BLOG DE ANA M. BRIONGOS


24.5.08

Los Sunderbans y Bon Bibi

La gloria de Bon Bibi

Leyenda tradicional de Bengala (India y Bangladesh). Traducido del llibro “The hungry tide”, en castellano "La marea del hambre", del escritor indio Amitav Ghosh (contada en la clase de 10 años de la escuela Parc del Guinardó, Barcelona).
Todo ocurre en los Sundernans, en el delta del Ganges, tierra de ríos y manglares, declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1997. Allí viven los últimos ejemplares de tigre de Bengala.

- No conoces la historia de Bon Bibi?
- Entonces a quién llamas cuando tienes miedo?

Bon Bibi reina sobre la jungla, donde mandan los tigres y los cocodrilos.

Sorprendentemente, la historia de la diosa tigre, la de los ojos amarillos, no empieza en el cielo o en las orillas del Ganges sino en Arabia. En la ciudad de Medina, uno de los lugares santos del islam vivia un hombre llamado Ibrahim. Un hombre sin hijos, piadoso musulmán que llevaba una vida austera de sufí faquir[1]. Por la intervención del arcángel San Gabriel, Ibrahim se convirtió en el padre de unos mellizos, Bon Bibi y Shah Jonjoli. Cuando los mellizos se hicieron mayores, el arcángel les dió el mensage de que habían sido escogidos para llevar a término una misión divina: Tenían que viajar desde Arabia hasta el “pais de los dieciocho ríos” para convertir este terreno en habitable para los hombres. Con este objetivo Bon Bibi y Shah Jonjoli salieron hacia las selvas de manglares de Bengala, en la India, vestidos con las sencillas túnicas de los sufís mendicantes.
Las junglas del “pais de los dieciocho ríos” eran entonces el reino de Dokkhin Rai. Un poderoso rey demonio, que ejercía su poder por encima de todo ser viviente de la selva, tanto de los animales como de los espíritus macabros, fantasmas i espíritus perversos. Sentía un odio especial por el ser humano con deseos insaciables ya que la carne humana le proporcionava unos placeres extraordinarios.
Un día Dokkhin Rai oyó unas voces nuevas en la jungla que llamaban al azzam, el canto que avisa a los musulmans para la oración; esto le advertió de que Bon Bibi y Shah Jonjoli havian llegado a su reino. Rápidament el demonio reunió a sus guardianes para echar a los forasteros. Pero perdió la batalla. Bon Bibi, victoriosa, decidió que una mitad del pais seguiría siendo salvaje y se la dió a Dokkhin Rai y a su ejército de demonios. El resto se lo quedó para ella y su hermano, y bajo su reinado pronto aquel terreno salvaje se convirtió en un lugar seguro para los hombres. De esta manera hubo orden en el pais de los dieciocho ríos con las dos partes, la salvaje y la cultivada, en un perfecto equilibrio. Todo iba bien hasta que la codicia humana rompió este orden.
En los confines del país de las aguas vivía un hombre de nombre Dhona que reunió una flota de siete barcos con la esperanza de hacer fortuna en la selva. La flota de Dhona estaba a punto de zarpar cuando se dieron cuenta de que quedaba una plaza de marinero. La única persona que encontraron cerca era un muchacho joven llamado Dukhey, que quiere decir “triste” en su idioma, un nombre adecuado para él ya que este chico había tenido una vida desgraciada: se le había muerto el padre cuando era pequeño y ahora vivía pobremente con su madre anciana y enferma. La mujer dejó marchar a su hijo con mucha pena y justo antes de zarpar le dio un consejo: “siempre que te encuentres en peligro has de llamar a Bon Bibi ya que ella es la salvadora de los débiles y la madre misericordiosa de los pobres, estoy segura de que te ayudará”.
La expedición zarpó y navegó por los ríos del país de las aguas hasta que finalmente llegó a una isla que se llamaba Kedokhali Char. Pero esta isla estaba dentro del territorio de Dokkhin Rai y los marineros no la conocían. El rey demonio les había preparado una desagradable sorpresa. Cuando entraron en la selva empezaron a pasar cosas extrañas: veían grandes colmenas llenas de miel colgando de los árboles pero cuando se acercaban desaparecían y solo reaparecían cuando ya estaban a una cierta distancia. No pudieron alcanzar ni una y Dhona estaba desesperado. Pero aquella noche se le apareció Dokkhin Rai y le hizo una propuesta. Cada uno debía dar al otro un deseo. El demonio quería al chico que Dhona había traído en su barco. Hacía mucho tiempo que no comía carne humana y ahora tenia la ocasión de tener una muy tierna. A cambio le llenaría a Dhona los barcos de miel y de cera, tanta, que se haría rico.
Invadido por la codicia, Dhona aceptó el intercambio y de repente, les criaturas del bosque, los demonios y los fantasmas, incluso las mismas abejas, empezaron a llenar los barcos de Dhona con un gran cargamento de miel y de cera. Pronto los barcos estaban tan llenos que ya no podían llevar nada más y llegó el momento en que Dhona debía cumplir con su parte del trato. Llamando a Dukhey, le ordenó que fuera al bosque a buscar leña para hacer fuego.
El chico no podía más que obedecer y cuando regresó con la leña vio sus temores confirmados: los barcos se habían marchado. Y entonces, de pie solo en la orilla del mar, atrapado entre el río y la selva, vio algo brillante negro y oro, era un tigre que le estaba siguiendo escondido entre los árboles. Era Dokkhin Rai disfrazado, y el demonio hizo temblar la tierra con su grito espantoso y empezó a correr para atacar. Al ver aquella inmensa bestia y aquellos enormes colmillos, un terror mortal le invadió. Aunque estaba medio desmayado de terror de lo que le había dicho su madre y dijo: “Oh madre piadosa, Bon Bibi, sálvame, ven a mi lado”.
Bon Bibi estaba muy lejos, pero cruzó las aguas en un instante. Hizo volver en si al chico cogiéndolo en sus brazos, mientras su hermano Shah Jonjoli le daba al demonio su merecido. Después, se llevó a Dukhey a su casa y lo curó. Cuando llegó el momento de volver, ella lo llenó de regalos que consistían en un tesoro de miel y cera y lo devolvió a casa de su madre. De esta manera Bon Biibi enseñó al mundo como funciona la ley de la selva: los ricos y los codiciosos serán castigados y los pobres y honrados serán recompensados.

[1] Hombre religioso, místico y mendicante.