, con ellos, la invasión soviética, cómo salió de su país y cómo siguió desde Estados Unidos los acontecimientos que iban ocurriendo en su tierra, la guerra civil, los talibanes y los atentados de las Torres Gemelas en New York con la consecuente intervención americana y la expulsión de los talibanes. En total veintitrés años fuera de su país. Después su regreso ya con el nuevo gobierno.

Para los que habéis leído “Un invierno en Kandahar” os sonará lo que voy a comentar. A los que no lo habéis leído quizá después de este escrito os entran ganas de leerlo.


Nueva edición en español de Laertes
Edición en inglés de Trotamundas Press


"Un invierno en Kandahar" es quizá mi libro preferido pues en él cuento el origen, hace 50 años (1968-2018), de mis andanzas por Afganistán, Irán e India y, en fin, de mi vida viajera. En la segunda parte que subtitulo “Canción de cuna para un aventurero muerto”, hay dos personajes principales, un francés, Pierre Descombes y un afgano, Fereidún. Los dos nombres son ficticios pero las personas existían de verdad. El francés se llamaba en realidad Gerard Lefevre y sobre él escribe Ali Seraj en sus memorias y la descripción que hace es totalmente distinta a la que hago yo. Fereidún era el amigo afgano de Gerard, que no sale en el libro de Ali con nombre pero sí como referencia.

Gerard, marcado desde su desdichada infancia en Lyon, era un personaje maldito, que llegó a Afganistán y allí desarrolló un desesperado deseo de hacerse rico y afgano, o afgano y rico, pero además quería llegar a ser respetado como afgano por los mismos afganos, cosa por otra parte harto difícil. Gerard era muy guapo y en el Afganistán cosmopolita de los años setenta, ser guapo era un punto a favor muy importante. Cuando llegó a Kabul ya hablaba, a parte de francés, inglés y español a la perfección y casi sin acento pues tenía una facilidad extraordinaria para las lenguas. En Kabul aprendió dari, variedad del persa que se habla en Afganistán, y lo hablaba tan bien, tan igual que los trabajadores del bazar, que sorprendía a los mismos afganos de la élite de la capital con los que él se codeaba y al lado de los que quería instalarse. Se convirtió al islam en una ceremonia cuya noticia apareció incluso en los periódicos y cambió su nombre de pila francés por Abdullah. Para prosperar en los negocios, no tenía recursos pero era muy trabajador, debía hacerlo asociado a un afgano, por ley. Y se asoció con Ali Seraj, el de las memorias, el príncipe Ali Seraj, que acababa de regresar a su país desde los EEUU donde había estudiado. 

HRM Prince Ali Seraj of Afghanistan
Ali llegaba pisando fuerte y era un hombre joven de gran envergadura y aspecto casi fiero. Quería abrir negocios modernos en un país tan atrasado como el suyo pero que tenían cabida y serían bien recibidos en Kabul por la burbuja de extranjeros de las embajadas, los militares norteamericanos, y la élite de afganos cultos y occidentalizados que se movía alrededor de la corte. Así se abrió el “Twenty five”, un bar de copas y restaurante con pista de baile donde acudía la flor y la nata de Kabul. Ali era el dueño que ejercía con su presencia y su pedigree como tal y Abdullah o Gerard era el currante, guapo, elegante y encantador y, mira por dónde, exótico entre la élite afgana.
Y no cuento más porque hay que leer el libro “Un invierno en Kandahar”, pero esta historia se acabó como el rosario de la aurora y lo cuento yo y lo cuenta Ali pero con versiones muy distintas. 


Rey Abdurrahman Khan 1880/1901
bisabuelo de Ali
Estamos hablando de un Afganistán a finales de los 60 y en los 70, en plena guerra fría, situado geográficamente en un lugar estratégico con frontera con la URSS y con China, Pakistán e Irán, donde se cocinaban estrategias entre los bloques. Decían que era un nido de espías y los afganos estaban obsesionados con los espías, veían espías por todas partes.



El abuelo de Ali, rey Habibullah Khan.
1901/1919
Para Ali Gerard fue simplemente un espía traidor al que hizo expulsar del país.

Para mí y para algunos afganos, entre ellos Fereidún, fue mucho más o mucho menos que eso. Fue un aventurero, eso sí lo fue. Un aventurero loco y desesperado que luchaba como un titán, solo, para conseguir su utopía personal. Jugó con fuego. Fue un buen amigo y lo demostró cuando hizo falta, y su historia personal fue extraordinaria y tremenda más allá de si en algún momento pudo meterse en líos de espías.

Gerard-Abdullah está muerto y Ali en el exilio, dorado, pero exilio. Y Afganistán es un país destrozado por la guerra donde se enriquecen los fabricantes de armas: Un reino perdido. A Lost Kingdom.


Las memorias de Ali Seraj son interesantes para aquellos que quieran saber cómo ha vivido los tremendos acontecimientos que han sacudido a su país un nieto y biznieto de reyes, poderoso y pagado de sí mismo y con pasaporte americano que pertenece a una élite culta y moderna cuyas mujeres, en los años 60 y 70 estudiaban, hablaban idiomas y no  iban cubiertas, en un país atrasado, patriarcal, muy conservador y religioso, de mujeres con burka.

No hay comentarios: