BLOG DE ANA M. BRIONGOS


15.5.11

El Naga Bikashmaharam




Cerca de Puri, ciudad costera del estado indio de Orissa, al sur de Bengala Occidental, hay un pueblo de artistas, donde todas las casas tienen la fachada decorada con dibujos muy especiales. Cuando llega algún forastero se arma un gran revuelo y aparecen los artistas mostrando sus trabajos en el porche de sus casas. En el interior están los talleres que se pueden visitar. La presión para que entres y compres es grande. Todos ofrecen más o menos lo mismo. Todos son buenos artistas y sus dibujos, trabajadísimos, son como miniaturas de exactitud milimétrica. Los precios iniciales bajan rápidamente y siempre hay regateo. En medio de tan elevada competitividad, un niño solo, sentado en el porche de su casa, muestra su única obra: un personaje amarillo de palmo y medio de altura, naif, hecho de madera, una divinidad o un héroe erguido como si estuviera en movimiento, adornado con papeles plateados de distintos colores que le penden de los brazos, con una escopeta recortada en cartón y pintada de negro en una mano, y una flor de plástico en la otra, con un gorro de lentejuelas del que emerge una especie de antena misteriosa, collares, alas, colgantes, barba.
El personaje está sonriente y mira con unos grandes ojos. Se asienta sobre una peana rosa donde está escrito su nombre, Naga Bikashmaharam, y al lado, también escrito en la peana el precio, 200 rupias. Le pido si lo vende, me dice que sí. Le pido el precio y me señala las 200 rupias de la peana. Su madre observa desde el umbral de la puerta. Le pido si ese es su precio final, asiente con la cabeza. Me voy a seguir visitamdo el pueblo. Cuando regreso el niño sigue inmutable al lado de su escultura, sus vecinos a ambos lados de su casa ya han rebajado los precios de sus dibujos, algunos extraordinarios, dos o tres veces con tal de que les compre algo. Él no ha rebajado ni una rupia y 200 rupias es un precio elevado en aquel lugar. La escultura es preciosa, es diferente de todo lo que he visto. La gente del pueblo que me va siguiendo se ríe de él. ¿Cómo puede competir con artistas profesionales que llevan generaciones produciendo unas obras reconocidas en todo el país? Y yo que ya solo pienso en el Naga amarillo, se lo compro. Por 200 rupias. Nadie entiende nada.

Ahora, el naga amarillo, está en el recibidor de mi casa y da la bienvenida a los que llegan. Yo lo veo todos los días y cuanto más lo miro, más me gusta.