BLOG DE ANA M. BRIONGOS


20.6.12

El puerto de Dhaka en Bangladesh

 
Hierros y reflejos en el mar.
¡Esto es Venecia! dice el fotógrafo Toni Catany cuando descubre el puerto de Dhaka.

Los marineros lavan la ropa y se duchan en las repisas al borde del agua de los grandes barcos de tres pisos y amplios ventanales que nunca se cierran a los que llaman ferrys o rockets..
Multitud de barcas, cruzan el río, vienen y van. ¿Será su forma alargada al estilo góndola, la que le recordó a Catany Venecia?

En medio del río un hombre se cose un botón de la camisa en la cubierta de su barca y cuando pasamos por su lado en nuestra barca alquilada, nos saluda sonriendo.


 
Los ferrys han llegado de madrugada y ahora están vacíos. Los marineros descargan y limpian. Se enjabonan. Bromean.

El puerto, cuando se pone el sol, es un hervidero. Los ferrys se van llenando. Las familias buscan un espacio en la plataforma donde acomodarse y pasar la noche. Extienden una sábana o una manta delimitando su zona. Algunos ya están acostados descansando. Hay abuelos y niños, padres y madres. Los vendedores de fruta fresca y frutos secos preparan sus tenderetes en medio del bullicio.


 
A la entrada de los muelles una furgoneta de la policía se para a nuestro lado, bajan dos policías de azul y detrás de ellos unos cuantos prisioneros con argollas en los tobillos de las que cuelgan pesadas cadenas de hierro que van hasta las argollas de las muñecas.  Pasan en fila india, cansinos, por el puente que da acceso a los muelles y desaparecen en el interior de uno de los barcos.
Desde las plataformas los marineros anuncian a voces el destino del buque: ¡Kulna! ¡Kulna! ¡Kulna! ¡Barisal! ¡Barisal!.
Si no dispones de billete porque no vas a embarcar pero quieres pasar el puente y acceder al muelle hay que pagar un ticket en la ventanilla de la estación marítima.
 
Una esfera roja que se va agrandando a medida que avanza la tarde desciende entre brumas hacia su escondite. En un país musulmán como es Bangladesh a la hora del crepúsculo hay que rezar. Los hombres alineados llenan las cubiertas de los barcos y hacen sus reverencias de cara a la Meca que aquí es en dirección al sol poniente. Sus caras y sus kurtas blancas resplandecen.
Dentro de poco habrá oscurecido y zarparán los barcos hacia sus destinos navegando por el gran delta que forman el Ganjes y el Bramaputra.
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