BLOG DE ANA M. BRIONGOS


12.5.12

Quién mató al ayatollah Kanuni

Acabo de leer esta novela negra que tiene lugar en el Irán de Khatamí, justo antes de las elecciones que darían la victoria a Ahmadinejad, el actual presidente. Me ha gustado porque sale todo: intrigas dentro del gobierno, intrigas entre los capitostes religiosos, una feminista islámica convencida que siempre presenta su candidatura y nunca consigue que salga adelante, antiguos mujaedines del pueblo, funcionarios corruptos de las boniat o las fundaciones paraestatales que controlan gran parte de la economía del país, el contrato matrimonial temporal llamado sigheh, los ricos que beben vino, las ricas que compran compulsivamente bolsos de Gucci, la carcel de Evin, los pasdaranes y los bassijies, y más. La ha escrito la periodista Naïri Nahapétian que vive fuera del país pero que conoce bien los entresijos del poder. Para quien no está familiarizado con la situación política de Irán, sus instituciones y sus personajes, le puede resultar difícil seguir, sobre todo recordar, los nombres. Aunque, al final, hay una lista de términos en persa y de personalidades citadas. También hay una cronología desde 1785 hasta 2005.

Me ha sorprendido la página 245, después del fin de la novela y que se titula "Novela y realidad". En ella la autora comenta que en Irán hay una feminista islámica llamada Azam Taleghani que ha intentado varias veces ser candidata a las elecciones presidenciales. El Consejo de Guardianes de la Constitución nunca ha autorizado su candidatura. Es hija del ayatollah Taleghani que fue asesinado y según las malas lenguas lo fue por orden del ideólogo del régimen el ayatollah Beheshti. Azam Taleghani publica una revista y lucha por los derechos de las presas políticas. Esos son los únicos puntos en común con el personaje de la novela según su autora. Conocí a la Sra. Taleghaní hace unos años en Cáceres donde las dos participábamos en unas jornadas sobre Irán organizadas por la catedrática María Jesús Merinero de la universidad de esa ciudad. Os ofrezco una foto de aquel encuentro.

6.5.12

Viernes de picnic en el jardín, Isfahan



Retomo estas notas del último viaje a Isfahan: El viernes nos invitan a un jardín a las afueras de Isfahan, propiedad de uno de los artesanos más importantes de la ciudad que trabajan la plata, a preparar y comer kabab con Massud, Elham, la familia Ghaneian y los dueños del jardín, en total más de 20 personas. Ya instalados en el jardin, el coche de Massud con las puertas abiertas, despide música persa a todo volumen.  Los niños corretean, los jóvenes y las mujeres charlan y los hombres preparan el kebab. Tras la comida al aire libre, Yussof enciende el ghalian, la pipa de agua, y algunos fuman. En mi honor han traído un poco de vino de fabricación casera, no hubiera hecho falta pero les agradezco el detalle. Massud quiere bailar pero nadie le sigue. Es un hombre alto y delgado, oscuro de tez, con unos ojos enormes y penetrantes. Acabamos bailando él y yo entre palmas y risas. La manera de bailar de los hombres en Irán me parece de lo más sensual y provocativa, a mucha distancia de las mujeres. No he tenido más remedio que salir a bailar ante la insistencia de los presentes y reconozco que ha sido un elemento más de diversión para todos. Después los hombres, los chicos y una chica juegan al fútbol. Entre árboles, nogales, granados, manzanos, perales, parras y pinos, con el sonido del agua que sale a borbotones del lomo de unos cisnes enormes de cemento pintado, la tarde del viernes discurre agradable. El tiempo empieza a refrescar y se agradece un chal sobre los hombros.

Al día siguiente salgo hacia Mashad, ciudad santa iraní. En el autobús que nos lleva desde la terminal hasta el avión un hombre entona una fórmula religiosa y todos responden, hombres y mujeres, en voz alta o moviendo los labios. Se nota que la mayoría va de peregrinación al mausoleo del emam Rezá, el octavo emam shií, muy venerado por los iraníes. Frente a mí hay dos chicas con zapatos azul cielo brillante de tacón de aguja, abrigos negros ceñidos y tupé altísimo medio cubierto por pañuelos azules con brillo de pailletes. Las dos llevan un neceser de plástico en la mano, una azul cielo y la otra rosa. Van muy pintadas. Cuando el hombre se pone a decir la oración una de ellas me lanza una mirada y esboza una sonrisa casi imperceptible, la contesto de la misma manera.
Será un milagro si este avión logra elevarse y llega a buen puerto. He cambiado un vuelo de Iran Air con escala en Teherán, por este charter directo que sale a las 12 de la noche y es para peregrinos. Las partes de metal están chafadas o abombadas como si hubieran martilleado el fuselaje. Los asientos despanzurrados. Entre rezos a toda voz aterrizamos tan felices.