Para regresar al centro de la ciudad nos situamos al lado del bordillo para decir en voz alta, a los taxis que se acercan reduciendo su marcha, la dirección que nos interesa. Hay coches particulares que también se acercan e igualmente les decimos nuestro destino, uno de ellos para y nos montamos. Es un coche bien cuidado y el conductor un señor mayor de pelo blanco, vestido con un traje de buen corte. Al cabo de un rato nos dice, muy amable, que él gira en la siguiente esquina porque se va a su casa a comer, es mediodía, y que va a parar para que nos apeemos. Jamileh le pide qué le debemos. Nada, dice. Los taxistas, a la primera, también lo dicen: “gabeleh nadareh”, pero todo el mundo sabe que hay que pagar pues es solamente una fórmula más de cortesía como tantas y tantas hay en Irán. Pero en este caso no era taarof, se notaba, el señor no aceptaba dinero, nos había llevado muy a gusto porque iba en la misma dirección que nosotras, y no necesita el dinero del viaje. Nos despedimos con las fórmulas de cortesía correspondientes, de una amabilidad exquisita y seguimos a pie, yo hacia la plaza, Jamileh a casa.
27.10.08
El palomar, Isfahan
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2 comentarios:
Estoy restaurando un palomar actualmente y a la vez haciendo el censo de palomares de la provincia de León, una grata sorpresa al encontrarme con este post.
Felicitarte de paso por tu blog.
Saludines utópicos, Irma.-
Gracias, Irma, por tu comentario. Los palomares del mundo nos unen. Besos desde Barcelona.
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